sábado, 28 de septiembre de 2013

MALMSTEEN Y SLASH SE ACERCAN A LIMA: DOS ESTILOS, UNA SOLA PASIÓN: LA GUITARRA


Durante la década de los 80s, surgió una marejada de géneros musicales asociados al rock, y ampliaron una paleta sonora que en años anteriores no ofrecía muchas variables a los consumidores habituales de estas expresiones de rebeldía juvenil. Las polarizaciones pop versus rock, progresivo versus punk o disco versus hard rock, que por lo general planteaban dicotomías de estilos supuestamente opuestos (aunque en el fondo formaban parte de la propia evolución de esa subcultura rockera) fueron reemplazadas por nuevos rótulos que aumentaban con la aparición de cada nuevo artista.

Este aluvión de géneros -algunos sólidos y otros no tanto- fue relegando a la guitarra a roles secundarios (de simple acompañamiento), diferentes (creación de barreras de distorsión) o simplemente nulos (para dar paso a la electrónica). Y los guitar hero, esas legendarias figuras dominantes en la escena rockera mundial, se fueron convirtiendo en símbolo de lo caduco, una falsa percepción de lo que supuestamente era llamado "progreso" en la música. Las actitudes sectarias de ciertos públicos y críticos especializados demarcaron este camino de forma errónea, y fueron creando la sensación de que escuchar rock basado en guitarras era algo desfasado. Los míticos solos de guitarra son ahora considerados "retrógrados" y quienes no entienden eso están en nada en apreciación musical. Nada más falso, desde luego. Esta absurda creencia sigue viva en la actualidad, y son pocas realmente las personas que entienden el desarrollo del rock, como término genérico, como una historia integral, en la cual cada estilo, tendencia, cambio o deformación actúa como capítulos del todo y no como rupturas absolutistas de la matriz original. 

A pesar de este contexto, en esa década ochentera, el hard rock y las raíces blueseras de este vicio llamado rock and roll continuaron cultivándose, desarrollando nuevos estilos y vehículos de expresión. Desde los más genuinos guitarristas de blues que seguían creando conmovedores fraseos y finos pasajes hasta los agresivos y, a veces, excesivos guitarristas del heavy metal y todos sus subgéneros; nacieron en esos años de efervescencia creativa muchos músicos que, a contramano de lo que decían los rankings, defendieron con uñas y dientes el poder de la guitarra, esa arma de seis cuerdas que, bien tocada, basta y sobra para generar a su alrededor una ola de electricidad capaz de atravesar una pared. Jack White -el último guitar hero del que se tiene noticia- es el mejor ejemplo de ello.

Dos de los nombres más importantes de esta forma de vivir y entender el rock están acercándose a Lima, para ofrecer conciertos en noviembre. Dos guitarristas que harían renegar a cualquier defensor y amante del "do-it-yourself", los tres acordes, el amateurismo del rock independiente y lo anti-académico que, además, encarnan cada uno por su lado, dos vertientes que, en el seno mismo del rock guitarrero, producen discusiones, sentimientos encontrados y fanaticadas aparentemente opuestas. Ambos surgieron en los 80s y ambos se mantienen vigentes, demostrando con sus carreras que toda esa tendencia a ningunear a la guitarra rockera ultra virtuosa no es más que una actitud que encierra, detrás de su supuesta intención de promover la vanguardia, una irreprimible pose.

Hablamos de Yngwie Malmsteen y Slash. Uno sueco y el otro británico, representan como dije en un párrafo anterior, las dos caras de una misma moneda: la capacidad de convertir una guitarra y un amplificador en armas de destrucción masiva. Mientras que el primero lleva al extremo su formación como músico clásico -amante de Paganini, los compositores barrocos y el folklore de su país- el segundo se convirtió, en menos de una década, en el mejor exponente de esa guitarra callejera, urgente, cargada de explosiva influencia blues pero con una calidad en la ejecución impropia en tiempos en que escuchar hard rock se consideraba un asunto de ancianos.



Cada una de las cientos de notas que Malmsteen es capaz de lanzar por compás parecen haber sido escritas previamente sobre el pentagrama. Quienes lo acusan de "pretencioso", "pecho frío" o "demasiado técnico-demasiado virtuoso", padecen una ceguera muy grave, que les impide apreciar la tremenda complejidad de sus desarrollos instrumentales y el evidente talento artístico que esto exige. Y su presencia escénica -que alcanzó picos míticos entre 1986 y 1992, sus años de oro- no tenía nada de encorsetado ni académico. Desde Ritchie Blackmore hasta Brian May, desde Eddie Van Halen hasta Frank Zappa, todos resuenan corregidos y aumentados en los dedos de este velocísimo guitarrista, y sus álbumes instrumentales son actualmente clásicos de todos los tiempos, que se ubican un peldaño por encima de personajes como Joe Satriani o Steve Vai. Yngwie Malmsteen siempre quiso ser parte de un grupo, pero sencillamente no podía hacerlo. Tenía que ser solista y protagonista pues su habilidad no podía contenerse en el formato común de "primera guitarra" en una banda.



Por su parte,  Saul Hudson -o simplemente Slash- se inscribe en la tradición establecida por gigantes del hard rock y blues como Jimmy Page, Eric Clapton, Jeff Beck, Duane Allman, entre otros. Fue el guitarrista que salvó al hard rock de la desaparición a fines de los ochentas e inicios de los noventas, una desaparición liderada por los sintetizadores, las bandas de glam metal y todos los hijos menores del punk (new wave, gothic rock, etcétera). Aun con la aparición del grunge, la Gibson Les Paul naranja de Slash, reminiscencia inmediata de Led Zeppelin, supo imponerse a fuerza de espectaculares riffs y afilados solos, todos contenidos en los álbumes de Guns 'N Roses en los cuales participó (entre 1986 y 1993). En años posteriores, Slash se convirtió en un solicitado guitarrista de sesiones con una variopinta cartera de clientes y lanzó diversos proyectos solistas, además de fundar Velvet Revolver. En todos estos trabajos, la guitarra de Slash brilla con luz propia, y su sonido es identificable en cualquier contexto.

Yngwie Malmsteen (50) y Slash (48) pertenecen a una generación de guitarristas que han tenido que batallar con la estigmatización del rock y la inevitable atomización de los públicos, debido a una oferta de géneros tan diversificada y a menudo impuesta por los medios de comunicación y las tendencias que privilegian la vacuidad de propuestas musicales esporádicas, condenadas al fácil olvido y el consumo masivo. Y aun así, su talento como artistas y su leal apasionamiento por componer música para guitarras han resistido el paso de los años y la sola mención de sus nombres equivale a hablar de las ligas mayores en cuanto a músicos de rock. Eso los convierte en clásicos.


lunes, 23 de septiembre de 2013

CASOS TOLEDO Y GARCÍA: GRITERÍOS Y SILENCIOS DE LA PRENSA PERUANA


un viejo adagio que "cada pueblo tiene a los gobernantes que merece". En nuestro país, esta fórmula podemos aplicarla, con la misma eficacia, a su selección de fútbol, a sus programas de televisión, a su clase dirigente (política y económica) y por supuesto, a su prensa. Nuestro pueblo -aunque yo prefiero siempre utilizar el término "población", que no tiene la carga demagógica hoy inscrita, a sangre y fuego, en el vocablo "pueblo"- merece el enmierdamiento de su cotidiano andar, de su tráfico insufrible dominado por salvajes (montados, indistintamente, en 4x4, Kias Picanto, micros y combis), de sus futbolistas fracasados a nivel selección y exitosísimos en sus equipos internacionales que les pagan millones de dólares y claro está, de su política y su prensa, que es capaz de quedarse muda en todos los idiomas frente al endiosamiento de corruptos y convertirse, al minuto, en ensordecedora vocería acusadora, dirigida a destruir a todo aquel que apunte a ser competencia de esos corruptos que admiran y catalogan de estadistas.

Esto último podemos ejemplificarlo claramente con las recientes cuitas de nuestra politiquería y el doble rasero de la prensa mercenaria. No es que sorprenda, pues basta con mirar las fotos de cócteles sociales y foros internacionales para entender que la agenda noticiosa y el tono editorial se define a través de las influencias (algunas veces acompañadas de sendos contratos y comisiones testaferreadas), pero sí indigna, porque algunos de nosotros creímos haber aprendido, en las aulas universitarias, que la función del periodista era mostrar una opinión siempre imparcial y siempre alineada al interés público, y no regalar sus espacios, cintillos, reportajes, titulares y columnas -muchas de ellas consideradas como insumo básico para la formación de ese concepto, siempre gaseoso, llamado "opinión pública"- al mejor postor.

Me refiero, específicamente, a los casos, maquiavélicamente paralelos, de Alejandro Toledo Manrique y Alan García Pérez, ambos expresidentes de la república. Toledo, cuyo único paso por Palacio de Gobierno estuvo dominado por sus banalidades -el avión presidencial, sus familiares aconchabados al poder- y sus irresponsabilidades sociales -la negativa a reconocer a su hija Zaraí, sus idas y venidas con Eliane Karp- está siendo investigado por las adquisiciones inmobiliarias millonarias que ha realizado, a través de su suegra y su amigo Yosef Maiman, y que no termina de explicar muy bien. Sus constantes contradicciones y a menudo, crasas mentiras, lo han puesto en el ojo de una tormenta mediática inmisericorde. Sin ser simpatizante de Toledo, me parece excesivo el tratamiento que todos los medios, sin excepción, le han dado a este tema. Amplificar los pedidos de "retiro de la política" (creados, eso es cierto, por el mismo Toledo en uno de sus famosos intentos por dramatizar sus declaraciones de inocencia) y llamarlo "cadáver político" por un asunto que aun no está definido al 100%, escapa de toda objetividad.

Sobre todo cuando vemos que esos mismos medios se ponen doble guante de seda cuando se trata de hablar de Alan García Pérez -dos veces presidente y con acusaciones mucho más gruesas que unas cuantas mentiras y deslices de nivel personal-, con la única excepción del periodista César Hildebrandt y su equipo de jóvenes y valientes periodistas quienes, desde su intransigente trinchera semanal, se han convertido en las únicas voces que llaman las cosas por su nombre. García, sobre quien pesan denuncias, juicios y miles de indicios razonables relacionados a los peores delitos del mundo: genocidios, enriquecimientos ilícitos, sobornos, cutras comisionables, cometidas durante sus dos períodos en el cargo; es entrevistado con respeto, devoción y hasta admiración por conductores de noticieros que, cuando se refieren a Toledo, son capaces de llamarlo "poco hombre", "mentiroso", "falso", clavando las miradas a sus camarógrafos. Una sentencia amañada del Tribunal Constitucional acaba de lanzar al triturador de papeles todas las investigaciones, declaraciones y conclusiones de trabajo de la llamada "megacomisión" del Congreso, que está destapando varias ollas de grillos cocinadas durante la última administración alanista, aduciendo una supuesta "vulneración de derechos civiles" al imputado García, tras lo cual festejó a través del twitter y, seguramente, también descorchando una que otra botella.

Es sumamente desagradable ver cómo periodistas como Milagros Leiva (El Comercio, Canal N) o Jaime Chincha (Canal 5) -solo por citar dos nombres- traten a Alan García como si se tratara de un gran señor mientras que a Alejandro Toledo le sueltan las peores imprecaciones, las más sutiles ironías y los adjetivos más terribles. Es indignante que líderes de opinión como Beto Ortiz -galardonado por segundo año consecutivo por esas dudosas encuestas de poder- despotrique contra Toledo, cada vez que puede, y sobonee a García en las mismas proporciones. ¿Por qué si todos, a coro, censuran las mentiras de Toledo, le exigen definiciones, lo insultan y emplazan desde sus programetes o periodiquetes; no actúan de la misma manera frente a la obvia maquinación mafiosa que le permite a García zurrarse, como le da la gana, en todo un trabajo congresal y se libra, de un plumazo, de acusaciones e investigaciones en curso?

Si las mentiras del líder de Perú Posible nos caen tan mal, es ilógico que los discursos del caudillo aprista nos suenen a estadismo puro. Este paralelismo desnuda, aunque no parece ser tan obvio a juzgar por el mutismo general de la calle al respecto, los intereses de la prensa, que se venden sin miramiento ni escrúpulos. Si la de nuestro país fuera una prensa realmente independiente, preocupada por informar con objetividad y brindar a la población los elementos necesarios para ejercer su ciudadanía con responsabilidad, la actitud frente a este blindaje "legal" a Alan García tendría que haber sido de absoluto repudio y no esta especie de complacencia que se desliza en cada informe. Una complacencia que no existe cuando se trata de destapar los correos electrónicos entre Eliane Karp y el abogado Pedro Allemant. Ahora resulta que las mentiras de Toledo son más condenables que los delitos de García. Mientras las primeras generan obsesionados griteríos, los segundos provocan convenidos silencios.


lunes, 16 de septiembre de 2013

LA HORROROSA MÚSICA DEL GIMNASIO


Ir al gimnasio -o al gym, como escribirían los cronistas hipster de las revistas en papel couché tipo Cosas-Somos-DedoMedio y afines- no era, hasta hace un par de años, algo que pudiera consignar en mi hoja de vida. Si bien es cierto fui un jugador compulsivo de fulbito entre los 10 y los 16 años, la verdad es que durante las dos décadas siguientes, mi mayor ejercicio consistió en las largas caminatas que solía hacer, ya sea buscando trabajo o ejerciendo alguno de los subempleos con los que mi querido país premió mis esfuerzos por estudiar, leer algunos buenos libros, ver algunas buenas películas y escuchar mucha, pero mucha buena música. Sin embargo, hace dos años casi, decidí hacer el esfuerzo y asistir, por lo menos dos veces por semana, a ese recinto rodeado de espejos, máquinas que asemejan ser instrumentos de tortura y cientos de personas -entre hombres y mujeres- que realizan exageradas rutinas físicas para mantenerse fitness. 

Como mi objetivo en la vida no es convertirme en un gorilón de esos, que no pueden ni siquiera juntar los brazos porque sus abultados bíceps no se lo permiten, jamás me verán en un gimnasio con las venas del cuello a punto de explotar mientras intento levantar una colección de discos de acero que me cuadruplican el peso. Suficiente con mantener una rutina de ejercicios que compense los años de sedentarismo en los que me interné voluntariamente y que me haga sentir que, por lo menos cuatro horas a la semana, hago algo positivo por el aspecto corporal de mi vida. Sigo pensando que entrenar la mente y el espíritu es tan o más reconfortante y que, en todo caso, asumir la necesidad y la importancia de hacer ejercicios es una decisión inteligente y responsable, sobre todo al borde de los cuarenta años.

Muchos prejuicios que tenía con relación al gimnasio se han ido diluyendo con el correr de los meses y, en la actualidad, debo decir que no me incomoda. Al contrario, me siento bien física y anímicamente. Utilizo las instalaciones y los aparatos a mi propio ritmo y decisión, y no me alineo al comportamiento de los demás, en cuanto a sus costumbres de usuarios compulsivos. De alguna manera, soy un outsider entre toda esa población de obsesionados con sus músculos, que se miran a los espejos cada vez que levantan una pesa, comparan sus abdominales y comentan sus experiencias con tal o cual suplemento vitamínico, tal o cual cocktail de pastillas, tantas o cuantas repeticiones por máquina. Puedo decir que ya estoy acostumbrado a todo lo que uno puede ver en una estadía dentro del gimnasio. A todo menos a una cosa: a la música espantosa que ponen, a todo volúmen, todo el tiempo.

Siendo el melómano empedernido que soy, es francamente una tortura auditiva cada mañana. Es insufrible. La asociación de ideas que existe entre hacer ejercicio, en cualquier modalidad -llámese caminar o correr en la banda, hacer pasos de escalera (me resisto a decir steps), flexiones, abdominales, bicicleta estacionaria o sala de máquinas y pesas- y escuchar la más aburrida e insoportable sucesión de éxitos de discoteca, desde Novalima hasta Lady Gaga pasando por Don Omar, Bruno Mars, Katy Perry y demás engendros de la música pop moderna, es actualmente la única razón por la cual abandonaría el gimnasio. 

Ya atoré dos buzones de sugerencias pidiéndoles que varíen las canciones, que cambien de DJ, que compren otros discos y nada. No me hacen caso. Y ni siquiera los audífonos sirven porque lo ponen a tal volúmen que prácticamente un simple nerd como yo no lo puede evitar. Es la metáfora perfecta del poder que tienen la moda y la ignorancia, en términos musicales, desde luego. Esto es lo que le gusta a la mayoría así que lo aceptas o te vas si no te gusta. Y como pretendo seguir con mi sencilla rutina de ejercicios, pues lo acepto nada más. Pero no me callo, por eso escribo este post.  

Una de las cosas más irritantes de la inexistente cultura musical de los gimnasios es que programan canciones propias de la actual generación de jóvenes, cuando su público objetivo está mayoritariamente entre los 25 y 35 años, y de allí para arriba. ¿Música de adolescentes en un gimnasio repleto de treintones y cuarentones? ¿para qué? ¿para que se sientan más jóvenes? Ese subtexto del fondo musical en un gimnasio me parece de lo más huachafo y engañoso. Si el objetivo de ejercitarse es mantenerse en buena forma física, más allá de la edad que se tenga ¿por qué no abren el espectro y programan canciones con las cuales los usuarios nos sintamos más identificados? Claro, no digo que pongan pues Hello Dolly de Louis Armstrong, la Cabalgata de las Valquirias de Richard Wagner o alguna selección de discos de Van der Graaf Generator (aunque yo no me opondría en absoluto). Pero hay cientos, si acaso miles, de canciones de los setentas, ochentas y noventas que le irían muy bien a una sala de máquinas, a un espacio repleto de bicicletas estacionarias o a una fila de corredores, que corren en su sitio, en la banda elástica.

Por mi parte, prefiero imaginarme mi propio soundtrack durante las breves y provechosas sesiones de ejercicio que realizo cada fin de semana: ¿quién dice que uno no puede correr escuchando Atom heart mother o Close to the edge? ¿no sería bacán ir a un gimnasio en el que, en lugar de escuchar a Marisol dando de gritos, como si nos encontráramos en una combi, uno pudiera oir, a todo volúmen, Highway star? 

jueves, 12 de septiembre de 2013

HERBERT RODRÍGUEZ HABLA SOBRE EL MAC


El mal llamado Museo de Arte Contemporáneo de Barranco, más conocido como el MAC, se construyó sobre las cenizas de la otrora Lagunita, espacio público de particular belleza, hoy desaparecido. Donde antes los niños corrían libres o se divertían con los recordados "pedalones" en la pequeña laguna, ahora se levanta un insólito armatoste de fierros y paneles de drywall que ni siquiera cumple con aquello para lo que supuestamente fue construido: en lugar de una intensa vida artística, inclusiva y popular, lo que hay es restaurancito lounge-sushi-style al aire libre, espectáculos de títeres para hijos de las familias top de esta ciudad, fiestas y hasta recepciones post-matrimoniales. Los impulsores de este despropósito no levantaron un museo de arte, sino que se apropiaron del espacio público para construirse un Centro de Convenciones para sus eventos, más afines a la sección Sociales de Cosas que a cualquier escena de arte moderno del mundo. Pero mejor leamos este interesante artículo del pintor y activista cultural Herbert Rodríguez, acerca de este "museo": 

Visite Ud. el museo de la elite del Perú 
por Herbert Rodríguez (Blog Controversiarte)

Visite Ud. el museo de la elite del Perú, pero no se olvide que el MAC LIMA es ejemplo de mala práctica en gestión cultural. El MAC Lima, museo del arte de la elite del Perú, está levantado sobre un atentado cultural: la destrucción de La Lagunita. Este museo se presenta arrogante e incapaz de admitir errores y de pedir disculpas. Si la “cultura de la elite” se presenta soberbia y encerrada en sí misma no es extraño que muchos la vean con distancia, que les resulte indiferente o hasta les genere tirria y aversión. Y artistas plásticos y visuales aparecemos conformistas y cómplices del hecho consumado. 

¿Qué pasa?, ¿hemos perdido la capacidad de imaginar una realidad distinta?, ¿no aspiramos ya a un museo de arte que se relacione horizontalmente con la comunidad, un museo público cuya colección responda a la capacidad colectiva de memoria, reconocimiento y valoración de nuestra pluralidad de modos de creación artística? ¿Saben qué pasa?, sucede que no estamos en la década del 40. El abstraccionismo y su énfasis en la expresión individual correspondieron, por un lado, a la euforia modernista por la técnica, y, por otro lado, a la creencia del valor de la originalidad, la innovación constante y lo nuevo como mejor que lo tradicional (visto como lo antiguo y obstáculo al “progreso”). 

La euforia modernista por la técnica, es decir: las máquinas, corresponde al momento en que la ciencia y la razón eran vistas como la esperanza de mejora de la humanidad; ¿de dónde creen si no que viene ese afán de sintetizarlo todo en formas geométricas a semejanza de una máquina?, y, para dar un ejemplo, ¿qué es la pintura de Szyszlo si no volúmenes geométricos pero con su agregado de textura, atmósfera y color local o “ancestralista”? 

El énfasis exacerbado del valor de la originalidad(*) era para reforzar la visión del artista como ser proteico que maneja los demonios de la creación; sea como fuera, más bien era para distanciarse de lo social, dado que en el contexto de la Guerra Fría el enemigo era el comunismo, el cual hacía énfasis en lo colectivo y en la función social del arte... el abstraccionismo era el oponente ideológico al arte comprometido. Caído el muro de Berlín, finalizado el mundo bipolar (comunismo o capitalismo), surge la necesidad de reconocer que convivimos con la diversidad, emergen como temas centrales: la identidad cultural y los derechos culturales... y en este tema, el MAC es ejemplo de todo lo que no hay que hacer, es símbolo del pasado y de mala práctica en gestión cultural. 

La elite impulsora del MAC cree que su cultura es la referencia para medir todas las culturas del planeta, desde un plano de superioridad se pretende universal. ¿Puede esto seguir sosteniéndose en la globalización?, hoy convivimos con las distintas culturas del planeta, surge la necesidad de la interculturalidad, para celebrar la diversidad dejando de lado prejuicios etnocentristas. 

(*) Con la originalidad viene también la oposición “lo nuevo versus lo antiguo”; por eso la idea de la innovación constante, por eso la creencia de que lo nuevo es mejor que la tradición. Con la originalidad viene la subordinación de las culturas cuyo sistema de valores no pone como central el cambio constante; y de la originalidad viene el rechazo a la obra producida en serie (sea grabado, Diseño o “artesanía”). La originalidad, entonces, es un símbolo de distinción... en el fondo no es más que ignorancia etnocentrista.

lunes, 9 de septiembre de 2013

EXITOSA MARCHA EN BARRANCO...


El domingo 8 de septiembre, entre las 10 de la mañana y la 1 de la tarde, un centenar de vecinos barranquinos realizaron una caminata y pasacalle informativo, a lo largo del malecón. Desde el Parque de la Familia (al frente del Estudio 4) hasta el malecón Bresciani, donde se ubica el ilegal edificio Acquamarine, una delegación de la Asociación Civil Salvemos Barranco guió a los vecinos y les mostró, in situ, los estropicios que las recientes administraciones ediles -incluyendo a la actual- han perpetrado contra los acantilados y las playas.

La caminata se realizó en un ambiente de fiesta, con muchas mascotas, niños y artistas; pero también con mucho sentido crítico. Las explicaciones respecto de las irregularidades que diversos grupos de poder (constructoras, restaurantes, apellidos poderosos como Dasso o Miró Quesada, entre otros) han cometido para apropiarse de espacios públicos fueron precisas y concretas, alejadas de todo oportunismo electorero o militancias partidarias.

Además de los integrantes de Salvemos Barranco, pudimos ver gran cantidad de familias, padres y madres con sus hijos y mascotas, marchando pacífica y ordenadamente. Una comparsa de percusionistas femeninas, llamada Parió Paula, puso ritmo permanente al paso vecinal, mientras dos integrantes de la escuela de talentos de La Tarumba daban vueltas alrededor de los marchantes, animando a la gente y haciendo malabares en sus monociclos.

Herbert Rodríguez, el mítico fundador e integrante del colectivo artístico y cultural Huayco, muy activo en los 80s, cubrió todo el recorrido con su cámara digital y realizó detallados reportes en fotos y vídeo desde su interesante página de Facebook. Actualmente, Rodríguez es un activista defensor del patrimonio histórico y desde su blog Controversiarte, realiza campañas frontales contra la depredación de Puruchuco, entre otras causas.



Destacaron también las instalaciones preparadas por Salvemos Barranco para esta caminata y pasacalle: un biombo de madera que simula un  puesto de periódicos, donde se exhibieron creativos e irreverentes memes, los cuales explican con precisión los problemas de Barranco: la inacción de la alcaldesa Jessica Vargas, las pretensiones de subastar el acantilado a las constructoras, la desaparición de las playas, la congestión vehicular, entre otros. No había vecino, participante de la marcha o no, que no se detuviera a leerlos. Y la segunda, un afiche preparado especialmente para que las personas puedan tomarse una foto junto a la frase "Soy barranquino de corazón y por eso tomo acción", lema oficial de la convocatoria.

Un artista barranquino se tomó incluso el trabajo de hacer el recorrido completo enfundado en un colorido traje de payaso y se unió a las Parió Paula con su propia tarola. Lo mismo hizo un joven vecino, que cargó su pesado bombo todo el camino, junto a dos personas que hicieron retumbar el distrito con los sonidos profundos del pututo, ancestral instrumento que representa el clamor de la tierra cuando es atacada. Desde los balcones, los vecinos saludaban y apoyaban el paso de los manifestantes y algunos hasta se animaron a expresar sus propias denuncias.

En suma fue un día de fiesta vecinal y ciudadana que pone en la agenda, para malestar de algunos, temas que la prensa convencional siempre mira de soslayo. Los periodistas, que también fueron convocados a cubrir esta caminata, brillaron por su ausencia, y prefirieron seguramente irse por enésima vez a Mistura, a tomarle fotos al mismo chancho al palo del año pasado y a decir las mismas líneas de sus reportajes del año pasado; mientras que los estudiantes de periodismo de la Universidad San Martín de Porres, que aun no se contaminan de estos acomodos y extrañas prioridades comerciales del periodismo nacional, sí estuvieron cubriendo a los vecinos, recogiendo información, haciendo entrevistas y, lo que es más importante, interesándose por el tema, una actitud que se echa de menos en los reporteros supuestamente experimentados que salen en la televisión.



domingo, 1 de septiembre de 2013

ENCUENTRO EN EL ESTUDIO: EL ROCK ARGENTINO SÍ ES CULTURA EN SU PAÍS


Mientras acá, en nuestro querido Perú, aparece una película-documental -Sigo Siendo- que, a manera de collage inconexo y con ciertos rasgos de oportunismo Marca-Perú-Style, se proyecta como éxito taquillero local pero insiste con el reduccionismo que busca comprimir géneros, artistas y canciones a pequeños bits de información cargables en una tablet, un iPad o cualquiera de esos alienantes artilugios tecnológicos para dummies; y el Ministerio de Cultura brilla por su ausencia en cuanto a la generación de programas que muestren la verdadera diversidad de nuestra música y nuestros músicos, intérpretes tanto de folklore nacional como de géneros universales como el rock, el jazz, el reggae, etc.; en Argentina ocurre todo lo contrario, a través de un programa musical que se emite en un canal del Estado y que ofrece, en formato amplio y sin ninguna clase de filtro o discriminación a la vista, la diversa gama de artistas (compositores, instrumentistas, cantantes, solistas, dúos y grupos) que han hecho historia en los múltiples géneros de la música popular contemporánea, para beneplácito de conocedores y ventana informativa para iniciados. Un lujo que, al parecer, jamás llegaremos a tener.

Encuentro es un canal de televisión estatal argentino, manejado por el Ministerio de Educación de ese país. Y en su programación, que está íntegramente dedicada a temas educativos y culturales, dirigidos a todo público -desde escolares y amas de casa hasta profesionales e investigadores- brilla el espacio denominado Encuentro en el Estudio, una hora dedicada a la música hecha por argentinos, en el cual un conocido personaje de la radio y televisión local, Eduardo "Lalo" Mir, realiza entrevistas largas y tendidas a los principales e históricos exponentes del tango, la chacarera, el reggae, el jazz y por supuesto, el rock. Con estilo nada acartonado, casual y una producción esmerada -alta definición de imagen y sonido- el diálogo entre Mir y sus invitados se desarrolla en las míticas y a la vez remozadas instalaciones de los Estudios ION en Buenos Aires, el equivalente argentino de los estudios Abbey Road de Londres, por la importancia que han tenido en la industria discográfica del país gaucho.




La inversión que este programa debe demandar es solo un atisbo de los años luz que nos separan de Argentina en cuanto a gestión cultural. Nuestro Ministerio de Cultura -recientemente creado y hasta ahora, sin rumbo en muchos temas- es incapaz de promover algo similar y en nuestro Canal 7 TV Perú, siguen pensando que una hora debe ser para la música andina (Misky Takiy, Canto Andino, o como se llame), una para la música criolla (Una y mil voces) y así, prolongando el aparcelamiento musical, la odiosa segmentación por públicos y el denso muro que separa unas expresiones artísticas de otras y que también, como efecto inmediato, las aleja no solo entre sí sino de la posibilidad de ser conocidas por todos sin distinción, con miras a crear una verdadera identidad musical, independientemente del género que se interprete. 

Porque a estas alturas no importa mucho si tocas un vals, una marinera, un festejo electrónico o un didgeridoo australiano. Lo que importa es que, si eres músico, tienes una trayectoria estimable y eres peruano, eso debería bastar para que las nuevas generaciones entren en contacto con ese saber y lo incorporen a su cultura musical. Esa es, me parece, la intención del Ministerio de Educación argentino, y revisando algunos capítulos de Encuentro en el Estudio, creo que consiguen largamente su objetivo. 

Situaciones como estas me refrescan la envidia sana que siento siempre que pienso en la escena musical argentina, apoyada por sus gobiernos, por lo menos desde hace 30 años tras las oscuras décadas de las dictaduras militares, durante las cales muchos padecieron exilios, cárceles y demás maltratos, como hace pocos meses nos relatara el experimentado periodista Daniel Ripoll, editor de la legendaria revista Pelo.




¿Por qué aquí debemos conformarnos con programas como Sonidos del Mundo, dedicado a la world music y a destacar a aquellos músicos peruanos cuya principal bondad es ser amigos de la conductora, que además aparece más tiempo en pantalla que las canciones que presenta, constantemente interrumpidas por sus auspiciadores? ¿Por qué nos parece re-cool un espacio como el que conduce Lucho Quequezana, que es básicamente un vehículo de autopromoción del ahora famoso multi-instrumentista? No pongo en cuestión el talento de Quequezana, de carrera larga a pesar de su juventud, pero ese programa que tiene, aunque a veces muestra situaciones interesantes, la mayor parte del tiempo cae en lo improvisado y en una excesiva sobre exposición de sí mismo  que termina por aburrirme. ¿Por qué Sigo siendo es lo máximo a lo que podemos aspirar como espectadores? 

Quizás sea porque en el fondo sabemos que nuestra escena musical, en todos los géneros, no da para tanto. Soy de los que piensan que, en aras de no aceptar nuestra falta de dedicación, nuestro apego a lo improvisado y falto de rigor y, en muchos casos, nuestra falta de talento; nos hacemos fantasías con respecto a la historia, por ejemplo, del rock nacional, que ha merecido libros completos en que se describe con pelos y señales las gestas de intérpretes que jamás cruzaron los linderos de sus barrios y que ahora son reconocidos como parte de un pasado que, en virtud de la moda retro, adquiere más valía de la que realmente tuvo en su momento. Y como no hubo en realidad un movimiento sólido, lo que hay en nuestros días es un inconexo manojo de nombres que, a trancas y barrancas, hacen lo que pueden en una escena musical débil, ahogada por lo comercial y lo masivo, sin el respaldo de una historia de éxitos artísticos que los pongan por encima de lo superficial, lo efímero, lo marcado por la tendencia mediática actual.

Por el lado de nuestra música -criolla y andina- pasa lo contrario: tenemos un amplio bagaje cultural de autores e intérpretes, muchos de ellos aun vivos y en perfecta actividad, como los geniales guitarristas Pepe Torres y Raúl García Zárate por ejemplo, que son sistemáticamente olvidados y solo resurgen cuando, como en el documental Sigo siendo, consiguen aparecer para adornar una producción cuyas intenciones van por otro lado. Esto, desde luego, no es culpa de los músicos, sino de esta tendencia a convertir todo en comerciales HD que impacten en las cajas registradoras y sean considerados "embajadores de la Marca Perú", pero que no homenajean, individualmente, sus carreras, trayectorias y aportes a la cultura nacional. Y los nuevos intérpretes son, la mayoría, personajes oportunistas que mezclan todo con la electrónica y generan música para ascensores de centro comercial, gimnasios y eventos sociales, pero que no trascienden más alládel beneficio comercial que eso les da ni se dirigen al público en general.

Aun así, considero que el modelo de Encuentro en el Estudio sí podría replicarse entre nosotros. Hay músicos de rock, de jazz, de bolero, de salsa, de músicas criolla, negra y andina de gran calidad y trayectoria que podrían coincidir en un espacio de esa naturaleza, en el que sean ellos y no los conductores, los principales protagonistas y en el que, a través de estos homenajes, se extienda la nueva idea de que no hay segmentos ni géneros para cada música hecha por artistas peruanos, sino que ya son parte de nuestra cultura solo por el hecho de haber nacido aquí. Eso es lo que nos diferencia de la escena musical Argentina: all[a la música sí es cultura, aquí es solo un producto.

martes, 27 de agosto de 2013

CAMINATA Y PASACALLE EN DEFENSA DE LOS ACANTILADOS DE BARRANCO


Este domingo 8 de septiembre, desde las 10am., los vecinos organizados de Barranco están convocando a una gran marcha pacífica en protesta por los estropicios que las autoridades ediles recientes -desde Josefina Capriata (1999-2000) hasta la actual administración de Jessica Vargas, del PPC- han perpetrado contra los acantilados y las playas del litoral barranquino, que es también desde luego, limeño y, en consecuencia, peruano.

Las redes sociales son el espacio en el cual la convocatoria viene concitando mayor interés. En virtud a una creativa ola de "memes" y herramientas comunicacionales virtuales, la Asociación Vecinal Salvemos Barranco ha puesto en el ojo público este tema, después de años de trabajo silencioso y autofinanciado.

Como siempre ocurre cada vez que las protestas ciudadanas se enfrentan a los principales poderes económicos de esta ciudad, la prensa convencional ha tocado tímidamente el tema. Nadie en Frecuencia Latina o América TV que esté en su sano juicio sería capaz de investigar a personajes tan poderosos como las familias Dasso o Miró Quesada, pues arriesgarían sus trabajos o sus posibilidades de codearse con ellos en los cocktails que reseñan en las secciones sociales de cada una de las huachafísimas revistas en papel couché que pululan en Lima, desde Caretas hasta Cosas, desde Dedomedio hasta Somos.

Sin embargo, esas timideces de algunos medios "formales" han sido suficientes para que la gente despierte un poco con relación a esta problemática que es todo, menos nueva. Si bien es cierto aun hay sectores indiferentes -que sin embargo se pasean por Barranco los fines de semana en búsqueda de algo que los haga más nice: una bonita foto en el Puente de los Suspiros, una fiestecita en el Ayahuasca o una finta con la bohemia en algún barcito de la zona monumental- todo parece indicar que la marcha (denominada Caminata y Pasacalle Vecinal) esta vez va a ser un éxito de concurrencia.



En esta bitácora siempre he sostenido que la lucha por defender Barranco de la voracidad de las constructoras, los nuevos ricos que son capaces de arriesgar sus vidas y las de sus familias con tal de tener un "depa con vista al mar" y toda esa gavilla de autoridades locales que después se lanzan la pelota, en una patética versión juego del Gran Bonetón -"yo no vendí las playas" dice Del Pomar, "yo no concesioné nada" dice Mezarina, "no puedo demoler nada " dice Vargas- debería trascender a quienes concretamente viven en Barranco y ser abrazada por todos los limeños, pues debería indignarnos que un grupúsculo de adinerados y arrejuntados a familias o grupos empresariales de poder arrasen con todo y no respeten ningún ordenamiento jurídico (las construcciones en acantilados son ilegales), entre otras cosas, así que invito a mi pequeña pero sustanciosa comunidad de lectores a apoyar esta Caminata y Pasacalle, ingresando a su grupo en Facebook (https://www.facebook.com/salvemosbarranco.asoc.civil) y, si es posible, asistiendo el domingo 8 de septiembre, a las 10am.. El punto de encuentro es el Parque de la Familia (junto al Estudio 4) y en la caminata se podrán ver los edificios que han invadido el acantilado y la depredación de las que otrora fueron playas, y ahora son parqueos privados, pollerías, cebicherías y discotecas para jóvenes "hijitos de papá". Esta canción identifica el sentimiento de los vecinos de Barranco y la marcha que están convocando:


domingo, 25 de agosto de 2013

DE REGRESO A CASA


Luego de unos cuantos días en Tacna y Moquegua, por trabajo, regreso a Lima, a mi casa. Caminar por el interior es una experiencia bipolar: la tranquilidad de Moquegua y el fervor patriótico en Tacna son encomiables pero después de unos cuantos días, uno se sorprende a sí mismo añorando el caos limeño y sus huachaferías.

Lamentablemente, es triste aceptarlo pero la vida en algunas provincias, a pesar de ser más tranquila y en varios aspectos, más sana -las gentes saludan así no te conozcan, los conductores, desde los más encopetados hasta los de transporte público, no tocan el claxon hasta ensordecerte- no es algo a lo que esté 100% acostumbrado. Claro, también hay muchas carencias, en todas las oficinas y restaurantes saben al detalle las últimas incidencias de Esto es guerra y Combate y en las radios -salvo excepciones- todo es cumbia...

Pero en Tacna, por ejemplo, hoy domingo y como todos los domingos, un desfile de la bandera peruana y de la bandera local se realiza en el Paseo Cívico -sí, donde está el famoso monumento parabólico- y los niños cantan los dos himnos, el de Tacna y el nacional, con una determinación que no he visto ni en Lima ni en ningún otro punto del país que me ha tocado visitar. Como decía, la vida en provincias es, en algunos casos apacible y serena, como en Moquegua; y en otros roza la sordidez y el escándalo, como en la selva.

Pero también hay puntos, como Tacna o Cusco, de los cuales nosotros los limeños deberíamos aprender, por lo menos un par de cosas: el sentido de identidad y el no entregarse en cuerpo y alma al consumismo tecnológico, al huachafísimo racismo-clasismo preponderante en Lima y a esa inseguridad ciudadana que nos ha convertido en seres desconfiados, agresivos e incapaces de dar la mano a un desconocido porque lo primero que pensamos es que nos está marcando para asaltarnos, violarnos o matarnos (cualquiera de esas tres o una combinación de ellas).

A pesar de detestar Lima y a los limeños -sobre todo a los que se creen el cuento de que son clasemedieros porque tiene una camioneta 4x4 y saben cuándo va a salir el nuevo iPhone Galaxy- extraño Lima. No por ellos, desde luego.

Extraño mi casa, extraño a mis personas más cercanas, extraño mi oficina y no tener que preguntar cada cinco minutos en dónde estoy. Me gusta la tranquilidad del campo pero solo para pasear un rato, soy urbícola de nacimiento y eso seré hasta mi muerte. Y aunque Lima sea la quintaesencia de la sociedad cleptocrática -me lo dijo nuestro célebre historiador Wilfredo Kapsoli Escudero en estos días, según un estudio de universidades europeas- es, al fin y al cabo, la ciudad en la que vivo, la única metrópoli que conozco (hasta ahora). Así que regreso a casa esta tarde. Allá nos vemos...

viernes, 16 de agosto de 2013

WOODSTOCK 1969: ¿Y QUIÉNES NO ESTUVIERON?


En estos días se cumple un año más del festival musical de Woodstock, quizás el más importante de todos los tiempos. Todos hemos visto los vídeos, la película completa y sabemos -más o menos- quiénes estuvieron en esos tres días de "paz, amor y música". Pero, ¿quiénes no estuvieron? Aquí algunos datos interesantes acerca de gigantes de la música que pudieron participar y no lo hicieron, por decisión propia o por cuestiones ajenas a ellos. Que los disfruten:

• Bob Dylan, en cuyo “patio trasero” se realizó el festival, nunca entró en negociaciones serias para estar en Woodstock. En lugar de ello, Dylan fue contratado para actuar en el Festival de la Isla de Wight, el 31 de agosto de 1969. Dylan se embarcó en el Queen Elizabeth 2 el 15 de agosto, el día que empezó Woodstock. Su hijo se golpeó la cabeza con la puerta de la cabina y tuvieron que bajar él y su familia. Dylan y su esposa Sara, volaron hasta Inglaterra la semana siguiente. Dylan no estaba cómodo con la cantidad de hippies apilados en las afueras de su casa ubicada cerca al pueblo de Woodstock. 

• The Beatles y John Lennon: hay dos escenarios concretos por los cuales The Beatles no tocaron en el festival. El primero es que los promotores se contactaron con John Lennon para hablar de una posible actuación del cuarteto en Woodstock, y Lennon contestó que eso no sería posible a menos que hubiese un espacio en el festival para The Plastic Ono Band, sugerencia que fue rechazada. Hay versiones que aseguran que Lennon quiso participar pero su ingreso a los EE.UU. desde Canadá fue bloqueado por el presidente Richard Nixon. The Beatles estaban, en todo caso, en proceso de separación. Además, ellos no habían hecho conciertos en vivo desde 1966, tres años antes del festival (sin contar el concierto improvisado en el techo que ofrecieron en junio de 1969, dos meses antes).

 • The Jeff Beck Group: Jeff Beck disolvió al grupo justo antes de Woodstock. “Lo hice deliberadamente”, declaró Beck. “No quería que quedara registrado”. Hubiera sido la primera vez que Beck tocara con Tim Bogert y Carmine Appice. Por su parte Nicky Hopkins, pianista de The Jeff Beck Group, colaboró con The Jefferson Airplane en el festival. 

• The Doors estuvieron considerados como potenciales invitados pero su participación se canceló a último momento. Según el guitarrista Robbie Krieger, desistieron porque creyeron que sería una “repetición de segunda clase del Festival de Monterey”, pero después se arrepintieron de esa decisión. 

• Led Zeppelin fue llamado para tocar, según su manager Peter Grant: “Fuimos convocados a Woodstock y Atlantic estaba de acuerdo, así como nuestro promotor en los EE.UU., Frank Barsalona. Yo dijo que no porque habríamos sido solo otra banda más en el cartel”. Sin embargo, el grupo participó en el festival de múltiples bandas que se hizo en Atlanta el 5 de julio, y compartieron escenario con otros 22 grupos en dos días. El fin de semana de Woodstock, Zeppelin actuó en New Jersey, en el Salón de Convenciones de Asbury Park. 

 • The Byrds también fueron invitados, pero decidieron no participar, pues pensaban que Woodstock no sería diferente a los otros festivales que se dieron aquel verano. También estaban preocupados por el pago. Como recuerda el bajista John York: “Estábamos yendo a un show y Roger McGuinn llegó y nos contó que un pata estaba armando un festival en New York. Pero en ese momento no les ofrecían nada a las bandas. Nos preguntó si queríamos hacerlo y todos dijimos que no. No sabíamos de qué se trataba o en qué se iba a convertir. Estábamos hartos de esos festivales… entonces, decidimos descansar y nos perdimos el festival por completo”. 

• Chicago, que en esa época se hacía llamar Chicago Transit Authority, habían estado en la lista del festival. Sin embargo, tenían un contrato previo con Bill Graham, quien les permitió cambiar sus fechas ene el Fillmore West pero finalmente los programó para el 17 de agosto. Graham arregló todo para darles su fecha a Santana, banda a la que también manejaba en ese entonces. Según el cantante y bajista Peter Cetera “estábamos molestos con él por hacernos eso”. 

• Tommy James & The Shondells declinaron de aceptar la invitación. El cantante y líder Tommy James declaró después: “Podríamos haber estado allí. Estábamos en Hawaii, y mi secretaria me llamó y me dijo: “sí, escuchen, hay un criador de chanchos de New York que quiere que toquen en su granja”. Así fue como me informaron sobre ello. Entonces lo dejamos pasar, y nos dimos cuenta de qué nos habíamos perdido dos días después”. 

• The Moody Blues estuvieron incluidos en el poster original como invitados, pero decidieron echarse para atrás después de recibir un contrato para tocar en París ese mismo fin de semana. 

• Frank Zappa & The Mothers Of Invention, según declaraciones en un programa de televisión, dijo: “Demasiado barro hay allá en Woodstock… fuimos invitamos, pero decidimos no ir”. 

• Arthur Lee & Love declinaron de aceptar la invitación, pero la Revista Mojo contó que hubo discusiones en el interior de la banda por no aceptar estar ene l festival. 

• Free fueron llamados pero no aceptaron. 

• Spirit también dijeron que no al festival, pues ya tenían conciertos pactados y los prefirieron a Woodstock, sin saber lo grande que iba a ser. 

• Joni Mitchell estaba lista para tocar en Woodstock pero tuvo que cancelar pues su manager la conminó a no desairar una aparición previamente pactada en el programa de televisión The Dick Cavett Show. 

• Procol Harum declinó pues Woodstock iba a ser en una fecha que coincidió con el final de una larga gira y con el cumpleaños del hijo de su guitarrista Robin Trower. 

• Jethro Tull también dijeron que no. Según su líder Ian Anderson, él sabía que se trataba de un evento grande pero no quiso ir porque no le gustaban los hippies además de otras preocupaciones como la desnudez sin sentido y la posibilidad de que no les pagaran adecuadamente. 

• Iron Butterfly estaba en el cartel del domingo pero no pudieron llegar pues se quedaron atascados en el aeropuerto. 

• The Rolling Stones no fueron invitados, por dos razones: la primera, cobraban mucho más de lo que los organizadores de Woodstock querían pagar. La segunda, en ese momento la canción de los Stones que era un éxito en la radio era Street fightin’ man, y los organizadores sintieron preocupación de que esta clase de material dañara la naturaleza pacífica del festival.

domingo, 11 de agosto de 2013

BLACK SABBATH+MEGADETH CANCELAN SU CONCIERTO EN LIMA: EMPRESARIOS AMBICIOSOS SE ESCONDEN DETRÁS DE EUFEMISMOS

 
Detesto los eufemismos. Es una de esas nuevas fórmulas con las cuales políticos, periodistas y, como en este caso, empresarios resinosos y angurrientos evitan decir la verdad detrás de sus patinadas y encima, quedan bien. Diplomáticos ellos, bien portados, cuando lo que deberían hacer es reconocer públicamente sus errores y exponerse al merecido escarnio de las personas a las cuales han perjudicado, un escarnio ganado por haber malogrado algo. ¿Ustedes han escuchado a los periodistas de CNN cuando dicen que hubo "daños colaterales" tras el ataque de un drone? Eso significa que la destrucción ocasionada por el avión piloteado a distancia -que, de por sí, es trágica, masiva y cobarde- han muerto familias enteras que no tenía nada que ver y quizá hasta algunos niños. Daños colaterales.
 
De la misma manera, los responsables de la cancelación del anunciado concierto de Black Sabbath y Megadeth han encontrado una creativa salida del paso: "Problemas logísticos". ¿Qué clase de problemas logísticos pueden evitar un concierto a dos meses y una semana de su realización? Un posible problema logístico es, por ejemplo, que no haya espacio suficiente en los almacenes aéreos para guardar las toneladas de equipos que estos grupos suelen traer. Sin embargo, a este país han llegado bandas como Metallica o Iron Maiden, con cantidades superiores de carga y no hubo ningún problema logístico y menos uno que deba anunciarse con esa anticipación.
 
Otro posible problema logístico podría relacionarse a las habitaciones de hotel para ambos grupos y los integrantes de sus equipos (técnicos, ingenieros de sonido, etc.) pero es totalmente inaceptable que algo como eso no pudiera solucionarse en los próximos 60 días. O también se me ocurre que los artistas hayan solicitado cosas demasiado difíciles de proveer. En el caso de Megadeth es ridículo pensar eso, pues la banda de Dave Mustaine ha venido a Lima en dos ocasiones anteriores y en cuanto a Black Sabbath, estamos hablando de tres señores que pasan los sesenta años (uno de ellos, además, también ha llegado al Perú una vez, como artista en solitario) que tienen actualmente costumbres más bien frugales y un cuarto miembro que, siendo más joven, no llega con estatus de "superstar".
 
Por eso, esta cuestión de los "problemas logísticos" aducidos por los organizadores, me huele a eufemismo puro, una frasecita que suena a algo imposible de entender por el público común y corriente, como cualquiera de esos dichos politiqueros que no significan nada pero que están construidos de tal manera que parecen ser importantes. Si alguno de los productores responsables de esta lamentable cancelación -Jorge Ferrand o Jorge Fernández- sale a decir, con pelos y señales, de qué se tratan esos "problemas logísticos", no quedará nada más que creerles y resignarnos. Han pasado varios días desde el anuncio y hasta ahora no lo han hecho. Así que este fracaso empresarial sigue oliendo a la más carroñera avaricia, amparada en dos bastiones de nuestra peruanidad: la patraña del "crecimiento económico" y la huachafería.
 
Hace algunos años se inició el llamado "boom" de conciertos en nuestra capital. Si en los 80s Lima ni siquiera aparecía en los mapas de las grandes estrellas de la música; y en los 90s recibimos visitas espaciadas de un cartel variopinto de artistas -desde Vanilla Ice hasta Jethro Tull, desde Santana hasta Toto- (con algunas sonadas cancelaciones, como las de Michael Jackson y Bon Jovi) en los 2000s la cosa estalló con una andanada de conciertos para todos los gustos: desde aquel primer megaconcierto que fuera el de Roger Waters en el Monumental hasta las últimas visitas de pesos pesados como Elton John, The Cure y Paul McCartney; los shows se han venido sucediendo unos a otros, casi mensualmente, borrando el mito aquel de que ningún artista importante pisaría jamás nuestro país. Y los facilistas de siempre atribuyeron ello al "crecimiento económico".
 
El aumento de esta especie de casta que, en Lima, vive prácticamente a cuerpo de rey y piensa que caminar por el boulevard de Asia es como estar en Miami Beach, ha generado en los empresarios de conciertos una ambición desmedida que confirma la naturaleza depredadora y salvaje del ser humano.

Esta casta, conformada básicamente por jóvenes profesionales de apellido compuesto y sus amigos (todos con trabajos sobre remunerados que les consiguen sus papás, dueños de las empresas Top según los rankings de Gestión); herederos de la rancia aristocracia limeña que salen todas las semanas en sociales de Cosas y Hola Perú -de la misma forma que sus ancestros salían en el Antipasto Gagá-; políticos untuosos y ávidos por cobrar dobles sueldos y comisiones; y esa nueva generación de "artistas" enriquecidos por los malos gustos de la masa que ve sus programas, compra sus revistas y admira sus carreras ridículas; creó en Lima la cultura del "Red Carpet-VIP" (importada de los EE.UU. desde luego) y son apoyados por una masa inmensa de personas comunes y corrientes -estudiantes, trabajadores dependientes, pequeños y medianos empresarios, etc.- que, con tal de recibir el pisquito sour en la alfombra roja y sentirse "very important", pagaron y pagan precios exorbitantes cada vez que se anuncia un concierto que, por bueno o reconocido que sea, ya no tendría que ser tan oneroso en virtud a las facilidades dadas por una ley que los exime de impuestos, al considerarlos espectáculos culturales.
 
Esta combinación de ese crecimiento económico falso con la genética huachafería peruana, orgullo nacional, hizo que los ojos de los empresarios concierteros giraran como cajas registradoras en cada evento musical que llegaba al Perú y, como siempre en el comportamiento humano, la angurria por llenarse los bolsillos fue creciendo en lugar de llegar a un punto intermedio de reposo en el cual los organizadores, sin dejar de ganar lo que por derecho les corresponda ganar, faciliten las cosas para que los verdaderos amantes de la música, quienes rompen sus alcancías, revientan sus tarjetas de crédito o simplemente ahorran, puedan disfrutar de sus artistas a precios razonables.
 
En este punto es donde ocurre esta triste cancelación que nos deja con los crespos hechos a muchos amantes del hard rock y heavy metal. Desde que se hicieron públicos los costos de las entradas hubo, en las redes sociales, protestas. Porque no importa que el público haya pagado precios altísimos por ver a Macca o a Elton John, o por ver a Metallica en San Marcos o a Kiss en el Nacional. Tampoco importa que multitudes de adolescentes -y sus padres- les regalen miles de soles a esperpentos tipo Justin Bieber o cualquier conjunto coreano de pacotilla. El punto es que, a estas alturas, en que precisamente todas las empresas que han surgido gracias al "boom" de conciertos, tienen más participación en la torta de ganancias, porque el público limeño ha demostrado ser buena plaza para artistas de todo tipo, género y época, ya es tiempo de que los precios se nivelen para favorecer a más gente, impulsar el aumento de conciertos al año y generar un verdadero rubro de negocio que mantenga contentos tanto a empresarios como a consumidores.
 
Pero no. La dupla Fernández-Ferrand, que bastante se han enriquecido ya - y a la cual deberíamos sumar a los mamarrachos de Phantom, que también figuraban como auspiciadores del concierto de Black Sabbath y Megadeth-, habrían creído que aun les podían dar con palo a los fans y, cuando vieron que sus arcas no estarían llenándose a la velocidad que ellos pensaban, se habrían visto en riesgo de perder y habrían optado por lo más cobarde: cancelar el show. Y para no hacer evidente la chanchada -habida cuenta de que muchas personas ya habían adquirido sus entradas, algunos haciendo grandes esfuerzos y otros posiblemente no tanto, ya que les sobra la plata- han salido con un comunicado sin firma personal (de hecho, creo que lo firma Punto Ticket, la compañía que vendía los tickets en la cadena de tiendas Ripley) en el que ponen de pretexto unos supuestos "problemas logísticos", de los cuales nadie ofrece, hasta ahora, una explicación detallada y creíble.
 
Coincido plenamente con quienes creen que este concierto -que iba a ser, sin lugar a dudas, uno de los mejores de los últimos tiempos- fue cancelado porque las entradas no se estaban vendiendo bien; y la única razón para que eso ocurra es que estaban demasiado caras. Y no se trata de que ambas bandas no merezcan ser considerados espectáculos de primer nivel (vaya que lo son) pero si los organizadores hubiesen reconsiderado los precios, como se les solicitó desde que lanzaron la lista, esto no habría ocurrido. Ya nos cancelaron a Esperanza Spalding y a Morrissey -ambos por razones diferentes, por cierto- y pareciera que el famoso "boom" comienza a perderse. Y quienes más pierden somos los que asistimos a dichos conciertos, no los empresarios, pues ellos siempre contarán con algún acto superficial y estafador, probablemente venido de Corea del Sur, con el cual hacer caja.