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martes, 25 de julio de 2017

¿POR QUÉ DON CÉSAR? ¿POR QUÉ?


Cuando en las redes sociales leí, el viernes antes del mediodía, que en la última edición de la revista semanal Hildebrandt en sus Trece se había publicado una columna de Kenji Fujimori, pensé que se trataba de una broma de Nicolás Yerovi. Luego, como todos los viernes, la compré pero no fue sino hasta llegar a casa por la noche que decidí revisarla y me di con la desagradable sorpresa. Victoria pírrica se titula el texto en el que el “Benjamín de los Fujimori” da cuenta de múltiples agradecimientos, algunos esforzadamente irónicos, a todos los congresistas de Fuerza Popular que participaron en la accidentada sesión que terminó con su suspensión de 60 días. El texto indigna pero no por aburrido y monotemático sino por haber sido publicado en el único medio escrito que vale la pena leerse desde hace cinco o seis años. 

¿Por qué se habrá prestado a esto el periodista más independiente y rebelde que tenemos? Sus fieles lectores merecemos una explicación, sobre todo quienes hemos apoyado su publicación desde el principio, a costa de miradas de soslayo, burlas veladas y opiniones desaprobatorias ante tal demostración de lealtad, reflejada en el ritual desembolso de cinco soles semanales, en estos tiempos en los que ya no se puede confiar en nadie. 

El solo hecho de imaginar a César Hildebrandt o a su esposa/editora Rebeca Diz –responsables de todo lo que se publica y se deja de publicar en la revista- conversando en persona o a través de emisarios, cara a cara o intercambiando correos, para coordinar cuestiones de espacio, cantidad de palabras, tono de la columna, entre otros detalles más o menos comunes en esto del columnaje ad honorem, produce sinceras e inexplicables arcadas. 

Y no es que tratemos de ser “más papistas que el papa”. Después de todo, Hildebrandt es el director todopoderoso de su semanario y ninguno de nosotros, acólitos y aspirantes permanentes a desarrollar su prosa, claridad de pensamiento y agudeza para la crítica, tendría la capacidad de enmendarle la plana en cualquier otro caso. Pero, en términos de coherencia y credibilidad, darle una columna a Kenji Fujimori es como si se la hubiera dado a Alan García. 

Sobre todo cuando uno lee con detenimiento los textos de Hildebrandt respecto del fujimorismo, cuyo líder tramó su asesinato en el (no tan) recordado Plan Bermuda, urdido por Montesinos para “bajárselo” por incómodo. Incluso en la edición en la que aparece Kenji, don César sigue atacando sin contemplaciones la farsa que vienen montando, cuidadosamente, los hijos de Alberto Fujimori, ese sainete que se inició en la última votación presidencial, en la cual el hermano “bueno y sensible” no asistió a las urnas a apoyar a la hermana “mala y dura” y que hoy enfrenta a dos facciones –keikistas versus kenjistas- en un pugilato sobreactuado que los medios convencionales reseñan con preocupación ante las todavía lejanas elecciones del Bicentenario. 

El semanario que César Hildebrandt dirige desde el año 2011 se convirtió, desde su primer número, en el único medio decidido a llamar las cosas por su nombre, y dio suficientes pruebas de no casarse con nadie. Y el periodista, mil veces expectorado de la televisión por llevar ese estilo hasta las últimas consecuencias, ha marcado la pauta en el periodismo de investigación del siglo 21 en el Perú con diversos destapes durante el gobierno de Humala y el primer año de PPK, que fueron recogidos por la prensa concentrada y los noticieros televisivos en varias ocasiones. 

Quizás esté pecando de ingenuo pero, a estas alturas del partido y después de haber leído tanto sus columnas (desde las que van en serio hasta las que hacen uso de finas ironías y ficticias contradicciones), es inconcebible que el periodista que clama por la refundación de la república, la fumigación venenosa como única forma de deshacernos de la peste corrupta, y que sueña con un levantamiento de inexistentes juventudes cultileídas, revolucionarias e íntegras, sea el mismo que termine ofreciendo un espacio a una de las más grandes vergüenzas/fallas de nuestra historia política reciente: un joven sin oficio ni beneficio (como su hermana) que ha disfrutado de una vida opulenta –aun cuando haya quienes consideren que su niñez debe haber sido traumática en medio de ladrones, asesinos y operaciones clandestinas- gracias a los millones que su padre le robó al país, que ya lleva dos periodos siendo “el congresista más votado” por las masas de pobres a los que Fuerza Popular compra con regalos de campaña año tras año, y que hoy se perfila como insólito prospecto de presidente, sin ser capaz de escribir una columna medianamente interesante y cuyo mayor logro político es haberse construido una imagen “lúdica” a través de graciosos pero inútiles diseños caricaturescos que apelan a la vacuidad y el escapismo de las redes sociales y la subcultura de los superhéroes de cómics y personajes de ciencia ficción. ¿Dónde quedó el idealismo de la palabra bien escrita, de las opiniones que pueden ser opuestas pero jamás carentes de argumentos sólidos y bien enunciados, de las narraciones cargadas de criterio humanista, visión histórica, profundidad reflexiva, matices psicológicos y cultura? 

Una potencial explicación vendría por el lado de la pluralidad pero de solo pensar en ella se cae por ingenua. Porque vamos, seamos francos. Se puede ser plural con quien piensa distinto por supuesto. Pero no cabe –y menos desde la óptica hildebrandtiana- compartir la mesa, o las páginas, con alguien que representa el latrocinio, la traición, la absoluta falta de escrúpulos para mentir y manipular, la insensibilidad frente al sufrimiento de familias enteras (escoja usted: víctimas de Cantuta y Barrios Altos, parientes de fallecidas por infecciones ocasionadas por esterilizaciones mugrosas, padres de militares jóvenes caídos o mutilados en conflictos fronterizos). Es decir, podemos entender y hasta celebrar que, en nombre de esa pluralidad que merece promoverse a toda costa para ampliarle los elementos de juicio al lector, al lado de una columna de Pedro Francke encontremos, echando a volar un poco la imaginación, otra de algún personaje como Roque Benavides o Elmer Cuba pero ¿Kenji? ¿Podemos aceptar que en un semanario en el que se habla de cultura, legalidad, respeto al estado de derecho y tantas otras abstracciones inexistentes en este país, firme una columna el hijo de Alberto Fujimori? 

Ni siquiera la posibilidad de que Hildebrandt haya decidido publicar a Kenji para clavarle un par de banderillas cargadas de cicuta a Keiko tiene cabida. ¿Acaso no se basta él solo para desbaratar las mentiras de los Fujimori, como lo viene haciendo sin tregua desde hace décadas? ¿Cuál es el acuerdo detrás de esta extraña y surrealista colaboración pseudo-periodística? Si Kenji quiere repetir hasta el cansancio esa monserga que parece eslogan marketero -«tender puentes»- tiene a la mano una multitud de periódicos comunes y corrientes que seguramente pondrán a su disposición todo el espacio que le dé la gana para hacer su campaña política hacia el 2021 y seguir inoculándose en el imaginario colectivo desesperanzado –ese que jamás sabe cuál será el mal menor- que se combina con las multitudes embrutecidas que lo adoran y consideran el sucesor natural de “El Chino”, preso en la Diroes y actor protagónico en esta coreográfica pelea fraterna que tiene más de Pinky y Cerebro que de Huáscar y Atahualpa. 

En Hildebrandt en sus Trece he devorado, con delectación, textos escritos por maestros como Jesús Silva Herzog, Noam Chomsky, Juan Manuel Robles, Francisco Durand, y el mismo director del semanario, sobre actualidad política, cultural y social; así como importantes reflexiones del pasado como las de Manuel González Prada, Miguel Grau, Oscar Wilde, Gabriel García Márquez, Jorge Basadre, Pablo Neruda y muchos otros, rescatados del olvido por César Hildebrandt, en lo que constituye un esfuerzo valioso por recuperar el periodismo para quien disfruta de la buena lectura, placer para una minoría cada vez más pequeña. Leer a Kenji Fujimori en esas mismas páginas es como si, tras escuchar las sinfonías de Beethoven en la paz de una habitación casi en penumbras irrumpiera, con sus huachafos colores y sus simiescos danzantes, una tanda de comerciales de la campaña “Fin de cebada” de Cerveza Cristal o una comparsa de personajes de Al fondo hay sitio, Asu mare, De vuelta al barrio y chicos reality, todos juntos y envueltos en una página color naranja. 

Quizás su buen amigo y frecuente entrevistador Glatzer Tuesta, ahora con programa propio (No hay derecho en el portal Ideele Radio) consiga alguna respuesta a la pregunta que hasta ahora no desaparece de mi cabeza: “¿Por qué, don César? ¿Por qué?”

domingo, 16 de julio de 2017

QUE SIGAN CAYENDO (por Yvette Ubillús)

La prisión preventiva de 18 meses para Ollanta Humala y Nadine Heredia es, de lejos, el acontecimiento más importante de nuestra historia reciente. Independientemente de lo que pase al final -ya empezaron a sonar las voces de quienes vaticinan y desean una rápida salida de estos traidores, debido a los supuestos "errores técnicos" que habría cometido el juez Richard Concepción Carhuancho- el encarcelamiento de la pareja es un caso extraño de justicia severa pero bien aplicada, en una sociedad como la nuestra, acostumbrada a la injusticia y la impunidad de los peces gordos. Un tema en especial ha formado parte de los discursos de periodistas, abogados y analistas: la disforzada preocupación por los hijos del dúo que se reclama víctima de la arbitrariedad procesal. La periodista Yvette Ubillús pone los puntos sobre las íes sobre este asunto que se presta a interpretaciones tendenciosas que apelan a una falsa sensiblería para conmover a la opinión pública desinformada.



QUE SIGAN CAYENDO
escribe Lic. Yvette I. Ubillús Mimbela

¿Desde cuándo tener hijos menores de edad es salvoconducto para delinquir? No son acaso los padres quienes deben sentir la responsabilidad de actuar de manera honesta para que sus hijos no tengan que sufrir por su causa. Si a ellos no les dio pena robar sabiendo que, de ser descubiertos, sus hijos serían las grandes víctimas ¿por qué tanta tristeza de los ajenos?

¿Por qué un fiscal que, en cumplimiento de su labor de defender al Estado, hace averiguaciones en un colegio, en el que no se encuentran las menores, vulnera los derechos del niño y el adolescente? ¿No fueron acaso sus padres quienes abrieron cuentas a nombres de esas mismas hijas convirtiéndolas en testaferros de sus robos? ¿O es que eso es amor de padres y no constituye una agresión? Si ellos mismos han utilizado a sus hijos ¿por qué tantos salen a preocuparse de lo que no les incumbe?

¿Por qué nuestras principales autoridades y líderes de opinión salen a hablar de "tristeza por los niños”, cuando en este país los niños mueren a diario de abandono y miseria sin que a ellos les importe, ni les conmueva en lo más mínimo? Por supuesto, hoy nadie recuerda a los 71 menores de Cajamarca, 68 intoxicados y 3 muertos por consumir alimentos contaminados en el gobierno de estas dos "víctimas del abuso del Poder Judicial”, mientras ellos estaban en Nueva York en asuntos oficiales, con sus hijas, recibiendo el suntuoso trato diplomático de las grandes personalidades. Las madres pobres, campesinas, a las que ellos engañaron con sus promesas de campaña, lloraban a sus hijos muertos y el único comentario que llegó desde los lugares más lujosos de Manhattan fue: "¿Acaso el Presidente no tiene derecho de pasear con sus hijas?"

¿Por qué a nadie le da "tristeza" el perjuicio que sus fechorías han significado para el país? Obras millonarias que hoy se continúan a pesar de que son pérdidas para el Estado, otras que se sabe son defectuosas, empresas extranjeras que no cumplen y se burlan de todos, despilfarro de dinero del país entregado a cambio de coimas lo que se traduce en menos presupuesto para salud, educación e infraestructura que necesitan millones de habitantes en el país.

¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo laxos con la corrupción? Es verdad que hay otros que no han pagado pero eso no convierte en inocentes a estos dos. Si el argumento es que a muchos otros anteriores no los hemos podido encarcelar como corresponde y por ello estos dos son los pobrecitos que cayeron, entonces dejemos de quejarnos a diario, dejemos la hipocresía y aceptemos que somos una nación que admite la corrupción.

¿Por qué el actuar de un Juez que está asegurando la presencia de los que van a ser procesados, para que no se fuguen como lo han hecho todos los Presidentes elegidos desde el año 1985, es insultado y maltratado por los encumbrados abogados defensores de individuos de similar prontuario en el país o por las personas de a pie que no tienen los elementos de conocimiento para entender su proceder y se dejan influenciar por los medios o por los cuatro o cinco simpatizantes de quienes se enriquecieron con el dinero de todos?

Ambos implicados ya planeaban su fuga a través de la embajada francesa, en la que pretendían asilarse, mediante una invitación a las celebraciones por la independencia de ese país. Todo listo para el gran escape.

¿Es que los signos de enriquecimiento clamorosos no le dicen nada a nadie? Entraron al gobierno con financiamientos extranjeros, parte de los cuales, de paso, se quedaron para sí mismos y de ahí en adelante llovieron las casas, los viajes, las cuentas bancarias, los gastos suntuosos, entre tantos otros. Ellos, sus parientes y amigos cercanos, todos en la misma situación, pero como otros también lo hicieron antes entonces hay que ser benevolentes, pues no han sido los únicos.

¡Lo que produce tristeza es el país, tan traicionado por todos a diario, tan maltratado por sus propios ciudadanos! Los que tuvieron los medios para ir a buenos centros de estudios y hacerse de un lugar en la sociedad, roban de cuello y corbata, en la otra esquina están los que no tuvieron ni siquiera lo mínimo justo para salir adelante con dignidad, esos roban con una bujía y en el medio todo el bulto, la mal llamada "clase media" que mira de costado, acomodándose a lo que más le conviene sin desaprovechar la oportunidad de sacar provecho del desorden.

Discriminación entre iguales, abuso de poder, viveza criolla, total desembarazo de la responsabilidad y flexibilidad para negar lo incorrecto cuando nos atañe, son los antivalores que nos rigen, basta ya de negarlo. Seguir diciendo que “todos somos el Perú” insulta a esta tierra que nunca ha contado con nosotros para defenderla, porque basta que nos pidan respetar a los demás y sacrificar un mínimo de nuestras comodidades en favor del bien común y de inmediato le damos la espalda.

No hay nada de qué alegrarnos, es verdad. Hay mucho de qué avergonzarnos, pero las acciones que hoy colocan a dos imputados a buen recaudo para que nos den explicaciones sobre todos estos temas y paguen por lo que se les llegue a probar a través de un proceso legal, deberían contar con el amplio respaldo de la población porque de estos precedentes dependen otros procesos por venir y porque deben ser ejemplo claro y rotundo de que quien delinque en el país recibe el castigo que le corresponde.

Se trata de un acto que demuestra la severidad de la justicia bien administrada ante un par de individuos que, utilizando la victimización como una pantalla de utilería, han buscado retrasar y entorpecer las acciones legales. Todavía no están condenados, falta mucho por recorrer, solo están restringidos de la libertad para que no continúen los arreglos por debajo de la mesa en pro de evadir sus responsabilidades.

En este país vapuleado por todos, no hay por quién votar, eso nos pasa facturas carísimas como esta. La desesperación y angustia a la que nos vemos sometidos cada cinco años nos orilla a entregar nuestra desesperanza a cualquiera que sea menos peor y en esa línea hemos venido cayendo en el abismo en el que nos encontramos a todo nivel institucional.

En este pobre país saqueado gana el más vivo, el que no le teme al delito, el abusivo, el inescrupuloso, el esclavista disfrazado de “emprendedor”, el mandón, el que tiene plata, el que tiene contactos, el que tiene quien lo ayude. Los demás que se entretengan con las sobras. Eso también lo hemos hecho parte de nuestro ADN, la admiración por los vivos, por los que se salen con la suya, por los que son sabidamente corruptos y sinvergüenzas pero me dan trabajo, son mis amigos o de mi grupo.

Que sigan cayendo los culpables de que, habiendo dinero, sigamos siendo un remedo de país. Que sigan cayendo los que estafan al Estado, dentro y fuera de su administración. Que sigan cayendo los que dan mal ejemplo a sus hijos y a los hijos de los demás. Que sigan cayendo esos que un día también fueron hijos de corruptos con poder y en lugar de alejarse de eso siguieron sus pasos. Que sigan cayendo los que recibieron dinero sucio y que creen que con sonrisitas burlonas siempre van a salir ganando. Que sigan cayendo sus colaboradores que ahora dicen que no vieron nada. Que sigan cayendo hasta que se limpie la casa con rigor y los que vengan detrás sepan que no se llega al gobierno con la motivación de enriquecerse, de robar, sino que se llega a lo más alto para levantar con dignidad y decencia el destino de un país y su nación.

domingo, 31 de julio de 2016

CAMBIO DE MANDO 2016: ALGUNAS REFLEXIONES


Antes que nada, hay que decirlo con todas sus letras: Lo mejor de este proceso electoral ha sido que Keiko Fujimori no haya llegado al poder. Hubiera sido lamentable y triste para un país como el nuestro, tan golpeado por la pobreza extrema, la ignorancia, la delincuencia y tantos otros vicios sociales, que una mujer como ella, hipócrita, mentirosa y asociada de forma innegable con la peor y más corrupta generación de políticos de la historia reciente del Perú, se hubiera encumbrado sin merecimiento alguno, aupada al poder máximo por un 34-35% de peruanos embrutecidos y enfrentados con todo lo que suene a solidaridad, decencia y respeto por la legalidad. 

La derrota de Keiko Fujimori es un triunfo de los estudiantes, de las múltiples minorías que, unidas, formaron una sólida oposición ante ese vendaval de imposturas, mascaradas producidas en reuniones de alto nivel lideradas por aceitosos asesores de imagen que hoy, presas de la frustración, se han caído y han mostrado, de manera impúdica, su verdadero rostro, el de la política de la chaveta y el cabe, la piconería insultante e irrespetuosa, la comprobación monolítica de que les importa un pepino el futuro del país y que lo único que desean es sentirse poderosos e indestructibles, para hacer lo que les diera la gana con la población a la que no se cansan de manipular.

Pedro Pablo Kuczynski -es necesario que todos aprendamos a deletrear y escribir este apellido correctamente ya que lo veremos todo el tiempo en los próximos cinco años- es ahora Presidente del Perú y, vale la pena recordarlo, lo ha conseguido gracias a esa oposición, asqueada de solo imaginar a la hija de Alberto Fujimori saliéndose con la suya, con lo que muchos analistas denominaron en su momento "votos prestados". El mío fue uno de ellos. Presté mi voto a favor de Kuczynski para cortarle el camino a Keiko, y nunca estuve convencido de que PPK fuese un buen candidato. Su perfil empresarial, su actitud excesivamente bromista y fingida, sus mohínes de coqueteo con la chacota populachera y su previo apoyo a quien le tocó ahora enfrentar en la Segunda Vuelta, me generaron permanente duda. No fue mi opción en la Primera Vuelta. Y voté por él sin esperanza, en la Segunda, pensando en una sola cosa -desbarrancar a Keiko- y en que nos tocarían cinco años más de saludos a la bandera.

Una de las cosas que más me he venido preguntando, a solas y en mi círculo más cercano, desde que se definió que Fuerza Popular y Peruanos Por el Kambio pasaban al ballotage final de junio, ha sido en qué momento Pedro Pablo Kuczynski iba a desprenderse de esa imagen pública medio cómica que había construido -con respuestas impredecibles y, a veces, hasta totalmente inapropiadas como lo de la "perra vida", bailecitos junto a "estrellas" de farándula y cuyes gigantes de dunlopillo- para dar paso al estadista, al hombre experimentado y bien conectado a nivel mundial que es, más allá de que represente una actitud política y económica diametralmente opuesta a los idearios de izquierda que, en nuestro país, se asocian más a la justicia y la equidad, para asumir el liderazgo que muchos le han venido reclamando a lo largo de su campaña y que ha llegado ya el momento de asumir frente al cargo que más de la mitad de peruanos le hemos concedido.

Y, luego de escuchar su primer Mensaje a la Nación, cargado de conceptos principistas y de generalidades a las que nadie podría oponerse en su sano juicio, con la excepción -que no debe dejar de hacerse a pesar de que sea tan obvia- de la miasma vomitiva fujimorista que, por supuesto, carece de sano juicio, me da la impresión de que está comenzando a aparecer esa catadura de profesional serio, abierto a todas las ideas que confluyan en el objetivo común de mejorar al Perú, que exhibe niveles de conocimiento, cultura, experiencia y relaciones con el mundo diferentes -ya el diario El País ha dicho que se trata de un presidente "atípico" para un país como el nuestro- de lo que normalmente nos ha tocado en suerte, por lo que una brisa de entusiasmo y optimismo llega a sentirse en los rostros de muchos votantes que, en el momento de la Segunda Vuelta, no podrían haber dicho que su apoyo a PPK era confiado y seguro. Salvo por el factor de evitar que Keiko se hiciera de la presidencia, las posibilidades de Kuczynski de despertar esperanzas en la población que votó por él eran nulas.

Sin embargo, es menester no dejarse llevar por las primeras apariencias -la sonrisa abierta, el mensaje que congrega a la unidad, los llamados a sectores sociales de toda laya, la familia estable y funcional- y evitar caer en una obnubilación general ya que, después de todo, esto recién está comenzando y hay cosas que ya son factibles de ser cuestionadas. Por ejemplo, la conformación de un gabinete 100% orientado al sector empresarial, con personajes asociados a grandes corporaciones -Backus, Macroconsult, Confiep- y universidades privadas que viven conectadas a ese sector -PUCP, la Pacífico, UPC- cuyo tránsito entre el Estado y el mundo privado está definido por la famosa "puerta giratoria" en la que también pasan de entrada y salida múltiples intereses particulares, la mayor parte de veces desligados de los intereses nacionales y de esa mayoría expectante de peruanos que necesita atención directa del Estado; ha encendido las alertas de los analistas más críticos, y colisiona un poco con los grandes anhelos fundamentales de cercanía al pobre y reducción de brechas económicas y sociales que marcaron el Mensaje a la Nación del pasado 28 de julio. 

Kuczynski está tratando de convencer a una buena parte del Perú para quienes su rostro, apellido, familia directa y pasado empresarial y extranjero son totalmente ajenos y desconocidos, que es un amante del Perú, que reposa sus ideales presidencialistas en consejos que recoge del pasado y del legado de políticos peruanistas como Fernando Belaúnde y de las enseñanzas de su padre, un médico europeo afincado en Iquitos. Y no será una tarea fácil. Por eso está manteniendo ciertos atisbos de ese personaje campechano, criollo, bromista y de agudeza popular: baila y rompe el protocolo de su paso marcial hacia Palacio de Gobierno, baila en la escalinata provocando la risa del edecán, baila mientras ve a una pareja de policías disfrutando con talento de una peruanísima Valicha. Sonríe y no se deja impresionar por las majaderías de la Presidenta del Congreso y de los 73 fujimoristas desleales y traidores a la Patria que, cumpliendo las consignas de su despechada lideresa, hacen gala de sus bajezas y no son capaces de hacerlas a un lado ni siquiera para aparentar que la Fiesta Nacional los conmueve. No hay nada que aplaudir dicen. Ni siquiera que es el cumpleaños 195 del Perú.

Más allá del mensaje de Kuczynski, emotivo en contenido aunque dicho de manera protocolar y ligeramente fría, no hay que perder de vista que el Congreso está tomado por esa gavilla de Becerriles, Salaverrys, Salgados, Chacones, Tubinos, Alcortas y Galarretas que, imbuidos de la matonería encanallada de la que son serviles escuderos, han comenzado a petardear al nuevo Gobierno incluso desde antes de empezar sus funciones, y que no lo dejarán de hacer en los próximos cinco años. También es cierto que, como la lealtad no es necesariamente un rasgo de su personalidad -sobre todo de los "invitados"- que ese número puede reducirse a los pocos años, ofreciendo equilibrio a lo que ahora parece tan desproporcionado en el Poder Legislativo.

Los análisis post-28 han estado, por una parte, enfocados a dejar de lado los ataques y concentrarse en "los intereses nacionales", en afanes de consolidación de la democracia y de ser políticamente correctos, diplomáticos en extremo. Por otro lado, los más acuciosos ponen su énfasis en esa dificultad representada por la presencia mayoritaria congresal de ese virus naranja que parece imposible de erradicarse. Por ende, lo declarativo y emocional de las Fiestas Patrias irá dando paso a la realidad cotidiana: la prensa adicta al fujimorismo, los negocios que giren en torno a los nuevos ministros, las amistades peligrosas que empezarán a dar vueltas alrededor de los poderes Ejecutivo y Legislativo. En suma, la política peruana retomará su espacio, perdido por un breve tiempo frente a la algarabía que produce el feriado largo, las tradiciones y ritos asociados a las Fiestas Patrias, el fervor de la ceremonia, las impresiones y comparaciones que se hacen con el Gobierno que ya terminó.

El Perú merece y necesita de esa pequeña dosis de optimismo, pero dependerá de sus nuevos dirigentes políticos -me refiero exclusivamente a Pedro Pablo Kuczynski y su círculo más cercano (su familia, sus vicepresidentes, sus ministros y congresistas) que se mantenga y crezca, sobre la base de resultados que a mediado y largo plazo, se reflejen en mejoras palpables para el maestro, para el policía, para el usuario de la seguridad social, para los padres de jóvenes que estudian y sueñan con oportunidades iguales para todos, para los transeúntes que viven asustados por la latente posibilidad de ser asaltados, baleados, seguidos al salir de un banco, violados y asesinados. En este quinquenio, previo al tan mentado Bicentenario, nos toca estar atentos y preparados porque apenas sea necesario, tendremos que salir nuevamente a las calles a bloquear a Keiko Fujimori y sus ansias personalistas de poder, una amenaza que también nos hará sombra una vez que las aguas vuelvan a su nivel y las noticias diarias se apoderen nuevamente del quehacer del peruano promedio.


jueves, 5 de mayo de 2016

SEGUNDA VUELTA 2016: ACTO FINAL DE LA COMEDIA


A partir de hoy quedan exactamente 30 días para que se produzca el balotaje, la Segunda Vuelta entre Fujimori y Kuscinsky -¿o se escribe Kuzcinsky?- y la verdad, salvo que nos unamos a la masa acrítica que fantasea con la idea de vivir en un país de procesos organizados, poblaciones enteradas e intenciones reales de avanzar de parte de sus principales personajes políticos, esta situación es absolutamente coherente con la visión que vengo expresando desde hace ya varios "rallies" electorales a la peruana: todo no es más que una broma, un chiste de muy mal gusto.

Cada vez que veo al señor PPK riendo a mandíbula abierta, mostrando los dientes como babuino excitado y desorbitados los ojos, mientras levanta y sacude torpemente los brazos al ritmo de alguna cumbia, encogiendo los hombros y cerrando los puños, flexionando las rodillas apenas -intentando bailar, en otras palabras- me pregunto qué será de este país que tanto quiero cuando sea gobernado por este personaje que tiene más de abuelito lunático que de respetable estadista. ¿Será que le volverá la seriedad, asociada a su perfil profesional, de pergaminos académicos y pertenencia a directorios internacionales, apenas le cuelguen la banda presidencial?

Y cada vez que escucho la voz de Keiko dando declaraciones en esas ruedas de prensa "improvisadas", en las que mira al cielo con los ojos perdidos, casi replicando la catatonia permanente de su hermano, el primer ser humano con habilidades diferentes del mundo que recibe el mote de "congresista más votado" en dos elecciones consecutivas; y en las que ejerce el cinismo, la mentira y la hipocresía de manera convencida y creyente de que convence a los demás, se me congela la sangre y se me escarapela la piel de imaginármela, hinchada como un globo, vanagloriándose de haber sido elegida la primera mujer presidenta del Perú, por decisión "del pueblo".

Porque resulta evidente que ninguna de las dos opciones es buena para lo que el Perú requería en el siguiente quinquenio, tras la traición de Ollanta Humala y las agendas de Nadine. No soy nadie para orientar el voto de los demás pero ni siquiera las plumas más lúcidas que he tenido oportunidad de leer me han convencido de que aquí hay un mal menor. No me parece. Los dos son malos. Y peores.

Claro, es evidente que lo de Keiko es ya delincuencial. No solo por el recuerdo inmediato de lo que hizo el papá sino por manifestaciones frescas como la última vendetta periodística que amenaza con cerrar el semanario de César Hildebrandt y la sentencia abusiva dictada contra Rafo León, que constituyen dos botones de muestra de lo que se nos viene- mientras que lo de PPK podría ser catalogado como de ultraderecha sin antecedentes penales. Pero haciendo un ligero ejercicio de memoria reciente ¿no es un hecho real que PPK y Keiko salieron bailando juntos en el cierre de campaña de esta última en las elecciones pasadas? ¿Qué puede haber cambiado para este periodo?

Si les preguntamos a ellos, responderán los mismos lugares comunes de siempre: que PPK es el candidato de Palacio (Keiko), que se ha deslindado de cualquier acuerdo con Fuerza Popular (PPK), que así son las campañas (ambos). Lo cierto es que más allá de los fuegos artificiales propios de la política farandulera nacional, y de que estamos hablando de dos personas diferentes en edad, sexo y tono de voz, Keiko y PPK representan las mismas ideas políticas y económicas. Aquí no hay planes de gobierno que valgan, pues todos sabemos también que son meros textos declarativos presentables como requisitos de una ley electoral que se cae a pedazos, pero carentes de valor y credibilidad a la hora de la verdad. 

Cuando quien gane se instale en el poder, hará lo que le dé la gana. Para Keiko será más fácil y directo el asunto, debido a la mayoría parlamentaria que ostenta. Pero a PPK lo único que le hará falta es repartir cargos, ministerios, embajadas, asesorías y ceder en lo que no afecte sus intereses o los de sus satélites. Y listo. En nombre de la gobernabilidad, quienes hoy se insultan ante las cámaras cómplices, mañana bailarán la cumbia juntos. Y revueltos.

Resulta también paradójico que los dos candidatos que quedaron fuera de carrera, es decir los impresentables César Acuña y Julio Guzmán, se hayan inclinado cada uno a las dos pésimas opciones con las que nos hemos quedado para la final del domingo 5 de junio. Mientras Acuña y sus principales colaboradores se abrazan y besan con PPK, Araoz, Vizcarra y sus congresistas electos (algunos de ellos deben estar más que incómodos, pienso por ejemplo en Juan Sheput; mientras que otros más acostumbrados al acomodo como Carlos Bruce y Salvador Heresi ya estarán listos para firmar alianzas con APP); los pocos seguidores que le quedan a Guzmán, a través de su principal asesor económico Elmer Cuba, ven a Keiko como posibilidad de entrar al Estado "a trabajar técnicamente", y terminarían votando por quien recibió ataques de ese líder de cartón morado. Aunque el propio Guzmán anunció que también apoyará a PPK, eso tiene el mismo peso que si yo anunciara por quién votaré. No representa a un grupo, es un solo voto sin arrastre.

A diferencia de Acuña, que compra lealtades con su "plata como cancha" y tiene algunos congresistas adentro confirmados; el pequeño grupo de Guzmán se atomizó tras su expulsión de la Primera Vuelta y, como la lealtad nunca fue una de las fortalezas de los integrantes de ese colectivo ocasional, se dispararon rápidamente hacia donde creyeron que más les convenía. Quizás ninguno fue a parar a la tienda naranja en la votación del 10 de abril pasado -ya que se repartieron entre las dos opciones perdedoras, las que realmente merecían entrar a la Segunda Vuelta, me refiero a Mendoza y Barnechea- pero ahora, en esta segunda etapa del desmadre y rompan-filas de ese partido fantasmal llamado Todos por el Perú, todo dependerá de quien les ofrezca más oportunidades de trabajo.

La comedia está matizada con anuncios y contradicciones que ya no dan risa sino una profunda pena. Por un lado, tenemos a un señor que declara estar dispuesto a eliminar la CTS y que luego se desdice, usa traductores, intérpretes y termina diciendo lo contrario. Por el otro, a una señora sin ninguna experiencia laboral verdadera ni brillo intelectual demostrado que discursea con tono grandilocuente e inclusivo, en Harvard, ante públicos open-minded, acerca de estar de acuerdo con la unión civil entre personas del mismo sexo y luego, meses después, firma un acuerdo con una institución liderada por un pastor que afirma, con cólera y convicción férreas, que la unión civil es una aberración. O esta otra perla de la hija de Alberto Kenya: pena de muerte para violadores de menores de 7 años. ¿Y los de 8 años, y los de 9 y 10, y los de 15 y 16? El escenario es patético y triste, y al mismo tiempo, hilarante y lleno de ocurrencias dignas de Mel Brooks o para ser más justos, de Melcochita o Nabito.

Este domingo 5 de junio sé que no voy a votar por Keiko Fujimori. Y también sé que votar por PPK solo servirá para evitar que Keiko Fujimori sea presidenta de mi país. LO que pasará después serán cinco años de componendas, imposturas, arreglos por arriba y por abajo de la mesa. Es decir, cinco años muy parecidos a los cinco años previos. A seguir esperando el cambio...


sábado, 2 de abril de 2016

ELECCIONES 2016: SE ACERCA LA HORA MÁXIMA DEL SAINETE


El sistema electoral peruano está tan mal hecho que, a dos semanas de los comicios, todavía hay candidatos que renuncian y tachas sin resolver en el Jurado Nacional de Elecciones y su apéndice, el Jurado Electoral Especial. Comenzamos el proceso, hace aproximadamente seis meses (la convocatoria formal a elecciones fue en noviembre de 2015) y de los 19 candidatos que se lanzaron ahora quedan "solo" 13 (*), de los cuales, al día de hoy, apenas 4 o 5 tienen real intención de voto.

(*) Este artículo comencé a escribirlo el lunes 28 de marzo en la mañana y para el jueves 31, en que recién pude continuarlo, la cantidad se había reducido a 10 candidatos. ¿Seguirá bajando? 

Como es evidente, hablar de un proceso electoral presidencial en el que compiten DIEZ opciones parece una broma de mal gusto, una ofensa a la inteligencia promedio, un chascarrillo que podría haber sido parte del guión de una película de Cantinflas o de Capulina. No hay forma de tomar estas elecciones en serio salvo que quiera uno formar parte de la enorme masa desinformada y autocomplaciente que cree estar viviendo en democracia con un esquema así de precario y confuso.

En apenas 10 semanas hemos tenido pruebas que, una tras otra, demuestran y refuerzan la idea de que este sistema electoral es un trabajo pésimo de organización y planeamiento, que no responde al más mínimo esfuerzo de reflexión acerca de sus alcances y múltiples aristas, y que pareciera no haber sido pensado entre profesionales de la ley, con conocimiento y experiencia, sino redactado a las patadas, entre gallos y medianoche, por un grupo de trabajo improvisado y sin oficio, con nula seriedad y mucho apuro en sacar lo primero que se les ocurrió, ya sea porque es expresión genuina de su incapacidad funcional o porque es un milimétrico y psicopático trabajo premeditado para confundir, para mantener el status quo, una conspiración para favorecer a los que ganan a río revuelto con la complicidad -tácita o explícita- de unos medios de comunicación serviles al poder y una opinión pública obnubilada, ciega, idiotizada por sus sueños de farándula, gastronomía y empates futboleros que se celebran como medallas de oro, con vuelta olímpica y caravana de claxons incluidas.

Una de las prácticas más irritantes de estos procesos electoreros modernos es la obstinada y arbitraria avalancha de carteles con los que candidatos de todas las raleas ensucian la ciudad: las bermas de avenidas céntricas, los aires de zonas atestadas de tráfico, y hasta las ventanas de edificios, balcones y puertas sirven de atriles para esas insoportables sonrisas de estudio, poses de medio lado con los brazos cruzados, mirando de manera torva hacia "sus" votantes, esa abstracción que solo les sirve a estos candidatos para ver a los ciudadanos como números, votos que pretenden echar a sus alforjas sin la más mínima intención de honrarlos luego. Los votantes solo servimos para hacerlos ganar y después de logrado el objetivo no te sonreirán nunca. Ni en foto.

Me pregunto si existe, en todos estos años de gigantografías, paraderos, pancartas clavadas en los jardines públicos y hasta modernos y luminosos pantallazos LED, algún estudio cuantitativo referido a la efectividad concreta de este método publicitario. ¿Alguno de ustedes ha decidido su voto después de mirar a esos rostros macilentos e inevitablemente fingidos, sonriendo de forma congelada, casi monstruosa, casi zombie, desde un cartel? Quizás si se tomaran el esfuerzo de investigar eso se darían cuenta de que, además de afear la ciudad durante toda la temporada electoral -afeamiento que se prolonga hasta mucho después de las elecciones, por cierto, ya que nadie se digna a retirar a tiempo toda esa contaminación visual agresiva y costosa- esos carteles constituyen un gasto innecesario e infructuoso.

Otra práctica habitual en nuestras pintorescas y desordenadas elecciones presidenciales -habitual y que exhibe, cada cinco años, niveles más y más bajos de degradación, una degradación orgánica, que hiede, que se pudre ante nuestros ojos y oídos- es la llamada "guerra sucia" que para los grupos políticos -no me atrevo a llamarlos partidos- es normal. La demolición sistemática del o los adversarios, las posibles amenazas y sus satélites, a través de una cuidadosa, psicopática, estrategia de desprestigio a cuatro bandas, que alcanza incluso a los ciudadanos que se organizan para manifestar sus opiniones en plazas públicas, tildándolos de terroristas.

Y aquí cuentan, cómo no, de nuevo con la publicidad de la bien llamada concentración de medios: canales, diarios, radios y uno que otro ciberperiodista que, en bloque y formación cerrada, encienden sus ventiladores y lanzan sus estiércoles a la masa que los ve como "líderes de opinión" y no recibe recibe, traga e incorpora a su sistema la bosta esparcida, sino que además la devuelve cual caja de resonancia, la extiende y replica, disfrazándose a veces de opinión sesuda cuando es, en el fondo, una expresión maquillada de los mismos niveles de intolerancia, de difamación, de temor a la confrontación de ideas y programas, rubros en los cuales saldrían perdiendo, sin duda alguna.

Hay que ir a votar, es nuestro derecho a escoger a las autoridades para el próximo quinquenio, que acabará con una efeméride importante: el Bicentenario de la Independencia. Esta variable le da especial valor a las elecciones -o por lo menos debería dárselo. Pero ir a votar también es un deber, una obligación. Si no vas, pagas una multa y tu DNI no tendrá el holograma fashion sin el cual no podrás hacer ningún trámite formal, por lo menos hasta que le pagues al Estado por no haber cumplido con tu tarea ciudadana.

Claro, las multas se han sincerado con esto de la estratificación según tipo de distrito pero ese detalle, que es menor, importa poco que funcione regular o bien, en medio de este caos en el que tenemos hasta un candidato que tendrá que ser sacado de un penal de alta seguridad para que participe del debate organizado por el JNE. ¿Qué pasaría si, por algún designio diabólico, Gregorio Santos ganara el 10 de abril? ¿Piedras Gordas se convertiría en sucursal de Palacio de Gobierno? ¿Los ministros juramentarían en la celda del presidente? Teniendo claro que es prácticamente imposible que Santos gane, es también claro que es el sistema político mal hecho el que permite que exista una posibilidad así de absurda, por muy remota que sea.

Este es el noveno proceso presidencial que tenemos desde la recuperación de la democracia en 1979-1980 tras los 11 años de dictaduras militares de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y Francisco Morales Bermúdez (1975-1979). Hasta antes del golpe con el que Velasco derrotó a Belaúnde las elecciones se decidían entre 3 o 4 candidatos, como hasta ahora ocurre en cualquier otro país del mundo. Sin embargo desde 1980 todos los procesos para escoger Presidente en el Perú han tenido una exagerada cantidad de candidatos, siendo el récord la elección del 2006, la que terminó en el segundo alanato. De 24 inscritos compitieron 20 tras la renuncia de cuatro. En esta ocasión comenzaron 19 y terminaron 10, la misma cantidad de las elecciones pasadas, las que llevaron al poder a Nadine Heredia y su esposo Ollanta, el de la Gran Transformación (se transformó de esperanza de cambio a conservación de todo lo anterior, corregido y aumentado con las veleidades y afanes de Nadine de convertirse en socialité de la noche a la mañana). Once listas con un promedio de 130 personas cada una postulan al Congreso: un total de 1,401 personas, de las cuales 845 son hombres y 556, mujeres. Alrededor de 60 son reincidentes (congresistas que quieren repetir el plato) y menos de 20 nostálgicos, congresistas entre 2006 y 2011, quieren regresar al Parlamento a pasarla de lo lindo con 15,000 soles mensuales, viajecitos, homenajes y quién sabe cuántas gollerías más. ¿Y el Parlamento Andino? Un pretexto para que cinco vagos (Ronald Gamarra dixít) reciban trato exclusivo por tres o cuatro sesiones al año. 

¿Qué hemos aprendido en estos 36 años de democracia? ¿Es justo que esa palabra -democracia- siga siendo manoseada por políticos, periodistas, opinólogos y ciudadanos, restringida al mero hecho de ir a votar este domingo 10 de abril? ¿Es democrático que haya diez candidatos y más de mil candidatos al Congreso? Para mí es la más clara y comprensible prueba del desorden, de la informalidad caótica que nos acompaña en tantas otras áreas de nuestra vida diaria como peruanos. No solo no es democrático tener 10 candidatos, no es sano ni representativo. ¿En realidad una persona con dos dedos de frente puede pensar que existen 10 formas diferentes de ver los problemas que tiene el Perú? Que las elecciones sean caldo de cultivo para la aparición de decenas de personas que, excitadas y seducidas por la idea de tener poder -y acicateadas por una ley electoral laxa, de requisitos mínimos y sin reglas de juego claras- se la jueguen y aspiren a alcanzar el cargo público más alto y representativo sin tener las credenciales adecuadas. 

Y el debate de mañana es la cereza que le falta al pastel. Hace unos días escuché a un locutor radial de esos que abundan en las mañanas, a los que les pagan por hablar estupideces y hacer chacota de todo, todo el tiempo, soltar una frase tonta: "La mecánica del debate electoral no parece haber sido organizada por el Jurado Nacional de Elecciones sino por la productora de Esto Es Guerra". Habida cuenta de las "duplas" anunciadas -dicen que fue por sorteo pero yo no me creo ese cuento-, cobra mucho sentido dentro de la lógica absurda que ha marcado el desarrollo de este sainete que todos los canales presentan con sus músicas épicas y animaciones en 3D. 



sábado, 9 de enero de 2016

CAMPAÑA ELECTORAL 2016: OTRA VEZ LAS MISMAS TONTERÍAS


Es inevitable. Apenas culminaron los fuegos artificiales, los brindis y buenos deseos por la llegada del Año Nuevo y ya estamos invadidos por esta galería de personajes impresentables, varios de ellos reincidentes y uno que otro "recién llegado" -las comillas son porque si bien es cierto ya tienen cierto tiempo hablando idioteces en la "arena política nacional", se lanzan por primera vez a la carrera por ocupar el trono desde el cual sueñan con enriquecerse ellos y sus allegados durante los próximos 5 años- que, para repetir las muletillas de los gacetilleros de la televisión y los medios escritos, "calientan el ambiente electoral". Las mismas tonterías de cada quinquenio, que la ciudadanía en tropel -salvo contadas excepciones- asume como parte de su vida "democrática".

A estas alturas de mi partido -estas serán las quintas elecciones presidenciales en las que voto- nadie me vende el cuento de que "van a cambiar al país en los primeros 120 días" como suelen decir, de diferentes maneras, los estafadores que ahora bailan, se abrazan y congregan a multitudes de pobres personas, madres de familia de asentamientos humanos tugurizados o distritos suburbanos empobrecidos y pseudo-profesionales sin dignidad que son capaces de hacer toda clase de ridiculeces -disfrazarse de cuyes, lanzar vivas a empresarios resinosos, batir palmas a ladrones caudillistas- a la expectativa de un trabajito sobre remunerado en el Estado si su "doctor" de ocasión gana las elecciones. No. Decir "ninguno me representa" es la manera políticamente correcta de decir que me producen una severa repulsión, ganas de convocar a los espíritus de Robespierre y Guillotine y convertir las plazas públicas y avenidas en literales mares y ríos de sangre. Porque si a alguien no le queda claro de qué se trata aquello de "refundar la república" que algunos analistas (los más serios y agudos) mencionan pues eso es: deshacerse de todos y empezar desde cero.

Son 19 candidatos y de esa avalancha de mentirosos profesionales, cada uno acompañado de dos vicepresidentes y 130 buitres, los cinco primeros son los peores. Van a la CADE -otro baile de máscaras en donde se reúnen para hablar hasta cansarse, comer bocaditos gourmet y tomarse fotografías para las sociales de papel couché- y se hacen los interesantes por donde quiera que van, se acodan en sillones, entrevistas o en conferencias de prensa con la infaltable gigantografía (el backing) llena de logotipos de sus auspiciadores y sonríen al por mayor, convencidos de que la campaña política es un simple muestrario de superficialidades, que se muestran -valga la redundancia- a una masa que cada vez exhibe una menor, casi inexistente capacidad de apreciación crítica y que, a causa de sus necesidades básicas, bailan al son que les toquen, reciben polos, viseras, bolsas de víveres, 100 o 150 soles por hacer bulto en una portátil y se avientan a la berma central de cualquier avenida, bajo el sol calcinante, a consumir un almuerzo en tupper de tecnopor. Por el apoyo, compañero.

Mientras tanto la prensa cumple un vergonzoso papel validando todo este monumental engaño, armando sus encuestas, lanzando sus pronosticos, preparando sus ediciones especiales -sus "rallies" con animación en 3D y música de fanfarria grandilocuente de fondo-, entrevistando a Alan, a Keiko, a PPK, a Toledo, a Acuña. Llamándolos "señores candidatos" y soltando una que otra risita de mediolado que supuestamente es la máxima ironía de la que son capaces.

Hay una combinación de complicidad con cobardía en estos señorones y señoronas de la prensa, estos líderes de opinión de cartón, estos columnistas y conductores de radio y televisión que tienen décadas en la política peruana (estas son solo mis quintas elecciones pero hay varios de estos periodistas que se han soplado todos los procesos presidencialistas desde la recuperación de la democracia en 1979-1980) y aun no saben -o no quieren- llamar a las cosas por su nombre.

Complicidad porque manejan tal nivel de información que resulta patético verlos reportando sobre "gobernabilidad", "fiesta democrática", "campaña política" cuando ellos conocen, mejor que ningún otro habitante de este país, las reverendas pendejadas y crímenes de los que son capaces todos y cada uno de los cinco que encabezan los sondeos, amañados (unos más que otros).

Y cobardía porque si no dicen las cosas como son no es porque ellos crean que todo es claro y transparente sino porque son, al final de cuentas y con toda su experiencia y su fama y su prestigio como grandes hombres y mujeres de prensa (la gran mayoría), esbirros al servicio de sus jefes, los dueños de los medios que son, a la vez, compadres de los verdaderos dueños del país, los poderes económicos que controlan (casi) todo desde mediados de los 80s: la CONFIEP -que en realidad es hablar de dos o tres banqueros, dos o tres mineros, y ya- y la corrupción que ha carcomido y sigue en metástasis permanente, interminable, carcomiendo todas y cada una de las instituciones nacionales, públicas y privadas.

En este país ya no hay espacio para la tecnocracia y sus conceptos analíticos.  Los expertos en encuestas que salen a hablar de las tendencias y lo que cada candidato esta haciendo suenan ridiculos cuando uno ve los personajes a quienes se refiere. Ridiculos y complices, tambien, de la farsa generalizada. Tampoco hay eapacio para el positivismo que busca replantear las ideas y buscar la unidad.

Lo que realmente necesita este país, que tanto amamos, es que el público, la población, recupere la sensibilidad y le duela el estómago por las arcadas que producen esos carteles oportunistas, esas promesas destinadas a no cumplirse, esas alianzas de programa cómico en donde conceptos como lealtad o ideología suenan a broma de mal gusto, esos discursos paparruchentos que algunos, los menos informados, todavía siguen calificando de inflamados y vibrantes.

Lo que necesita este país es que quienes estamos -o nos sentimos- por encima del debate político simplón, el de los titulares en los periódicos y los asesores de marketing político que cobran millones de dólares por indicar de qué color debe ser la banderola y a qué lado de la cámara debe dirigirse la sonrisa; salgamos a decir lo que pensamos como sociedad organizada y hagamos frente a todos estos personajes de siempre que pasan sus jornadas elucubrando estrategias para engañar a la mayor cantidad de personas posible: jóvenes ignorantes y anomicos ensimismados en sus aparatos y sueños de fama farandulera, familias empobrecidas que hacen cola para recibir un regalito, empresarios interesados en contratos millonarios con el Estado..

Hay que preguntarle a una mujer cuyo marido la haya engañado, o le haya pegado, repetida y sistemáticamente durante décadas, si se encerraría de nuevo con esa persona entre cuatro paredes, a solas, si el maldito reaparece diciendo que ha cambiado, que ahora las cosas serán diferentes. Seguro responde que no sin pensarlo dos veces. ¿Por qué entonces votaria por Alan o por Keiko? O sino pregúntenle a un padre de familia si dejaría la educación de sus hijos, que recién están empezando a leer y escribir, en un tipo deforme que es incapaz de descifrar un párrafo que le han escrito. ¿Cuál sería su respuesta? ¿Por qué entonces votaría por Acuña o por Toledo? O pregúntense mirándose al espejo si quieren ser gobernados por un señor de 80 años cuya nacionalidad no es peruana y del cual nadie, salvo él mismo, es capaz de escribir su apellido correctamente sobre un papel sin consultar en internet.

Este post no va a cambiar las cosas, desde luego. Es solo un ejercicio de catarsis ante la avalancha de bosta mierdosa que nos espera los próximos meses. En dos días nada más, recién disipado el humo de los cohetones del 31 de diciembre, ya hemos visto varias de esas escenas que hacen que mis entrañas de revuelvan: buses interprovinciales trasladando portátiles con polos y banderitas, planchas congresales presentadas en poses triunfalistas -los brazos arriba, las manos entrelazadas, las sonrisas falsas-, entrevistas y columnas de opinión qua atacan a unos, resaltan a otros y ningunean a los demás, según conveniencias, periodistas -viejos, intermedios y jóvenes- que creen que están haciendo el trabajo de sus vidas cubriendo las declaraciones de tal o cual mientras se muerden la lengua para no perder las gollerías del trabajo actual y las expectativas de lo que vendrá si los llaman para unos cuantos eventos o alguna asesoría "in house", con factura incluida. Ya se vienen los ataques arteros, vulgares, los bailes estrafalarios y los carteles malogrando el ornato urbano, los comerciales, los niños mocosos cargados por estos monstruos contrahechos que solo piensan en llegar al poder.

En lo que a mí respecta, viciaré mi voto nuevamente. Hoy más que nunca siento que este es un remedo de democracia. Democracia no significa salir a votar y después sentarte a ver cómo se quema todo (frase excelente del caricaturista Álvaro Portales). Esta elección, con 19 "opciones" es más bien una muestra grosera, obscena y vulgar del tremendo caos sociopolítico en el que vivimos. ¿De verdad creen ustedes que hay 19 visiones diferentes de país, 19 programas de gobierno distintos? ¿por qué me resulta tan evidente la falsedad de todo esto y a los demás no? ¿O también lo saben pero se hacen los tontos?

En el caso del ciudadano de a pie puede tratarse de una necesidad de sentirse parte de un país normal, de no aceptar que vive en la barbarie. Pero en el caso de los periodistas de diarios, canales, radios y páginas web, que ven de cerca todo este asunto, que se saben todas las últimas, que se sientan a comer con los jefes de prensa de cada agrupación, con sus asesores y hasta con los mismos candidatos, de vez en cuando, es una abierta y sinvergüenza hipocresía.

jueves, 1 de octubre de 2015

DÍA DEL PERIODISTA: ¿ERES "PERIODISTA" O "COMUNICADOR"?


En estos tiempos en que las plazas más atractivas, desde el punto de vista remunerativo, para un profesional de las comunicaciones son las que tienen que ver con consultorías, asesorías de imagen corporativa, comunicación institucional y demás hierbas, uno se pregunta si realmente hay la suficiente cantidad de periodistas en las calles y oficinas de Lima como para celebrar de manera tan entusiasta “su día”.

Desde hace no tan poco tiempo asistimos a una dicotomía engañosa y un poco amañada, arropada en gruesos paños de aquella ignorancia sutil que casi nadie percibe porque es compartida por la mayoría, según la cual existiría una diferencia sustancial entre ser “comunicador” y ser “periodista”. Esta dicotomía, como digo, mañosa, pretende distinguir una cosa de la otra y, en ambos casos, de ida y vuelta, la distinción se hace para guarecerse de no ser confundido entre una opción y la otra.

El “periodista” se siente superior al “comunicador” porque, en el plano conceptual, tiene un trasfondo, es culto, sabe de todo un poco y de nada en su totalidad, recoge lo mejor de cada experiencia y busca siempre llegar al fondo de las cosas. Por su parte, el “comunicador” afianza su superioridad porque, a diferencia del sesgo politizado y el aura crítica del “periodista”, es más pragmático, tiene olfato para la oportunidad, es ligero de pensamientos, reflexiones y conocimientos pero eficiente en la elaboración de mensajes que, en one, calarán tan hondo que cualquier cosa que recomiende será un éxito, un golazo. Los “periodistas” critican, investigan y analizan todo. Los “comunicadores” facilitan el proceso de entendimiento entre unos y otros, asesoran a los peces gordos, entretienen al público, lanzan sloganes, ganan elecciones.

Y este cara/sello, este bifrontismo en el que la profesión que nos convoca a todos los que sentimos pasión por escribir y desentrañar misterios, que nos iguala a quienes crecimos leyendo crónicas escritas desde una Remington o una Olivetti con quienes se dedican a hacer copy-paste de casi todo; en suma, esta doble cara se da a ambos espectros del ejercicio moderno de las Ciencias de la Comunicación, así, con mayúsculas, como los Cursos de Extensión de la San Martín: Se lo espetó Philip Butters (el “comunicador”) a Marco Sifuentes (el “periodista”) en el sonado caso de las acusaciones por mermelería que el primero le hiciera al segundo, al aire y a gritos. Se lo reprocha Magaly Medina (la “periodista”) a Laura Bozzo (la “comunicadora”) creyendo que así diferencia su basura localista de aquella que difunde con ventilador industrial la nefasta animadora afincada en México. Y el resultado es siempre el mismo: “no me digas nada porque tú no eres …” Completen el espacio en blanco con cualquiera de los dos sustantivos y la ecuación será exactamente la misma.

Esta diferenciación tiene, por cierto, un origen conceptual basado en la idea innegable de que la comunicación humana como hecho antropológico es anterior al oficio periodístico. Naturalmente todos los seres humanos tienen la capacidad de comunicarse, esa es una verdad de Perogrullo. Pero eso no significa de ninguna manera que cualquier hijo de vecino se arrogue el título de "comunicador" sólo porque sale a decir lo que se le ocurra y hacer chacota de todo frente a una cámara o un micrófono. Si bien es cierto todo periodista es, primero que nada, un ser humano que se comunica a través de ciertas técnicas, para ser comunicador no sólo basta con saber hablar y ser, entre comillas, carismático.

Sin embargo, la realidad en la que vivimos en el Perú –y me imagino que en otros países del mundo también, aunque no de manera tan descarada como aquí- nos deja claro lo siguiente: cada vez son menos periodistas y comunicadores los que merecen ser felicitados hoy.

El análisis, la profundidad, la absoluta objetividad/subjetividad para investigar y denunciar a todos por igual (cuando lo merecen), el buen decir y escribir -características de todo periodista formado en la tradición de aquella época en la que se estableció esta efeméride- han desaparecido casi por completo de periódicos, canales de televisión y cabinas de radio. Hoy reinan los errores de sintaxis, de ortografía, de cultura general. La ausencia de contenido y criterio para comentar y analizar hechos que la masa siempre ve de manera unidimensional. La incapacidad para desmarcarse del poder y llamar las cosas por su nombre. Todo ese bagaje de influencia social que antaño dio forma a los medios periodísticos, que no contaban con más que sus libretas y lapiceros, máquinas de escribir, grabadoras portátiles, cámaras fotográficas con rollo a revelar y, en muchos casos, su memoria y capacidad literaria para cerrar a medianoche sus historias, darles cuerpo y hacerlas atractivas al lector, es ahora una preocupante y cada vez más pequeña minoría. Y en los medios tecnológicos vigentes (el periodismo digital, los blogs y páginas web, las redes sociales), la crisis va por el mismo rumbo.

Y por la otra acera las cosas no andan muy bien que digamos. El mercado de puestos de trabajo ha convertido a los pocos comunicadores con formación profesional en meros empleados (como asesores de marketing político, jefes de prensa de instituciones públicas, publicistas de poco escrúpulo, cortas luces y múltiples ambiciones) al servicio del poder –político o económico o ambos-; las nuevas tendencias de las relaciones laborales han creado toda una generación de charlatanes que se dedican a mentir y crear expectativas falsas en masas de jóvenes desempleados (los famosos motivadores o consultores de coaching y manejo de la personalidad orientado a la búsqueda del empleo maravilloso que te sacará de la línea de pobreza); mientras que el permanente e indetenible enmierdamiento de la industria del espectáculo (la vulgar y huachafa farándula) ha hecho surgir a una avalancha agresiva, hedionda y cenagosa de nuevos "comunicadores" que destrozan el idioma, entierran los valores y pisotean todo lo que amenace con ser educativo, culturoso o simplemente útil con sus sintaxis simiescas y sus aspectos de barra brava combinada con delincuentes de toda laya, capaces de todo para que el rating no decaiga.

Los “coleguitas” en todos los medios de comunicación convencionales se saludan entre sí y estoy seguro de que cada uno de ellos, en sus fueros internos, reconoce con una claridad mucho mayor de la que serían capaces de aceptar en público que este no es su día. Porque no leen. Porque escriben mal hasta los subtítulos de tres líneas que lanzan al pie de pantalla anunciando los próximos destapes de fin de semana. Porque hacen del condicional –“habría”, “estaría”, “podría”, “presunto culpable”- una forma de vida y discurso. Porque comunican sin saber pensar. Porque apañan a corruptos por temor –o por complicidad. Porque firman facturas por servicios profesionales de todo tipo (conducción de eventos, asesorías, talleres, media training) que después les impide hacer señalamientos, comprarse pleitos y viven, por ello, de espaldas al sufrimiento de la gente de a pie.

El periodismo sigue existiendo por supuesto. Y todavía hay en calles y plazas, en redacciones y oficinas, periodistas que son también comunicadores, comunicadores que son también periodistas, capaces de mantenerse firmes en la persecución de los valores que los inspiraron a estudiar y ejercer, desde las páginas independientes de un periódico o blog que pocos leen, desde las oficinas de imagen de instituciones con orientación hacia cuestiones sociales o solidarias, esa profesión que, en su momento, también ejercieron Vargas Llosa y García Márquez, Fallaci y Kapuscinsky, Wiener y Martínez Morosini. Porque en un comienzo ser periodista y ser comunicador no eran cosas distintas.

Hubo un tiempo en que ser periodista y salir a comunicar cosas era estar comprometido con las causas de la gente común. Hubo un tiempo en que el público sentía que el periodista defendería sus intereses, daría espacio a sus denuncias, no cuestionaría sus dudas y quejas nacidas del hambre y no del cálculo político. Hubo un tiempo en que el comunicador buscaba transmitir diversión y cultura al mismo tiempo y no entregarse al hedonismo facilista de la vulgaridad rentable, esa que va encanallando a niños y niñas, adolescentes que hoy sueñan con ser prostitutas/diosas (ellas) y delincuentes/forzudos (ellos) porque eso les asegurará salir en la televisión, ganar dinero y pasar de ser nada a firmar autógrafos de la noche a la mañana, literalmente sin saber leer ni escribir ni entender nada de lo que pasa ni en el mundo ni en el país ni en la esquina de su barrio ni en la puerta de su casa ni en su propia cabeza.

Porque cada vez hay menos periodistas que los ayuden a salir de esa oscuridad y porque los llamados "líderes de opinión" operan, a veces de forma sutil y taimada, a veces de forma abierta y descarada, para que las cosas sigan así. Eso se siente, se huele en cada programa de noticias, en cada columna que defiende al establishment hasta en las situaciones en que son más evidentes sus efectos negativos y contrarios la población, contra el medio ambiente, contra la decencia.

Y después se sorprenden de ver cómo un estudiante universitario confunde a Abimael Guzmán con Gabriel García Márquez. Basta ver cuántas veces a la semana aparecen estos personajes en los reportajes de la prensa convencional (escrita, radial, televisiva y virtual) como para saber de dónde proviene tanta ignorancia. ¿Pasaría lo mismo si les muestran una fotografía de alguna de esas bataclanas o payasos, de esos animadores o guerreros/combatientes juan que salen todos los días a todas horas en todas partes? Adivinen la respuesta.

sábado, 28 de febrero de 2015

MARCHA CONTRA LA TELEBASURA: VIERNES 27 DE FEBRERO DE 2015


Siempre que, por algún motivo, tengo que pasar por el frontis de Frecuencia Latina, en la Av. San Felipe, me quedo mirando las colosales gigantografías en vinilo plastificado con las sonrisas congeladas de esas estúpidas y vulgares estrellas de la televisión (Huarcayo, Schwarz, Galdós, Peluchín, Medina) o los rostros fingidamente serios y culifruncidos de los periodistas líderes de opinion (Lúcar, Mariátegui, Delta, Ortiz) y me imagino, como en esas series de dibujos animados, bajando desde arriba y rasgándolas con una supergillette ardiendo en fuego, ante la mirada absorta de los transeúntes. Otras veces alucino que les prendo fuego, pero desde abajo, y esas gigantescas impresiones colapsan haciéndose cenizas. Algunos me aplauden y vitorean mi nombre. Otros me insultan, pero son los menos. Luego, el claxon de buque de alguna combi que quiere pasarse la luz roja en Salaverry me devuelve a la realidad y pienso, por enésima vez, que soñar no cuesta nada.

Pero anoche, parte de ese sueño recurrente se hizo realidad palpable, se convirtió en fotografía y vídeo que habrán de circular, todo este fin de semana, por las redes sociales que apoyaron esta histórica marcha contra la telebasura, aun cuando los medios convencionales, de forma unánime, ya están descalificándola por "los actos de vandalismo que la empañaron" y lamentan los atentados contra la propiedad privada, muestran las fotos que más convienen a sus propósitos informativos, inevitablemente sesgados por el obvio interés que tienen las áreas de prensa de estos canales para que las cosas se mantengan como están y que sigan empeorando, en beneficio de sus sueldos corporativos, y se ponen de lado (y de costado, para que no sea tan evidente) de los que nos agreden a diario, no con indignadas marchas, insultos o consignas, pero sí con el estiércol en cantidades industriales que esparcen a toda hora, sin descanso, de lunes a domingo.

La marcha de anoche estuvo amparada en bases sólidas de indignación ciudadana que exige el cumplimiento de una ley que todos se saltan con garrocha, incluido el mamotreto ese de comunicado emitido por la Sociedad Nacional de Radio y Televisión-SNRTV, que asegura, respaldada por los anunciantes asociados -sí, los mismos que financian las producciones más excrementicias de las programaciones de los canales Frecuencia Latina (2), América TV (4) y ATV (9)- en el que ratifican que sus asociados la cumplen escrupulosamente y los que no (no menciona quiénes), son sancionados "pecuniariamente". Sí, claro. Y yo soy australiano y toco perfectamente el didgeridoo.

Los informes de la prensa aliada de los peluchines, las magalys, los guerreros y las combatientes hablan de "casi 2 mil manifestantes". A mí me parecieron más. Quizás 4 o 5 mil, en su enorme mayoría jóvenes, que cercaron los bunkers televisivos, con harta protección policial, por ambos lados de las avenidas en las que se ubican, cohesionados y firmes, con la irreverencia y energía propias de su edad, expresando su sentir y recibiendo apoyo desde balcones, puertas y ventanas, de padres de familia que los felicitaban y trataban de acompañar con palmas las consignas menos agresivas como "vecino, escucha y únete a la lucha", que se intercalaban con otras más viscerales, lanzadas a voz en cuello por coros de chicos y chicas que, en el camino, sonreían con la ilusión de estar dando a conocer su opinión, la misma que trata de ser ninguneada por ese esperpento de saco-y-corbata llamado Eric Jürgensen, con una frase que lo pinta de cuerpo entero: "fueron solo unos 700 que no pueden decidir lo que millones quieren ver". Ese tipejo, que se forra los bolsillos con el dinero que ingresa a las arcas del canal gracias al rating que le dan esos millones, tuvo el cinismo hace unas semanas de decir que su canal "hace television blanca". ¿Comparada con qué? ¿con la industria pornográfica norteamericana, tal vez?

En ese sentido, la marcha ha sido histórica. Porque con su éxito pone sobre el tapete, de manera altisonante, un tema que los negociantes de estercolero como Jürgensen desean que no se debata, que no se reflexione: la basura que se transmite en los canales de señal abierta no tiene aceptación general y hay una cantidad, nada despreciable, de estudiantes y profesionales que sienten y comparten el asco al verse expuestos a estos programas que nos son impuestos por el poder económico de un rating que mide cantidad, pero no calidad de público. La camaradería, el sentido de pertenencia, el verse rodeado de cientos de personas que piensan como tú, que están unidas luchando porque sus voces sean oídas, constituye una reserva moral que no escatima en esa creatividad nacida de la indignación, y que no se ahorra palabras de grueso calibre para llamar a las cosas por su nombre. Los acartonados que no dicen lisuras ante cámaras pero glosan las procacidades que hacen otros, desde sus noticieros, y hacen resúmenes y entrevistan, en sus segmentos de espectáculo farandulero, a los payasos y payasas que conforman los elencos de esos basuralicios programas de competencia, se escandalizan y señalan con el dedo. Mueven la cabeza de lado a lado, en señal de desaprobación. Y a renglón seguido, anuncian a los sentenciados del día siguiente, el regreso de Johanna San Miguel, el destape en la discoteca VIP del Callao.

Lo lamentable no fueron los "actos vandálicos" ni "los ataques personales" de los que hablan en la web de El Comercio, que se explican tanto como se puede explicar la reacción de una persona de bien cuando ve que han bloqueado la puerta de su casa con montañas de desperdicios orgánicos en avanzado estado de putrefacción. Lo lamentable fue ver, en la azotea del local infranqueable de Frecuencia Latina, a unos cuantos operarios del canal (gente que trabaja en producción, asistentes de cámaras, secretarias, segundones de todo tipo) que, desde la altura y la oscuridad, se burlaban de los miles de jóvenes que estaban abajo, bailando al ritmo de las consignas, agitando los brazos, lanzando besitos volados y saludando a la distancia, en una horrible metáfora de la dominación que se da desde estos medios de comunicación masiva, parapetada en muros de cobardía y anonimato. Lo más curioso es que esos burlones -que recibieron sus respectivos cánticos en respuesta- defienden a un sistema que ahora les paga un buen sueldo, que les alcanza para sentirse parte de la maquinaria, pero que cuando se canse de ellos, los sacará con una sonora y dolorosa patada en el trasero. Quizás ese día decidan participar de la siguiente marcha. Total, sus caras no se veían desde la pista y nadie los reconocerá en medio de las pancartas, los megáfonos y los frontales "hijos de puta" que, anoche, iban dirigidos a ellos.



jueves, 29 de enero de 2015

LA HISTORIA DE LA CONFIEP: EMPRESARIOS QUE LES GUSTA GOBERNAR (en la sombra)

En esta ocasión quiero compartir con ustedes un interesante artículo del analista Francisco Durand, publicado hace un par de semanas en el semanario Hildebrandt en sus Trece, el único medio escrito en el que se llaman a las cosas por su nombre. Aunque definitivamente no es infalible, el análisis de César Hildebrandt es contundente en materia política y al momento de analizar a los medios de comunicación masiva, entregados a la danza de los millones que les caen por publicidad en sus noticieros incapaces de poner el dedo en ninguna llaga y sus programas de entretenimiento basura, resulta implacable. Pero, más allá de sus propias columnas, Hildebrandt ofrece un variado coctel de analistas, que presentan aquel lado oscuro de la realidad que El Comercio y sus tentáculos cubren con toneladas de papel mojado en tinta, publicherries de toda clase, páginas web con las últimas andanzas de leones y cobras y radios acostumbradas a poner la música que más les gusta bailar a los que siempre tienen la sartén por el mango. En esta ocasión, Durand nos cuenta, con detalle y en sencillo, la historia de la CONFIEP y sus razones para andar siempre colgada del poder, aunque tanta exposición pública reciente no sea del todo de su agrado. Para quienes no conocíamos el origen de este poderoso gremio empresarial, es una lectura sustanciosa...



La CONFIEP al descubierto 
Por Francisco Durand, Hildebrandt en sus Trece, edición 233 del 16 de enero de 2015 

De un tiempo a esta parte, lenta pero persistentemente, la cuestión del poder político de la CONFIEP viene formando parte de la agenda política nacional, hecho que no le conviene a este gremio de gremios empresarial. En realidad, desde que Humala ganó la elección los analistas políticos y luego, con el paso del tiempo, la parte de la ciudadanía políticamente activa no dejan de comentar el enorme grado de influencia que ostenta, sobre todo porque opera detrás de bambalinas y tiene trato silencioso y privilegiado, con el MEF en particular. Su poder no es solo una cuestión de influencias, tema que ha brotado desde mediados de diciembre a partir de la aprobación de la Ley Pulpín y una marcha contra su local sanisidrino, sino más bien sus alianzas. Se trata de una trama urdida hace tiempo y donde la CONFIEP (mejor dicho las multinacionales y los principales grupos de poder económico) han desarrollado un sistema de dominio indirecto que deben mantener (el pueblo elige a los presidentes y los presidentes, en privado, se alienan con ellos), en la próxima elección. 

NACE CON MAMADERA 
La CONFIEP (Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas) se fundó en 1984, en plena época de hiperinflación y terrorismo, gracias al apoyo de los entonces más poderosos y mejor organizados gremios empresariales. Querían unirse ante la doble amenaza que enfrentaban. Sin embargo, no eran los únicos interesados en confederarse. Para ese entonces el gobierno de Reagan también quería ver unidos a los empresarios peruanos para formar un muro de contención contra la insurgencia. La USAID de Reagan había concebido un plan para apoyar confederaciones gremiales empresariales en Centro América, Nicaragua en particular, e incluyó al Perú en ese programa ante la creciente influencia política de Izquierda Unida y los dos grupos insurgentes. De modo que la hoy todopoderosa CONFIEP no nació tanto de la capacidad interna de unirse, sino de un sponsor externo poderoso que financió (y de algún modo orientó) su creación. Luego se desarrolló repentinamente gracias a los desatinos de un joven gobernante. 

En 1985, ni el nuevo presidente García El Joven, ni los partidos prestaron mucha atención a la CONFIEP. Incluso los propios empresarios, según pude comprobar en entrevistas, le vaticinaban una corta vida. Solían andar desunidos y no querían gastar en gremios, pero ahí es donde entra la USAID y les resuelve el doloroso problema. En 1985, en momentos en que García quería reunirse personalmente con los Doce Apóstoles y no con gremios, el propio “ninguneo” presidencial los animó a mantenerse unidos, pues emergía como un tercer elemento de incertidumbre. Hasta que al bisoño y bipolar presidente se le ocurrió la estatización del sistema financiero en julio de 1987. La sorpresiva medida, y el hecho de que quería atacar al corazón de la emergente clase empresarial peruana, los cohesionó rápidamente. A partir de ese momento, los principales grupos de poder comenzaron a apoyar a la CONFIEP para que voceara públicamente sus demandas e impidiera la nacionalización de su principal base de acumulación. Luego emergió la candidatura de Vargas Llosa y se formó el FREDEMO. En ese momento la CONFIEP y sus dirigentes entraron “a hacer política”. Intentaban instituir una fórmula de dominio directo, eligiendo un presidente de derecha para “voltear la tortilla” en 1990 (privatizar todo activo estatal, desarmar a los sindicatos y derrotar a la insurgencia) por medio de una victoria electoral. 

LLEGA FUJIMORI 
No le salió bien el juego. Su candidato fue derrotado. Sin embargo, la CONFIEP y los poderes fácticos económicos abandonaron a Vargas Llosa y no tardaron en acomodarse con el nuevo presidente. Comenzó de ese modo la era de dominio indirecto que caracteriza a la República Empresarial. Economistas contratados por la CONFIEP participaron con los equipos que planificaron las reformas de mercado, de modo que el sector privado (y entre ellos las grandes corporaciones) reinaran sin competencia, sindicalismo ni oposición. Lo lograron gracias al establecimiento de una correa de trasmisión con el Ejecutivo (Presidencia, SIN y MEF), la financiación de campañas y el lobby. 

En 1990, una vez que se lanza el fujishock, se selló una alianza que duró 10 años. La CONFIEP cumplió. Fue el único gremio que defendió públicamente el autogolpe de junio de 1992.uno de sus dirigentes, Jorge Camet, fue nombrado ministro de Economía ese mismo año, manteniéndose en el cargo 5 largos años. Cuando llegó la crisis externa de 1998, y nació una oposición antireeleccionista, la CONFIEP apoyó la reelección de Fujimori en el 2000, a pesar de la creciente disidencia empresarial. Los grandes empresarios que la dirigían, y que se cohesionaron entre banqueros y mineros, querían seguir con su Chinochet. Luego vino la crisis con la fuga de Montesinos (quien fuera su aliado en la “lucha contra el terrorismo” a través de un comité secreto de la CONFIEP dirigido por Julio Favre que le daba fondos). La CONFIEP siguió cumpliendo. Mantuvo su apoyo a Fujimori y manifestó que debía mantenerse en el poder un año más. Al comenzar las movilizaciones, dijeron sin vergüenza que el “ruido político” era peligroso, que ahuyentaba las inversiones. Al fugarse Fujimori al Japón, la alianza se rompió y los empresarios tuvieron que acomodarse a los nuevos tiempos. 

2000 EN ADELANTE 
A partir del 2000la CONFIEP tuvo que asumir un perfil más bajo y actuar solapadamente vía el MEF y al mismo tiempo influir en el Congreso. No tuvo problemas con Toledo al mantener casi sin variaciones el modelo económico. Para su buena estrella, el 2002 empezó la bonanza exportadora y se firmaron acuerdos de libre comercio, hechos que consolidaron el modelo económico que podía ser revertido en democracia. Junto a la presidencia y al MEF, la CONFIEP se concentró en manejar el Congreso. Allí aparece por primera vez la cuestión de los lobbies y la financiación de campañas. Aparte del dinero o los favores a los políticos, la debilidad de los partidos y el otoronguismo parlamentario (salvo excepciones) contribuyeron a acrecentar sus influencias. 

Con la segunda presidencia de García la CONFIEP no tuvo sobresalto alguno. La bonanza continuó su curso, mientras García El Viejo mantuvo relaciones íntimas con los grandes empresarios y la CONFIEP (mientras se amistaba con Dionisio Romero). Con Humala, el 2011, tampoco tuvo sobresaltos una vez que se reunieron luego de que ganara la segunda vuelta. Fue la CONFIEP, en ese entonces dirigida por Humberto Speziani (TASA, grupo Brescia), quien propuso no solo mantener la economía en piloto automático y defender, según declarara, “la alianza Estado-Empresarios”, sino también mantener en el MEF a personajes, como Miguel Castilla (MEF) y Julio Velarde (BCRP), que les daban “garantías” para seguir acumulando. 

Es recién el 2011 entonces que la CONFIEP comienza a asumir un perfil de gran poder económico proyectado a la política. A pesar de haber apoyado financieramente a personajes como PPK y Keiko Fujimori, luego de la segunda vuelta la CONFIEP terminó acomodándose con un candidato que se reclamaba nacionalista y que llegó con el apoyo de la izquierda. La voltereta de Humala fue atribuida políticamente a los poderes e influencias de la CONFIEP, hecho que no pasó inadvertido, dificultando su capacidad de seguir operando en las sombras como antes. Otro factor que la puso más al descubierto es el hecho de que su actual presidente, Alfonso García Miró (de menor calibre empresarial, pero ligado al Grupo El Comercio), movilizó a la CONFIEP para defender la posición oligopólica del Grupo El Comercio cuando adquirió EPENSA (cadena Correo) y se convirtió en el poder mediático dominante. 

A medida que terminaba la bonanza el 2014, la CONFIEP comienza a entrar a la agenda nacional como un poder fáctico al participar en diálogos privilegiados con el MEF para “reactivar la economía”. Desde ese momento la CONFIEP ha aparecido más nítidamente como un poder en la sombra, conectado directamente con los tecnócratas del MEF que tienen la última palabra en materia de reformas. Las marchas contra su local indican la concientización popular en curso. 

En estos momentos la CONFIEP debe estar planeando un control de daños y contratando consultores para neutralizar esta imagen popular de poder sin límites y manejos bajo la mesa. Veremos qué pasa el 2016. Estará segura con García, Keiko o PPK, pero no son candidatos fijos dada la mayor volatilidad política. Varios de sus viejos aliados se oponen ahora a la Ley Pulpín temerosos de perder votos.

domingo, 21 de diciembre de 2014

NAVIDAD 2014: LA ESPERANZA CONVERTIDA EN UN ACTO EGOÍSTA


Desde hace años decidí, desde mi libre albedrío adulto, que para mí la Navidad necesita trascender toda doctrina religiosa, dogma de fe y comprobación científica para mantener intacta su capacidad de ilusionarme como me ilusiona, casi de la misma manera en que lo hacía cuando fui niño y creí en Papá Noel o cuando fui adolescente y comencé a cuestionar todo lo que me enseñaba la Iglesia Católica desde los altares, las aulas escolares o la mesa familiar.

Esto significa que si mañana, en una revista científica especializada japonesa anunciaran que, tras décadas de excavaciones arqueológicas, investigaciones documentarias, procedimientos computarizados y revelaciones psíquicas, quedara absolutamente demostrado que Jesucristo no existió -y que por ende, no habría 24-25 de diciembre qué celebrar- yo seguiría emocionándome con el verdadero sentido de la Navidad, frase que en ese contexto imaginario y extremo tendría que escribirse entre comillas.

Con este mecanismo de defensa, elaborado casi en clave de ciencia ficción, protejo mi estado de ánimo en estas épocas de fin de año de los zarpazos con que la realidad lo ataca a cada microsegundo para demostrarme que el ser humano, esa especie a la que pertenecemos todos y que, según los textos bíblicos, Jesús vino a redimir hace 2014 años, abandonando su "zona de comfort" -como diría cualquier marketero entrenado por Arellano, ese nuevo y falso gurú de las frases hechas- para tratar de enseñarnos, con el ejemplo, que la humildad y la rebeldía son las dos caras de una misma moneda: la de la integridad, el respeto al prójimo, la sana conviviencia y la espiritualidad por encima del materialismo que hoy nos domina.

Y es que las tentaciones que incitan a uno a botar toda esa ilusión por el desagüe son muchas y de muy variadas fuentes. Aquí solo algunas de ellas:

La comprobación cotidiana de que para las "estrellas de la televisión" y "líderes de opinión" la Navidad se reduce a un spot de 40 segundos, sobreactuado y sobreproducido, en el que hombres y mujeres, jóvenes y viejos, periodistas y payasos faranduleros, intercambian regalos posando para las cámaras en un set de grabación, lucen contritos y reflexivos delante de un nacimiento y lanzan mensajes navideños durante todo diciembre para después, los once meses restantes, esparcir basura mañana, tarde y noche; es suficiente para descorazonar hasta al más entusiasta.

Otro ejemplo: Hace unos días me comentaron que un conocido empresario farandulero de apellido Diez Canseco, llevó toneladas de juguetes y donaciones a los pacientes niños de un hospital de salud pública, acompañado de la gavilla de mujerzuelas que desfilan para beneplácito salivesco de todos esos viejos resinosos y bien vestidos que van a comer en los locales de su cadena Rústica. Es decir, exponiendo a niños humildes a espectáculos exhibicionistas y procaces, y a las reacciones morbosas que se deben haber generado entre doctores, personal administrativo y quién sabe hasta el mismo director del hospital de marras. Me los puedo imaginar... "a ver, a ver, una fotito con las chicas... ayayayyyyyy". Eso ya ni siquiera puede considerarse relativismo, sino sinvergüencería pura y dura.

La solidaridad, el bien común, la buena vecindad son instituciones subjetivas que han desaparecido del lenguaje conductual en el Perú: desde el tráfico enloquecedor con sus claxons de buque capaces de hacerles perder el equilibrio a señoras de la tercera edad, tocados tanto por microbuseros, taxistas y señoritos de lentes oscuros y cabezas rapadas montados en sus bonitas camionetas compradas a plazos; las leyes escritas para favorecer a empresarios de ambición ilimitada que miran con desprecio a los trabajadores antiguos y empiezan a maltratar a los nuevos desde antes que ingresen a su primer empleo, que son defendidas por uñas y dientes por los politicastros incapaces de ver más allá de sus narices, urgidos como están de satisfacer sus propios afanes de enriquecimiento, poder y supuesto status. El caso más flagrante de esto es el de la Primera Dama que nunca fue nada, ni en su universidad ni en su desempeño profesional antes de llegar al gobierno y ahora se siente reina tuerta en este país de ciegos.

Las programaciones televisivas, apañadas por los dueños de canales y empresas anunciantes, que supuran malos ejemplos, antivalores y abiertas vulgaridades los siete días de la semana, en el desayuno, el almuerzo, la cena y la medianoche, creando una nueva generación de peruanos que aceptan, y con agrado, ser discriminados y degradados al papel de vocingleros adoradores de ídolos de carne inflada por esteroides y siliconas, solo porque tienen la piel más clara, y aprenden que ya no importa estudiar porque puedo ser "famoso" de la noche a la mañana; todo conspira contra el sentido de la Navidad, lo aniega y amenaza con hundirlo de forma definitiva.
La corrupción, la informalidad, la impunidad y la indiferencia frente a lo injusto han carcomido todos los ámbitos de nuestra vida: en lo politico, a través de este presidente, su esposa y sus ministros, alcaldes, congresistas y empresarios que viven de ellos; en lo mediático, con una prensa vendida incapaz de señalar a nadie con el dedo, que todo lo dice "en condicional" para proteger a sus amistades y la vigencia de sus contratos publicitarios; y en general, en cada dimensión pública, social, laboral o incluso en los asuntos privados, donde uno posa la mirada, cobra vigencia nuevamente aquella frase de Manuel Gonzáles Prada: "El Perú es un organismo enfermo. Donde se pone el dedo salta la pus".

Pero no solo en el Perú las cosas están así, oscuras y cataclísmicas. Lo ocurrido recientemente en México y Pakistán, las masacres a profesores, estudiantes de educación y alumnos en dos países tan distantes geográficamente, se me presenta ante los ojos como una macabra metáfora de lo poco que le importan al ser humano las cosas buenas que tiene la vida, cuando de por medio están el crimen y el fundamentalismo ideológico. Las ambiciones alimentadas por el narcotráfico, que contaminan a la sociedad entera, y la intransigencia religiosa son capaces de asesinar a mansalva y luego, la complicidad de cadenas internacionales de televisión, gobiernos influyentes y por supuesto, autoridades corruptas y una maquinaria de medios distractivos que nunca deja de funcionar, hacen que el público, la gran masa, aun cuando intuya que las cosas no están nada bien, no siente todo esto como una amenaza a sus propia vida y se entrega al hedonismo sin pausa y el consumo a niveles que lindan con lo irracional.
Esto, que antes solo ocurría en el mundo occidental, poco a poco viene inoculándose en el oriente, otrora reserva espiritual del mundo y cuna de la Navidad, que actualmente también padece de vicios de lo más grotescos y sórdidos. Si a eso le sumamos la destrucción del medio ambiente, tema que también es víctima del reductivismo y la superficialidad oficialista que todo lo comprime en comilonas internacionales, fotos grupales y documentos que no solucionan nada, el espacio para la verdadera Navidad y su tan mentado espíritu se hace cada vez más pequeño.

Por eso es que, con todo esto encima, vivir con ilusión infantil estos tiempos navideños es prácticamente un acto de protesta, una manifestación contracultural, un discurso contra la corriente. Pensar que no todo es recibir regalos, o que el mejor de los regalos sigue siendo la sonrisa, el abrazo, el beso y la lágrima de tus seres queridos, y que no hay cosa más importante en Navidad que estar junto a tu esposa y tus hijos (si los tienes), tus amigos de trabajo o de estudio, sin mayores pretensiones que las de desear lo mejor para ellos, no hacerle daño a nadie, y no perder la oportunidad de hacer algo bueno por alguien, por pequeño que esto sea, sin que nadie se entere de ello, es actualmente tan revolucionario como lo fue en los sesentas aquella imagen colorida de una flor saliendo del cañón de un arma de fuego.

Es cierto que el solo hecho de ensayar una reflexión sobre estas situaciones para compartirla con los demás pueda entenderse como una intención de generar conciencia común y por ende, exprese un atisbo de esperanza en el género humano. Y es cierto, pero no se confundan. En este mundo dominado por los poderosos, los corruptos, los agresivos, los bacanes y los sobones, mantener viva la esperanza es la mayor demostración posible de egoísmo de la que un ser humano es capaz.