martes, 24 de marzo de 2015

EL ÚLTIMO PASAJERO: ¿ERES CAPAZ DE TODO POR GANARTE EN VIAJE DE PROMOCIÓN?

La telebasura se mete en las casas, y lo que es peor, en las cabezas de la gente a diario y de maneras cada vez más peligrosas e irreversibles. De la mano con las campañas sobrevaloradas de "Buen Inicio de Año Escolar", con personajillos del circo beat de Somos -como Javier Echevarría o la clown Wendy Ramos- comenzó también una nueva temporada de El Último Pasajero, un programete que siempre fue espantoso, y que ahora, atendiendo al curso natural de todos estos productos televisivos evacuados por esos torrentes diarreicos de creatividad cenagosa que da plata, se ha ido pudriendo y pudriendo, hasta que los efluvios intoxicantes de la hediondez fueron tan execrables que han hecho saltar a la teleaudiencia: Adolescentes de 5to. de Secundaria, animados por sus padres y hasta por sus maestros, se someten a los castigos, pruebas y retos que un equipo de producción merecedor de la cárcel más oscura y hedionda (aunque quizás eso último les guste, ya que les recordaría sus reuniones de trabajo) que ahora incluyen su última creación de letrina: la ingesta de insectos, cucarachas, vivas y a puñados. Reproduzco aquí un interesante punto de vista de mi colaboradora ocasional, Yvette Ubillús, a quien agradezco haya plasmado en blanco y negro -algo que debería hacer más seguido- algunas de las tantas interesantes ideas que solemos discutir mientras renegamos después de las taradeces con que nos suele sorprender -e indignar- la televisión local abierta:



Denígrate por tus sueños: El último pasajero o la nueva filosofía del peruano “triunfador” 
por Lic. Yvette Ubillús

Tuve la suerte en la vida de haber nacido en una familia que me dio educación, amor y respeto por los valores humanos, en la que viajar no era una situación especial sino, por el contrario, era parte de nuestro día a día y tal vez por eso es una de las experiencias que más atesoro y que jamás cambiaría. Pero si me preguntaran hasta dónde estaría dispuesta a llegar por hacer eso que tanto amo, hasta dónde podría sacrificarme por conseguir ese viaje soñado y todavía no alcanzado, sin dudar un segundo respondería: hasta donde fuera necesario. 

Por esa razón me pregunto: ¿Por qué si un escolar está dispuesto a todo por un viaje de promoción, si sus padres los apoyan su sometimiento a sacrificios absurdos y deplorables, si sus maestros no opinan al respecto, si los televidentes quieren ver si son realmente capaces de esforzarse al máximo, si sus auspiciadores no tienen pierde y sus canales se encumbran con tal barbarie, por qué, repito, no se sacrifican estudiando hasta ser sobresalientes y así ganar su tan añorado viaje de promoción? 

Sí, ya sé. Me van a decir: “Ay… qué ilusa eres, eso no vende, nadie lo vería”. Y eso puede ser cierto pero no es tan descabellado puesto que el leitmotiv de este “programa” es obligarte a hacer justamente aquello que no quisieras tener que hacer y, obviamente, lo que a todos estos alumnos menos les interesa es estudiar. De hecho, el programa se inicia a la par con el año escolar, lo que demuestra que sus verdaderas inquietudes están en convertirse en los “últimos pasajeros” del bus o avión parrandero y no en los mejores de su clase. 

Y es que hasta el nombre es sintomático. Concursar para ser el último parece ser el lastre que arrastran nuestros escolares ¿Por qué no suben al bus los mejores o los primeros? A simple vista, porque todos se pueden superar en caer cada vez más y más bajo que el otro, con la venia de unos padres que dan pena y una televisión que es la meca de la bajura y el mal gusto. Hasta a sus padres les vendría bien regresar a las aulas para participar con sus hijos respondiendo a una pregunta de cultura general de manera solvente, en lugar de trasquilarse la cabeza recordando prácticas que se utilizaron en la antigüedad para avergonzar a herejes y delincuentes. 

Porque reclaman modernidad pero se comportan como retrógradas: Comen insectos, se afeitan las cejas, se cortan el pelo entre lágrimas, se golpean, es decir, esto es el regreso a la época primitiva. Claro, para qué mandarlos a estudiar si el mensaje es: “el estudio es aburrido, no te hace popular, ni te dará la posibilidad de realizar viajes”. Lo cual yo coronaría con el título: “Denígrate por tus sueños”. Todo lo demás qué importa. 

Hace algunas décadas todavía se contaba con un poco de integridad en la familia, en la escuela, en la televisión, en la sociedad. Pobres los niños y jóvenes de ahora que ya no alcanzaron eso y que actualmente crían a otros peores aún, que son presa fácil de la televisión, los diarios, la radio y todos los medios de comunicación decadentes que tiene este país. Noticieros plagados de sin sentido, noticias que giran en torno a cómo se llenan los bolsillos de plata unos cuántos infames sin principios que empobrecen a las masas con “historietas” baratas, falsas y mal escritas. Solo Dios sabe qué clase de gente serán los hijos de esta última generación de imberbes. 

Pero volviendo a mi desafío: si de esfuerzo, constancia, valor y sacrificio se trata, estos ansiosos estudiantes del último año de secundaria deberían proponerse hacer algo que parece que les resulta desgarrador: estudiar. Ya que la maquinaria embrutecedora de la televisión peruana les pide actos de supuesto valor extremo, por qué no nos presentan sus resultados escolares, por qué no nos enseñan sus métodos de estudio, tarde a tarde, para lograr un mejor rendimiento, por qué no hacen gala de sus aptitudes personales para las materias liderando grupos de ciencias, de letras, de todo lo que incluye su programa de estudios, de paso que así acompañan a sus similares en casa con sus complicaciones para estudiar a cabalidad y no “copiar, pegar”. 

Con tanto genio autoproclamado de la producción y dirección televisiva de seguro podrán armar un excelente programa de entretenimiento con esos elementos y hacerlo atractivo al gusto infantil y juvenil. Después de todo, el profesional de los medios de comunicación es quien debe resolver el problema de los detalles y conseguir que tan novedoso espacio se convierta en el favorito del público en horario prime-time, demostrando así su inmenso talento y creatividad. 

Un “reality” sobre un grupo de niños que quieren aprender a tocar el violín, la batería o el piano, qué maravilloso sería ¿Cuánto tiempo les tomará? ¿Cuántas horas de ensayo? ¿Tienen los medios para comprar un instrumento propio? ¿Puede la producción hacerle ese regalo si progresa y consigue ganar? ¿Pueden ser aceptados en una escuela superior de música? ¿Por qué solo es divertido desvestirse en pantalla o vestirse de lo que no eres? ¿Por qué es un reto comer insectos vivos y no lo es leer una partitura, analizar un texto escrito en alemán, interpretar un cuadro? ¿Por qué solo la burla y la mofa barata hacen reír a nuestros niños y jóvenes? Y lo que es peor, por qué divierte e ilusiona tanto a sus padres y maestros. 

Estudiantes que quieran ser pintores, poetas, científicos, maestros, ebanistas, ceramistas, técnicos, diseñadores. Personas reales, que inspiren a otros. No, eso no, se aburren los últimos pasajeros, ellos tienen que practicar la burla, el abuso, el exceso, la humillación pero después les pedimos respeto a la sociedad, mano dura para quien maneja y atropella en estado de ebriedad, alto al abuso escolar y al acoso callejero. Por favor ¿A quién creen que engañan? A muchos ciertamente, que además protestan por su derecho legítimo a escoger ser engañados en virtud a su poder sobre el control remoto. ¿No será que esta dinámica de la humillación como obstáculo que se vence está armada a los gustos oscuramente morbosos de estos exitosos productores y productoras? 

 Esta gran masa produce lástima porque no puede darse cuenta, está idiotizada. A costa de ella se reparten el botín unos cuantos, en muchos casos ya no es necesario que ganen un premio, ellos se alegran viendo como los mamarrachos de poca ropa, mucha cirugía y sustancias cuestionables, se llevan los carros, las motos y los viajes gracias a la estupidez de los espectadores que los idolatran y pagan con sus niveles de teleaudiencia todos los caprichitos de estos adefesios de alcantarilla. 

¿Será posible que sin autoestima y sin cultura sobreviva este país? ¿Un poco de beneficio económico que no está ligado al progreso de un pueblo podrá subsistir en el tiempo y la historia? ¿Cómo será el Perú gobernado, ya no solo por corruptos e incultos sino por corruptos, incultos e imbéciles? ¿Cómo competiremos en un mundo, cada vez más hostil y con pocas oportunidades, que se aprovecha las debilidades para oprimir a los pueblos? 

Qué lástima que tantos chicos y chicas se empeñen en ser los últimos pasajeros de este barco que va en picada, qué pena que no se unan a la cruzada por ser considerados seres pensantes, que triste que no reclamen elevar el nivel su diversión y entretenimiento tanto como el de su educación y cultura. Qué inconcebible resulta esta competencia por ser todos los días peor.

sábado, 28 de febrero de 2015

MARCHA CONTRA LA TELEBASURA: VIERNES 27 DE FEBRERO DE 2015


Siempre que, por algún motivo, tengo que pasar por el frontis de Frecuencia Latina, en la Av. San Felipe, me quedo mirando las colosales gigantografías en vinilo plastificado con las sonrisas congeladas de esas estúpidas y vulgares estrellas de la televisión (Huarcayo, Schwarz, Galdós, Peluchín, Medina) o los rostros fingidamente serios y culifruncidos de los periodistas líderes de opinion (Lúcar, Mariátegui, Delta, Ortiz) y me imagino, como en esas series de dibujos animados, bajando desde arriba y rasgándolas con una supergillette ardiendo en fuego, ante la mirada absorta de los transeúntes. Otras veces alucino que les prendo fuego, pero desde abajo, y esas gigantescas impresiones colapsan haciéndose cenizas. Algunos me aplauden y vitorean mi nombre. Otros me insultan, pero son los menos. Luego, el claxon de buque de alguna combi que quiere pasarse la luz roja en Salaverry me devuelve a la realidad y pienso, por enésima vez, que soñar no cuesta nada.

Pero anoche, parte de ese sueño recurrente se hizo realidad palpable, se convirtió en fotografía y vídeo que habrán de circular, todo este fin de semana, por las redes sociales que apoyaron esta histórica marcha contra la telebasura, aun cuando los medios convencionales, de forma unánime, ya están descalificándola por "los actos de vandalismo que la empañaron" y lamentan los atentados contra la propiedad privada, muestran las fotos que más convienen a sus propósitos informativos, inevitablemente sesgados por el obvio interés que tienen las áreas de prensa de estos canales para que las cosas se mantengan como están y que sigan empeorando, en beneficio de sus sueldos corporativos, y se ponen de lado (y de costado, para que no sea tan evidente) de los que nos agreden a diario, no con indignadas marchas, insultos o consignas, pero sí con el estiércol en cantidades industriales que esparcen a toda hora, sin descanso, de lunes a domingo.

La marcha de anoche estuvo amparada en bases sólidas de indignación ciudadana que exige el cumplimiento de una ley que todos se saltan con garrocha, incluido el mamotreto ese de comunicado emitido por la Sociedad Nacional de Radio y Televisión-SNRTV, que asegura, respaldada por los anunciantes asociados -sí, los mismos que financian las producciones más excrementicias de las programaciones de los canales Frecuencia Latina (2), América TV (4) y ATV (9)- en el que ratifican que sus asociados la cumplen escrupulosamente y los que no (no menciona quiénes), son sancionados "pecuniariamente". Sí, claro. Y yo soy australiano y toco perfectamente el didgeridoo.

Los informes de la prensa aliada de los peluchines, las magalys, los guerreros y las combatientes hablan de "casi 2 mil manifestantes". A mí me parecieron más. Quizás 4 o 5 mil, en su enorme mayoría jóvenes, que cercaron los bunkers televisivos, con harta protección policial, por ambos lados de las avenidas en las que se ubican, cohesionados y firmes, con la irreverencia y energía propias de su edad, expresando su sentir y recibiendo apoyo desde balcones, puertas y ventanas, de padres de familia que los felicitaban y trataban de acompañar con palmas las consignas menos agresivas como "vecino, escucha y únete a la lucha", que se intercalaban con otras más viscerales, lanzadas a voz en cuello por coros de chicos y chicas que, en el camino, sonreían con la ilusión de estar dando a conocer su opinión, la misma que trata de ser ninguneada por ese esperpento de saco-y-corbata llamado Eric Jürgensen, con una frase que lo pinta de cuerpo entero: "fueron solo unos 700 que no pueden decidir lo que millones quieren ver". Ese tipejo, que se forra los bolsillos con el dinero que ingresa a las arcas del canal gracias al rating que le dan esos millones, tuvo el cinismo hace unas semanas de decir que su canal "hace television blanca". ¿Comparada con qué? ¿con la industria pornográfica norteamericana, tal vez?

En ese sentido, la marcha ha sido histórica. Porque con su éxito pone sobre el tapete, de manera altisonante, un tema que los negociantes de estercolero como Jürgensen desean que no se debata, que no se reflexione: la basura que se transmite en los canales de señal abierta no tiene aceptación general y hay una cantidad, nada despreciable, de estudiantes y profesionales que sienten y comparten el asco al verse expuestos a estos programas que nos son impuestos por el poder económico de un rating que mide cantidad, pero no calidad de público. La camaradería, el sentido de pertenencia, el verse rodeado de cientos de personas que piensan como tú, que están unidas luchando porque sus voces sean oídas, constituye una reserva moral que no escatima en esa creatividad nacida de la indignación, y que no se ahorra palabras de grueso calibre para llamar a las cosas por su nombre. Los acartonados que no dicen lisuras ante cámaras pero glosan las procacidades que hacen otros, desde sus noticieros, y hacen resúmenes y entrevistan, en sus segmentos de espectáculo farandulero, a los payasos y payasas que conforman los elencos de esos basuralicios programas de competencia, se escandalizan y señalan con el dedo. Mueven la cabeza de lado a lado, en señal de desaprobación. Y a renglón seguido, anuncian a los sentenciados del día siguiente, el regreso de Johanna San Miguel, el destape en la discoteca VIP del Callao.

Lo lamentable no fueron los "actos vandálicos" ni "los ataques personales" de los que hablan en la web de El Comercio, que se explican tanto como se puede explicar la reacción de una persona de bien cuando ve que han bloqueado la puerta de su casa con montañas de desperdicios orgánicos en avanzado estado de putrefacción. Lo lamentable fue ver, en la azotea del local infranqueable de Frecuencia Latina, a unos cuantos operarios del canal (gente que trabaja en producción, asistentes de cámaras, secretarias, segundones de todo tipo) que, desde la altura y la oscuridad, se burlaban de los miles de jóvenes que estaban abajo, bailando al ritmo de las consignas, agitando los brazos, lanzando besitos volados y saludando a la distancia, en una horrible metáfora de la dominación que se da desde estos medios de comunicación masiva, parapetada en muros de cobardía y anonimato. Lo más curioso es que esos burlones -que recibieron sus respectivos cánticos en respuesta- defienden a un sistema que ahora les paga un buen sueldo, que les alcanza para sentirse parte de la maquinaria, pero que cuando se canse de ellos, los sacará con una sonora y dolorosa patada en el trasero. Quizás ese día decidan participar de la siguiente marcha. Total, sus caras no se veían desde la pista y nadie los reconocerá en medio de las pancartas, los megáfonos y los frontales "hijos de puta" que, anoche, iban dirigidos a ellos.



domingo, 1 de febrero de 2015

EL ÁLBUM DEL DÍA: UNA RESEÑA CADA 24 HORAS...


Desde el primer día de este año, lancé mi propio grupo en Facebook, denominado El Álbum del Día. Consiste en reseñar una producción discográfica diaria, recordando sus canciones, circustancias de grabación, datos básicos, anécdotas y análisis, dentro de mis posibilidades, conocimientos y capacidad para procesar información disponible en la red. Pueden ser discos que haya escuchado mil veces a lo largo de mis casi 30 años de melómano compulsivo, o puede tratarse de álbumes que recién haya descubierto, la idea es no dejar pasar un día sin publicar una reseña. No están ceñidas a determinados géneros musicales, aunque de hecho los que preponderan son el rock, y en particular ciertos subgéneros como el rock clásico, progresivo y metal; y el jazz en sus diversas vertientes. Pero en realidad el rango es mucho más amplio, en un intento por representar, a través del limitado género de la reseña o crítica musical, mis intereses por escuchar prácticamente de todo.

Como lo he comentado en círculos cerrados, lo que jamás encontrarán en este grupo -al que están cordialmente invitados a unirse, por supuesto- será discos de reggaetón, bachata (tipo Aventura o Romeo Santos), cumbias o huaynos peruanos aparecidos a partir de los 90s o pavadas pop tipo One Direction, Justin Timberlake, Rihanna o cualquier disco de Shakira de los 2000 en adelante, porque ninguno de esos artefactos merecen que les dedique tiempo para escucharlos. Pero antes de que hagan click aquí para ver de qué va realmente El Álbum del Día, quisiera compartir con ustedes de dónde nació esta idea:

Hace unos meses, aproximadamente en noviembre del 2014, hice un breve post en mi Facebook personal acerca del disco Time and word (1970), de Yes. Tuvo cierta interacción de modo que decidí compartirlo con FaceRock, grupo cerrado de melómanos, coleccionistas e investigadores que, desde hace varios años ya, comparte sus gustos y opiniones, preferencias y diferencias, acerca de artistas, géneros, discos, canciones y anécdotas relacionadas con el rock, por supuesto.

Después de mi publicación sobre el Time and a word, hice algunas otras -creo que fueron discos de Pink Floyd, Steely Dan, Silvio Rodríguez y Earth Wind & Fire, pero sin periodicidad definida ni mucha extensión, por lo que no era del todo exacto llamarlas "reseñas" sino simples y breves comentarios, acompañados de una pregunta final, capciosa, tipo trivia, acerca del disco comentado y claro está, de un enlace de YouTube con algún tema de la producción discográfica sobre la que tratara mi comentario.

Y recalco que no se trataban de reseñas porque no ahondaba en el análisis u opinión respecto de sus contenidos, circunstancias específicas o datos curiosos sobre su grabación, mayor información sobre la banda o artista, etc. Eran como viñetas de un máximo de 5 líneas y el video respectivo. La pregunta tenía la intención obvia de generar interacción, aunque noté casi desde el principio que ello no tuvo mucho éxito, quizás debido a que FaceRock mismo es un espacio de debates amplios y, desde luego, mucho más interesantes.

Cuando publiqué mi comentario sobre el album Mujeres (1978) de Silvio con el grupo FaceRock, una decisión controversial pero no negativa pues estaba motivada por intereses de genuina difusión de un álbum que, sin ser necesariamente de rock en cuanto a sonido, sí tiene mucho del género por su actitud y la influencia en artistas rockeros latinoamericanos de distintas épocas, comencé a recibir mensajes de diversos y connotados integrantes de FaceRock, llamándome la atención -mitad en serio, mitad en broma- bajo la premisa de que el cantautor y guitarrista cubano no tiene nada que ver con el rock.

Acusé recibo de aquella respuesta colectiva -que en algunos casos específicos fue hasta ligeramente grosera- estirando las posibilidades de este clásico disco de Nueva Trova Cubana, ahora sí de forma provocadora y a la mala, mencionando algunas canciones como Cierta historia de amor (una suerte de foxtrot con elementos rockeros) y el parentesco musical de Silvio Rodríguez con otros grandes del folk mundial como Woody Guthrie, Pete Seeger y Bob Dylan, frecuentes en los debates de FaceRock. Aun así, el veredicto fue vertical y unánime: mi inclusión del trovador cubano en FaceRock estuvo fuera de lugar, era un "off-topic" (el término "off-topic" se refiere a todas aquellas contribuciones que, en cualquier foro o grupo de conversación, no guardan relación de una u otra forma con la discusión que dio origen a dicho grupo. Algo así como una digresión pero en inglés para que suene más acorde al metalenguaje virtual utilizado comúnmente en las redes sociales).

Pasaron unas semanas y comenté el disco I am (1979) de Earth Wind & Fire y, para mi sorpresa, recibí una nueva andanada de mensajes, instándome a no continuar con los "off-topic" en un grupo dedicado a las guitarras y los rebeldes sin causa, que fue más o menos la visión que me dejaron en claro. Sin ánimo de polemizar, ya que participo y disfruto muchísimo de FaceRock, declaré que me parecían respetables sus opiniones pero que esperaría algún pronunciamiento del moderador del grupo, respecto de estas digresiones que algunos consideraban inaceptables. Y en efecto -y para más sorpresa mía- el moderador se pronunció y lo hizo respaldando las reacciones de quienes pensaron que yo estaba "saltando la barda", al tratar de introducir el funk y el soul de un grupo como EWF -que ha tenido tanta incidencia en el desarrollo del pop-rock como cultura- en los debates de FaceRock. Como mis inquietudes son demasiado diversas y, a veces, hasta antagónicas en cuanto a la posibilidad de escuchar música y hablar (o escribir) sobre ella, decidí armar El Álbum del Día.

Como jugando, ya terminó el primer mes del 2015 y, a pesar de que hacer una reseña diaria me ocupa cierta cantidad de tiempo: entre buscar el enlace del álbum completo en YouTube, la carátula, la información que complemente a todo lo que se escape de mi memoria y por último, ordenar mis sensaciones y opiniones sobre el disco escogido, luego de escucharlo dos o tres veces, he cumplido con esta meta autoimpuesta, que me da muchas satisfacciones personales por el placer de escribir lo que me nace sobre cualquier tema musical, sin ediciones ni "aclares", de ningún tipo. Los espero en El Álbum del Día, que arranca este febrero 2015 con un sensacional disco de latin jazz, que por supuesto no podría compartir jamás en FaceRock...

jueves, 29 de enero de 2015

LA HISTORIA DE LA CONFIEP: EMPRESARIOS QUE LES GUSTA GOBERNAR (en la sombra)

En esta ocasión quiero compartir con ustedes un interesante artículo del analista Francisco Durand, publicado hace un par de semanas en el semanario Hildebrandt en sus Trece, el único medio escrito en el que se llaman a las cosas por su nombre. Aunque definitivamente no es infalible, el análisis de César Hildebrandt es contundente en materia política y al momento de analizar a los medios de comunicación masiva, entregados a la danza de los millones que les caen por publicidad en sus noticieros incapaces de poner el dedo en ninguna llaga y sus programas de entretenimiento basura, resulta implacable. Pero, más allá de sus propias columnas, Hildebrandt ofrece un variado coctel de analistas, que presentan aquel lado oscuro de la realidad que El Comercio y sus tentáculos cubren con toneladas de papel mojado en tinta, publicherries de toda clase, páginas web con las últimas andanzas de leones y cobras y radios acostumbradas a poner la música que más les gusta bailar a los que siempre tienen la sartén por el mango. En esta ocasión, Durand nos cuenta, con detalle y en sencillo, la historia de la CONFIEP y sus razones para andar siempre colgada del poder, aunque tanta exposición pública reciente no sea del todo de su agrado. Para quienes no conocíamos el origen de este poderoso gremio empresarial, es una lectura sustanciosa...



La CONFIEP al descubierto 
Por Francisco Durand, Hildebrandt en sus Trece, edición 233 del 16 de enero de 2015 

De un tiempo a esta parte, lenta pero persistentemente, la cuestión del poder político de la CONFIEP viene formando parte de la agenda política nacional, hecho que no le conviene a este gremio de gremios empresarial. En realidad, desde que Humala ganó la elección los analistas políticos y luego, con el paso del tiempo, la parte de la ciudadanía políticamente activa no dejan de comentar el enorme grado de influencia que ostenta, sobre todo porque opera detrás de bambalinas y tiene trato silencioso y privilegiado, con el MEF en particular. Su poder no es solo una cuestión de influencias, tema que ha brotado desde mediados de diciembre a partir de la aprobación de la Ley Pulpín y una marcha contra su local sanisidrino, sino más bien sus alianzas. Se trata de una trama urdida hace tiempo y donde la CONFIEP (mejor dicho las multinacionales y los principales grupos de poder económico) han desarrollado un sistema de dominio indirecto que deben mantener (el pueblo elige a los presidentes y los presidentes, en privado, se alienan con ellos), en la próxima elección. 

NACE CON MAMADERA 
La CONFIEP (Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas) se fundó en 1984, en plena época de hiperinflación y terrorismo, gracias al apoyo de los entonces más poderosos y mejor organizados gremios empresariales. Querían unirse ante la doble amenaza que enfrentaban. Sin embargo, no eran los únicos interesados en confederarse. Para ese entonces el gobierno de Reagan también quería ver unidos a los empresarios peruanos para formar un muro de contención contra la insurgencia. La USAID de Reagan había concebido un plan para apoyar confederaciones gremiales empresariales en Centro América, Nicaragua en particular, e incluyó al Perú en ese programa ante la creciente influencia política de Izquierda Unida y los dos grupos insurgentes. De modo que la hoy todopoderosa CONFIEP no nació tanto de la capacidad interna de unirse, sino de un sponsor externo poderoso que financió (y de algún modo orientó) su creación. Luego se desarrolló repentinamente gracias a los desatinos de un joven gobernante. 

En 1985, ni el nuevo presidente García El Joven, ni los partidos prestaron mucha atención a la CONFIEP. Incluso los propios empresarios, según pude comprobar en entrevistas, le vaticinaban una corta vida. Solían andar desunidos y no querían gastar en gremios, pero ahí es donde entra la USAID y les resuelve el doloroso problema. En 1985, en momentos en que García quería reunirse personalmente con los Doce Apóstoles y no con gremios, el propio “ninguneo” presidencial los animó a mantenerse unidos, pues emergía como un tercer elemento de incertidumbre. Hasta que al bisoño y bipolar presidente se le ocurrió la estatización del sistema financiero en julio de 1987. La sorpresiva medida, y el hecho de que quería atacar al corazón de la emergente clase empresarial peruana, los cohesionó rápidamente. A partir de ese momento, los principales grupos de poder comenzaron a apoyar a la CONFIEP para que voceara públicamente sus demandas e impidiera la nacionalización de su principal base de acumulación. Luego emergió la candidatura de Vargas Llosa y se formó el FREDEMO. En ese momento la CONFIEP y sus dirigentes entraron “a hacer política”. Intentaban instituir una fórmula de dominio directo, eligiendo un presidente de derecha para “voltear la tortilla” en 1990 (privatizar todo activo estatal, desarmar a los sindicatos y derrotar a la insurgencia) por medio de una victoria electoral. 

LLEGA FUJIMORI 
No le salió bien el juego. Su candidato fue derrotado. Sin embargo, la CONFIEP y los poderes fácticos económicos abandonaron a Vargas Llosa y no tardaron en acomodarse con el nuevo presidente. Comenzó de ese modo la era de dominio indirecto que caracteriza a la República Empresarial. Economistas contratados por la CONFIEP participaron con los equipos que planificaron las reformas de mercado, de modo que el sector privado (y entre ellos las grandes corporaciones) reinaran sin competencia, sindicalismo ni oposición. Lo lograron gracias al establecimiento de una correa de trasmisión con el Ejecutivo (Presidencia, SIN y MEF), la financiación de campañas y el lobby. 

En 1990, una vez que se lanza el fujishock, se selló una alianza que duró 10 años. La CONFIEP cumplió. Fue el único gremio que defendió públicamente el autogolpe de junio de 1992.uno de sus dirigentes, Jorge Camet, fue nombrado ministro de Economía ese mismo año, manteniéndose en el cargo 5 largos años. Cuando llegó la crisis externa de 1998, y nació una oposición antireeleccionista, la CONFIEP apoyó la reelección de Fujimori en el 2000, a pesar de la creciente disidencia empresarial. Los grandes empresarios que la dirigían, y que se cohesionaron entre banqueros y mineros, querían seguir con su Chinochet. Luego vino la crisis con la fuga de Montesinos (quien fuera su aliado en la “lucha contra el terrorismo” a través de un comité secreto de la CONFIEP dirigido por Julio Favre que le daba fondos). La CONFIEP siguió cumpliendo. Mantuvo su apoyo a Fujimori y manifestó que debía mantenerse en el poder un año más. Al comenzar las movilizaciones, dijeron sin vergüenza que el “ruido político” era peligroso, que ahuyentaba las inversiones. Al fugarse Fujimori al Japón, la alianza se rompió y los empresarios tuvieron que acomodarse a los nuevos tiempos. 

2000 EN ADELANTE 
A partir del 2000la CONFIEP tuvo que asumir un perfil más bajo y actuar solapadamente vía el MEF y al mismo tiempo influir en el Congreso. No tuvo problemas con Toledo al mantener casi sin variaciones el modelo económico. Para su buena estrella, el 2002 empezó la bonanza exportadora y se firmaron acuerdos de libre comercio, hechos que consolidaron el modelo económico que podía ser revertido en democracia. Junto a la presidencia y al MEF, la CONFIEP se concentró en manejar el Congreso. Allí aparece por primera vez la cuestión de los lobbies y la financiación de campañas. Aparte del dinero o los favores a los políticos, la debilidad de los partidos y el otoronguismo parlamentario (salvo excepciones) contribuyeron a acrecentar sus influencias. 

Con la segunda presidencia de García la CONFIEP no tuvo sobresalto alguno. La bonanza continuó su curso, mientras García El Viejo mantuvo relaciones íntimas con los grandes empresarios y la CONFIEP (mientras se amistaba con Dionisio Romero). Con Humala, el 2011, tampoco tuvo sobresaltos una vez que se reunieron luego de que ganara la segunda vuelta. Fue la CONFIEP, en ese entonces dirigida por Humberto Speziani (TASA, grupo Brescia), quien propuso no solo mantener la economía en piloto automático y defender, según declarara, “la alianza Estado-Empresarios”, sino también mantener en el MEF a personajes, como Miguel Castilla (MEF) y Julio Velarde (BCRP), que les daban “garantías” para seguir acumulando. 

Es recién el 2011 entonces que la CONFIEP comienza a asumir un perfil de gran poder económico proyectado a la política. A pesar de haber apoyado financieramente a personajes como PPK y Keiko Fujimori, luego de la segunda vuelta la CONFIEP terminó acomodándose con un candidato que se reclamaba nacionalista y que llegó con el apoyo de la izquierda. La voltereta de Humala fue atribuida políticamente a los poderes e influencias de la CONFIEP, hecho que no pasó inadvertido, dificultando su capacidad de seguir operando en las sombras como antes. Otro factor que la puso más al descubierto es el hecho de que su actual presidente, Alfonso García Miró (de menor calibre empresarial, pero ligado al Grupo El Comercio), movilizó a la CONFIEP para defender la posición oligopólica del Grupo El Comercio cuando adquirió EPENSA (cadena Correo) y se convirtió en el poder mediático dominante. 

A medida que terminaba la bonanza el 2014, la CONFIEP comienza a entrar a la agenda nacional como un poder fáctico al participar en diálogos privilegiados con el MEF para “reactivar la economía”. Desde ese momento la CONFIEP ha aparecido más nítidamente como un poder en la sombra, conectado directamente con los tecnócratas del MEF que tienen la última palabra en materia de reformas. Las marchas contra su local indican la concientización popular en curso. 

En estos momentos la CONFIEP debe estar planeando un control de daños y contratando consultores para neutralizar esta imagen popular de poder sin límites y manejos bajo la mesa. Veremos qué pasa el 2016. Estará segura con García, Keiko o PPK, pero no son candidatos fijos dada la mayor volatilidad política. Varios de sus viejos aliados se oponen ahora a la Ley Pulpín temerosos de perder votos.

domingo, 25 de enero de 2015

LA EDUCACIÓN Y LA TELEVISIÓN EN EL PERÚ: EL AGUA Y EL ACEITE



El viernes pasado, en el auditorio del Instituto de Estudios Peruanos-IEP, la historiadora peruana residente en Inglaterra, Patricia Oliart Sotomayor, presentó un interesante libro titulado Educar en tiempos de cambio, 1968-1975. En su alocución, ante un público de casi 80 personas, la doctora Oliart, catedrática de la Escuela de Estudios Latinoamericanos, Españoles y Portugueses de la prestigiosa Universidad de Newcastle (Inglaterra), sentenció de manera categórica lo siguiente: "Lo que el sistema educativo peruano actual les ofrece a los jóvenes es lamentable, triste". Y dijo, además, que "los niños y niñas de hoy no duermen pensando en ser exitosos, ciudadanos que logren insertarse rápidamente, productivos, competitivos, que aprueben exámenes y acumulen títulos". Agregó que ese es el concepto neoliberal de la educación, orientado a la consecución del éxito y que olvida por completo las nociones liberadoras y concientizadoras, que ayuden al futuro ciudadano a conseguir aquello que en los setentas se denominaba "el buen vivir", no necesariamente en términos económicos, sino en gozar y disfrutar de la vida dignamente, conocer y amar su país, participar activamente en política, sentirse escuchados y reconocidos como seres humanos, etcétera.

El día siguiente, por la noche, vi como una niña escuálida de 16 años se retorcía como una araña agonizante (intentando bailar) en un colorido set de televisión, bajo la atenta mirada de tres adultos irresponsables y mercenarios, capaces de hacer cualquier cosa delante de las cámaras por dinero, y decía que su sueño era ingresar a Esto es Guerra Teens para ganar plata y poder visitar a su padre en Colombia. Y añadió que Melissa Loza era su "modelo a seguir". Desde atrás del escenario, su madre y hermanos, con la sonrisa congelada de quien no es capaz de pensar por sí mismo, aplaudían como focas mientras veían a la pequeña integrante de su familia hacer el ridículo y cómo era juzgada, burlada, ilusionada, virtualmente violada ante los millones de peruanos que ven este programa. No vi el veredicto de ese jurado, salido directamente de un desagüe, porque después de la frase de esta adolescente idiotizada por la basura televisiva a la que se ve expuesta todo el tiempo, tuve que cambiar de canal, pero me bastó para comprender que hablar de educación en el Peru y de la posibilidad de que esta mejore, sin desterrar la actual manera en que se producen y consumen contenidos televisivos, es una sencilla y monumental pérdida de tiempo.

En el libro Educar en tiempos de cambio, 1968-1975, que pertenece a una colección de 15 tomos acerca de la evolución de la educación en el Perú, Patricia Oliart analiza y repasa los aspectos más importantes y vigentes, positivos y negativos, de la frustrada Reforma Educativa que se quiso hacer en nuestro país durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, denominado "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas". Como se imaginarán, el solo hecho de que estas reformas -muchas de las cuales apuntaban a la formación de ciudadanos conscientes de su rol futuro en la sociedad- fuesen propuestas por un gobierno nacido de un golpe de Estado, fueron resistidas y rechazadas a tal punto que nunca se aplicaron más allá de tres años (entre 1972 y 1975) y, recuperada la democracia, fueron desmanteladas, estigmatizadas y satanizadas, como todo lo demás relacionado a este período, y nunca más se habló de aquellos puntos que hubiesen contribuido a que, en esos tiempos, nuestra educación diera el salto que necesitaba hacia la ansiada mejora que hoy, desde todo punto de vista, parece imposible.

Aquel modelo, en el cual se produjo el llamado Libro Azul -un documento elaborado por la comisión de reforma de 1972 y que historiadores y protagonistas de esa época insisten en llamar "famoso Libro Azul" cuando la patética realidad es que nadie lo recuerda salvo ellos- proponía el papel preponderante y fundamental de los medios de comunicación como instrumentos educadores, que enlazaran sus contenidos con las currículas y articularan sus acciones con las instituciones dedicadas a la gestión educativa y cultural -Ministerio de Educación, canales y diarios del Estado, el Instituto Nacional de Cultura, las instituciones de música y danza, algunas de ellas dirigidas por artistas de peso como Victoria Santa Cruz, por ejemplo. El Libro Azul -que después se convirtió en una ley general de educación, de corta vida- fue escrito por Augusto Salazar Bondy (presidente de esa comisión de reforma), Wálter Peñaloza, Emilio Barrantes, Leopoldo Chiappo, entre otros educadores, filósofos e intelectuales, que se basaron para su desarrollo en el modelo educativo de la revolución cubana, hasta ahora considerado como uno de los mejores y no solo por "izquierdosos castristas", sino de manera transversal, en el mundo entero, como lo demuestra el prestigio de abogados, medicos, cirujanos, escritores, artistas, músicos y bailarines egresados de la isla. El Libro Azul no era perfecto, pues también incluía la eliminación de toda manifestación cultural considerada "alienante" como el rock o los personajes navideños foráneos, pero esa es otra historia.

En los 40 años que han pasado, tras el último intento estatal de hacer que nuestra educación se oriente a formar ciudadanos conscientes de quiénes son, de qué espera su país de ellos y cuál es su papel en el desarrollo politico peruano y el reforzamiento de la identidad nacional, los medios de comunicación se han convertido en la antítesis de cualquier proyecto pedagógico, educativo o formativo del carácter, la personalidad y el trasfondo que toda persona necesita, y que debería desarrollar según sus aptitudes y limitaciones. La sobrecarga de estímulos superficiales y su poderoso efecto comercial ha hecho que los dueños de canales, diarios, revistas y radios pierdan totalmente los escrúpulos y, amparándose en libertades civiles como la de expresión o la de empresa, que interpretan como les da la gana para garantizar sus intereses y concreter sus verdaderos planes de expansión monetaria, dirijan sus programaciones a un solo objetivo: generar y acumular dinero esparciendo basura mañana, tarde y noche y desterrando, casi al 100%, todos los contenidos culturales de aquellos horarios más rentables, porque no ayudan a cumplir con "los objetivos de la compañía".

Cuentan para ello con la complicidad directa, agresiva e impune de las empresas de productos y servicios más grandes del Perú, muchas de ellas pertenecientes, básicamente, a dos o tres grupos de poder económico, entre peruanos y chilenos que, insertos también en esa lógica lucrativa, apoyan y financian, a través de millonarias campañas publicitarias, todos los programas que estos dueños aprueban en encopetadas reuniones que terminan en fiestones a todo lujo, las llamadas "preventas", y que contienen todo aquello que contamine, envicie y someta a niños y adolescentes que sueñan convertirse en "estrellas de la televisión" y sus padres, ansiosos de que sus hijos ganen plata para que les compren el último TV HD de 47 pulgadas, y poder colgarlo en la pared sin tarrajear de su terreno, ubicado en alguno de esos distritos pujantes y emprendedores de Lima, o del Perú. Para empeorar la situación, hay que decir que este esquema no solo se cumple en los sectores socioeconómicos populares, sino que ahora también se ha extendido a los alumnos de colegios y universidades de alto perfil económico, en una suerte de transculturización moderna, en la que ricos y pobres se integran por su común disfrute de estos contenidos televisivos tóxicos.

Hablamos de dos generaciones de peruanos que se han desarrollado sin saber lo que es una "televisión educativa" y que han nacido y crecido en paralelo con la degeneración galopante y siempre en aumento de conceptos como "espectáculos", "farándula", "artistas", "estrellas", "éxito", "fama" y demás temas relacionados a ello, lo cual ha traído como efecto inevitable el aislamiento de cualquier opción diferente que venga de otras latitudes. En estas épocas, jamás una buena película de Michael Haneke o de Woody Allen les interesará tanto como la última chacotería de Carlos Alcántara o la quinta parte de Transformers; jamás un concierto de Eric Clapton conseguirá más rating que un homenaje a Edita Guerrero; jamás Telematch o El Show de los Muppets derrotarían en audiencia a Al fondo hay sitio si los programaran a la misma hora en diferentes canales; jamás un monólogo de Marco Aurelio Denegri sera más visto y comentado que una entrevista de Magaly Medina a Antonio Pavón y Sheyla Rojas; jamás ochenta personas escuchando la disertación de una destacada mujer peruana, académica, políglota, que dicta cátedra en una universidad británica de alto nivel, superarán a los millones de teleespectadores que ven hacer el ridículo a jovencitos y jovencitas cuya máximo sueño es que los acepten en un programa de television para "ganarse la vida y hacerse famoso" sacándose la ropa delante de los reflectores y las cámaras. Hubo un tiempo en que había espacio para la alternativa, hoy no.  

Por eso los educadores con real vocación ya han aceptado, desde hace tiempo, que no solo es una pérdida de tiempo pensar en que la educación va a mejorar de la mano de los medios de comunicación en el Perú, sino que reconocen en los canales de señal abierta a uno de sus principales enemigos y obstáculos. Con la forma y cantidad en que actualmente se producen y consumen contenidos basura en la televisión nacional, ni la más profunda, intelectual y emocionante vanguardia educativa, cultural, tecnológica, emocional, deportiva, musical, artística, cinematográfica, histórica y filosófica tendría buenos resultados. Es verdad que siempre han sido minoría los sectores poblacionales que terminan orientándose a las artes, la política honrada, el buen uso del lenguaje, los gustos y niveles de apreciación bien formados (ya no digamos refinados, que tampoco es necesariamente la idea, o no es la única idea en todo caso) pero hoy esa minoría es microscópica. y no solo microscópica, sino que además es mal vista, no es popular.

Solo el destierro de estos dueños de medios de comunicación, productores, animadores, "artistas" que hacen del no tener talento una virtud -"perder el miedo a hacer el ridículo" le llaman, de manera engañosa y eufemística, a su ignorancia y taradez extremas- compañías que anuncian en estos espacios y sobre todo, la criminalización de estas estrategias de embrutecimiento masivo, es decir que la transmisión de contenidos nocivos esté penalizada y no se inscriba en objeto de defensa en nombre de una libertad de expresión que ya ha perdido todo su sentido original de expresión de ideas para transformarse en patente de corso para hacer, decir y difundir cualquier cosa, sin un mínimo control de calidad, hará posible recuperar la televisión como espacio de apoyo a la educación. Eso y cambiar los conceptos de "entretenimiento" que dominan nuestro país en la actualidad. Esta tarea, si empezara hoy mismo, podría demorarnos no 40, sino 400 años.







jueves, 8 de enero de 2015

LA MASACRE DE CHARLIE HEBDO: ¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN O USO IRRESPONSABLE DE LA MISMA?


No hay manera de no estremecerse tras ver lo ocurrido en Francia hace un par de días: 12 personas, entre ilustradores, periodistas y funcionarios de la revista Charlie Hebdo, asesinadas a tiros por un grupo terrorista que asegura "haber vengado al profeta" tras la publicación de caricaturas en las que se ridiculiza a Mahoma, con textos y dibujos que pretenden pegarla de graciosos, irreverentes, satíricos y no sé qué más.

Todos lloran por la televisión, editorializan y hablan de "los intransigentes musulmanes, la barbarie, la falta de tolerancia" y así. El artista peruano Carlos Tovar Samanez "Carlín", generalmente certero en sus análisis políticos en forma de viñetas, se lamenta y menciona que la tal Charlie Hebdo es una revista clásica para los caricaturistas, pues existe desde los setentas y que este atentado inhumano es un golpe terrible, etcétera.

Sin embargo me pregunto quién mandó a estos franceses a burlarse de aquello que no conocen, entienden ni respetan. El mundo occidental defiende, con uñas y dientes, la famosa "libertad de expresión", a través de la cual trata de justificar todos los estropicios y faltas de respeto que comete contra el prójimo, sobre la premisa de poder "decir lo que nos venga en gana sobre cualquier tema, persona o institución".

Y esto funciona cuando queremos expresar nuestra indignación frente a nuestros pares: políticos corruptos, periodistas vendidos, deportistas mediocres, "artistas" de pacotilla y vulgaridad, que se enriquecen a costa de la ignorancia de la masa, en un entorno en el que todos pensamos y sentimos lo mismo en aspectos religiosos, pues provenimos de la misma crianza católica, apostólica y romana, independientemente de la postura que, ya siendo adultos, hayamos adquirido respecto a sus símbolos, dogmas y prácticas.

Nadie en su sano juicio podría justificar la insanía de los grupos terroristas islámicos cuando ataca, a mansalva, escuelas, ciudades enteras o por las represivas normas según las cuales los infieles deben morir y las mujeres valen poco o nada en la sociedad. Y con todo ello, no recuerdo una sola noticia en que profesionales islámicos se hayan burlado, con textos, canciones o dibujos, de los principales símbolos del Cristianismo.

Pero si un grupo de occidentales, que se asume más inteligente y civilizado que los "incomprensibles musulmanes", es capaz de burlarse de esta forma de aquellos personajes religiosos por quienes se sabe que son capaces de matar o morir para defenderlos; me parece que están jugando con fuego con total desinterés por las consecuencias que esto podía acarrear para sus propias vidas. Para decirlo en una sola frase, los de Charlie Hebdo, ahora mártires de la "libertad de expresión" se la buscaron. Que sigan burlándose, a través de sus "geniales y creativas" caricaturas, de Francois Hollande y el Rey de España, de Sarkozy y sus salidas putañeras. Ellos comparten el modo de vida occidental y no se enojarán si se burlan de ellos. Es más, lo tomarán a bien, como gracia o "publicidad gratuita".

Pero esto no habría ocurrido si los acribillados ilustradores se la hubieran pensado mejor antes de hacer su broma pesada. Esta matanza es una versión macabra de aquellas personas que, al descubrir que ese payaso asesino que lo amenazó con una comba a medianoche o ese huevo crudo que le reventó en la cabeza mientras leía su periódico en el parque, eran solo un gag de esos que ponen en los bancos o salas de espera, y en lugar de reírse y abrazar al "bromista", señalando a la cámara, arremete contra él y lo muele, literalmente, a golpes.

Por eso, al burlarse de Mahoma de esta forma, trajeron sobre sí mismos toda la capacidad vengativa de estas personas -independientemente de que la consideremos exagerada, loca, criminal o fuera de toda explicación- que ya todos conocemos. ¿Cómo reaccionarían extremistas católicos si una publicación islámica sacara en carátula, una caricatura de Jesucristo besándose con un homosexual? Claro, dirán que con toda la indignación que eso provocaría en mucha gente, no se armarían escuadrones de la muerte para asesinar a los "artistas" autores de lo que Cipriani y muchos otros considerarían "una aberración".

Pero también es nuestro deber reconocer que los occidentales -en un 98% y empezando por las cabezas visibles de la Iglesia Católica- seríamos incapaces de matar a alguien o de suicidarnos en nombre de nuestro Dios, pues todos sabemos que, de una u otra forma, no le somos tan fieles como declaramos en documentos, canciones, posts de Facebook y demás. ¿O ustedes se imaginan a Cipriani inmolándose porque alguien declare que la virgen María no era virgen?

Ojalá que, tras esta lamentable matanza, en lugar de estar lloriqueando por este "acto terrorista contra la libertad de expresión" pusiéramos las barbas en remojo con respecto de cuánto hemos avanzado en materia de respeto a los otros, por muy diferentes que estos otros sean, en términos políticos, socioeconómicos o religiosos. Y que dejáramos de ensalzar la burla y la chacota -tan aceptadas socialmente en Occidente- como formas literarias o artísticas.

domingo, 21 de diciembre de 2014

NAVIDAD 2014: LA ESPERANZA CONVERTIDA EN UN ACTO EGOÍSTA


Desde hace años decidí, desde mi libre albedrío adulto, que para mí la Navidad necesita trascender toda doctrina religiosa, dogma de fe y comprobación científica para mantener intacta su capacidad de ilusionarme como me ilusiona, casi de la misma manera en que lo hacía cuando fui niño y creí en Papá Noel o cuando fui adolescente y comencé a cuestionar todo lo que me enseñaba la Iglesia Católica desde los altares, las aulas escolares o la mesa familiar.

Esto significa que si mañana, en una revista científica especializada japonesa anunciaran que, tras décadas de excavaciones arqueológicas, investigaciones documentarias, procedimientos computarizados y revelaciones psíquicas, quedara absolutamente demostrado que Jesucristo no existió -y que por ende, no habría 24-25 de diciembre qué celebrar- yo seguiría emocionándome con el verdadero sentido de la Navidad, frase que en ese contexto imaginario y extremo tendría que escribirse entre comillas.

Con este mecanismo de defensa, elaborado casi en clave de ciencia ficción, protejo mi estado de ánimo en estas épocas de fin de año de los zarpazos con que la realidad lo ataca a cada microsegundo para demostrarme que el ser humano, esa especie a la que pertenecemos todos y que, según los textos bíblicos, Jesús vino a redimir hace 2014 años, abandonando su "zona de comfort" -como diría cualquier marketero entrenado por Arellano, ese nuevo y falso gurú de las frases hechas- para tratar de enseñarnos, con el ejemplo, que la humildad y la rebeldía son las dos caras de una misma moneda: la de la integridad, el respeto al prójimo, la sana conviviencia y la espiritualidad por encima del materialismo que hoy nos domina.

Y es que las tentaciones que incitan a uno a botar toda esa ilusión por el desagüe son muchas y de muy variadas fuentes. Aquí solo algunas de ellas:

La comprobación cotidiana de que para las "estrellas de la televisión" y "líderes de opinión" la Navidad se reduce a un spot de 40 segundos, sobreactuado y sobreproducido, en el que hombres y mujeres, jóvenes y viejos, periodistas y payasos faranduleros, intercambian regalos posando para las cámaras en un set de grabación, lucen contritos y reflexivos delante de un nacimiento y lanzan mensajes navideños durante todo diciembre para después, los once meses restantes, esparcir basura mañana, tarde y noche; es suficiente para descorazonar hasta al más entusiasta.

Otro ejemplo: Hace unos días me comentaron que un conocido empresario farandulero de apellido Diez Canseco, llevó toneladas de juguetes y donaciones a los pacientes niños de un hospital de salud pública, acompañado de la gavilla de mujerzuelas que desfilan para beneplácito salivesco de todos esos viejos resinosos y bien vestidos que van a comer en los locales de su cadena Rústica. Es decir, exponiendo a niños humildes a espectáculos exhibicionistas y procaces, y a las reacciones morbosas que se deben haber generado entre doctores, personal administrativo y quién sabe hasta el mismo director del hospital de marras. Me los puedo imaginar... "a ver, a ver, una fotito con las chicas... ayayayyyyyy". Eso ya ni siquiera puede considerarse relativismo, sino sinvergüencería pura y dura.

La solidaridad, el bien común, la buena vecindad son instituciones subjetivas que han desaparecido del lenguaje conductual en el Perú: desde el tráfico enloquecedor con sus claxons de buque capaces de hacerles perder el equilibrio a señoras de la tercera edad, tocados tanto por microbuseros, taxistas y señoritos de lentes oscuros y cabezas rapadas montados en sus bonitas camionetas compradas a plazos; las leyes escritas para favorecer a empresarios de ambición ilimitada que miran con desprecio a los trabajadores antiguos y empiezan a maltratar a los nuevos desde antes que ingresen a su primer empleo, que son defendidas por uñas y dientes por los politicastros incapaces de ver más allá de sus narices, urgidos como están de satisfacer sus propios afanes de enriquecimiento, poder y supuesto status. El caso más flagrante de esto es el de la Primera Dama que nunca fue nada, ni en su universidad ni en su desempeño profesional antes de llegar al gobierno y ahora se siente reina tuerta en este país de ciegos.

Las programaciones televisivas, apañadas por los dueños de canales y empresas anunciantes, que supuran malos ejemplos, antivalores y abiertas vulgaridades los siete días de la semana, en el desayuno, el almuerzo, la cena y la medianoche, creando una nueva generación de peruanos que aceptan, y con agrado, ser discriminados y degradados al papel de vocingleros adoradores de ídolos de carne inflada por esteroides y siliconas, solo porque tienen la piel más clara, y aprenden que ya no importa estudiar porque puedo ser "famoso" de la noche a la mañana; todo conspira contra el sentido de la Navidad, lo aniega y amenaza con hundirlo de forma definitiva.
La corrupción, la informalidad, la impunidad y la indiferencia frente a lo injusto han carcomido todos los ámbitos de nuestra vida: en lo politico, a través de este presidente, su esposa y sus ministros, alcaldes, congresistas y empresarios que viven de ellos; en lo mediático, con una prensa vendida incapaz de señalar a nadie con el dedo, que todo lo dice "en condicional" para proteger a sus amistades y la vigencia de sus contratos publicitarios; y en general, en cada dimensión pública, social, laboral o incluso en los asuntos privados, donde uno posa la mirada, cobra vigencia nuevamente aquella frase de Manuel Gonzáles Prada: "El Perú es un organismo enfermo. Donde se pone el dedo salta la pus".

Pero no solo en el Perú las cosas están así, oscuras y cataclísmicas. Lo ocurrido recientemente en México y Pakistán, las masacres a profesores, estudiantes de educación y alumnos en dos países tan distantes geográficamente, se me presenta ante los ojos como una macabra metáfora de lo poco que le importan al ser humano las cosas buenas que tiene la vida, cuando de por medio están el crimen y el fundamentalismo ideológico. Las ambiciones alimentadas por el narcotráfico, que contaminan a la sociedad entera, y la intransigencia religiosa son capaces de asesinar a mansalva y luego, la complicidad de cadenas internacionales de televisión, gobiernos influyentes y por supuesto, autoridades corruptas y una maquinaria de medios distractivos que nunca deja de funcionar, hacen que el público, la gran masa, aun cuando intuya que las cosas no están nada bien, no siente todo esto como una amenaza a sus propia vida y se entrega al hedonismo sin pausa y el consumo a niveles que lindan con lo irracional.
Esto, que antes solo ocurría en el mundo occidental, poco a poco viene inoculándose en el oriente, otrora reserva espiritual del mundo y cuna de la Navidad, que actualmente también padece de vicios de lo más grotescos y sórdidos. Si a eso le sumamos la destrucción del medio ambiente, tema que también es víctima del reductivismo y la superficialidad oficialista que todo lo comprime en comilonas internacionales, fotos grupales y documentos que no solucionan nada, el espacio para la verdadera Navidad y su tan mentado espíritu se hace cada vez más pequeño.

Por eso es que, con todo esto encima, vivir con ilusión infantil estos tiempos navideños es prácticamente un acto de protesta, una manifestación contracultural, un discurso contra la corriente. Pensar que no todo es recibir regalos, o que el mejor de los regalos sigue siendo la sonrisa, el abrazo, el beso y la lágrima de tus seres queridos, y que no hay cosa más importante en Navidad que estar junto a tu esposa y tus hijos (si los tienes), tus amigos de trabajo o de estudio, sin mayores pretensiones que las de desear lo mejor para ellos, no hacerle daño a nadie, y no perder la oportunidad de hacer algo bueno por alguien, por pequeño que esto sea, sin que nadie se entere de ello, es actualmente tan revolucionario como lo fue en los sesentas aquella imagen colorida de una flor saliendo del cañón de un arma de fuego.

Es cierto que el solo hecho de ensayar una reflexión sobre estas situaciones para compartirla con los demás pueda entenderse como una intención de generar conciencia común y por ende, exprese un atisbo de esperanza en el género humano. Y es cierto, pero no se confundan. En este mundo dominado por los poderosos, los corruptos, los agresivos, los bacanes y los sobones, mantener viva la esperanza es la mayor demostración posible de egoísmo de la que un ser humano es capaz.  











sábado, 29 de noviembre de 2014

FALLECIÓ CHESPIRITO: LATINOAMÉRICA DE LUTO


Para escribir algo sobre Chespirito no hace falta ingresar a internet, basta con navegar por el corazón y los recuerdos. No exagero si digo que, al enterarme de la noticia, la tristeza se apoderó de mi ánimo como si hubiera fallecido un amigo cercano muy querido, un miembro de mi familia. Y estoy seguro de que millones de latinoamericanos e hispanohablantes en el mundo han sentido lo mismo. Porque con el fallecimiento de don Roberto Gómez Bolaños (1929-2014) se cierra el ciclo vital de una de las fuentes de alegría y entretenimiento más sanas, creativas y entrañables de la historia.

Todos somos, en una u otra medida, expertos en Chespirito porque crecimos viendo sus programas, repitiendo sus frases, llorando de risa una y otra vez con sus rutinas. Podían ser líneas repentinas, sorpresivas, como aquella en la que, personificando a Napoleón Bonaparte, le dice a su interlocutor -que, según la versión, podía ser Carlos Villagrán o Ramón Valdéz- "¡si sabía que a la batalla estaba enviando a un imbécil, habría ido yo mismo!" o los diálogos que ya teníamos aprendidos de memoria, como el de Doña Florinda y el Profesor Jirafales, o los ingeniosos juegos de palabras en cualquiera de sus capítulos y personajes; siempre Chespirito se las arregló para robarse nuestras carcajadas con inteligencia, sensibilidad y un complejo discurso según el cual, así tratara temas fuertes o controversiales, lo que primaba era el humor inocente, blanco. De entre los humoristas latinos no cabe duda que Chespirito fue el único capaz de conseguir que la enseñanza, la moraleja, la búsqueda de la sensibilización, no cayeran en la impostación, el disfuerzo o la memez de quien evidencia sus intenciones de dar lecciones de algo, sin saber nada.

Nuestra generación gozó de cerca el arte genial que Chespirito desplegó desde la televisión mexicana. Para cuando yo tenía alrededor de 10 años, esto es en 1984, El Chavo del Ocho, el niño huérfano y pobre que vive en un barril y que sueña con poner un restaurante para no dejar entrar a nadie y comerse toda la comida, ya había dejado de grabarse como programa independiente pero se transmitía ininterrumpidamente, todos los días, por Canal 4. Los datos y precisiones sobre nuestro querido "chavito" abundan en internet, solo me limitaré a decir que, salvo Disco Club, no había otro programa de televisión al que yo recurriese durante mi niñez y adolescencia para sentirme bien, olvidarme de cualquier problema que pudiera tener en esa época y pensar que la vida podía solucionarse siendo gentil y amable con los demás, haciendo reír a la gente.

Y nuestra región tuvo el privilegio de que este imaginativo artista -el Super Comediante Chespirito, como lo anunciaban al inicio de cada programa- existiera en español, porque pueden haber sido traducidos en todas las lenguas imaginables, pero un ruso o un japonés jamás entenderá los giros, los juegos de palabras, los subtextos detrás de cada broma o gesto de cualquiera de los personajes que creó, como los entendemos nosotros. Como a Cantinflas o Les Luthiers, a Roberto Gómez Bolaños hay que sentirlo y entenderlo en español, idioma por el que además siempre mostró una profunda reverencia y respeto.

Nunca faltaron las críticas tampoco: hay quienes piensan que había muchos golpes en El Chavo -las cachetadas a Don Ramón, los pellizcos a Quico, los coscorrones, etc.- o que la propuesta de un niño pobre era sobreactuada y todo lo demás. Cada elemento de sus rutinas tenía, más que la carga explícita del golpe per se, el esquema de la repetición, la secuencia de acciones que todos ya conocíamos. Esa era la intención, no era la "torta en la cara" gratuita, era la influencia de Chaplin y Los Tres Chiflados, de Jerry Lewis y Cantinflas.

Chespirito, además de la obvia vena humorística que constituye el hilo conductor de toda su obra en cine, teatro y televisión, fue también muy educativo en el uso del lenguaje, didáctico cuando se trataba de generar situaciones graciosas basadas en personajes de la historia o haciendo adaptaciones de clásicos de la literatura y humilde al rendir homenaje a sus referentes -la inolvidable parodia de Laurel y Hardy junto a Édgar Vivar, por ejemplo, o la extraordinaria versión de Blanca Nieves y los Siete Enanos, o la vida de Federico Chopin, entre tantas otras- sin dejar de lado sus menciones a los clásicos mexicanos de los que, sin duda, también se nutrió.

Pero también podía ser muy conmovedor y tierno son llegar a la sensiblería huachafa. Quién no se ha conmovido por ejemplo, en ese clásico capítulo navideño en que El Chavo lleva, a un recién nacido, un regalo. Los mensajes de este tipo, poderosos en sí mismos, tienen que haber calado de una u otra forma en cada uno de nosotros cuando nos vimos expuestos a ellos, siendo niños. Y que haya sido uno de sus propósitos como artista, revela una sensibilidad poco común. Sensibilidad que supo trasladar a su entrañable elenco, aunque al final de los tiempos la inquina, los egos, en suma, la verdadera naturaleza humana, más proclive a las oscuridades que a las claridades, pareciera haberse impuesto por sobre tanto caudal de acciones positivas.

Quizás su muerte sea ocasión de que eso termine. Quizás ahora, que acompaña a Don Ramón, Doña Clotilde, Jaimito y Godines en el más allá, los que quedan aquí ingresen al último tramo de sus vidas en paz y armonía, como cuando cantaban, dando pequeños saltitos, ese himno llamado "Qué bonita vecindad". Seguiremos combinando risa y llanto en estos días de duelo latinoamericano, con cada reseña y reportaje, con cada imagen inolvidable. Ojalá que nunca retiren sus programas de la televisión peruana pues es la única serie de humor en nuestro idioma que le hace contrapeso a las cochinadas que hoy vemos en dibujos animados, programas cómicos y de competencia.


martes, 21 de octubre de 2014

18 DE OCTUBRE DE 2014


Cuando giré hacia la derecha y la vi desde el fondo, descendiendo del auto, mi corazón comenzó a latir más rápido de lo que ya estaba latiendo -en términos médicos, la taquicardia se encontraba en su punto más alto en ese momento- y aunque la he visto casi de manera ininterrumpida en los últimos 21 años, me sorprendí a mí mismo entrecerrando los ojos y forzando la vista para distinguirla mejor, para descubrirla.



En ese instante yo estaba doblemente emocionado. Por un lado, mi propia felicidad de ver cómo se hacía realidad aquello que fue, durante años, literalmente un sueño imposible. Por el otro, podía sentir su respiración y escuchar lo que pasaba por su cabeza mientras la atención de más de 250 personas se centraba en ella y los flashes buscaban alcanzar el mejor ángulo de su, hoy más que nunca, hermosa sonrisa.


El camino, desde la puerta hasta el altar, era largo, pensaba yo, de pie, ansioso. A mi izquierda, su mamá, distinguida y elegante. Al frente el celebrante, más amigo que sacerdote. Y alrededor nuestras familias, amistades, lejanas y cercanas, antiguas y nuevas, esperándola. Desde el cielo, mi madre y su abuela, nuestra gran amiga Elsa y mi cuñada, que tristemente partió hace apenas tres semanas, nos lanzaban bendiciones y sonreían, complacidas. El camino era largo pero para ella no había problema, pues venía flotando, levitando. No era solo Yvette. Era un ángel.


El mediodía del sábado fue generoso con nosotros y nos regaló sol brillante y brisa fresca. Ni bien bajó del auto, del brazo de su papá, y pasó la enorme puerta de la iglesia, se convirtió en una fantástica visión. La contraluz de la calle creó un efecto de sombra de tal manera que, por más esfuerzos que hice, no alcancé a distinguir su rostro hasta más de la mitad de la alfombra roja. Solo se veía el blanquísimo vestido y el velo que ondeaba a cada paso. Ojalá alguien hubiera permitido que el fotógrafo se pusiera a mi costado y captara esa imagen. Hasta me vi tentado de sacar mi propia cámara, pero naturalmente eso no podía hacerse. No solo hubiera roto el protocolo, hubiera roto la magia.


Nos casamos. Por religioso y por civil. Quienes nos conocen de cerca y saben quiénes somos, entienden que este no es el principio sino la confirmación de algo que ya había ocurrido hace mucho, quizás sin que nosotros mismos nos hayamos dado cuenta. En estas épocas, en que las parejas jóvenes se casan tras conocerse apenas un par de años, o lo hacen porque "tienen que hacerlo" -saben a lo que me refiero ¿no?- o que al llegar a nuestra edad ya cuentan con más de una separación, más de dos hijos y más de dos juicios encima, lo de nosotros califica como poco convencional y sólido. Y me siento orgulloso de que así sea.


Fueron casi dos años de investigación, planificación y organización que llevamos adelante gracias a su exquisito sentido del buen gusto y a mi entera disposición a involucrarme en los detalles, aunque el trabajo no me haya dejado más tiempo para hacer más cosas. Todo salió perfecto y milimétricamente bien, aun cuando la vida no perdió la ocasión de alborotarnos un poco el día anterior, con sus giros antojadizos, las sorpresas que te da -como diría Rubén Blades- y los aparentes problemas de última hora que, a la larga, se convierten en esos inolvidables momentos que formarán parte del anecdotario de este importante evento.


La mañana del viernes, una cadena de acontecimientos inesperados se produjeron por todos lados: ella tuvo un percance que cambió la agenda programada con mucha anticipación para ese último día anterior a la boda. Las cosas que iba a hacer desde las 9am., las inicié al mediodía. Como ella no podía salir a recoger su vestido, se le encargó tan importante misión a nuestra legión extranjera: cuatro amigos norteamericanos que nunca habían estado en el Perú, fueron hasta la tienda -a una hora de camino de la casa- para cumplir esa trascendental gestión.


Luego de revisar los papeles, códigos y documentos para llevarse el vestido, un vigilante los detiene en la puerta y les dice que no pueden salir. Casi sin poder comunicarse en español, y temerosos de estar haciendo algo indebido, quizás llevándose el vestido sin pagarlo, les informan que el personal de la tienda había cometido un error y que ese no era el vestido correcto. ¿Se imaginan qué hubiese pasado si llegaba el paquete cerrado, nadie lo miraba hasta el día siguiente y al abrirlo, la mañana del sábado, descubrían que no era el vestido correcto?


Paralelamente, su papá estaba en la hacienda donde fue la recepción -un hermoso lugar al sur de Lima- dejando los licores para la tarde cuando, de repente, un camión proveedor impactó con la mesa y más de cincuenta botellas -entre champagnes, vinos y whiskies- se quebraron en el piso. Un momento digno de plano secuencia y cámara lenta. Desde luego, el seguro y la hacienda cubrieron la pérdida. Un susto más. Mientras tanto, yo corría por todo el Centro de Lima buscando alguien que imprimiera los libretos para la misa, los programas y otras cosas. A casi las 11 de la noche del día anterior, parecía que aun faltaban cosas por hacer.


Como si no hubiera sido suficiente con estos sobresaltos, el mismo día de la boda un último detalle: su mamá y yo estábamos ya frente al altar, la iglesia estaba llena de gente pero alguien aun no llegaba. ¿La novia? No. ¡El padre! El sacerdote, un amigo que nos conoce desde hace una década, estaba atascado en el tráfico y se encontraba en el Centro de Lima cuando apenas faltaban diez minutos para la hora establecida. La novia daba vueltas por la plaza y mientras yo la esperaba a ella, ella esperaba al sacerdote. Como para una película de Hugh Grant y Julia Roberts.


Sin embargo, como bien me dijo Marilyn esa noche, "hey, you just don't worry about the details tomorrow... people doesn't think about it and never realice about little things cause what really matters is what it's happening: your wedding" ("oye, ustedes no se preocupen por los detalles mañana... la gente no piensa en eso y ni siquiera se da cuenta porque lo que realmente importa es su boda". Y también dijo que ella se vería absolutamente hermosa cuando llegara. Y tenía razón. En ambas cosas...

domingo, 12 de octubre de 2014

EL RETORNO DE MAGALY: ¿SE PUEDE CAER MÁS BAJO EN LA TELEVISIÓN PERUANA?


Durante 15 larguísimos años, Magaly Medina lanzó estiércol puro a través de Magaly TeVe, un programa que se inició como una extensión de las agrias columnas que esta mujer intentaba escribir, con sintaxis simiesca, en no sé qué periódico clásico de la primera época de la prensa chicha. En sus inicios, si mal no recuerdo, era un miniespacio dedicado a comentarios, que ella hacía, sobre la televisión y sus principales personajes, avances de novelas, etcétera, como una sección dentro del noticiero del Canal 9, durante 1997. 

Dos años antes, la autodenominada periodista dejó el cómodo anonimato de la prensa escrita al aparecer en un programa llamado Fuego Cruzado -del mismo canal que después la lanzaría al estrellato cholo- criticando duramente a Augusto Ferrando, popular conductor de Trampolín a la Fama y una de las personalidades más conocidas de la televisión peruana, prácticamente desde sus inicios. 

Curiosamente, en aquel "clásico de la televisión nacional", conducido por los periodistas Mariella Balbi y Eduardo Guzmán -hoy apoltronados en RPP y Frecuencia Latina, respectivamente- la futura "Urraca" se erigió como defensora de los pobres y humildes a quienes, según ella, Ferrando humillaba en su sintonizado trampolín. Y lanzaba dardos venenosos contra la incultura en la televisión, la falta de respeto al público y no recuerdo qué otras monsergas que, vistas en retrospectiva, quedan como ramplones disfuerzos para llamar la atención, descargados desde una actitud que, detrás de una careta crítica o aguda, escondía resentimiento y envidia rancias.

En esa década y media de programa farandulero, Magaly Medina se convirtió en una religión para cientos de millones de pobres y desalmados en el Perú entero (mayormente mujeres y homosexuales varones, en todos los ámbitos socioeconómicos y categorías Arellano-style) que, corroídos por la ignorancia -expresada en su ausencia de interés por noticias positivas, programas de calidad y artistas verdaderos- y el afán irracional de creer que la clase se adquiere por tener cosas materiales -dinero, éxito televisivo, carteras de lujo, novios con carro, celulares, ropa de marca, lentes Ray-Ban sobre la cabeza, cirugías, y todo lo demás- entronizaron a la grotesca conductora hasta las más encumbradas alturas de la popularidad chicha.

Y le permitieron crear un imperio que, lamentablemente, hoy se ha extendido hasta dominar círculos sociales y mediáticos que, sin ser la gran cosa en esta Lima huachafa e hipocritona por excelencia, hace apenas 20 años se habrían tapado la nariz de solo escucharla mencionar o verla llegar. Creo que ni en sus mejores sueños y delirios de grandeza, allá en Huacho, la señora Medina puede haber imaginado su foto publicada en las carátulas y secciones sociales de papel couché -como las revistas Cosas, Somos, Ellos y Ellas y así- compartiendo páginas con los corruptos de la política, los empresarios lobbistas de apellido compuesto y los sátrapas sonrientes que llenan Acho cada octubre.

Se dice comúnmente que Magaly TeVe era un "programa de chismes". Sin embargo yo creo que era eso y algo más. Se trató de un contenedor de desechos humanos diario que, bajo las coartadas de la libertad de expresión y el horario para adultos -aunque las 9pm. no es, desde hace décadas, un horario en el que los niños en edad escolar estén precisamente durmiendo- no tuvo límites en su disposición a exponer las degeneraciones, vulgaridades, chabacanerías, delitos encubiertos, carencia de talento, falta de escrúpulos e ignorancias monumentales de toda una generación de hombres y mujeres arribistas, capaces de hacer lo que sea para salir en la televisión. 

Pero no queda ahí. Magaly, personalmente, se encargó de hacerle creer a toda esa masa mentalmente indigente -que no solo está ubicada en los "sectores C, D y E" por si acaso- que esas vulgaridades y groserías eran herramientas de ascenso social, económico y "artístico". Convirtió a las prostitutas en princesas sofisticadas y a los patanes en solteros codiciados. Y convirtió al escándalo callejero de borrachos y borrachas que se pegan frente a las puertas de una discoteca y sus finales de comisaría en noticias de portada, quizás porque casi siempre los protagonistas eran futbolistas, integrantes del elenco de algún programa de televisión, o algo así. Es decir, hizo de los olores a sobaco y pezuña aromas dignos de venderse, como pan caliente, en las tiendas del Centro Comercial Jockey Plaza. Y el rating explotó. Y Canal 9 y sus anunciantes la financiaron. Y lo que es peor, creó escuela.

Todo lo que está pasando actualmente en la televisión nacional -los "segmentos de espectáculos" de Canal 4, Canal 9 y Canal 2, Esto es Guerra, Combate y afines, Amor Amor Amor, Bienvenida la tarde, los "realities", Al fondo hay sitio, Estás en todas y afines- son consecuencia de ese estilo basuralicio que Magaly Medina impuso. Y cuando anunció su retiro de la televisión hace dos años, muchos de ellos tomaron su posta y, decididos a seguir sus enseñanzas, superaron los límites devastadoramente asquerosos que ella había establecido en 15 años y terminaron de convertir a nuestra televisión en el enorme silo sin mantenimiento que es actualmente.

En ese contexto, Magaly Medina regresa a la televisión y, en lugar de aprovechar la oportunidad para rehacer su imagen pública y convencernos de que no es el ser humano monstruoso que algunos pensamos que es, con un desempeño profesional que la muestre como una inteligente y aguda periodista de farándula que ya cruzó la línea de los 50 años y que, por ello, tiene la posibilidad de hacer periodismo ligero, de espectáculos, no digamos que "con clase" pues es evidente y público que no la tiene, pero sí con algo de experiencia -algo que, por ejemplo, su némesis Gisela Valcárcel intenta hacer, sin ningún éxito desde luego- ha salido decidida a revolcarse como chancho en el oscuro lodo que ella ayudó a espesar en esos 15 años previos. 

Con las mismas coartadas -libertad de expresión y horario nocturno- Magaly Medina esparce basura ante la mirada atenta y vacía de millones de peruanas y peruanos que expresan toda la pobreza intelectual, espiritual, emocional y personal de las cuales padecen en sus tweets de felicitación. Son las 8 de la mañana del domingo 12 de octubre y en Frecuencia Latina -la que piensa en grande- están repitiendo, mientras ustedes desayunan con sus hijos, "El Informe Magaly" sobre Milena y Greysy. Y anoche hablaba porquerías, haciendo análisis de desagüe sobre pendejadas con un panel de lujo: Mónica Cabrejos, Guty y Vanessa Terkes, cuyos detalles seguro veremos a la hora del almuerzo. ¿Se puede caer más bajo en la televisión peruana? Cada sábado en la noche, Magaly Medina nos demostrará que sí se puede.