sábado, 27 de julio de 2013

MARCHAS PACÍFICAS DEL 27-28 DE JULIO: UNA BUENA FORMA DE DEFENDER AL PAÍS EN SU DÍA


El Perú celebra, oficialmente, ciento noventa y dos años de independencia del imperio español, que estuvo metido en estas tierras durante casi tres cientos años. Sin embargo, hoy somos presas de otros tipos de dominación -desde hace bastante tiempo ya-, que tiene el encanto de la complacencia, las luces distractivas de lo que está de moda, el ansia huachafa de pertenecer a las élites que disfrutan del llamado "bienestar", reducido a cuántas cosas, aparatos y tarjetas de crédito llevas encima y las posibilidades de hacer realidad los caprichos que te exige tu familia, generados por avalanchas publicitarias cargadas de modelos de comportamiento y de consumo profundamente insensibilizadores e idiotizantes.

Todo este fenómeno de estratificación socioeconómica que data de, por lo menos, ochenta años atrás, se ha ido deteriorando, al pasar de las décadas, hasta convertirse en una jungla donde nadie se reconoce en nadie, una guerra civil permanente entre quienes defienden el statu quo -por un real sentido de pertenencia a él o por simple pose- y quienes, imbuidos por el sentido de la igualdad, la justicia social y la verdadera libertad, resisten las críticas de aquellos sectores que lo reducen todo a rótulos como "caviares", "rojos", "izquierdas" y demás adjetivos que, con solo ser mencionados, descalifican todo lo que no esté de la mano con el establishment. Y esa guerra civil permanente se libra siempre en desventaja, pues los defensores de la oficialidad inmóvil, que no admite cambios ni cuestionamientos, tiene dos grandes aliados: un gobierno traidor y una prensa cómplice, la combinación perfecta para que las cosas se mantengan como están, beneficiando a unos cuantos y hundiendo en la desesperanza a las grandes mayorías, tanto en Lima como en provincias.

La última prueba de este tándem, que juega en pared para desinformar a la población, está ocurriendo en estos minutos: el mismo colectivo de jóvenes y artistas que salió a las calles, asqueado, por la designación tramposa de Pilar Freitas como defensora del pueblo y Rolando Sousa como presidente del Tribunal Constitucional, se está concentrando en la Plaza Dos de Mayo para la Gran Marcha Pacífica, organizada por diversos gremios de trabajadores y convocada desde hace dos semanas, luego de la exitosa manifestación espontánea que, con el apoyo de las redes sociales, se realizó tras esos infaustos anuncios gubernamentales, hoy desactivados gracias a la protesta popular. Mientras eso sucede, a estas horas de hoy, sábado 27 de julio, gobierno y prensa convencional se únen, por enésima vez, para desprestigiar la concentración.

Mientras que el Ejecutivo sale, con Ollanta Humala a la cabeza, a decir que en el colectivo han detectado la presencia de infiltrados del Movadef (es decir, los que marchan son casi unos terroristas) y niegan las garantías solicitadas por conductos regulares, para salvaguardar los derechos de quienes, libremente, opten por asistir (dejando así, las puertas abiertas para que pase cualquier cosa, detenciones, abusos de autoridad, etcétera), la prensa "informa" acerca de la marcha con titulares como: "La CGTP insiste en realizar marcha a pesar de haber conversado con Primer Ministro" (RPP, El Comercio), sin mencionar, ni siquiera de soslayo, que miles de jóvenes y artistas -los mismos de la protesta anterior- están organizándose de manera estructurada y masiva, a través de las redes sociales (Facebook: Indignados Perú, Twitter: #TomaLaCalle) y que los motivos de estas manifestaciones van más allá de lo que pueda conversarse con un Premier que, a todas luces, está pintado en la pared.

Las marchas de hoy sábado 27 y mañana domingo 28 de julio responden al hartazgo de esas minorías -a pesar de ser miles en todo el Perú, en Lima son solo unos cuantos que, al final, somos castigados socialmente por "las gentitas"- que vemos con claridad la traición de quienes ganaron las elecciones ofreciendo la realización de cambios dramáticos en nuestro país y hoy se comportan tan mal - o peor- que sus antecesores, de quienes decían estar en las antípodas. La venta indiscriminada de los recursos naturales, el entreguismo a las redes empresariales que son los únicos beneficiarios de un crecimiento económico que se reserva el derecho de admisión, los sueldos astronómicos de funcionarios que aumentan cada mes, los ministerios que hacen todo mal (hay inseguridad en las calles, la educación está igual de peor que siempre, los médicos viven en movilizaciones y huelgas, la cultura y los lugares arqueológicos se vende al mejor postor, etc.) y las repartijas, que van desde las conocidas hasta las gollerías de la Primera Dama y su camarilla de ayayeros, han provocado que la gente despierte porque todo, hasta el adormecimiento más denso, tiene un límite. Solo nos toca apoyarlas y esperar que la sangre no llegue al río.

Con autoridades que tildan de "terroristas" a ciudadanos que manifiestan su desacuerdo en las calles, periodistas que se limitan a recitar textos condescendientes y no se compran pleitos de nada que tenga relación con justos reclamos y un gran sector de la sociedad anestesiado por el consumismo dador de estatus social, la juerga, la cerveza, el futbol y la televisión basura; es difícil pensar que dos concentraciones, por multitudinarias que sean, vayan a cambiar las cosas de golpe. Pero quizás, ahora sí, se trate del inicio de algo serio. Quizás ahora sí podamos hablar de una revolución como la que plantea el personaje central de esta novela gráfica-película V for Vendetta (que corre el riesgo de convertirse en una imagen más para polos cool, tipo el Che Guevara o Los Ramones): es preciso darles un 28 de julio que jamás olviden.



sábado, 20 de julio de 2013

RESUMEN DE NOTICIAS: DOS RAYAS MÁS AL TIGRE


En estos días no he podido postear seguido, por falta de tiempo ocasionada por motivos laborales. A pesar de que hay cierta cantidad de personas que me leen con atención, siguen esta bitácora y, de vez en cuando, hasta se animan a participar con sus comentarios, no tengo la suerte -ni el talento, dirán algunos ponzoñosos- de cruzar el umbral del hobbie y convertir Quiero Hablar en una fuente de pingües ingresos. Para mí sigue siendo un sueño de opio aquello de la "monetización" (qué horrible palabra... no?) de mis publicaciones virtuales, tal y como veo que consiguen otros bloggers que escriben sobre asuntos baladíes, lugares comunes, cosas de moda o simplemente tonterías. En fin, como no he posteado de manera regular, les ofrezco estos breves comentarios sobre dos noticias producidas en la última semana, que pintan de cuerpo entero, una vez más, a nuestra vergonzosa clase política. Solo son comentarios sobre acontecimientos que, a pesar de haber llamado la atención de las masas, no son lo suficientemente interesantes como para hacer de ellos un artículo completo. 

LA LUZ VERDE DE CATERIANO: La expresión "me dieron luz verde" es muy común entre empresarios, políticos, futbolistas, lobbistas y dummies cibernecios (parafraseando a Víctor Hurtado) que equivale, sin lugar a ninguna duda, a que "me permitieron pasar", "me aceptaron la propuesta", "me dieron permiso". Y tiene su origen, cómo negarlo, en la simbología de colores de un semáforo, trasladada después al mundo del comercio exterior (el "canal verde" en terminología aduanera significa que el embarque, mercadería, etc., literalmente "puede pasar" o pasó con éxito los controles de la autoridad. ¿Quién te da luz verde?, hablando de educación vial, pues la policía, "el palito de abollar ideologías" como diría Mafalda. Un ente que es superior a tí, en poder de decisión y hasta de conocimiento, sobre lo que más conviene a tu vida pública, de comunidad. En teoría, por lo menos. Te da luz verde tu jefe, tu superior, tu patrón. Aquella persona que gobierna tus pasos al milímetro, aquella persona que decide, de manera irrevocable e irreversible, respecto de lo que tú tienes intención de hacer. Y si te da luz verde es porque te mantenía, hasta ese momento, en luz roja, en stand-by, en compás de espera, en angustiante salmuera. Todo eso se aplica a la luz verde que el ministro de Defensa, Pedro Cateriano, recibió de ese remedo de primera dama, Nadine Heredia, una graduada en comunicaciones de la de Lima que cumplió el sueño de cualquier protagonista de Al fondo hay sitio: pasó de los jeans al vestido de diseñador porque su esposito "ganó las elecciones". Y ahora pasa revista a sus ministros dando órdenes, despachando, soltando las luces verdes según le dicte su mínimo criterio, inflado hasta la náusea por la prensa convencional. Y escuchar a Cateriano decir que esa "luz verde" no era para hacer las compras -algo que además, se escucha con claridad en su audio- resulta, por decir lo menos, patético.

EL TC Y LA DP: César Hildebrandt escribe, con su agudeza y precisión habituales, que importa poco si existe o no una Defensoría del Pueblo o un Tribunal Constitucional, porque al final de cuentas solo se trata de pomposos nombres sin sustancia, cargos ocupados por gente que es incapaz a conveniencia, de manera maquiavélica para hacer que las cosas sigan igual y sacar provecho -económico, básicamente- de ello. Después de la batahola civil producida por la designación -entre gallos y medianoche y a mano alzada- de Pilar Freitas en la DP y de una gavilla de jalados en derecho pero doctorados en el arreglo, liderada por Rolando Sousa, soldado del shogunato fujimontesinista, tuvieron que dar el famoso "paso al costado" -uno de esos insufribles eufemismos de la prensa y politiquería actual- y dejar las cosas como estaban. O sea, en nada. Hasta nuevo aviso seguro. No es la primera vez que nuestros gobernantes y/o congresistas lanzan una de esas decisiones absurdas, creyendo que la gente "no va a decir nada" y luego deben retroceder porque, a pesar de la anomia que nos caracteriza como sociedad, resulta evidente que todo, hasta la conchudez de nuestros políticos, tiene un límite. Las manifestaciones espontáneas organizadas el mismo día de esos despropósitos fueron determinantes para evitar que se consume este atropello, este nuevo atropello, contra el sentido común. Es decir: si Rolando Sousa llega a ser investido como presidente del Tribunal Constitucional -otrora institución conformada por jueces serios, de experiencia, casi como un consejo de ancianos, tomando el lugar de lo que hace muchas décadas, representaba el Senado, tan añorado por Valle Riestra-, el paso siguiente es que Kenji Fujimori sea nombrado Premier y Tongo, ministro de Cultura. El problema es que, como dice Hildebrandt, no importan las instituciones ni sus nombres rimbombantes sino quiénes las ocupan. Y en ese sentido, el panorama sigue igual de oscuro.


domingo, 7 de julio de 2013

PARTIDOS DE EXHIBICIÓN LOS DE ANTES...



Hace una semana se produjo el publicitado "Duelo de Gigantes", partido amistoso de exhibición entre dos equipos de jugadores famosos -en un 60% por lo menos, ya que también hubo algunos nombres "de relleno"- en el Estadio Nacional. Inicialmente, la avalancha publicitaria lo anunciaba como el duelo entre "Los amigos de Messi" y "Resto del Mundo", equipos ficticios cuya principal atracción era, desde luego, el argentino Lionel Messi, considerado el mejor jugador de fútbol del momento. 

Aunque anunciaban que los fondos recaudados por la taquilla iban a ser donados, por más que busqué información en las cientos de notas que pululaban en Internet, no me enteré -por lo menos no a simple vista, algo que en esta época de acceso a la información en tiempo real ya resulta sospechoso- a qué institución se beneficiaría con estos ingresos. Paralelamente al partido, Messi donó no sé qué cantidad a la UNICEF, pero como algo personal según se colige de las informaciones periodísticas. Salvo que me esté confundiendo y esa sea la donación del partido de marras, hasta ahora no me queda claro si esa exhibición es benéfica o es un negocio para alguien más.

A pocos días del show futbolístico, Neymar, este jovenzuelo brasileño de talento sobredimensionado por la prensa deportiva, de poses grandilocuentes pero que hasta el momento no ha ganado nada importante en el fútbol de adultos, confirmó su presencia en el partido de Lima, con lo que el espectáculo pasó de ser "Los amigos de Messi" vs. "Resto del Mundo" a "Los amigos de Messi" vs. "Los amigos de Neymar", para aumentar la expectativa de los fanáticos de ese fútbol moderno que es, más que nada, un negocio de millones de dólares en publicidad, compra y venta de seres humanos al menudeo según unas cuantas muestras de talento emergente y sueldos estratosféricos para personas que solo son, al final de cuentas, deportistas sin mayores capacidades de hacer algo positivo por el mundo -salvo excepciones, desde luego, como el mismo Messi- y que pasan de ser, de un día para el otro, proyectos de jugador a estrellas multimillonarias del jet-set, con todos los desenfrenos y malos ejemplos que ello trae en su comportamiento, inmaduro por naturaleza al tratarse de jóvenes que acaban de cumplir la mayoría de edad.

Pero hablemos del partido en sí, que es en realidad lo que motiva este post. El tema no merece mucha atención en realidad, solo se trata de una idea que me ronda en la cabeza después de ver el encuentro, no tanto por haber sucumbido al condicionamiento de los mercachifles de la publicidad futbolera sino porque no tenía nada más que hacer esa noche. No vamos a discutir que puede resultar interesante ver en la misma cancha a jugadores como quienes nos visitaron, en el marco de una gira de partidos que los lleva por varias capitales de Sudamérica pero al verlos allí, matándose de la risa cuando cometían un error, dándose de palmetazos los integrantes de equipos contrarios y jugando, como quien dice, "a media caña", uno se pregunta si realmente es un partido de exhibición o si el público ha pagado sus costosas entradas -llenando el estadio, dicho sea de paso- para ver calentar a sus ídolos. Un tufillo de estafa ronda mi cabeza desde entonces.

¿Cómo no va a terminar 5-0 un primer tiempo de 30 minutos si el equipo perdedor tiene en el arco a un defensa y de delantero a un arquero? Ver a Marco Materazzi, el rudo defensa italiano que sufriera aquel mítico cabezazo de Zinedine Zidane en la final de un mundial, tapando como un niño de 8 años es francamente patético. O ver a Julio César, uno de los mejores goleros del mundo, corriendo torpemente por el área chica del rival, cuando lo suyo es el área chica propia y lanzando patadas oligofrénicamente, algunas sin siquiera darle al balón -lo cual me hacía recordar algunas escenas de El Chanfle- esa fantástica parodia futbolística del genial Chespirito. Eso no es un partido de exhibición, amigos, es una payasada.

Al margen de que este show haya tenido buenas intenciones o no, creo que el público (por lo menos el que realmente conoce de fútbol) debe haberse sentido algo desconcertado por estos ditirambos, promovidos supuestamente como gracia pero que, en el fondo, tienen elementos de poca seriedad. Yo recuerdo que, cuando era niño, se jugaban partidos de exhibición entre equipos de grandes jugadores, que se llamaban "Resto de América" vs. "Restos del Mundo" y uno podía ver a Héctor Chumpitaz reventando pelotas como cuando jugaba en serio, a Ubaldo Matildo Fillol enfrentándose mano a mano con Karl-Heinz Rumenigge sin hacer concesiones y así. Acá en el "Duelo de Gigantes", cuando Lionel Messi se llevaba a dos o tres defensas, ellos se reían y lo dejaban pasar, y las cámaras de altísima resolución captaban todo eso. La farsa completa.

Es increíble cómo la masa adicta al fútbol-negocio actual respalda esta clase de maromas publicitarias que nada tienen de espectaculares. Insisto en que no estoy cuestionando las buenas intenciones de reunir a jugadores que gozan de riquezas económicas exageradas para lo que hacen, en un contexto de pobreza mundial, y que donen dinero -aunque acá en realidad los donantes son los miles de fanáticos que han abierto sus billeteras para asistir al estadio- pero estos deportistas deberían brindar más de lo que hacen cuando juegan en serio, sin lesionarse por supuesto, para que sea realmente un espectáculo digno de verse, como los de antes.

miércoles, 3 de julio de 2013

LOS NUEVOS LÍMITES DEL "NUEVO" BARRANCO: LAS VERDADES QUE NADIE DICE (POR IGNORANCIA, INDIFERENCIA O POR COMPLICIDAD)

Barranco está abandonado a su suerte, convertido en mercancía al mejor postor, negociada por sus cuatro últimos alcaldes (Capriata, Del Pomar, Mezarina y Vargas) y en patio de fiestas de la nueva aristocracia que piensa que los museos sirven para hacer recepciones y que el distrito solo existe cuando se trata de restaurantes de moda, fotos en secciones sociales de papel couché y demás huachaferías de esta Lima inclusiva que no incluye a nadie. Solo los vecinos tratan de defenderlo, y no claudican en sus esfuerzos a pesar del silencio de la prensa, la clase política y los artistas que tanto se reclaman hijos del Puente de los Suspiros y as Estación. La licenciada Yvette Irán Ubillús Mimbela, vecina barranquina, expone con quirúrgica precisión los problemas que aquejan a su distrito y dice las verdades que nadie dice (por ignorancia, indiferencia o por complicidad)...


LOS NUEVOS LÍMITES DEL "NUEVO" BARRANCO
por Lic. Yvette I. Ubillús Mimbela

Las ciudades crecen inevitablemente, eso es cierto. Cierto es también que con ese crecimiento llegan los cambios que llenan de nostalgia a los que ven modificarse lugares entrañables para dar paso a lo nuevo, a lo “moderno”, a algo mejorado para provecho de la ciudadanía.

Todo eso lo entendemos los barranquinos. No somos pretenciosos, ni resentidos, ni hacemos rabietas porque no queremos ser parte de la ciudad de Lima o no nos interesa la mejora de la capital. Lo que nos indigna hasta la ira es que la impunidad triunfe, que se deprede nuestro hogar en beneficio de unos pocos, que se diga que hay progreso, cultura y respeto por la ecología cuando no es así; que se engañe y se calumnie acerca de la justa protesta de nuestra población haciéndola pasar por intolerante, caprichosa e indiferente, mientras unos cuantos se acomodan en las mejores posiciones del distrito para sacarle todo el provecho posible.


Sabemos que toda Lima colapsa por el tema del tránsito vehicular, ese en el que a todos se nos pasa la vida entre ruidos de claxon y groserías, entre combis y camionetas cuatro por cuatro que compiten por el título de los “más salvajes al volante”. Pero la responsabilidad de todo eso no es de Barranco señores, nuestro pequeño distrito es solo una víctima más de esas autoridades -pasadas y actuales- que con su ineptitud y poca honestidad nunca tomaron decisiones trascendentales para la ciudad y todo lo manejaron al menor presupuesto, el mejor postor y la mayor comisión.

Hoy Barranco les queda en el camino, les estorba, entonces la solución es reducirlo a la mínima expresión, cercenarlo con intencionado cuidado, dejarlo reducido a los nuevos límites que les convienen a los pudientes, que les gustan a los distinguidos. Entonces el nuevo Barranco limita: Por el norte Pedro Osma hasta los museos (MATE y Osma), por el este Grau hasta los restaurantes más conocidos, por el sur hasta el MAC y por el este hasta los acantilados y las playas tomadas por las construcciones ilegales. El resto del distrito es un desfogue, un corredor vial más por donde quisieran hacer pasar todo ese tráfico que les afea sus paseos, sus vistas desde las cafeterías, sus llegadas espectaculares a las alfombras rojas, entre otros; cosa que nunca lograrán porque, de Grau al Malecón, la prepotencia no tiene la facultad de ensanchar calles, crear avenidas; la prepotencia solo sabe mancillar e imponer.

Ese es el nuevo Barranco, el del Museo de Arte Contemporáneo que funge de local comercial para eventos sociales, incluidas bodas rimbombantes, que no se celebran gratuitamente de seguro, y donde las exposiciones no congregan tantos asistentes como la cafetería con ambiente interno y al aire libre dentro de un parque que pagaron los vecinos y que, con el cuento de que iba a impartir cultura, se lo quedaron unos cuantos empresarios influyentes, aplaudidos por nuestros alcaldes, intelectuales y líderes de opinión que no tienen la mínima idea de su valor para Barranco, ni les interesa saber y si lo saben, les da lo mismo. Lo que importa es salir en las revistas Cosas, Hola y Somos, posando con cualquier cosa que cuelguen en la pared o brindando con la socialité.


En el nuevo Barranco, los estudios de televisión invaden las calles, pistas y veredas para su uso permanente, transmitiendo desde las afueras de sus sets, con autorización de la alcaldía que es agradecida durante la transmisión en vivo, mientras todos los pobladores y visitantes de Barranco se enfrascan en un tráfico infernal porque el caos vehicular se multiplica por mil para favorecer las emisiones de los programas más rentables del entretenimiento nacional.

El Barranco de hoy le da la espalda a todo lo que está después de la Avenida Bolognesi, si pudieran lo donarían a Surco para que se hagan del problema del Metropolitano destructor e intocable, ese que los confinó al olvido hasta en los mapas de reordenamiento vial, que los discriminó sin reparos y que le brinda a la ciudad poco alivio en tema de transporte, sobretodo en el tramo barranquino.

Nunca hemos estado de acuerdo con un servicio de transporte público indigno y peligroso, pero advertimos que este no es la maravilla que nos quieren hacer creer, esa maravilla llamada Metropolitano cuyos buses se pueden incendiar en segundos, que viajan atestados de pasajeros, que ni siquiera es rentable para el municipio limeño, que no soluciona la necesidad de transporte de Lima. El Metropolitano es solo menos peor que los demás buses o combis.


En este nuevo Barranco, los acantilados son vendidos porque sí y listo. No se defiende el patrimonio porque demora mucho y seguro nos ganan, así que mejor lo rematamos a los mismos infractores, con lo que el círculo vicioso se hace perfecto. Lo mismo sucedió con las playas, donde no existe la autoridad y reina la diversión sin problemas, ni remordimientos. Todo hasta que ocurra un desastre natural. En ese momento todos se echarán la culpa por la tragedia y finalmente a ninguno tendrá la responsabilidad como en tantos casos de nuestra realidad nacional. En eso se amparan estos alcaldes de quinta, sus regidores incompetentes, los empresarios inescrupulosos que construyen hasta sin piso; en eso se amparan los que hacen muy buena caja con sus locales “de categoría”, esos que tanto ponderan los que se creen ciudadanos del primer mundo, en eso se amparan los que consumen esos servicios y compran esos inmuebles. Pero la factura de la naturaleza no admite coimas, ni arreglos bajo la mesa, solo se cobra cuando llega el día.

Nos acusan de creer que Barranco merece un tratamiento especial cuando no es así, sin embargo nuestro distrito aparece en segundo lugar en las guías turísticas después del centro histórico, es locación de los conciertos de muchos artistas nacionales, lugar de parada obligada para los artistas extranjeros, estudio de grabación al aire libre de comerciales, presentaciones de programas y capítulos de novelas y series. No les vamos a recordar nuestra tradición como distrito cultural para no sonar repetitivos, pero la realidad demuestra que Barranco es un lugar de mucha demanda y si todos esos usuarios frecuentes lo hubieran defendido tanto como lo utilizan y las autoridades hubieran sido inteligentes y honestas lo habrían preservado lo más intacto posible para realce de nuestra ciudad capital.


La verdad es que a nadie le importa, a unos porque están muy ocupados, a otros porque ni se enteran, a otros porque sus problemas les hacen desdeñar las de los demás, existe demasiada indolencia, indiferencia y olvido, de eso se valen todos estos infames para hacer lo que les da la gana. Mientras tanto se apaga la luz de un distrito amigable, que siempre ha dado la bienvenida a los visitantes y ha compartido con todos su belleza, un distrito diverso, ni de pitucos ni de pobres, sino el hogar armonioso de todos sus vecinos.

domingo, 30 de junio de 2013

¿ES BARRANCO LO SUFICIENTEMENTE IMPORTANTE COMO PARA DEFENDERLO?


Me imagino que eso se preguntan los principales "líderes de opinión" de la prensa convencional cada vez que reciben una carta, un correo electrónico, un post desesperado de los vecinos pugnando por conseguir su atención. Y supongo que la respuesta es negativa porque, ni siquiera ahora que el tema de la defensa del patrimonio barranquino ha ocupado algunos titulares en prensa escrita y televisiva, ha salido una voz fuerte que respalde los reclamos del vecindario de este emblemático distrito limeño y que haga frente, sin cálculos ni diplomacias que más suenan a complicidad, a las tropelías de la actual administración edil, liderada por la señora Jessica Vargas (del PPC), que se han visto coronadas por la venta, "en subasta", de los acantilados a las constructoras y los nuevos ricos que les hacen el negocio adquiriendo hedonistas departamentos con vista al mar, sin que les importe un rábano que esas moles de concreto, por muy bonitas que parezcan ser, depredan un espacio natural y público. Eso sin hablar del desprecio por su propia seguridad, pues para nadie es un secreto que, el día del gran terremoto, todos esos "lofts" desaparecerán con ellos dentro.

Desde hace más de tres años, soy testigo de excepción de los esfuerzos que realizan decenas de vecinos de Barranco -algunos de tercera y hasta cuarta generación- por conseguir apoyo en los medios de comunicación locales. Sus protestas, que se remontan a la construcción de las estaciones del Metropolitano, jamás fueron tomadas en serio por nadie. Desde la oficialidad, el municipio de Barranco jugó en pared con Castañeda para hacer realidad ese despropósito y levantar estaciones antitécnicas, antiestéticas y antipáticas en medio de la Av. Bolognesi -la principal avenida que daba orden al tráfico en el pequeño distrito- convirtiéndola en una extensión suprarrealista de la Vía Expresa (el mismo estropicio hicieron en el Centro Histórico de Lima y ahí tampoco escucharon a nadie, mientras los "líderes de opinión", fieles a su estilo, miraban para otro lado y silbaban al techo).

Barranco es un distrito que debería interesarnos a todos en Lima, y quizás no solo en Lima sino en todo el Perú. Es lo que pienso cuando me pongo en planes idealistas. Porque tiene historia, porque es cuna de artistas, porque posee algunos de los lugares más representativos del paisaje limeño, porque -con todo y el desorden que hoy se ha instalado en sus calles- sigue siendo mencionado como lugar turístico en cuanta guía de viajes y paseos por Lima uno encuentra. Pero la realidad es otra y el ninguneo que la prensa convencional hace con estas protestas vecinales -para favorecer, cómo no, los intereses particulares de toda la vida- me hace concluir que, cuando se trata de hablar de temas importantes, la protección de Barranco no aparece en la agenda de ninguno de estos periodistas, a quienes las asociaciones de vecinos buscan con desesperación, con la ilusión de que alguno de ellos se compadezca y haga suya sus denuncias.  

Cuando veo que los principales canales de televisión y periódicos de señal abierta hablan de la venta de los acantilados, casi como si se tratara de una novedad, sin asumir ningún compromiso ni ahondar en el tema, sin perseguir a las autoridades, sin criticar a los negociantes que están detrás de todo este problema, me doy cuenta de que la superficialidad de la nota es lo único que importa. Atrás han quedado los tiempos en que un periodista, un líder de opinión, se compraba los pleitos de una población desfavorecida y se iba contra las autoridades, capaces de poner miles de barreras, palabreos abogadiles, contratos, subcontratos y demás pretextos y argucias para no explicar nada y salirse con la suya. Ahora son sus cómplices, sus voceros y defensores. Las notas sobre "vecinos que protestan por la venta de los acantilados en Barranco" son solo dos o tres minutos de tomas anodinas que sirven para llenar una pauta y luego pasar a otra cosa. Con ese silencio mediático, las constructoras se sacuden un poco el polvo que les produjo el supuesto remezón y después siguen haciendo sus proyecciones, calculadora en mano, y vendiendo "depas" que, en algunos casos, terminan siendo comprados por los mismos periodistas a quienes buscaron los vecinos para que los defiendan.


El caso del tráfico es otro ejemplo de lo poco que les interesa Barranco a los llamados "líderes de opinión". En lugar de plegarse a la protesta de quienes viven allí y hacer eco de las voces que se alzaron en las redes sociales, respecto al desmadre provocado por el cambio de sentido en las avenidas Grau, San Martín y Centenario; los canales y periódicos pasaron por encima del asunto y escucharon como si fueran paredes, incapaces de poner en práctica esa ancestral técnica periodística de la repregunta, a los representantes de la alcaldesa Jessica Vargas decir que el impacto negativo fue mínimo, que de todas maneras "hay que seguir analizando los resultados del Plan Piloto" y que las protestas provienen de un sector reducido de la población de Barranco, porque siempre hay pues, inconformes dispuestos a no aceptar los cambios.

Todos -periodistas, artistas y políticos- se llenan la boca hablando de Barranco, el Puente de los Suspiros, la Ermita, Chabuca y veinte cosas más; cuando se trata de ensalzar algún subproducto de PromPerú o cuando se habla de las visitas de Mario Testino y sus modelos alfeñiques (cuyos pasajes aéreos son pagados por el Estado peruano) o cuando alguna personalidad del espectáculo mundial llega y se toma fotos en el bar Ayahuasca (como ocurrió con Jennifer López hace un tiempo). Sin embargo, cuando se trata de defender a este distrito que debería ser un remanso de paz en lugar de ser el infierno de tránsito intransitable que es (por culpa, básicamente, de esa sección del Metropolitano que no debió nunca pasar por allí y que debería ser removida para salvaguardar al distrito como bien público), ahí nadie dice nada. 

Si se trata de celebrar el día del pisco sour, el día del cebiche, la noche en blanco con hora loca incluida, el carnaval mamarrachento de "todas las sangres", ahí abundan las coberturas y hasta ponen de fondo el vals de Chabuca que habla del "puentecito dormido entre follajes y añoranzas". Pero si se trata de hacer una campaña para que cierren el restobar Picas -lo más cercano a una "zona roja", después del Parque Kennedy a medianoche- para recuperar el Puente de los Suspiros; o de hacer una campaña para que devuelvan el espacio de la clásica y familiar Lagunita, ahora convertido en esa cosa llamada Museo de Arte Contemporáneo (MAC) que tiene de museo lo que yo tengo de holandés y que es utilizado para fiestas y recepciones de la socialité limeña, como si se tratara de un Centro de Convenciones; o de hacer una campaña para que desaparezcan las estaciones del Metropolitano de Barranco y que en lugar de ellas, circulen buses alimentadores y el pequeño distrito vuelva a la tranquilidad... nadie dice nada. Nadie se compra el pleito. Nadie arremete, con el peso de sus pantallazos y periodicazos, para que la voz de los ciudadanos se escuche y se obedezca.

Salvo al apoyo público de Juan Sheput Moore, que ha sido, a la sazón, vecino de Barranco; ningún político ha salido a defender a las calles y acantilados del distrito de la destrucción a la que vienen siendo sometidas por el tráfico infernal y las construcciones inescrupulosas. Salvo Gianfranco Brero -que vive en una de las calles que terminaría más afectada si se perpetra el llamado Plan Piloto- ninguna personalidad del espectáculo (ni del serio ni del farandulesco) se toma la molestia de apoyar a la vecindad barranquina que, sin contactos en la prensa, sin padrinos y sin presupuesto, lucha a duras penas y desde hace años, por recuperar para la ciudad un distrito cuya imagen es utilizada por propios y extraños a conveniencia. Esa actitud de desinterés por lo importante, es la que ha definido a nuestras dos últimas generaciones, con las excepciones que siempre hacen la regla. 

Por cada persona que entiende la importancia de defender el patrimonio barranquino, hay cientos que salen a decir que "si no es de importancia nacional no es noticia" y pasan de largo, pensando que son exageraciones de gente resentida o mezquinas intenciones de soliviantar a la gente con fines electorales. Pero salen corriendo a las discotecas del boulevard Sánchez Carrión a pegársela cada fin de semana, a tomarse fotitos en el Parque Municipal para el "feis" y a tomarse un coca sour en el Ayahuasca, bien poseros todos. A ellos habría que preguntarles si consideran Barranco como algo importante o si les da igual que pase de ser un distrito emblemático a ser patio de juergas de quienes no viven allí.

martes, 18 de junio de 2013

IQUITOS: LA CIUDAD SIN TAXIS


Desde que el avión inicia el descenso, ya se siente calor. Veinte minutos después, sales a la explanada del aeropuerto Coronel FAP Francisco Secada Vignetta y te caen encima, cual pirañas de La Parada, compadres que, según ellos amablemente, quieren jalarte a sus mototaxis -acá les llamas "Motokares" así, con "k"- casi a empujones. Se empujan entre sí y te empujan a ti para llamar tu atención. Eso sí, ninguno deja de decirte "buenas tardes, señor" a gritos, como si con eso le bajaran el tono a la inmensa falta de respeto y atropello al espacio vital que en ese momento cometen. No importa si estás llamando por teléfono a alguien, acomodando tus papeles o simplemente, respirando hondo para aguantar los chifones de aire caliente -de 25ºC para arriba- que te aturden de entrada. Entre la maraña de camisas azules surje un taxista. Será el último que verás porque aquí en Iquitos, los taxis no existen.

En primera, el taxista que hace servicio en el aeropuerto te dice que tengas cuidado porque la mayoría de mototaxis son "piratas" y está entre sus costumbres robar, secuestrar y "marcar" a sus clientes. Felizmente, no tengo cara de extranjero ni cargo gadgets costosos que revelen mi "status" de persona "asaltable". Así que, si llegaste a Iquitos y pasaste del aeropuerto a tu hotel (sea cual sea) en un automóvil, apunta al toque el teléfono y si es posible, hazte amigo del taxista para que él mismo te lleve cuando tengas que embarcarte a Lima. De lo contrario, puedes sufrir un terrible mal rato a la hora de regresar a la civilización.

Ya ubicado en el medio de la ciudad, con tus cuatro cosas instaladas en el hotel -si vienes en plan de trabajo, de hecho traes pocas cosas, para dos o tres días- cuesta acostumbrar los sentidos al ambiente selvático, esa atmósfera recargada de humedad que abochorna, hace sudar y por último, desespera hasta al más paciente. Si es lunes, los pocos restaurantes y bodegas que existen, abren a partir de las seis de la tarde. No hay puestos en las esquinas ni tiendas ni supermercados en los alrededores de la Plaza de Armas-de los conocidos- salvo que camines hasta la quinta cuadra de la avenida Próspero (el nombre resulta terriblemente paradójico) que es una especie de Av. Perú pero de un solo carril, pensando en carriles para autos. Por ese único carril, zigzaguean amenazantes decenas de "motokares" rojas y azules -las que brindan servicio de transporte- que se entremezclan con "motokares" privadas y motos lineales de personas naturales, trabajadores, estudiantes, mensajeros, etc.

En cada esquina de la ciudad de Iquitos, enjambres de mototaxis hacen carrera para conseguir pasajeros. No gritan, como los insoportables cobradores de nuestros microbuseros y combis, pero sacan los brazos y te señalan para saber si vas o no vas. Casi todos van con lentes oscuros, de manera que es casi imposible hacer reconocimiento de intenciones mediante la observación del rostro del chofer, y chalecos naranjas, quizás lo único que los identifica como "formales" (además del registro de empadronamiento que, según los expertos, ubican junto a la placa de rodaje aquellos "motokares" que podríamos considerar legales). Este es el único medio de transporte público disponible... miento, hay también algunas líneas de microbuses de madera, que literalmente circulan desde el siglo 19 (les cambian el motor a las carrocerías y listo) pero se ven tan destartalados y viejos que da miedo subirse. Además, con los 32ºC que hace, la sola idea de sentarte en un micro que anda repleto y avanza como tortuga, esquivando motos que parecen avispas, es suficiente para no hacerlo. No te queda otra, tienes que usar los mototaxis.

Y tienes que usarlos porque, por muy cortas que sean las distancias que vayas a recorrer, si las acometes caminando tendrías que cargar contigo un maletín repleto de kleenex perfumados, pañuelos, papeles higiénicos, desodorantes y desinfectantes de toda marca y color. "No hay manera" como diría alguien por ahí, una variación del huachafísimo "no hay forma". Y cuando te acostumbras, hasta refrescantes son. Sin puertas ni ventanas, son el pretexto perfecto para que algo de aire fresco te golpee la cara. Un par de cuadras en uno de esos mototaxis, después de caminar un poco bajo el sol, puede ser hasta reconfortante. Y como de todas maneras no hay otra forma de movilizarse, lo que queda es resignarse y vivir la experiencia.

Este es mi segundo día en Iquitos y no he vuelto a ver un taxi más, aparte del que me sacó del aeropuerto hacia el centro. Y al cual llamaré mañana cuando deba regresar a Lima. Entiendo que es el sistema de transportes por antonomasia en nuestra olvidada amazonía -solo recordada para las fotos de Marca Perú en lugares turísticos y en las bellezas naturales que, ciertamente, no forman parte del día a día en sus principales calles- pero algo debería hacerse para que no produzca esta sensación de caos, desenfreno y peligro permanente. No conozco datos estadísticos respecto de cuántos están o no empadronados, si cuentan o no con licencias, si cumplen o no con cuestiones mínimas de seguridad pero, de cada diez personas, siete me comentan que son riesgosos y muchos de ellos han ocasionado diversos accidentes de tránsito, algunos mortales. Una revisión a los principales telenoticieros locales basta para darse cuenta de ello.

La infraestructura de Iquitos, como siempre en el interior de nuestro país, es de llorar, y los periodistas locales -los más antiguos sobretodo- lidian a diario con las corruptelas de los gobiernos locales y regionales y detestan al actual presidente del Congreso, representante de Loreto, Víctor Isla. Quizás haya cosas bonitas que ver en Iquitos, -pienso en el Amazonas, en las reservas naturales que tanto les gustan a los videomakers de PromPerú- pero por lo menos yo no las he visto en esta visita de carácter urbano y laboral. Las calles y comercios rezuman pobreza, el alumbrado público es insuficiente, las pistas no están asfaltadas, las conexiones a Internet son lentísimas.

Sin embargo, no faltan las discotecas, los conciertos de Marisol, los polos bamba de la Marca Perú, las ofertas de "diversión nocturna" y las gigantografías de Cristal anunciando su campaña de "la fiesta de 28 de julio, como se debe", todo esto sin mencionar el maldito secreto a voces del comercio sexual de toda clase, incluido el infantil, una de las razones más escabrosas -y comunes- que impulsan el turismo a esta tierra golpeada por el inclemente clima selvático, que valida el crimen y estimula una de las actividades criminales más execrables del mundo. La juerga y la cochinada son las únicas cosas que conectan a Iquitos con la modernidad. En lo demás parece que siguiéramos en la era del caucho. Mientras tanto, siguen diciendo que al Perú le va bien económicamente. ¿Al Perú o a Lima? ¿a Lima o a una parte de Lima? 



domingo, 9 de junio de 2013

PERÚ 1 - ECUADOR 0: CON GOL CHAMPERO DE PIZARRO, GANAMOS...


Carlos Zambrano lanza un pelotazo desde la media cancha, un gran cambio de frente de derecha a izquierda. Juan Manuel Vargas recibe y, a la fuerza, consigue sacar un medio centro como en sus días de gloria, antes que sus escarceos con el prostíbulo farandulero pasaran a ser más importantes que su futuro futbolístico. La pelota es interceptada por un defensa ecuatoriano y rebota en la cabeza, sin dirección, de Claudio Pizarro. Impulsada hacia arriba - podría haberse ido al lateral o al saque de meta - le da tiempo a que Pizarro, este jugador a quien todos adoran pero que jamás ha hecho nada por la selección peruana, se voltea torpemente y casi sin fijarse, saca la pierna derecha con la intención de disparar al arco, en una especie de media volea oligofrénica. El empeine, como claramente se ve en las miles de repeticiones que, compulsivamente, han transmitido todos los canales durante el fin de semana, queda en el aire y la pelota le choca en la parte baja de la canilla. La velocidad de la jugada desconcierta a la defensa rival y el arquero, que salió a cazar mariposas, no pudo contener el balón. Gol de Perú. Las tribunas, repletas de monos con camiseta rojiblanca, estallan de sobreactuada alegría. Aun no estamos, ni siquiera cerca, en posibilidad de pensar que llegaremos al Mundial de Brasil 2014

Los titulares del día siguiente hablan de heroísmo, de revanchas, de golazos y reivindicaciones de un tipo que durante años se ha dedicado a crear un mito de sí mismo, ayudado por las crónicas inflamadas - y quizás hasta pagadas - de periodistas deportivos de prensa escrita y televisiva que alaban hasta el más mínimo de sus movimientos. Pizarro juega bien hasta cuando no toca la pelota, dicen algunos de sus fans. Tiene ojos hasta en la nuca, glosa Ramón Quiroga, quizás bajo los efectos de un buen vino argentino combinado con los humos de los habanos que suele fumarse antes de cada transmisión en CMD. Daniel Peredo, sobreexcitado, le agradece al cielo que por fin, después de tantos yerros involuntarios y maledicencias de sus enemigos, Claudio estuviera allí, en el área, donde solo están los mejores. Palabras que las pantallas, como el papel, aguantan sin límite, porque cuando se trata de embrutecer a la masa y hacerle el negocio a los de siempre, los escrúpulos y la veracidad quedan siempre en segundo plano.

Claudio Pizarro juega, desde hace años, en Alemania y, valgan verdades, se ha convertido en leyenda goleadora gracias a que siempre estaba allí, para concretar las alucinantes jugadas elaboradas desde afuera por sus compañeros de ocasión, todos excelentes jugadores, ya sea en el Werder Bremen o el Bayern Munich, los dos cuadros bávaros donde ha ganado todo su prestigio internacional y fortuna personal. Sin embargo, cuando se ha tratado de jugar por la selección peruana, nunca - ni en sus veintes - replicó esas hazañas de goleador caza-pelotas ni marcó la diferencia, esa que suelen marcar las verdaderas estrellas de nivel mundial. Siempre nos han vendido la idea de que Claudio Pizarro era capaz de hacer maravillas en la cancha pero todo quedó siempre en una ilusión, fabricada para su propio provecho, que ni hasta el más afiebrado de sus hinchas podría justificar con hechos reales (ver estadísticas de goles de Pizarro con la selección y convénzanse de su ineficacia, aunque él diga que "eso no es lo que importa").

Por el contrario, el paso de Claudio Pizarro por la selección tiene recordación por hechos 100% negativos: a) el escándalo del Hotel Golf Los Incas (del que nunca debió salir bien librado), b) las sospechas de que, sobre la base de su poder económico, tomaba decisiones que le correspondían a los técnicos, incluido el actual y c) las ínfulas de capitán que le hacen ponerse por encima de jugadores más talentosos y efectivos que él para patear un penal, darse el lujo de fallarlo y después, ponerse majadero con una prensa a la que mangonea a su gusto, quien sabe si es por la injerencia que tiene hasta en el pago de ciertas planillas.

Este gol frente a Ecuador fue, a todas luces, un golpe de suerte, un champazo, para hablar en el lenguaje popular de quienes alguna vez hemos corrido detrás de una pelota. No fue un prodigio de ubicación o precisión o inteligencia. Es verdad, los partidos se ganan con goles y en esta época sonaría ridículo desear que todos sean hechos con filigrana, fineza o extremado lujo. Pero no estoy pidiendo eso. No me molesta que Perú haya ganado con gol de Pizarro. Me molesta que la masa (la suma de prensa deportiva con hinchada sin dignidad) le pase por alto todas las malcriadeces de las cuales ha sido capaz este tipo, solo porque hizo un gol de chiripa, en las antípodas de lo que hacen los grandes goleadores que definen partidos, generan situaciones permanentemente, ponen en jaque a las defensas rivales todo el tiempo. Con Claudio Pizarro nuestra selección no tiene nada de eso, la hinchada vive mendigando sus golpes de suerte, sus champazos. Y cuando le sale uno, le lanzan flores, le organizan homenajes, le levantan monumentos. Hinchada más mandilona que la peruana, ninguna.

¿Qué pasará el martes con Colombia? quizás lo mismo de siempre. Ahora, con todos estas exageradas y triunfalistas manifestaciones del público, Pizarro y compañía se relajen y los colombianos nos pasen por encima, en virtud de su buen futbol y una regularidad a prueba de balas en todas sus líneas. Y cuando le pregunten a Pizarro ¿qué pasó? él quizás responda: nada pues, perdimos, ¿cuál es el problema? Y acto seguido, tome su vuelo de regreso a Alemania a seguir empujando las pelotas que otros le ponen, servidas, en el área. Y Daniel Peredo dirá que, aunque no toque la pelota durante 80 minutos de 90 que tiene un partido, su presencia táctica es insustituible. Y las hordas de hinchas que salen a la calle con sus casaquillas rojiblancas, compradas en almacenes chilenos, saldrán a cantar el Himno Nacional mientras tocan el claxon en los oídos de la gente, compran piratería (o entradas de reventa) y cholean a discreción. Porque estos fanáticos del futbol peruano han creado una nueva concepción de patriotismo: son incapaces de respetar las más básicas normas de convivencia ciudadana pero se ponen la mano al pecho y cantan porque Pizarro hace un gol, casi sin darse cuenta.

Los medios de comunicación masiva, en lugar de esclarecer todas las dudas relacionadas a aquel escándalo en el cual estuvo involucrado Claudio Pizarro, según el cual percibía dinero como representante de otros jugadores, estando eso prohibido en su condición de jugador profesional activo,se la pasan endiosándolo y lavando su imagen, una imagen carcomida por la pedantería y el poco respeto mostrado hacia una camiseta con la cual no llega ni a los diez goles, en tres Eliminatorias y una Copa América. Y para darle color a toda esta farsa, invitan a las concentraciones a dos "amuletos" externos: don Oscar Avilés, leyenda viva de nuestra música; y un encantador niño de provincia, que ha ganado popularidad gracias a un comercial de televisión. Me pregunto: ¿por qué en lugar de hacer reportajes y semblanzas de su vida, en las que nos hablan de las "raíces negras" de Pizarro, no nos cuentan con cuánto se están portando todos estos seleccionados para que ese niño coma un poco mejor? ¿estarán haciendo algo por él?

miércoles, 5 de junio de 2013

PROGRAMACIÓN MUSICAL EN LAS RADIOS: ¿DEBATE ÚTIL O PÉRDIDA DE TIEMPO?


Se habla mucho, en las últimas semanas, de un proyecto que busca colocar una "cuota porcentual" de artistas peruanos en las parrillas de las radios musicales para promover las producciones nacionales frente a la avalancha de grupos extranjeros que, aparentemente, le estarían robando espacio a jóvenes músicos, particularmente de géneros pop y rock, que no encuentran manera de promocionar su material a través de este medio de difusión artística, cada vez más convencional, habida cuenta de que todas las herramientas que ofrece la actual plataforma virtual para dar a conocer una canción, independientemente de que esta sea buena o no, son utilizadas de manera compulsiva, tanto por los artistas de trayectoria como por los novatos que buscan hacerse conocidos a toda costa.

Reitero: particularmente el pop y el rock - porque hay otros géneros cultivados por peruanos, como la cumbia, la salsa y nuestras músicas folklóricas, tanto de costa, sierra y selva que sí han aumentado, en algunos casos desmesuradamente, su exposición mediática, y esto también al margen de su calidad, sino impulsados por un gaseoso concepto de comercialidad que apela a reacciones primarias del público - nunca han sido tema de conversación en el corrillo oficial (el establishment) y por eso sorprende que ahora se hable de esta situación, que dicho sea de paso no es nueva, aunque sí exclusiva de nuestro país (en Argentina, por ejemplo, hay emisoras cuya programación es 100% de artistas locales, festivales masivos de géneros musicales específicos, donde los extranjeros son la excepción a la regla, etcétera). Una idea más: este tema ha dado el salto de las redes sociales a los medios de comunicación "normales" tras las reacciones destempladas, y por cierto muy merecidas, que recibieron los comentarios de un politicastro de pacotilla, que se lanzó una paparruchada inaceptable para quienes algo saben del tema.

El simple hecho de que personajes como Alfredo Ferrero, el politicastro de marras, o Aldo Mariátegui hagan comentarios respecto de este asunto es una prueba de la poca importancia que tiene el análisis de la difusión musical en el Perú. Por cierto, reducirlo todo a temas de "cuotas porcentuales" refleja una inmensa ignorancia y desinterés por explorar más un tópico que tiene, cómo no, de negociado y compadrazgos (para conseguir un espacio en la programación de una emisora) pero también tiene de aspectos sociológicos, artísticos y, por supuesto, de los niveles de expectativas de un público con una formación educativa deplorable y cada vez más pobre, que le impide ejercer un sólido control de calidad frente a aquello que los mercachifles de la industria discográfica nos quieren vender a toda costa.

Resumiendo: todo se maneja desde las cajas registradoras de los dueños de las radios. Esto significa que, si tienes una banda de rock y quieres que tu canción suene en las principales emisoras, entonces debes ser entrevistado en el segmento de espectáculos del Grupo RPP y lograr que hable de ti La Chola Chabuca. Para ello, tienes que asegurarle una ganancia monetaria concreta a quien te propale. No necesariamente pagarle en efectivo (lo cual sería una ramplona coima, que también las hay) sino ofrecerles mucho rating, publicidad o "imagen". Es decir, si eres hijo del productor de Gianmarco, la haces en una, así tu música sea impasable. La otra opción es que hagas un vídeo con toques faranduleros (calatería, cumbia estilo Los Hermanos Yaipén o estupideces que "la rompan" en el youtube como las de La Tigresa del Oriente y afines (la última de ellas es, desde luego, esa porquería llamada Agüita de coco). Hoy más que nunca, la presencia en medios no depende del talento sino de la plata que haya detrás, sea que llegue en forma de un cheque, de una promesa de imagen o de popularidad chicha, de una expectativa tangible de ventas tan masivas como inescrupulosas.

Sonar en la radio, para mí, es sinónimo de superficialidad, de éxito efímero pero insostenible en el tiempo. Todo lo que suena en la radio está hecho para agradar a la masa con poco criterio, poco esfuerzo y poca trascendencia; y en ese sentido, que haya un grupo de artistas que se quejen porque "no los dejan salir en la radio", así como están las cosas hoy, representa más una angurria por la mediatización de sus producciones (ya ni propuestas musicales las llamaría) para venderlas lo más rápido posible. Es verdad, la música es un negocio y los intérpretes graban sus canciones para vivir de ellas, pero en temas realmente artísticos hace tiempo que calidad no es sinónimo de éxito comercial. Todo lo contrario. 

Los músicos, compositores y cantantes de calidad jamás saldrán en la radio o en la televisión. Es más, no merecen salir en ellas tal y como son manejadas actualmente. Si las radios y los canales pudieran ser asociados con medios identificados con la difusión de música de calidad, bien hecha (desde una canción de cuna hasta un thrash metal), quizás me solidarizaría con sus reclamos. Pero si lo que quieren es compartir rankings con el omnipresente Gianmarco, Los Yaipenes, Libido, Pedro Suárez Vértiz, entre otros que sí tienen una presencia constante en la radio actual, me huele a que su siguiente ambición es ser invitados a un capítulo de Al fondo hay sitio, epítome de la fama en nuestra sociedad peruana, reñida hasta la muerte con el buen gusto y el trabajo talentoso de músicos de verdad, algunos de ellos con carreras de décadas, ignoradas consuetudinariamente por los medios oficiales. 

Recuerdo haber escuchado, hace unos días, en uno de los capítulos de That Metal Show, al ícono del rock teatral de los 70s Vincent Damon Furnier, más conocido como Alice Cooper,decir que extrañaba las épocas en que las listas de éxitos en las radios estaban conformadas íntegramente por bandas de rock, blues y hard rock. Hoy, de cada doscientos títulos (en los que vemos a raperos, calichines del country como Taylor Swift o Blake Shelton o divas de cartón como Lady Gaga, Rihanna, Beyoncé y afines), solo tres pertenecen a rockeros de verdad, afirmó Alice. La segregación en este caso no depende las nacionalidades, como sucede aquí, pues el debate se centra en por qué se les da más preferencia a los extranjeros que a los oriundos, pero de alguna manera se repite una constante: figurar en los rankings de éxitos, consecuencia lógica de sonar todo el tiempo en la radio, no es ni por asomo un efecto ni del talento individual del artista, ni de su trascendencia, ni siquiera de las preferencias del público, sino de los negocios que corren detrás de cada tendencia inventada desde una oficina de marketing.

Y quizás siempre haya sido así. Si no ¿cómo se explica uno que, con un bagaje grabado de más de 50 años de música, los programas de recuerdos pasen las mismas 100 canciones toda la semana, en diferente orden? Porque algún marketerito ha dicho, desde siempre, que la gente gira el dial cuando no escucha lo que siempre ha escuchado. Lo cual en esta época es peor y, por tanto, más irreversible que nunca. Entonces, ¿vale la pena la polémica iniciada por un cero a la izquierda en música (y en otros temas también, aunque haya sido ministro de no-sé-qué y lo entrevisten por todas partes) o es solo una pérdida de tiempo? ¿esto terminará en que escucharemos la última Flor de Loto en lugar de la última de Gianmarco o que en los recuerdos nacionales escucharemos alguna de El Polen en lugar de El último beso de Los Doltons? No lo creo.


sábado, 1 de junio de 2013

YO SOY: CREANDO CULTURA MUSICAL



La televisión nacional está llena de bodrios impasables, infectas sucesiones de vulgaridades que, bajo el pseudónimo de "programas-concurso", pudren la ya menoscabada mentalidad de nuestros niños, jóvenes, padres de familia y maestros de colegio con conductores estúpidos, "monos calatos" - como los llama Hildebrandt - que fungen de participantes y hordas delincuenciales de anunciantes, ladrones de cuello y corbata a quienes no les tiembla la billetera para soliviantar estos espacios burdelescos con el floro monse de "programa vendedor que le gusta a la gente". Si necesitan nombres, pues les suelto algunos: Esto es guerra, Combate, Bienvenida la tarde, y todas las clonaciones que estos esperpentos generan en otros canales.

Por otro lado están todos esos segmentos de espectáculos que, a raíz de la desaparición de Magaly Medina, extendieron su purulento estilo luego de provocar la muerte televisiva de su creadora. Quienes pensábamos que el retiro voluntario de la detestable "reina de los ampays" era una expresión de (tardía) higiene a las pantallas de nuestra televisión, nos equivocamos groseramente. Como una mala operación de cáncer, la salida del aire de Magaly TV provocó la metástasis de la telebasura y hoy tenemos canales cuya programación, desde los albores de cada día, nos carcomen la paciencia y envenenan los círculos sociales con noticias acerca de personajes intrascendentes, mugrientos y destalentados; narradas y presentadas por otra bola de tarados, que elevan diariamente a la categoría de íconos sociales a hombres y mujeres que son la epítome del mal gusto, en todas las manifestaciones que puedan darse de la vulgaridad y la huachafería.

En ese sentido y sin ser la maravilla, el programa-concurso de imitadores Yo Soy se erige como el único que puede verse sin que las náuseas nos invadan el espacio entre pecho y espalda. Por una simple y sencilla razón, que quizás compartan todos aquellos melómanos como yo: su estructura y objetivo principal (descubrir nuevos imitadores de cantantes famosos) está creando, casi sin darse cuenta, un poco de cultura musical en una masa deforme de tele-espectadores que, probablemente, sintonizan el programa por razones totalmente diferentes a un genuino interés por conocer artistas, canciones y géneros musicales totalmente opuestos a lo que escuchan siempre en sus casas, en los micros, en los mercados o en sus iPhones.

Escuchar temas como Rayito de luna (Los Panchos), Quién fuera (Silvio Rodríguez), Creeping death (Metallica), Move over (Janis Joplin), Comienzo y final de una verde mañana (Gilberto Santa Rosa) o Dancing days (Led Zeppelin), solo por nombrar algunos, en una señal abierta que todo lo ve Los Hermanos Yaipén y de allí para abajo, en caída libre, hasta las ciénagas de la garganta de Tongo; es casi una bendición. A mí la televisión peruana me genera unas arcadas que no solo son una metáfora del asco, sino que son físicamente reales. Sin embargo, trato de no perderme Yo Soy y a sus participantes, pues ofrecen una paleta diversa de canciones que no podría esperar en ningún otro momento ni canal. Y estoy seguro que ese no era uno de los objetivos del equipo de producción que lidera Ricardo Morán, a la sazón uno de los jueces del programa que hoy me suscita estas líneas.

Él y las otras dos personas a cargo de calificar a los participantes - empeñosos algunos, muy talentosos los que quedan en el tramo final de cada temporada - hacen un trabajo de mediano para abajo, sobre la base de sus propias limitaciones. Es diferente tener de jurado, en lo musical, a Randy Jackson (el gran bajista norteamericano que ha tocado con todos desde Barbra Streisand hasta Journey) que al mencionado Morán y Maricarmen Marín. Mientras el primero de ellos se las quiere dar de muy conocedor y dotado de un oído perfecto, la segunda está, como el público, recién conociendo a los artistas que representan los concursantes (en algunos casos, no puede ni siquiera pronunciar sus nombres). El caso de Fernando Armas, cómico e imitador de experiencia y recorrido, quizás las cosas no sean tan reprochables, además él mismo ha dado muestras de aceptar que, con relación a ciertos artistas y géneros, más es lo que tiene que estudiar antes que calificar de buenas a primeras algo que no entiende del todo bien.

En cuanto a la pareja que "co-conduce" (¿¿¿???) Yo Soy, pues son definitivamente los puntos más bajos del programa: Karen Schwarz es una niñata que divide su tiempo entre hablar tonterías farandulescas por las mañanas y hablar tonterías con los participantes durante cada emisión del show y Adolfo Aguilar es, simple y llanamente, insoportable. Sus bromas y parloteos, sus gestos y bailes ridículos, sus peinados y ternos huachafos son lo más cercano a una razón para no ver el programa. Pero la música es más fuerte. Y también lo es el talento y el buen gusto exhibido por muchos de los participantes. Ver a una multitud de jóvenes dando vivas a tres señores que imita a Los Panchos (trío de boleros cuya máxima fama se dio en la década de los 50s) es por momentos esperanzador. Quizás no es la manera más adecuada y duradera de generar cultura musical, pero de alguna manera transversal a sus originales propósitos, me parece que el programa lo consigue. 

Por eso lo veo y espero que los participantes sigan escogiendo artistas de géneros diversos que saquen a la audiencia del marasmo que producen la cumbia y Gianmarco, para que se den cuenta de que hay muchas otras cosas qué escuchar y apreciar. 

viernes, 17 de mayo de 2013

YES: INTENSA NOCHE PROGRE EN LIMA


Desde que aparecieron en el ambiente musical, en 1968, Yes dio claras señales de no ser una banda común y corriente. En medio de tendencias anquilosadas para cada década - la psicodelia a fines de los sesenta, el rock duro de los primeros setenta y el punk de los segundos, el pop de estadios y el metal de los ochentas, el grunge de los noventas y el repetitivo post-rock de los 2000s - el quinteto siempre se las arregló para marcar la pauta de un sonido propio y distintivo que, a pesar de encontrarse en los linderos de un género específico (el rock progresivo), conseguía trascender, sobre la base de una destreza instrumental superior a la del promedio, cualquier intento de rotulado. Eso, en sí mismo, constituía una declaración de principios por demás rockera, a contramano de sus críticos - de entonces y de ahora - que suelen tacharlos de pretensiosos y demasiado "académicos" para encajar en la concepción rebelde y anti-todo que se asocia al rock.

Musicalmente hablando, Yes se destacó del resto y muy a su manera, estableció el concepto de lo que debía ser un grupo de rock progresivo, por lo demás un concepto que se expande en la medida de la capacidad creativa e interpretativa de sus principales exponentes. Así, el rock progresivo se presenta como un subgénero del rock básicamente paradójico: elitista, pues no admite la simplicidad y, al mismo tiempo, de límites muy abiertos puesto que, en las mentes y manos correctas, las posibilidades de hacer música compleja y adelantada a su tiempo aumenta de manera exponencial dependiendo de cada grupo. Por eso es tan diversa la paleta de sonidos que, tanto Yes, como los otros grandes nombres del rock progresivo, han producido durante cuatro décadas y que, como comprobamos anoche en el Parque de la Exposición, resiste largamente el paso del tiempo.



EL CONCIERTO

Catorce años después de su primera visita, la banda llegó a Lima con un show en el que tocan tres álbumes fundamentales de su larga discografía: The Yes album (1971), Close to the edge (1972) y Going for the one (1977), en una ambiciosa gira por Latinoamérica y Estados Unidos. Esta gira, intuyo, ha sido programada para presentar en sociedad al nuevo vocalista del quinteto, Jon Davison, un cantante norteamericano que apenas se unió a la banda durante el 2012. Como todos los seguidores de Yes sabemos, en el 2011 se lanzó al mercado Fly from here, vigésimo álbum en estudio, grabado con Benoit David como vocalista, en reemplazo del fundador Jon Anderson, quien se había separado por motivos de salud. Curiosamente, David abandonó la banda poco después, también por problemas físicos y, casi de la nada, apareció Davison a completar el cuadro, convirtiéndose en el cuarto vocalista de la historia del grupo. 

Poco antes de las 9:00pm, el marco del Parque de la Exposición no podía ser mejor: el auditorio, que debe haber albergado a no más de 10,000 personas, lucía repleto y en la atmósfera se respiraba la expectativa de los conocedores. Todos estábamos advertidos de qué iba el show: tres álbumes tocados íntegramente, de principio a fin y en orden. Lo que no sabíamos era cuál abría el show. Luego de unos cuantos minutos de espera, las luces se apagaron y una serie de imágenes de las épocas doradas del grupo, combinadas con las carátulas de los discos, fotos de sus conciertos por todo el mundo y una extraordinaria música de fondo acompañó la aparición de los cinco músicos quienes, entre aplausos, tomaron sus instrumentos con parsimonia. El viaje astral estaba por empezar.

Close to the edge, And you and I y Siberian Khatru abrieron el espectacular derroche de virtuosismo que estos maestros nos brindaron anoche. Casi cuarenta minutos de uno de los discos capitales de la movida progresiva de los 70s (el cuarto en la carrera de Yes), en versiones más prolijas e impresionantes arreglos, que no hacen más que aumentar el impacto que producen. Luego siguieron Going for the one, Turn of the century, Parallels, Wonderous stories y Awaken, del octavo álbum de la banda, que marcó el límite entre el Yes místico y los primeros coqueteos con un sonido más accesible. La tercera y última parte fue para The Yes album, y sus clásicos Yours is no disgrace, Clap, Starship trooper, I've seen all good people, A venture y Perpetual change. Este disco, el tercero de su discografía es, sin dudas, uno de los favoritos del público. Cada pasaje instrumental en cualquiera de estas tres producciones discográficas parece extraído de una dimensión mágica, sobrenatural. Cuarenta años antes de la llamada "nueva era", esa combinación de teclados, bajos retumbantes y guitarras multifacéticas alternadas con bouzoukis y mandolinas ya presagiaban hacia donde iba la música, independientemente de membretes encorsetados y tendencias programadas con fines comerciales. No conformes con este despliegue de musicalidad, el quinteto nos regaló un bonus track: la poderosa Roundabout, tema emblemático de Fragile (1972), otra joya del progresivo británico.



LOS MÚSICOS DE YES: TALENTO A TIEMPO COMPLETO

STEVE HOWE (guitarras, coros): la increíble versatilidad de este guitarrista de 66 años es impresionante. Desde rápidos ataques rockeros hasta finos arreglos clásicos, desde las reminiscencias de country heredadas de Chet Atkins (y perfeccionadas al máximo) hasta ese toque en octavas de pura raigambre jazzística, Howe hace realidad el sueño de cualquier aspirante a guitarrista: ser capaz de llenar cada segundo del espectro musical con notas precisas y claras. Su arsenal de instrumentos incluye mandolinas, bouzoukis, guitarras acústicas, Fender eléctricas y la imponente steel guitar con la que decora cada pasaje instrumental elevándolo a la estratósfera. Un genio que ingresó a la banda en 1970 y le cambió la cara por completo y que sigue asombrándonos con su toque único. Momentos clave: el solo de steel en And you and I, todo en Yours is no disgrace y particularmente, Clap (hubiera dado lo que sea para que la tocara dos veces). El solo final de Starship trooper fue sencillamente apoteósico.

CHRIS SQUIRE (bajos, coros): la columna vertebral de Yes. Hay personas que no pueden faltar en una banda y ese es el caso de este portentoso bajista, el único integrante de la banda que ha estado presente desde su fundación. El tono profundo y la distorsión aplicada a sus clásicos instrumentos Rickenbacker son parte fundamental del sonido del quinteto. Y su presencia escénica se mantiene inalterable a pesar de que luce un tremendo sobrepeso, tan diferente a como se veía en los lejanos 70s. La naturalidad con la que acomete su función rítmica y la capacidad para entrar y salir de las líneas melódicas lo han convertido en una leyenda viva del bajo. Momentos clave: las armonías vocales en Awaken, Wonderous stories y Yours is no disgrace. El bajo de tres mástiles en Awaken en los que combina afinaciones y efectos. La intro a la última sección de Starship trooper, en la cual se pasea delante del público llenando el aire con largas y profundas notas graves, que parecen capaces de hacer estallar el escenario.

ALAN WHITE (batería): cuando llegó a la banda en 1973, con la difícil misión de reemplazar a Bill Bruford en las baquetas, White ya había demostrado su potencia rockera como miembro de The Plastic Ono Band de John Lennon. Y mientras Bruford se convirtió en un aventurero baterista con tendencial trabajo individual - en paralelo a su trabajo con King Crimson - White se hizo miembro estable de Yes hasta la actualidad, imponiendo su sentido del ritmo y su pulso vital inconfundible. Hoy, armado de baterías electrónicas, le pega con menos fuerza pero mantiene los tiempos de una forma sorprendente, tomando en cuenta que ninguna de las canciones de los tres álbumes interpretados anoche están escritas y arregladas en tiempos únicos. Lo que hace Alan White con la batería no es convencional, es casi como si estuviera pulsando las teclas de un piano, instrumento que, dicho sea de paso, también toca. Momento clave: la intro de Yours is no disgrace, el final apoteósico de And you and I y la sección media de Roundabout.



GEOFF DOWNES (teclados): Yes ha tenido seis tecladistas. De todos ellos, el más recordado es Rick Wakeman. Pero Downes tiene su propia historia con el grupo y con el rock progresivo en general. Antes de reemplazar a Wakeman para la grabación del álbum Drama, Downes (y su socio Trevor Horn) se habían hecho famosos gracias al tema Video killed the radio star, que grabaron juntos como The Buggles. Después de Drama - que contuvo dos clásicos de Yes, Tempus fugit e Into the lens - Geoff Downes participó en la formación del supergrupo Asia junto a Steve Howe, John Wetton y Carl Palmer. Tres décadas después de su primer paso por Yes, Downes fue convocado nuevamente, esta vez para reemplazar al hijo de Rick Wakeman, Oliver, y participó en las grabaciones de la última placa del quinteto, Fly from here. Momentos clave: Close to the edge, Turn on the century y la sección media de Wonderous stories. Un grande de los teclados.

JON DAVISON (voz): la sorpresa de la noche. El timbre de voz de Anderson, que parecía casi irreproducible (tanto Trevor Horn como Benoit David intentaron copiarlo sin éxito), es replicado prácticamente a la perfección por el nuevo vocalista. Pero el parecido no se limita al aspecto vocal. Davison se asemeja físicamente al Anderson del período 1973-1977, sus desplazamientos en el escenario son bastante similares y para colmo, se llama también Jon y su apellido puede relacionarse al del mítico vocalista y compositor. Además, demostró suficiente carisma para no pasar desapercibido por tener detrás suyo a tremendos músicos, y se metió al público al bolsillo desde el principio del show. Momentos clave: Going for the one, I've seen all good people y Roundabout.