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martes, 6 de agosto de 2013

GEORGE DUKE (1946-2013): UN VERDADERO GIGANTE DE LA MÚSICA NOS DEJÓ ESTA SEMANA


Por ser fanático y conocedor del universo artístico que Frank Zappa creó para todos nosotros, freaks del mundo, desde mediados de los 60s hasta su muerte, hace exactamente 20 años, la noticia del fallecimiento de George Duke (el lunes 5 de agosto) me impactó de manera particular. Cualquier persona que haya escuchado los álbumes que Duke grabó junto a Zappa entre 1970 y 1975 sabe de qué estoy hablando. Desde su ingreso para el álbum Chunga's revenge (1970), pasando por la alocada ópera-rock 200 Motels (1971), los vuelos de big band en Waka/Jawaka y The grand wazoo (1972) hasta el período jazz rock -para muchos "zappólogos", el mejor de su larga discografía- conformado por los clásicos Over-nite sensation (1973), Apostrophe, Roxy & Elsewhere (1974), One size fits all y Bongo fury (1975), George Duke se convirtió en el lugarteniente musical del delirante compositor y guitarrista, e imprimió su estilo de envolvente funk, jazz y R&B en cada fraseo, colaboración compositiva y explosivos pasajes improvisatorios.

Y es que George Duke no era ningún novato cuando llegó a Laurel Canyon. Un líder desde el principio, armó The George Duke Trio en 1965 y grabó algunas canciones con un jovencísimo Al Jarreau, con quien se encontraría muchas veces a lo largo de las décadas. También había trabajado junto al violinista francés Jean-Luc Ponty, con quien también compartió roles en casa de Frank. Paralelamente a su trabajo con Zappa -no es necesario decir lo demandante que eso era- se las arregló para grabar una decena de álbumes como solista de material propio y versiones en clave de jazz fusión de clásicos del género. En 1976 ensambló un poderoso cuarteto de jazz rock junto a sus amigos Billy Cobham (batería), Alphonso Johnson (bajo) y John Scofield (guitarra), desde el cual disparaba sus ráfagas de sintetizadores combinadas con dulces cantos estilo Earth Wind & Fire, telúricos ritmos funks que podrían haber salido de la Parliament Funkadelic y un acercamiento único a la música bufa, hecha por diversión (sin quitarle complejidad), que aprendió del genio de Baltimore.

Durante los 80s y 90s, el sonido de George Duke se consolidó en el territorio del jazz, el soul el pop y el R&B, y su nombre era garantía de calidad en una industria musical que ya comenzaba a mostrar los primeros visos de la profunda decadencia que la redujo a la casi nada que hoy es. Luego de cerrar la década de los setentas con una serie de álbumes influenciados por la música del Brasil (notables, por cierto), se embarcó en un ambicioso proyecto musical, junto a otra de las luminarias de la música negra norteamericana: el bajista Stanley Clarke. Junto al mítico ex integrante de Return to Forever, Duke lanzó tres discos bajo el nombre Clarke/Duke Project, con algunos años de distancia entre sí, que cubría con su prolífica producción solista. En sus tiempos libres trabajaba como músico de sesión y productor de consagrados nombres del R&B: Chaka Khan, Regina Belle, Jeffrey Osborne, entre otros.

La experiencia y el sofisticado talento de George Duke quedó plasmado en su imparable producción discográfica, que se extendió hasta julio de este año, un mes antes de su fallecimiento tras una larga lucha contra la leucemia. Dreamweaver (2013), es su álbum número 40 y contiene melodías subyugantes, impresionantes desarrollos en piano y teclados electrónicos y románticos tonos medios. Hace tres años, se unió Zappa Plays Zappa, la banda ensamblada por Dweezil (hijo de FZ) como invitado en una de sus giras y contó deliciosas anécdotas antes de tocar Uncle Remus (tema del álbum Apostrophe, 1974). Y en la última Zappanale, Duke y Ponty homenajearon a su antiguo amigo y jefe con espectaculares versiones de Echidna's arf e Inca roads, partes del increíble catálogo de esos años junto a Zappa.

Que en paz descanse, maestro de los teclados y los sintetizadores...


George Duke toca su clásico Brazilian love affair de 1979 y lo intercala con un segmento de Echidna's arf (of you), de su era junto a Zappa.

   
Cosmik debris, con impresionante solo de Duke en la sección intermedia.

   
Liderando el cuarteto de Billy Cobham, junto a John Scofield y Alphonso Johnson, en el Festival de Jazz de Montreaux de 1976.

   
Aquí lo vemos tocando School day junto a su partner-in-crime, el bajista Stanley Clarke. Esta presentación es de 1981.

   
Dweezil Zappa invitó a George Duke a tocar Uncle Remus (música de Duke y letra de Frank) junto a su banda-tributo a su padre.

   
En la edición 23 del Festival Zappanale (agosto 2012), George Duke se unió a Jean-Luc Ponty para recordar algunas canciones que grabaron junto a Frank en los setentas.

lunes, 21 de enero de 2013

JAZZ EN LA CIUDAD DE LOS REYES


Mientras el tandem embrutecedor políticos-medios-masivos-de-comunicación golpeaban en todos los espacios televisivos, radiales e impresos posibles la "gran serenata" que la Municipalidad Metropolitana de Lima organizaba con supuestos fines inclusivos (léase electoreros, de cara al proceso de revocatoria que se viene en marzo) con un cartel digno de un programa de La Chola Chabuca (Los Hermanos Yaipén, Bareto, Miki Gonzáles), salpicado con una que otra estrella de la canción criolla (el maestro Oscar Avilés, su hija Lucy y el guitarrista Willy Terry, Eva Ayllón) para disimular; un talentoso conjunto de seis músicos caminaba sigilosamente por noticieros y pequeñas notas al pie de las páginas de espectáculos con un homenaje inteligente a nuestra ciudad capital: bajo la estructura de las antiguas celebraciones cumpleañeras criollas, se fraguó, casi a hurtadillas, una serie de conciertos del jazz afroperuano más sorprendente que hayamos escuchado en los últimos tiempos.

Jazz en la Ciudad de los Reyes es el título de esta minigira de 12 conciertos en 10 días (13 si contamos el "Ensayo con público" que ofrecieron un día anterior al primer concierto oficial) que el Sexteto de Jazz Afroperuano de Gabriel Alegría viene realizando, con relativo éxito, desde el 16 de enero, día de Antevíspera del 478 aniversario de Lima. Barranco, Comas, Los Olivos, Magdalena, Miraflores, San Isidro, San Juan de Lurigancho y Villa El Salvador son los distritos que cubrió este alucinante combo de músicos peruanos, quienes con talento y creatividad armaron un homenaje, a mi parecer, más valioso que la fiesta patronal promovida desde la visión farandulesca y superficialmente popular de la alcaldía que hoy hace campaña para que no la saquen del poder. Sin discursos políticos, los comandados por Gabriel Alegría nos han hecho saber que nuestra Lima actual es más ancha y ajena que aquella en la que se celebraban los cumpleaños durante 9 días. Y en lugar de juntar todo en un solo lugar, tomaron sus instrumentos y recorrieron los puntos más representativos de los cuatro conos que hoy tenemos.

El trompetista y compositor Gabriel Alegría, nieto de nuestro gran novelista Ciro Alegría, concibió en el año 2005 la idea de reunir en torno suyo a los mejores músicos nacionales para, desde su centro de operaciones en New York, lanzar un proyecto musical que combinara la improvisación académica del jazz con la intuición natural del folklore afroperuano. A partir de ese primer bosquejo, el Sexteto de Jazz Afroperuano ha ido creciendo hasta convertirse en una fuerza determinante en el desarrollo de la fusión a nivel de los círculos más exigentes del jazz mundial Revistas especializadas como Downbeat han elogiado los diversos lanzamientos del sexteto y el último de ellos, titulado también Jazz en la Ciudad de los Reyes, es la materia prima de estos conciertos que culminarán en el pub Cholas Bravas de Magdalena, este jueves 24 de enero a las 8pm.

La noche central, es decir el 18 de enero, fecha del aniversario de Lima, la tocada fue en el Jazz Zone de Miraflores. El alto nivel de interacción de la banda como un todo musical solo es superado por el talento individual de cada uno de los elementos que le dan vida. Si bien es cierto el trompetista dirige con mucha actitud al conjunto, cada músico demuestra la suficiente seguridad para dar rienda suelta a sus desarrollos instrumentales de manera sólida y muy convincente. El repertorio, conformado por los temas del mencionado álbum - el quinto de su carrera - contiene desde frenéticos ritmos negros como la zamacueca y el festejo hasta señoriales tonderos y valses, sin soltar ni un minuto la tensión de solos abiertamente basados en el hard bop, el be bop, entre otras variantes del jazz clásico.

Los integrantes del sexteto son: Yuri Juárez (guitarra), que una vez más demostró ser uno de los músicos con formación criolla y negra (sus maestros son Pepe Torres y Carlos Hayre) de la nueva generación que mejor ha entendido el concepto "fusión", tantas veces manoseado y tergiversado por oportunistas de todo tipo como Jaime Cuadra por ejemplo. Freddy "Huevito" Lobatón (cajón, cajita, quijada, zapateo), perteneciente a uno de los clanes más identificados con la música negra del Perú, integra los polirritmos del cajón y la actitud pícara del músico popular, autodidacta. Hugo Alcázar (batería), es prácticamente una leyenda del jazz en Perú, ha tocado con gente como José Luis Madueño, Gigio Parodi, entre otros y es fundador del sexteto junto con Gabriel Alegría. Mario Cuba (contrabajo), es un joven músico muy talentoso que viene alternando con un amplio espectro de artistas y que se unió recientemente al sexteto para reemplazar nada menos que al gigante John Benítez. 

Pero quien se lleva los mayores halagos en esta versión 2013 del grupo es la joven neoyorquina Camille Thurman, invitada especialmente para cubrir la ausencia involuntaria de Laura Andrea Leguía, saxofonista titular y compositora de diversas melodías que forman parte del repertorio de la banda. Camille toca el saxo y la flauta con una fluidez sorprendente, enlaza sus complejos solos con las armonías que propone la trompeta de Gabriel. Además, canta y lo hace muy bien. La noche en el Jazz Zone, interpretó una versión del clásico tema Moon river que hizo saltar de emoción a sus compañeros de grupo, con una inesperada sección de scat al estilo Ella Fitzgerald. Según contó el líder del grupo durante el concierto, la saxofonista nunca había tocado música peruana antes, pero llegó al ensayo con todo el repertorio aprendido de memoria, haciendo sugerencias e innovaciones.

Carátula del álbum Jazz en la Ciudad de los Reyes

Jazz en la Ciudad de los Reyes ha sido el mejor regalo que ha recibido la capital. Lástima que, como siempre ocurre, la cantidad de público no corresponde a la calidad de lo que se escucha en cada velada. No tengo números concretos para asegurarlo, pero estoy convencido de que si sumamos a los asistentes de cada distrito recorrido por este valiente sexteto de músicos peruanos (más su invitada Camille), no llegamos ni a la décima parte de los miles que bailaron hasta la madrugada, cerveza en mano, con las horrendas cumbias de Los Hermanos Yaipén. Y quizás eso lo hace aun más valioso.