sábado, 9 de febrero de 2019

VIDEO "MI RICA VICKY": BUENAS INTENCIONES MUY MAL ENFOCADAS


El trabajo que está haciendo el exarquero de Alianza Lima y hoy alcalde de La Victoria, George Forsyth, y su equipo en el que destaca Susel Paredes, es muy valioso y valiente. Hay que aplaudir y defender ese valor y esa valentía porque están, literalmente, arriesgando la vida con esta decisión de acabar con la corrupción de las mafias y el hedor de la informalidad que para muchos ya eran normales en este histórico distrito. Las acciones de fiscalización, investigación, persecución y encarcelamiento de criminales corresponden al ámbito administrativo/formal de esta gestión edil que inclusive ya está generando mejoras en los niveles de recaudación tributaria.

Para cubrir el aspecto emocional, subjetivo/informal -los marketeros odiosos dirían "para generar engagement" (¿¿¿???)-, Forsyth y su equipo acaban de lanzar un minidocumental de 10 minutos titulado Mi Rica Vicky, que ya es trending topic en redes sociales. La intención es, por supuesto, tan buena como la del combate frontal a las mafias de los cupos y los ambulantes espantosos del horriblemente llamado "emporio comercial de Gamarra". Y es muy buena porque pretende dar a conocer a la nueva generación adicta al YouTube y a la farándula algo de la historia del distrito, que hace poco cumplió 99 años de creación.

Sin embargo, que una idea tan bien intencionada tenga como protagonista -como presentadora y probablemente como creadora, gestora y organizadora en jefe- a la actriz Vanessa Terkes, esposa de Forsyth, hace que el video adquiera, desde su concepción misma, un carisma superficial y de poca relación con su objetivo principal, el homenaje al distrito. La participación de personajes de la televisión, la farándula y el modelaje abonan a esa superficialidad. No porque ella sea mujer ni porque esté asociada a "la pituquería" ni porque pueda generar sospechas ("¿acaso no podía hacerlo otra persona?" "¿se les paga o es ad-honorem?") al estilo de la Campaña Por El No de Susana Villarán. Siendo válidas, estás cuestiones no son el centro de la superficialidad del video.

Esa sensación de superficialidad se produce porque, quizás por exceso de proactividad (el apuro por generar "impacto masivo"") o falta de experiencia (en temas sociales de subjetividad a flor de piel), se crea innecesariamente espacio para la confusión de conceptos al combinar hechos y personajes que han sido, directa o indirectamente, parte de la evolución negativa que han tenido los valores sociales y expectativas de éxito en uno de los distritos más representativos de "la Lima que fue".

Aunque las imágenes sean medianamente buenas -no podemos decir lo mismo de los textos, que son bastante mediocres- e incluso pasando por alto gruesos errores de fondo (por ejemplo la inclusión de un personaje como Chacalón que, visto de manera objetiva, forma parte del origen de los problemas que hoy la administración Forsyth quiere solucionar), más de un vecino antiguo de La Victoria -cronológicamente ya deben quedar muy pocos- debe haber levantado la ceja al ver a Guty Carrera, un "chico reality" que representa lo peor de la telebasura; o a Fiorella Rodríguez, de la misma línea, hablando de su distrito, transformándose, gracias a la magia del marketing y a la amistad directa con la esposa del alcalde, en imagen y voceros de La Victoria, cuando en realidad son más afines al caos actual del Parque Cánepa que a las jaranas legendarias del Callejón del Buque. ¿Cuál es la conexión entre Paco Bazán, conductor de programas de quinta y Víctor Humareda, el genio loco que pintaba oscuros callejones desde alguna ventana de la Quinta Heeren?

Paradójicamente, es por esos personajes que participan de Mi Rica Vicky que el video es viral y no recibe más que halagos en redes sociales. Es la consumación de la confusión que describo. Las reacciones emocionales positivas -"qué bonito", "qué buenos datos", "felicitaciones Vane soy tu fan"- impiden que se perciban con claridad estas incongruencias e incluso puntualizarlas me pondría, si fuera un "influencer", cosa que, desde luego, no soy- en línea directa de tiro para ataques que irán desde críticas moderadas a ofensas agresivas.

Decirle a las masas que aquello que consideran super cool e incluso aquello que los hace sentirse mejores personas porque lo asocian a personajes que hoy están de moda o que, como en el caso del dúo Forsyth-Terkes, representan una causa positiva y loable, frente a la cual nadie podría estar en contra salvó los mismos delincuentes, digo, decirles a las masas que eso a lo que dan "me gusta" no es del todo perfecto, puede generar una oleada de indignación irracional de proporciones. Imagínense la cantidad de insultos virtuales que recibirían Beto Ortiz o Gustavo Faveron si criticaran el video de La Victoria.

Digo todo esto, además, porque parte de mi historia personal tiene que ver con La Victoria, la vieja, la anterior a Gamarra, los tugurios de la Av. Grau y los cerros sobrepoblados por el fenómeno migratorio. Puedo imaginarme a mi papá Ricardo, que en paz descanse, soltar un par de ajos-y-cebollas 100% victorianos después de ver a Guty hablando de lo que él llamaba "mi Vito, mi pobre Vito". Y estoy seguro que cualquiera de mis primos dirá lo mismo de sus padres. Mi mamá Adiela, que llegó desde Colombia para crecer entre José Gálvez, Luna Pizarro, Iquitos, Bausate y Meza, Italia y Canta, y que tampoco está con nosotros ahora, se preguntaría porque muestran tantas imágenes de Gamarra y no de esas callecitas que recorrió en los años sesenta.

El minidocumental Mi Rica Vicky tiene muy buenas intenciones pero fue hecho por las personas equivocadas, con subtextos que contradicen esas buenas intenciones y dejan en el aire un tufillo a marketing vacío, efectista, que solo medirá su éxito en una fría y, muchas veces, engañosa mega cantidad de likes y nada más. Como los comerciales de Mi Banco.

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#DiarioDeUnaRepubliqueta

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