martes, 16 de septiembre de 2014

DEBATE ELECTORAL BARRANCO: 16 de septiembre de 2014

En breves momentos se dará inicio al Debate Electoral organizado por la Asociación Vecinal Salvemos Barranco, entre los principales candidatos a la alcaldía de este tradicional distrito limeño. 

Un esfuerzo notable de esta institución de vecinos preocupados por el futuro de Barranco, uno de los distritos más golpeados por las malas administraciones ediles que han destruido sus acantilados, vendido sus principales avenidas a los consorcios constructores y convertido su tráfico en un infierno. Ustedes pueden ver este debate en vivo ingresando a este link:



sábado, 6 de septiembre de 2014

GUSTAVO CERATI CLARK (1959-2014): IMÁGENES RETRO DE UNA FUERZA NATURAL DE LA MÚSICA


Cerati se convirtió en un ícono de la música latinoamericana casi desde el inicio de su carrera musical, pues el éxito de Soda Stereo -banda que él formó en 1982, a los 23 años de edad- que fue tanto comercial como de crítica especializada, catapultó y convirtió en escena al rock en español, hasta ese entonces un movimiento disperso y regionalista, anclado en las fronteras de sus respectivos países. 

Los ojos del mundo rockero, con base en países de habla inglesa, comenzaron a fijarse en qué estaba pasando en esta zona del mundo gracias a este trío argentino que supo utilizar el poder de la imagen y su sonido, fuertemente influenciado por la onda new wave y algunos coqueteos efectistas con el ska, para posicionarse de inmediato como un grupo de vanguardia. A mí, que en esos tiempos solo escuchaba rock clásico, hard rock y heavy metal, Soda Stereo me abrió las puertas del universo del rock en nuestro idioma, particularmente del rock hecho en Argentina.

La muerte de Gustavo Cerati -la segunda y definitiva, la primera había sido el 14 de mayo de 2010 cuando tuvo este masivo accidente cerebral tras un concierto en Venezuela que lo dejó en coma- ocurrida el jueves 4 de septiembre, deja un hondo vacío en el espectro musical latinoamericano pero también un fuerte alivio para quienes pensábamos que su "vida" en estos cuatro años era básicamente una tosudez de su familia, inspirada en el amor de su madre y en irracionales esperanzas de recuperación, pero que finalmente generaba más dolor y frustración que la supuesta tranquilidad de saberlo aun vivo. 

Definitivamente, el núcleo familiar de "Gus" -sus padres, hermanos, parejas, hijos, colegas músicos, colaboradores, etc.- sufren con su viaje defintivo (y tiene que ser así, es lo normal) pero sus fans deben entender que esta partida no es para nada inesperada, y que constituye en realidad un merecido descanso para un ser humano que vivía conectado a aparatos y cuyo cuerpo, inevitablemente, jamás habría sido el mismo aun si hubiera despertado en algún momento. Su alma está en su música, en los discos de Soda Stereo y en su desafiante discografía personal. 

Particularmente, yo pienso que Gustavo Cerati fue un guitarrista fenomenal, dentro del contexto latinoamericano. Muchos hablan ahora de su "poesía", esas letras voladas con (a veces no tan) ocultos mensajes sexuales -Un misil en mi placard, por ejemplo, del primer álbum de Soda; o Paseo inmoral, del Bocanada, su extraordinario segundo disco como solista; son solo dos ejemplos de eso- pero a mí no me parecieron nunca tan elogiables como su manera de atacar las seis cuerdas. Argentina siempre ha sido tierra de grandes guitarristas de rock -Luis Alberto Spinetta, Pappo, Gustavo Bazterrica, David Lebón, Walter Giardino, entre otros- pero Gustavo Cerati los superó largamente con un estilo mucho más cosmopolita y experimental, casi progresivo, pero capaz de insertar solos de raigambre bluesera o ultra heavy en canciones simples y pegajosas como en la versión en estudio de Te hacen falta vitaminas, también del primer LP de Soda Stereo o las alucinantes fraseadas de la versión unplugged de En la ciudad de la furia. El encanto de ese trip de ocho minutos está en el solo estilo David Gilmour de Cerati y no en los intercambios de Cerati con la voz borrachosa de la colombiana Andrea Etcheverri (vocalista de Aterciopelados), como muchos piensan.

En ese sentido, no soy tan apegado a las texturas electrónicas que asumió en sus producciones en solitario, desde el disco Colores santos, junto a Daniel Melero, uno de sus tantos cómplices creativos, hasta las marcianadas tipo shoegazing de +Bien o Plan V (álbumes que ni siquiera califican como tales sino como "proyectos" junto a otros músicos) pero, hasta en esos artefactos sonoros, uno puede reconocer que Gustavo Cerati pensaba y componía básicamente desde el punto de vista de un guitarrista: las barreras de sonido propias de la onda noventera de bandas como My Bloody Valentine, las capas y capas de guitarras puestas unas sobre otras en algunos tracks de Amor amarillo o el mismo Bocanada o los riffs elementales de temas como Cosas imposibles, son prueba manifiesta de que Cerati nunca había dejado de usar la guitarra como vehículo de expresión artística, cosa que quedó clara tras el lanzamiento de Fuerza natural, su última producción, que andaba presentando en gira latinoamericana hasta que le ocurrió el infarto cerebral que lo mató, por primera vez, el 2010.

Una de las cosas más increíbles de esta historia de Gustavo Cerati es cómo el destino actúa sin importar lo aparentemente bien que anden las cosas. Su gira venía a todo tren, tres años después del adiós definitivo de Soda Stereo -recordemos que se había reunido nuevamente con Héctor "Zeta" Bossio y Charly Alberti en el 2007, casi diez años después del "Gracias totales" que hoy todos, propios y extraños, repiten como mantra- y Fuerza natural había sido muy bien recibido por los medios, quienes vieron en este disco un reencuentro de Cerati con los sonidos más orgánicos y ensamblados del rock, dentro de una maraña de sampleos de temas ajenos, casi como un homenaje a sus fuentes de inspiración. Acababa de tocar en Lima, el 24 de abril de 2010, ante miles de personas en el Estadio de San Marcos y nadie podría haber predicho que dos semanas después, tras un show similar en Caracas, su vida y la de su familia cambiarían tan drásticamente. Las razones científicas y médicas están allí para quien desee consultarlas pero la sorpresa de lo inevitable se mantiene como un misterio que refuerza el manido concepto de que la muerte, cuando debe llegar, llega sin aviso ni explicación.

Soda Stereo fue una excelente banda basada en el megatalento de uno de sus integrantes -los otros dos nunca fueron tan dotados musicalmente- pero fue también Cerati el artífice de que, a pesar de esa superioridad musical evidente que lo separaba de sus compañeros, el trío sonara como una entidad sólida y bien engranada, que llenó los ojos y oídos de bandas como U2 y Tears for Fears, a quienes telonearon de igual a igual en Argentina. Y Gustavo Cerati no tiene comparación como guitarrista de rock en esta región, como pude comprobar in situ en el excelente concierto que la banda ofreció en Lima, como parte de la gira Me verás volver, en diciembre del 2007, en un abarrotado Estadio Nacional. Que en paz descanse.




martes, 26 de agosto de 2014

DE VUELTA AL COLEGIO: PROMOCIÓN 1990, 24 AÑOS DESPUÉS


Dicen los expertos en psicología social que, cuando un grupo o colectivo de niños o adolescentes se reencuentra después de mucho tiempo, sus integrantes retoman sus relaciones interpersonales en el mismo punto en el que las dejaron la última vez que se vieron. Si fue un grupo disfuncional, de resentimientos encubiertos o problemas no resueltos, las consecuencias pueden ser desagradables y hasta graves.

Pero si se trató de un grupo de integración sólida, en donde predominaron los aspectos positivos, y sus miembros entendieron que hasta las rencillas o afrentas -que en esos momentos parecían insuperables- que experimentaron fueron parte de su crecimiento y las recuerdan como elementos importantes de su vida, el resultado de la reunión es altamente vivificante y satisfactorio.

Esto último fue lo que ocurrió el sábado 23 de agosto, en el patio de la Institución Educativa Emblemática Bartolomé Herrera de San Miguel -otrora Gran Unidad Escolar- en el almuerzo de camaradería y reencuentro en el que participaron diversas promociones, con motivo del aniversario de nuestro colegio. En lo que a mí respecta, era la primera vez, desde que salí de Secundaria, que asistía a estas actividades, por lo que sentía gran expectativa de encontrarme con los viejos amigos de esa etapa de mi vida. Y valgan verdades, hacía tiempo que no me divertía tanto.

Y en estos días, en que mi colegio está en boca de todo el mundo por culpa de un execrable criminal que se valió, durante décadas, de su cargo y poder como Director para llevar a cabo sus escabrosos propósitos, retomar contacto con la gente de la Promoción 1990 fue casi un acto contracultural, de rebeldía, de enfrentar las malas noticias con diversión sana, palomilladas y mucha, pero mucha buena onda.

Entre 1986 y 1990 transcurrieron los años en que nuestro país fue destruido y saqueado por la cleptocracia aprista liderada por Alan García Pérez durante su calamitoso primer gobierno y, por supuesto, el sistema educativo estatal no fue la excepción. Las Grandes Unidades Escolares, creadas en la década de los 50s por Manuel A. Odría, y que fueron excelentes en la formación de estudiantes gracias al idealismo intelectual y peruanista que vino de la mano con los posteriores gobiernos militares, se convirtieron en colegios que no ofrecían garantías de una educación sólida, algo paradójico si tomamos en cuenta que ese retroceso ocurrió justo al recuperarse la democracia. En aquella época, terminar en una G.U.E. era el destino de todos los niños cuyas familias no tenían suficiente dinero para matricularlos en algún colegio parroquial tipo el Claretiano, el Juan XXIII y ni hablar de los clásicos Colegios Privados para millonarios, como el San Agustín, el Markham, el Maristas, el Newton, etc.

Pero lo que le faltó a la G.U.E. Bartolomé Herrera en rigores académicos -las huelgas del Sutep nos condenaron, en 3ero. y 4to., a asistir la tercera parte del tiempo a clases; mientras que los apagones provocados por Sendero Luminoso hacían que, cuando uno estudiaba en el turno tarde, lo regresaran a su casa antes de las 6, para evitar la oscuridad y sus peligros y dificultades- decía, lo que le faltó al colegio Bartolomé Herrera en rigores académicos, le sobró en oportunidades de aprestamiento en términos de creatividad, de estímulos al lado juguetón y alegre de cada uno, al desarrollo de la personalidad con mínima supervisión, o sin supervisión alguna.

En suma, no salimos como prospectos académicos ni listos para ingresar a San Marcos a la primera -aunque algunos, aun así, lo lograron por preparación y mérito personal- pero tuvimos el espacio y el tiempo para crecer y desarrollarnos con libertad, y aprendimos a defendernos a nosotros mismos en un ambiente sumamente hostil, plagado de desventajas. Por eso, la generación ochentera del BH posee esa combinación de valores familiares caseros, viveza criolla, viveza andina y pendejada peruanísima, capaz de hacerte estallar de la risa con un solo gesto y haber salido adelante sin ayudas externas, apellidos rimbombantes, varas influyentes o predisposiciones a la corrupción.

No éramos de clase alta -en realidad nuestras familias pertenecían a los remanentes de la desaparecida "clase media", que según los actuales expertos de Arellano Marketing calificaría como sectores B, C y D- y a muchos nos debe haber sido muy difícil superar las trabas que esas carencias pusieron en el camino, pero con todo eso, el sábado que me reencontré con esos viejos amigos de carpeta después de 24 años, vi personas contentas con su vida, independientemente de las experiencias que cada uno haya tenido que atravesar en lo personal, en lo laboral, en lo sentimental, en lo económico y en lo familiar: dificultades para conseguir empleo, matrimonios que no funcionaron, enfermedades o adicciones, pérdida de seres queridos, necesidad de vivir largas temporadas lejos de tu país, etc. 

Nada de eso parece haber alterado la esencia, el carisma, la chispa y el sentido de camaradería y confianza (en un contexto sumamente relajado y superficial, por cierto, ajeno a los problemas cotidianos) que ahora afloran, en una generación que convivió, entre los 11 y los 15 años de edad, en salones cuya puerta estaba partida a la mitad, cuyas ventanas no tenían vidrios en época de invierno, cuyos auxiliares acomplejados solo sabían dar golpes y gritos; y que ahora se reencuentran cuando todos están por cumplir, o han cumplido ya, los 40 años.

Y es que los recuerdos de esas épocas en que nuestras mayores preocupaciones eran tener el cuaderno al día, comprar el libro que te habían pedido, no llegar tarde a tu casa o escaparte de un colegio vacío a causa de alguna lucha sindicalista, se agolpan en la cabeza con solo entrar en contacto con tus amigos de infancia, esa gente con la que pasaste 5 horas diarias, de lunes a viernes, durante cinco años. Para mí siempre ha sido motivo de orgullo mi colegio, a pesar (y quizás por eso mismo) de que no fue allí donde aprendí todo lo que me permitió ingresar a la universidad. En el colegio aprendí a divertirme, a veces de manera ilimitada, y eso lo recuerdo más que mis notas y ubicación privilegiada en el ranking de "chancones".

Un punto que me parece importante resaltar es que, a pesar de esas desventajas descritas en párrafos anteriores, es evidente que hemos superado las expectativas tras una formación escolar poco eficiente en lo académico, como que pasamos la prueba con éxito. Y no solo por aspectos externos -como tener un automóvil, un celular o un departamento- sino porque cada uno, a su manera, decidió emprender el camino hacia la profesionalidad por su cuenta para hacer de su futuro algo mejor. Y reconocer que, con todo lo palomillas que podíamos ser, quedamos como "niños de pecho" ante las barbaridades que hoy vemos que ocurren en los salones de estos colegios nacionales, ahora llamados "emblemáticos".

Esa tarde del fin de semana pasado experimenté, además, una especie de epifanía al entonar -con varias cervezas en el organismo- a voz en cuello y con sorprendente exactitud, la letra completa del Himno Herreriano, que no escuchaba hacía años, junto a unas 300 personas aproximadamente, integrantes de distintas promociones. Fue como ingresar, de golpe y sin mayores requisitos, a una cofradía que compartía los mismos símbolos, las mismas imágenes, los mismos recuerdos. 

Por un momento, desaparecieron las preocupaciones, penas y alegrías que conforman mi vida desde hace 24 años y me teletransporté al recreo, al estadio, a las travesuras, a esa dinámica en la que todos éramos lo mismo: a mitad de camino entre la niñez y la adolescencia, buscando tu mejor manera de expresarte y definir tu personalidad, fallando a cada rato en el intento y divirtiéndote de lo lindo con cada cosa que ocurría. Quizás esté idealizando mucho la experiencia pero, como comprenderán, estoy en mi derecho. 

Según mis recuerdos, fuimos 52 quienes concluimos en el 5to. A de la G.U.E. Bartolomé Herrera en ese aciago 1990 -hay quienes dicen que fuimos 46 el último año y otros, exagerando, que fuimos 60- y esa tarde solo hubo 16, es decir, casi la tercera parte. Y la mesa dispuesta en el patio del colegio era un solo de abrazos, risotadas, buenos recuerdos y bromas de bajo, mediano y alto calibre. Hoy, entre mis compañeros, hay abogados, cocineros, contadores, odontólogos, vendedores, periodistas y profesionales de toda clase. Nadie está mirando quién tiene más o menos. Eso me gustó. Y hubo quién nos estimuló a levantar nuestros vasos a la memoria de uno de nosotros que, con inexplicable anticipación, falleció hace algunos años. 

Insisto, el colegio en el que estudiamos no nos convirtió en grandes personajes de la noche a la mañana, pero sí contribuyó en hacernos las personas que somos ahora: diferentes en nuestras profesiones, aspiraciones, valores, conocimientos y logros, pero idénticos en sencillez, buen ánimo y respeto por lo que fue nuestra esencia. Saludo a todos los que estuvieron ese día, espero que no sea la última vez y que para la próxima estemos más cerca de los 52...


Letra y Música: José Antonio Lora Olivares





domingo, 17 de agosto de 2014

LA BOMBA DE EL COMERCIO: LOS CARTELES DE SUSANA VILLARÁN


Contraviniendo su estilo complaciente y de poca vocación por la polémica, El Comercio lanzó el pasado fin de semana una "bomba" acerca de los carteles con los que Susana Villarán contaminó visualmente la ciudad, el verano pasado, para evitar que la mandáramos a su casa por su incompetencia y la de sus regidores, lo cual finalmente consiguió. Ni ella se fue -por breve margen- y sus regidores, que sobre el papel sí tendrían que haberse largado, regresaron con cargos de asesores externos y sueldazos corregidos y aumentados.

En esa agresiva campaña, que en su momento se dijo que había nacido de la onerosa creatividad del brasileño-argentino Luis Favre, diversas figuras de la telebasura se mezclaron con algunos artistas (como Susana Baca, Amanda Portales, Daniel F.) y uno que otro personaje más o menos conocido del periodismo y la farándula en la campaña "Juntos por el NO", consistente en fotos de los "líderes de opinión" en blanco y negro, fondo blanco, de brazos cruzados y puños cerrados diciendo NO (así, en mayúsculas y con empáticas letritas celeste-turquesa) a la injusticia, a la exclusión y no sé qué otras fórmulas sensibleras y, por supuesto, engañosas como todo en nuestra política chicha.

La bomba de El Comercio consistió en lo siguiente: los "artistas", que en todo momento dijeron plegarse a esa campaña de apoyo a la Villarán por convicción y sin intereses subalternos, habrían tenido previamente tratos económicos elevados con la Municipalidad por diversas actividades -espectáculos, ceremonias, campañas publicitarias, anfitrionajes, etc.- legalmente registradas en los portales de transparencia, aptas para el seguimiento a través de una inspección de recibos por honorarios, contratos, términos de referencia y demás tetudeces, comunes en la administración pública. Y que, en consecuencia, el apoyo ad-honorem en la desesperada campaña por no ser revocada, habría sido aceptado en agradecimiento tácito -nunca firmado en papeles, desde luego- a esos trabajitos cotizados generosamente.

Vista así, es un poco gaseosa la denuncia de El Comercio, y da pie en pensar en cuáles serían sus verdaderos propósitos, como por ejemplo apuntalar a Castañeda. Y luego de ver la avalancha de reacciones -algunas destempladas y totalmente vulgares, por cierto- de los personajes que han visto sus nombres en la nota publicada a todo trapo en la primera plana del viernes 15 de agosto, y los aclares de otros personajes que también aparecieron y que aseguran no haber sido nunca contratados para nada ni antes ni después de la foto y cartel de marras; uno termina por desconfiar de las intenciones del otrora diario más respetado del Perú.

Pero más allá de eso, si combinamos el costo mismo de la elaboración de tremendos mamotretos en avenidas grandes de todos los distritos de Lima, la grabación de esos spots que hasta se infiltraban en páginas webs sin importar si fueran conocidas o no (como esta por ejemplo), su colocación en horarios estelares de la televisión comercial y lo que debe haber cobrado Favre, imaginen ustedes el dineral que Susana Villarán y sus amigos tuvieron que desembolsar, de la suya, para llevar a cabo la campaña -porque no seré yo quien diga que fue con dineros públicos, que también podría ser, siendo ligeramente suspicaces.

Y encima, con esta discusión revalidamos la importancia que tienen estas campañas millonarias sobre la base de carteles que finalmente terminan en la basura, o como techos de algún almacén para evitar la lluvia, cuando lo que en realidad debería pasar, es que la sociedad organizada, los medios de comunicación y los verdaderos líderes de opinión hagan entender a los politicastros, los de antes y los de ahora, que la ciudad está harta de sus carteles y que la campaña se debe realizar con ideas y no con sonrisitas falsas o personajes conocidos que te apoyen "por convicción". ¿No habría sido mejor que la Villarán hubiera peleado su permanencia ella sola, sin pedir el apoyo incondicional de estas estrellitas que son más de cartón que los mismos carteles? ¿se habría quedado si hubiera sido así?


sábado, 16 de agosto de 2014

FRÁGIL: LA MAYOR PROMESA INCUMPLIDA DEL ROCK NACIONAL



El problema con Frágil -grupo que me gustó muchísimo durante mis años adolescentes- es que no evolucionó con el paso del tiempo. 

Recuerdo que me compré (con propinas) el cassette de su segunda producción discográfica, Serranio, lanzada en 1988, ocho años después de Av. Larco (1980), y quedé satisfecho aunque no tan emocionado como me esperaba. 

Tenía buenas canciones como Animales, Aquella niña, Cuánto hay, Inquietudes o el instrumental Huarmi pero se alejó ligeramente del estilo progresivo que me había llamado la atención de su primer disco, que además de la 100 mil veces repetida Av. Larco, contenía algunos temas muy buenos como Mundo raro, El caimán, Oda al tulipán, Lizzy (otro instrumental) y la Obertura, quizás lo mejor que hayan grabado además de La historia de Adelaida (su mejor intento por hacer algo parecido a la segunda parte del A passion play, Jethro Tull, 1973, salvando distancias por supuesto), un tema perdido entre 1980 y 1988, que finalmente apareció, si no me equivoco, en uno de esos discos que lanzaron en la década siguiente. 

Desde entonces, y con muchísimas millas recorridas escuchando a grandes músicos de todas partes del mundo y de todos los géneros y tendencias musicales posibles, entendí con mucha pena que lo de Frágil no pasó de ser un destello de corta duración, pues entrados los 90s se estancaron terriblemente como banda en vivo. Eso sin contar que sus álbumes Cuento real (con Dulude en la voz) y Alunado (con Santino) dejaron muchísimo qué desear. 

Mientras el primero contiene, además de la mencionada La historia de Adelaida, versiones nuevas de El caimán y Lizzy -que no son mejores que las originales-; el segundo se separa radicalmente de la onda progre y constituye un pésimo coqueteo con el hair metal norteamericano, con un vocalista inadecuado y canciones muy flojas, sin mencionar nuevas versiones -que tampoco superan a las originales- de Av. Larco e Inquietudes. Escuchando a la distancia el álbum Alunado, parece el antecedente directo de los niñatos de Adammo. Vergonzosa credencial para la banda que se presentaba como el buque insignia de nuestra escuálida movida progresiva.

Todos sus conciertos comenzaron a sonar igual, sin variaciones y además, nunca alcanzaron una definida identidad vocal desde que Andrés Dulude decidió no solo apartarse de la banda, ocasionando el ingreso y salida de personajes tan disímiles como Piñín Salgado y Santino de la Torre, sino que cada vez que regresaba no aportaba nada nuevo sino que repetía la fórmula manida de pintarse la cara y realizar movimientos incomprensibles, supuestamente para darle aires misteriosos a su trabajo como vocalista y frontman, en un intento poco exitoso de replicar las extraordinarias actuaciones de Peter Gabriel en su período al frente de Genesis (1969-1976).

Todas las bandas progresivas, sin excepción, se caracterizan por esos dos atributos que, según sostengo, Frágil no demuestra: una potente y permanente versatilidad y capacidad no solo para reinventar sus composiciones ya grabadas, sino para presentar variaciones que sorprenden a sus seguidores en cada lanzamiento con cosas nuevas y, en algunos casos, cada vez más elaboradas; y una identidad vocal, no entendida como que el cantante suene siempre igual sino que establezca un estilo, una forma de cantar. Y esto además, tomando en cuenta que los grupos progresivos tienen también entre sus principales características, la poca estabilidad y duración de sus formaciones, algo que en Frágil no ha ocurrido a lo largo de su historia. Salvo los puestos de vocalista y baterista, el núcleo creativo del quinteto de Breña nunca se ha movido.

Por eso no me crea expectativa alguna este Rockumental con Orquesta, anunciado para este 21 de agosto con el pomposo título de "El Concierto de la Historia". Ya lo han hecho antes -por los 15, 20 y 25 años de Av. Larco, para más señas en cuanto a la vocación repetitiva a la que hago referencia- y seguramente suene igual que en esas ocasiones, lo cual desde ya no es garantía de producir satisfacciones en lo musical. No me malentiendan, aun considero que César Bustamante (bajo), Lucho Valderrama (guitarra), Octavio "Tavo" Castillo (teclados, flautas, slide) y Jorge Durand (batería) son de los mejores y más experimentados músicos de rock de nuestra limitada escena nacional pero, por alguna razón que no alcanzo a dilucidar desde mi rol de conjeturador, no lo demuestran cumplidamente sobre los escenarios a los que suben desde hace más de tres décadas.

Siempre leí que, en sus inicios, Frágil hacía covers de Yes, Genesis, Camel, Jethro Tull y otros grandes del prog-rock que tanto les ha influenciado. Quizás si hicieran algo de eso, insertando pasajes instrumentales más complejos, intrincados y desafiantes en sus propios temas, recuperarían algo de esa magia que me atrapó siendo joven.

Pero ahora debo decir que no creo que eso vaya a ocurrir. Y la presencia de Gabriel Alegría como director de la orquesta quizás funcione como un buen gancho publicitario, debido a su excelente trabajo en el mundo del jazz afroperuano tanto nacional como internacionalmente, pero finalmente puede que sea poco lo que aporte. Alegría es un maestro, lo demostró con su sexteto, al que vi en vivo hace un par de años aquí en Lima, pero este es otro rollo.

domingo, 27 de julio de 2014

HABLANDO DE PATRIOTISMO: FELICES FIESTAS PERÚ


Jamás me enrolaría en el ejército peruano y si hubiese una guerra contra Ecuador, Chile o cualquier otro país que pretendiera, de la mano de algún gobernante corrupto, hacerse con un pedazo de tierra que geográficamente "nos pertenezca", y me reclutaran de grado o fuerza, lo haría tan a regañadientes como cuando me dicen que debo ir a votar un domingo en el que preferiría estar, tirado en mi cama, leyendo o escuchando algún disco de uno de mis tantos artistas favoritos.

Nunca me metería en política, porque eso que llaman política en este país se ha convertido en la actividad que más rápido puede desprestigiar a un peruano -en el supuesto caso de que dicho peruano tenga prestigio. La política peruana es lo más cercano a la institucionalización del crimen, una ocupación en la que cualquier persona con predisposición a la trampa, la doble vida y el delito económico es capaz de perfeccionar hasta alcanzar maestría en sus malas artes. Y si acaso a un bien-intencionado se le ocurre ingresar a la política, termina o deprimido o cínico o tan corrupto como aquellos a quienes antes criticaba.

Tampoco creo que en Fiestas Patrias deba demostrar "mi amor por el Perú", en el supuesto que tal cosa exista en la dimensión que la grandilocuente frase sugiere, atorándome de anticuchos, chanchos al palo, cebiches, chicharrones, pisco sour y cervezas, menos si son alemanas. O bramando a voz en cuello Mal paso o Propiedad privada en una peña con luces de discoteca, haciendo lo mismo que se hace en cualquier otra festividad del año, desde la llegada de uno nuevo hasta el fin de semana largo de Semana Santa. 

¿Quién marca la pauta de lo que es actualmente ser patriota? Tenemos un presidente que prometió, hace tres años, acabar con la politiquería tradicional y que hizo temblar de miedo las oficinas de CONFIEP y las redacciones del Grupo El Comercio; y que hoy, ni siquiera gobierna pues la arribista de su mujer ha impuesto a todas sus amigas y ayayeras en los cargos políticos más importantes (presidencias del Consejo de Ministros y del Congreso). Mañana, esa sombra presidencial cumplirá el ritual de hablarle al país, y sin duda será un discurso aburrido, plagado de cifras macroeconómicas, planes a futuro y muecas para la cámara. Y con la posibilidad, siempre latente, de que Nadine se robe el show con alguna de las suyas.

Víctor Andrés García Belaúnde, alias "Vitocho", presentó su libro El expediente Prado en el que devela los detalles de la vergonzosa huida de Mariano Ignacio Prado durante la infausta guerra contra Chile, so pretexto de irse a comprar armas a Inglaterra. ¿Es Vitocho un patriota al hacer esto? El auditorio de la FIL Lima donde se presentó esta estimable obra histórica estaba abarrotado, y entre el público pudimos ver a algunos de sus colegas congresistas, periodistas de todo tipo, líderes de opinión, analistas y familiares bien al terno y al abrigo de piel, casi como si se tratara de un evento social de Cosas. Quizás sea un acto de patriotismo, aunque verlo firmando autógrafos al final hizo que todo pareciera terriblemente superfluo.

¿Son patriotas las monas y monos calatos de los excrementicios programas de entretenimiento de Canal 4 o Canal 9 -para los que aun no saben de qué hablo, me refiero a Esto es Guerra, Combate y afines de los otros canales- que salen en pantalla saltando con escarapelas y rodeados de banderas peruanas que hacen volar con ventiladores? Lo dudo. Salvo que querer a la patria ahora sea sinónimo de llenar de mierda el cerebro de cientos de miles de niños a nivel nacional, con todos esos personajes vulgares y oceánicamente ignorantes vanagloriándose de sus abiertos desafíos a la inteligencia y el buen comportamiento, incentivando la discriminación y validando el ascenso social y económico basado en "la buena apariencia" y la capacidad para hacer el ridículo o exponer tu integridad física a cambio de dinero.

¿Son patriotas los que comentan todo el día que nuestra gastronomía es lo máximo -concepto con el que estoy bastante de acuerdo- y que en nombre de eso aceptan que les vendan un Cebiche a la Brasa, un aborto que disfrazan de fusión, como lo hace Jaime Cuadra con sus asquerosas mezclas que vende al extranjero como si se trataran del último grito en cuanto a la creación musical con géneros folklóricos nacionales? ¿Son patriotas los reporteros y conductores de TV que "celebran" Fiestas Patrias haciéndonos escuchar, por diez milésima vez, las horrorosas canciones de Corazón Serrano y sus experiencias junto a la comunidad peruana en Patterson, EE.UU., una diáspora marcada por la necesidad de ganar dinero, cosa que consiguen, pero que fracasan olímpicamente en eso de volverse mejores personas?

No sé qué es exactamente el patriotismo. Solo sé que, en ciertos momentos, me emociono cuando escucho el Himno Nacional o cuando escucho un buen vals, una marinera, un huayno, una muliza o una décima de Nicomedes Santa Cruz. Y que salivo de pensar en un lomo saltado, una carapulcra o un cebichito hecho en casa, sin pretensiones ni apellidos. Y que me da gusto decir que en mi país nació Vargas Llosa (el escritor, no el operador de ultraderecha), Vallejo, Arguedas o Denegri. Y que en casa aprendí a ser devoto del Señor de los Milagros, y que después aprendí que la independencia no solo se proclamó el 28 de julio de 1821 sino tres veces antes en Lima y que el proceso se inició, no en Lima sino, en la Intendencia de Trujillo con la participación de la población de Chachapoyas. Con todo eso, tampoco estoy seguro de que sentir esas cosas me conviertan a mí en un patriota.

Pero si algo debería definir al patriotismo, tendría que ser la capacidad de indignarse frente a los políticos corruptos, los mercachifles de la publicidad, los tarados de la televisión, los periodistas que no cuestionan a nadie, los "artistas" efímeros y farsantes, los futbolistas indisciplinados y mediocres; y la sobrevaloración que hoy tiene todo lo que está relacionado con la diversión indiscriminada, el consumismo embrutecedor, y la ignorancia que marca la pauta de lo que la gente prefiere ver en los medios de comunicación.

Me da pena mi país y no sé qué hacer para liberarlo de todas estas lacras que lo vienen carcomiendo desde hace tantas décadas. Si en los 80s y 90s nuestra generación, apolítica e indiferente, sintió que tocamos fondo, en estos 2000s llegó toda una generación de jóvenes -con algunas excepciones, como siempre- a seguir cavando, convencidos de que, cuando se trata de una sociedad enferma como esta, el infierno también puede ser el límite.    

Me da pena mi país y a la vez me gusta vivir en él. Esa es la clase de relación enfermiza que tenemos los que podemos mantener los ojos bien abiertos y no caer presas de la obnubilación y el embrutecimiento masivo que domina a las gentes por la calle.

Por eso me siento en la capacidad de decir para mis adentros: Feliz 193 años Perú, sin temor de estar engañando a nadie. 

sábado, 12 de julio de 2014

¿QUÉ VEREMOS MAÑANA? ¿LA FINAL O LAS NOVEDADES EN FRANJA DE GAZA?


A veces, las cortinas de humo no necesitan ser fabricadas por los que detentan el poder. A veces surgen solas, como los huracanes. Claro que alguien me dirá que un mundial de fútbol no es un fenómeno natural (por supuesto que no lo es) y que, en el colmo de llevar al extremo las teorías de conspiración (como lo haría Jack Hodgins, el paranoico entomólogo forense de la extraordinaria serie norteamericana Bones), podríamos sospechar que las fechas se planificaron con psicopática precisión para que los israelíes descarguen sus bombas sobre familias inocentes palestinas sin que nadie los interrumpa demasiado. Pero eso quizás sea demasiado. En lo que a mí respecta, es evidente que se trata de una desagradable coincidencia que pone a prueba el sentido de la prioridad que demuestra el ciudadano común ante eventos trascendentales de dos planos distintos de nuestra vida.

¿Por qué el mundial es transversal a todo tipo de público, desde los menos instruidos hasta los más cultos, pasando por los que, como nosotros, gozamos de lo popular, lo selecto y lo importante de cada información en simultáneo; y la tragedia que vive hoy el pueblo palestino sigue siendo solo asunto de especialistas? ¿Por qué para la persona simple, de la calle, la imagen del musulmán de tez medianamente oscura, con la zona inferior del rostro poblada de tupidas barbas, es sinónimo inmediato de terrorismo y el israelí, judío, hebreo, es visto -igualmente desde la perspectiva simple y llana del hombre de a pie- cuando menso como algo exótico? La desinformación a las que nos someten las cadenas internacionales de noticias, si bien es cierto no cala en algunos de nosotros, sí ha tenido portentoso éxito en la creación de estereotipos que, a su vez, producen prejuicios y asunción de bandos y toma de partidos sin entender al 100% la situación.

A quienes amamos el buen fútbol y no pensamos perdernos la tercera final entre argentinos y alemanes mañana, nos pesa el corazón de manera doble ahora: no solo porque este mundial en sí mismo ha sido fuente de conflictos éticos y morales de diversa naturaleza (ya lo dije en el post anterior), sino porque ahora estamos en una situación de violencia desatada y aceptada a pie juntillas por quienes cortan los jamones del orden mundial, que francamente es para tener pesadillas todas las noches. Las imágenes que se filtran en internet de la devastación que producen los bombardeos israelíes son sobrecogedoras y es sorprendente que haya estados enteros que no sean capaces, o que no quieran aceptar esa realidad: son niños, mujeres, ancianos y familias enteras, muchas de ellas que no tienen relación con el grupo terrorista Hamas, a quienes dicen querer exterminar, los que están falleciendo, desangrándose, en una absurda demostración de insanía y poderío militar inmisericorde.

No soy experto en el tema del conflicto israelí-palestino pero, definitivamente, queda claro que hace rato las razones de este conflicto entre hermanos semitas dejaron de ser exclusivamente religiosas: el dinero, el petróleo, el predominio geopolítico, la ambición territorial y los negocios están por encima de Yavé y de Alá. Por lo menos desde el lado de la politiquería de Israel. A ambos lados de esta terrible guerra, hay poblaciones enteras que, imbuidos de la espiritualidad que han heredado a través de los siglos, rechazan abiertamente estos actos asesinos. Ese punto es suficiente para saber que los intereses para llevar adelante este exterminio genocida son otros.

Hubiese querido dedicar este post a las remembranzas de los mundiales de México 86 e Italia 90, del golazo de Burruchaga o el penal de Brehme, del pundonor de Brown y el talento de Matthäus. Quisiera analizar las campañas de cada selección en este mundial y dar detalles estadísticos, hacer comparaciones, lanzar pronósticos. Pero no puedo. Sé que no dejaré de ver la final de mañana, pero creo que hago honor a mi sentir esta mañana elevando una oración por el pueblo palestino y echando una maldición -gitana, de preferencia- a todos esos aceitosos políticos y millonarios israelíes que, en contubernio con los Estados unidos y otros cuantos aliados más, se traen abajo las vidas de inocentes, aterrorizándolos con una sofisticada tecnología mortal, sin mancharse el saco. Son la encarnación de la plaga de la muerte, solo que a bombazos.  

viernes, 27 de junio de 2014

MUNDIAL BRASIL 2014: UN PLACER CULPOSO


Cuando me preguntan por qué me expreso con tanto desprecio por la prensa futbolera nacional que cubre las mediocres jornadas del Descentralizado, siempre respondo lo siguiente: "Porque me gusta el fútbol". Y este mundial, el vigésimo de la historia, ha conseguido reconectarme con esa ansiedad que, antes, de niño y adolescente, llenaba mis tardes de vacaciones al pensar que se acercaba una nueva justa mundialista. En esas épocas, dicho sea de paso, también me emocionaba con el fútbol local. Hasta llevaba estadísticas de goleadores, equipos que ascendían tras ganar la Copa Perú y esas cosas. 

Todo eso, antes de 1985 y el inicio del desastre que ahora hace que una generación de periodistas mermeleros y masa desinformada y acrítica le ponga el mote de "cuatro fantásticos" a cuatro babosos, tatuados e indisciplinados señoritos que se han vuelto multimillonarios sin saber leer ni escribir, y lo que es peor, sin saber jugar con profesionalismo. Tendría que hacer la excepción con Paolo Guerrero pero, lamentablemente, cuando hablamos de verdfadero fútbol, justos pagan por pecadores.  

Este Mundial Brasil 2014, futbolísticamente hablando, es atractivo. No es extraordinario, ya que viene macerado con toda la dinámica del fútbol-negocio, que también detesto. Pero sí ha tenido la capacidad de mantenerme en vilo ante los partidos que he tenido oportunidad de ver, completos o resumidos durante los noticieros nocturnos. Da gusto ver que, a la hora de la hora, los más pintados en el fútbol-negocio, ese que genera millones de millones de dólares mientras poblaciones enteras mueren de hambre en los mismos países en los que operan estas planillas doradas, se han tenido que ir a su casa al final de la primera ronda. 

Pienso, desde luego, en Cristiano Ronaldo, a quien intuyo no le da tanta pena haber fracasado -de nuevo- con la casaquilla de su país, Portugal, como el haber perdido la ocasión de ser portada de revistas orientadas al público femenino, metrosexual y homosexual. Tendrá que esperar a la Champions para retomar su reinado de shampoo y fotos "arty" tipo publicidad para magazine de papel couché.

Otros grandes, como Messi, por ejemplo, han hecho poco, ni siquiera lo justo, casi de suerte se ha hecho notar el virtuoso 10 del Barcelona y la selección de Argentina. Cuatro golazos en las cuatro únicas jugadas que ha hecho bien, le bastaron para decir que él sí está en la foto y que los gauchos, como es ya tradición, seguirán siendo potencia futbolística a nivel mundial. El sobredimensionado Neymar también figura en el ranking de goleadores, gracias a unpenal regalado por un árbitro japonés y a que pudo jugar el segundo partido porque, ese mismo árbitro, decidió no expulsarlo a pesar del alevoso codazo que le propinó a un bosnio-herzegovino. Lamentable forma de llegar a octavos de final para el pentacampeón. Uma vergonha.

Las sorpresas, qué duda cabe, las selecciones de Costa Rica, EE.UU. y Argelia, que tratará de darle a su musulmán población una revancha de aquel patético contubernio en el que alemanes y austriacos se aliaron para sacarla de carrera en el ya lejano España 1982, el último al que Perú fue e irá. Ellos son los verdaderos protagonistas, y eso es lo bonito de los mundiales. Las emociones que, nosotros los peruanos, hemos aprendido a disfrutar aunque no nos pertenezcan (desde hace 32 años hacemos hurras e hinchamos a otros países) son reales y contienen un sentido patriótico que no viene contaminado por la paga. Por lo menos nos ilusionamos pensando que eso es así.

¿Qué nos espera en octavos? Pues los típicos partidos de infarto que terminan en penales, las tomas en HD de los perdedores queriendo que se los trague la cancha y las clásicas caravanas de los triunfadores, esta vez a ritmo de samba y quién sabe qué más.

Y aquí es donde comienza lo feo, porque este mundial, atractivo y futbolísticamente placentero, constituye en toda su extensión un placer culposo, con serios problemas de conciencia social y moral. Las protestas en Río de janeiro, Porto Alegre, Sao Paulo, Manaos y demás ciudades sede del Mundial han continuado sin descanso desde que empezaron los partidos. Ha habido detenidos, heridos, actos vandálicos y revueltas de miles (esos miles se han ido reduciendo desgraciadamente, porque a muchos les ocurre lo mismo que a nosotros) que están hartos de las corruptelas de las constructoras encabezadas por Odebrecht, las componendas de Dilma Rousseff que, cual Mussolini en 1934-1938 o Videla en 1978, ya está haciendo sus lobbies para que Brasil campeone sí o sí, como medida de control, condicionamiento y anestésico social (a esos lobbies pertenece la vergonzosa actuación del referee japonés en el primer partido).

Eso sin de todos los vicios que deben estarse produciendo en Brasil con esta mega explosión turística (más de medio millón de personas reportaban horas antes de la inauguración: el expendio de drogas duras, la prostitución heterosexual, homosexual, transexual e infantil deben estar a la orden del día -y de las noches- en este enorme país que exuda pobreza y promiscuidad, celebrada a mandíbula y palma batiente por los mercaderes de la vulgaridad y la corrupción, los mismos que disfrutan como cerdos cuando las agencias de publicidad y los medios de comunicación, carcomidos por la bosta, asocian jugadas, goles y seleccionados a mujerzuelas de diversos países o a asuntos supuestamente fashion como la esperpéntica música de ese trío de ventas millonarias (Shakira-Pitbull-Jennifer López) que han producido algunos de los sonidos más desagradables que yo haya escuchado en bandas sonoras deportivas. Atrás quedaron las épicas de Vangelis o de Sergio Mendes, las agradables melodías de Chuck Mangione o el grandilocuente y ominoso himno del mundial actual, sepultado por los waka-waka y los perreos encubiertos por el exitosísimo dealer de Miami que ahora es llamado "producer" y la "reina del Bronx" que no debería salir de Hollywood a gangrenar una fiesta deportiva.

LA DEL CIERRE (o cortita y al pie, como titulaba El Gráfico): El caso de Luis Suárez es francamente patético, pero más patéticos son quienes salen a decir que es una "sanción injusta y desproporcionada". ¿Morder a otro ser humano en el hombro no es acaso una actitud desadaptada, social y cultural hablando? ¿Por qué calificar de injusto un castigo a una actitud que va en contra del fair-play (política de juego limpio) que se promueve desde hace décadas en el fútbol y en todas las disciplinas deportivas? Los expertos en box, que es un deporte de muchísimo mayor contacto que el fútbol, hasta ahora critican y condenan a Mike Tyson por la mordida que le propinó a Evander Holyfield en los noventa. ¿Y ahora reciben a este papanatas como un héroe en su país? ¿Serán los efectos de la legalización de marihuana en el país gobernado por Mujica?

viernes, 13 de junio de 2014

YO LA TENGO EN LIMA DESDE LA MIRADA DE UN IRREDENTO FAN


El irredento fan no soy yo, por si acaso, sino mi buen amigo y camarada melómano freak John Pereyra (aka Hákim de Merv) quien, haciendo uso de su sólida redacción, describe el concierto que ofreció el trío de New Jersey, hace unos días, en Lima. Yo La Tengo es poseedor de una de las hinchadas más fieles y subtes de la ya no tan nueva hornada del rock independiente. La primer vez que escuché Yo La Tengo, allá por el año 1999, pensé que esas canciones eran una alijo de tracks perdidos de The Velvet Underground, por la inocultable influencia, por decir lo menos, que ejerce Lou Reed en el cantar de Ira Kaplan, fundador, guitarrista y principal compositor de la banda.

Aunque de entrada no me fue bien con Yo La Tengo -siempre he tenido serios prejuicios hacia el rock "indie", que favorablemente han ido desvaneciéndose con los años- poco a poco su atildada forma de hacer simples canciones combinando distorsión y calma contenida fueron convenciéndome de que este grupo de insólito nombre en español, asunto detrás del cual hay una historia tan tonta como interesante, estaba un par de pasos adelante de la mancha homogeneizada de ensambles sonoros postmodernos.  

Es cierto que su camino data de mediados de los 80s pero también es cierto que su culto viene de la mano de su asociación con el sello Matador Records (algo así como la Biblia o el Corán del indie rock), que comenzó en 1993. Tras los conciertos de Metallica, Paul McCartney, Soundgarden y Pixies, el de Yo La Tengo ha sido, de lejos, el quinto más importante en esta primera mitad de 2014. Por eso quiero compartir con ustedes el emocionado relato de John, ya que no tuve la suerte de ir. Las buenas crónicas, como la buena música, merece ser difundida y compartida entre quienes las sabemos apreciar...

YO LA TENGO EN LIMA
por John Pereyra Vergara


En la medida en que la rutina tiende a devorarlo todo, incluso aquellas actividades que amamos y con las que nos identificamos/autodefinimos, había olvidado lo que significa ser "joven" en todo el sentido de la palabra... hasta ayer en la noche.


Lo de Yo La Tengo es quizá la última experiencia que pueda servirme de referente en años venideros -aunque las esperanzas de ver a otros grupos "must", como suele decir mi amigo Jonas García, son lo último que se pierde-, cuando recuerde (y añore) mi juventud. Lo de The Cure, por supuesto, ha sido igualmente memorable, pero distinto: ni mejor, ni peor; simplemente distinto. Aquella vez en el Estadio Nacional, el año pasado, fue una deuda por décadas de ausencia que se saldó con creces a través de una sagrada comunión entre feligresía y banda. Lo de ayer, no creo exagerar, fue una fusión: durante dos horas y media, todos los que estuvimos allí fuimos Ira, Georgia y James. Fuimos unos y trinos.

Desconcertó que la gente llegara sobre el filo de la hora anunciada: a las 8 de la noche habían pocos asistentes dispersos, pero a las 8.30 la cola ya se perdía de vista. Esta circunstancia, sin embargo, se vio mitigada por un problema que el grupo tuvo en Aduanas para poder sacar sus instrumentos -y que dilató el inicio de la tocada hasta las 11.30 pasado meridiano. Ignoro si cancelaron a los teloneros, pues no supe que se anunciara alguno -y quizá por ello la emoción fue tan repentina como mayúscula cuando vimos a los de Hoboken trepar al escenario y encarar a sus seguidores peruanos con los acordes del Fade (2013).

¿El set list? Pues, la verdad, producto de muchas elecciones felices. Sorprendió bastante que tocaran "Autumn Sweater" y sobre todo "Moby Octopad", ambas de su disco I Can Hear The Heart Beating As One (1997, uno de sus episodios más celebrados por la crítica especializada y los fans -aunque faltó "Green Arrow", buuuuuuu-). Hubo maravillosos momentos de complicidad desbordante, como en "From A Motel 6", en "Big Day Coming" o en "You Can Have It All" (ejecutada ésta en el encore). En líneas general, no se le puede hacer a la banda mayores reproches en ese sentido (aunque siempre sí: "Tom Courtenay" y "The Summer", pe').

Pero lo de anoche fue irrepetible por esa fusión a nivel casi molecular de la que hablaba hace unos minutos. El pogo no sólo fue salvajón y expansivo, sino incandescente: como pocas veces, el público peruano conocía las canciones y las coreaba por lo menos en el estribillo, mientras se desataba el slam. En el escenario, esa refulgencia venía sobre todo de Georgia e Ira, unos capazos para crear inmediatas conexiones empáticas con la audiencia. Georgia estuvo no pocas veces a punto de hacernos cruzar al Otro Lado con su dionisíaco accionar a las baquetas. Ira aporreó constantemente la guitarra como si fuera un demencial avatar de Thurston Moore (Sonic Youth). Gentileza insular del trío: de entre el público surgió un vinilo del Popular Songs (2008) que la banda al completo autografió. Reyes.

Para mí, el clímax de la noche llegó antes del encore. Los triates comenzaron a tocar "Ohm", canción que abre el Fade, y la explosión fue inmediata. El gancho perfecto a la mandíbula. Mejor aún, el mazazo directo a nuestros miocardios, que ya habían bajado la guardia, Al borde del moco, mi bobo comenzó a zapatear. Después de muchas lunas, me sentí vivo, libre -como un animal sobrecargado de energía que trasciende el propio ser, como un viejo guerrero que respira, que muge, que hiede desprecio hacia todo lo que se le ha inculcado bajo el rótulo de "buen vivir"; que brama desde el estómago, desde los poros de la piel, desde los ojos, desde los pies... DESDE TODAS LAS PUTAS PARTES DEL JODIDO CUERPO HUMANO. Felicidad plena, que Yo La Tengo rubricaría a renglón seguido con uno de los números más esperados/solicitados de la jornada: "Blue Line Swinger", y el pogo más brutal en el que que mi corazón ha participado, por la puta madre. Inevitable no agradecerlo con lágrimas en los ojos ("tears are in youuur eyes").

Luego vendría el encore de rigor con tres temas, el primero de los cuales fue a pedido -favor que los YLT concedieron a mi amigo Diego BD (con quien nos reencontramos después de ¡¡¡15 años!!!) por tener bien puesto y en primera fila su polo con el nombre del grupo (lástima que el terceto no estaba preparado para tocar lo que pidió, "Deeper Into Movies"). Pero ya no se podría superar la æpogé de "Blue Line...". Para entonces, yo ya había abandonado las primeras filas, porque el cuerpo no me daba para más. Aún así, la noche me deparó una última sorpresa.

Muy cerca de donde me encontraba, una flaca bastante menor que yo pogueaba a morir con sus sobrinas, obviamente unas niñas todas ellas. Debe haber sido la mejor noche de sus cortas vidas. Aún diría más, deben haberse sentido vivas por primera vez desde que tienen uso de razón. Quién sabe, tal vez sea merecedor del mismo privilegio de aquí a unos cuantos años, si este achacoso cuerpo todavía aguanta la exigencia del slam y si mi querido Delfín tiene la suerte de seguir -sólo parcialmente, ojo- el camino de su pobre tío.

Bendito sea el destino que en su infinita sabiduría me hizo rocker antes que cualquier otra cosa. Bendito sea el destino que me libró de esos otros caminos ignominiosos a los que estaba condenado por ascendencia familiar. Bendito sea ese destino, carajo.

lunes, 2 de junio de 2014

BRASIL 2014: TODO IMPORTA MENOS EL FÚTBOL


Faltan apenas 10 días para que se inicie el vigésimo Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014, el segundo que se juega en el país del bossa nova, la samba y el carnaval. El primero fue hace 64 años, en 1950. Sin embargo, a medida que pasan los días me va interesando cada vez menos ser parte de la comparsa masiva que, casi de manera autómata, "vibra de emoción" y deja de lado su trabajo, su estudio y hasta su vida personal para no perderse las incidencias -como dicen las muletillas de la prensa deportiva desde que tengo uso de razón- de este campeonato. ¿Por qué? Porque en este mundial, más que en ningún otro, el fútbol ha pasado a ser un elemento más y por momentos pareciera que es el de menor importancia, de esta enorme campaña publicitaria que resalta todo, menos el deporte en sí mismo.

Esto no es nuevo, desde luego. El último mundial que, en mi modesta opinión, tuvo algo de magia y no estuvo gangrenado de distorsiones comerciales fue el México '86, el del pique, los goles de Gary Lineker y la "mano de Dios". Si estiramos un poco la tolerancia, podríamos decir que Francia '98 fue, a la postre, el que puso fin a los mundiales de fútbol y ya, a partir del siglo 21, comenzaron estos catálogos de modas, las publicidades que disparan la venta de televisores y los crímenes y problemas sociales asociados al Mundial. 

Todos los mundiales que se han jugado en los dosmiles -Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010- han estado contaminados por escándalos en la construcción de estadios, hoteles y villas deportivas sobrevaloradas (corrupción gubernamental), denuncias de trabajo infantil para la confección de souvenires y merchandising de toda clase (como ocurrió en el anterior torneo sudafricano) y sórdidas noticias relacionadas al aumento de la prostitución en los alrededores de hoteles, por el llamado "turismo sexual" que es utilizado a discreción por los "fanáticos" que van a los estadios y, en algunos casos, hasta por las mismas delegaciones futbolísticas.

Atrás han quedado las expectativas sobre las cábalas de los equipos, los tiempos que cada selección dedicaba a las concentraciones, las excentricidades de cada equipo, digamos, exóticos (como los medio orientales o los africanos quienes, por razones obvias, no poseen las mismas costumbres que las escuadras europeas o latinoamericanas). Ahora la noticia es la sesión de fotos para perfumes de Cristiano Ronaldo, la última captura de papparazzi de la novia de Messi en la playa, los jugueteos porno-soft de mujerzuelas advenedizas que la prensa tetuda termina bautizando como "novias del mundial" y las horrorosas canciones de artistas ultra mediáticos, de ventas multimillonarias y nula calidad, como Shakira o Pitbull, que son el soundtrack de Brasil 2014. El fútbol -que aun aparece en las cadenas especializadas como Fox Sports, ESPN y todos sus satélites- ha quedado relegado, se ha convertido en un ingrediente de la fórmula comercialmente winner, la dinámica del negocio, "lo que le gusta a la gente".

Y en cuanto a los problemas sociales, políticos y económicos descritos previamente, Brasil 2014 es, sin lugar a dudas, el mundial en el que más evidentes, patéticas y agresivamente sórdidas se han hecho estas situaciones. Basta con ver a la población brasileña, la más futbolera del mundo, en pie de lucha diaria, realizando protestas contra todos los negociados que se están haciendo con motivo del mundial de fútbol, para entender que esto no es solo una apreciación personal de quien esto escribe. Hay un malestar masivo, en el país más identificado con el buen fútbol a nivel mundial, que se está expresando sin pudores. Ante todo ello, la maquinaria publicitaria, mediática y comercial hace oídos sordos y ojos ciegos pues se inserta con más facilidad en la dinámica superficial de aquello que más vende.

Tengo 40 años y he visto todos los mundiales desde España '82. Ese año, en que Perú participó por última vez (no solo porque fácticamente no volvió a participar en los ocho mundiales siguientes sino porque NO LO VOLVERÁ A HACER JAMÁS), hubo un periódico que sacó un un suplemento titulado La Historia de los Mundiales o algo así -no recuerdo bien si fue Expreso o El Comercio- en el que contaban, detalle a detalle, partido a partido, todo lo que pasó desde Uruguay '30 (el primer mundial) hasta Argentina '78 (en ese momento, el anterior). 

Lo coleccioné y consumí de manera compulsiva, casi como una adicción. Leyendo esas páginas y viendo esas fotos aprendí que Obdulio Varela es un ídolo en Uruguay, que no hubo otro delantero como el francés Just Fontaine, que Pelé debutó a los 17 años en Suecia '58, que Ferenc Puskas y Sandor Kocsis, mediocampista y delantero húngaros, merecieron ser campeones y nunca lo fueron, que al arquero soviético Lev Yashin le decían "La Araña Negra" y que Holanda campeonó en el corazón de todos los fanáticos del fútbol los dos mundiales consecutivos en que no pudieron levantar la copa, entre muchas otras cosas. Y cada historia de lo que ocurría en España '82 se ligaba de manera inmediata a los otros mundiales pasados, creando conexiones emocionales, recuerdos, una cultura asociada a un deporte que, con el correr de los años, ha perdido su encanto para convertirse en un negocio ramplón, vulgar y superficial.

Este mundial no tiene estrellas, todos son robots con el pelo engominado y los contratos publicitarios esperándolos a la vuelta de la esquina. Personajes como Cristiano Ronaldo, Mario Balotelli y otros deben ganar más dinero posando para una revista dirigida al público femenino -o al masculino metrosexual, que es casi lo mismo- que jugando fútbol. Por ende, si se lesionan una rodilla quizás no les sea tan perjudicial pues no la necesitan para las sesiones de fotografía fashion que conseguirán mientras dure la para. Ya no hay mística en el fútbol. Hay negocios, corrupción y distorsiones de todo tipo que dejan a los goles, las jugadas y los equipos esperando su turno para recibir un poco de atención en medio de tanta basura, la cual es consumida de forma desesperada por todos esos hombres y mujeres que, sin saber nada de fútbol, se reunirán en torno a un LCD de 40 pulgadas, al ritmo de la canción plagiada de Shakira, una de esas improvisadas y simplonas "novias del mundial".