Blog dedicado a temas de actualidad, opiniones, comentarios, asuntos de interés, etc... surgido a partir de la necesidad de decir cosas y no contar con el espacio para hacerlo...
Del escenario pequeño y maltrecho del histórico CBGB, local al que acudían cientos de almas en pena a disfrutar de aquellos grupos nuevos que nadie imaginaba convertidos en los eternos clásicos del lado más oscuro y menos glamoroso del rock and roll, nos llegan dos de esas bandas que se han ganado un lugar en la historia en esa época de tránsito entre el monotemático punk de los 70s y el variopinto y a menudo confuso rock de los 80s.
New York Dolls y B-52s (que en sus épocas le anteponían a sus nombres el artículo "The" para estar acorde a la tendencia de entonces) están en este momento calentando motores para tocar por primera vez en Lima. Transgresores y agresivos los unos, fiesteros y relajados los otros, ambos grupos se ubican, hablando de estilos, géneros y rótulos, en la orilla opuesta a las oleadas de virtuosismo y espectacularidad de otros ilustres visitantes como Peter Gabriel, Iron Maiden y por supuesto, Kiss.
Nosotros, ajenos a esas diferenciaciones mezquinas que suelen hacer algunas personas que le restan valor al talento extremo por considerarlo impropio en el contexto del rock entendido como expresión libre, accesible a cualquier persona, celebramos que estén aquí y les damos las gracias por venir a nuestro país.
Es necesario decir que esos críticos de siempre se olvidan que al final de las cuentas, todos son músicos notables y que, en todo caso y les duela a quienes les duela, las mayores diferencias están precisamente en cuán buenos son en lo que hacen, en cómo lo interpretan. Por otro lado, distanciarse de unos y acercarse a otros también demuestra poca amplitud de criterio, cuando hablamos entre melómanos. Para el oyente común es simplemente cuestión de gustos. Y sobre eso, como sobre los colores, no han escrito pues, los autores.
New York Dolls en 1973 tocando Personality Crisis, David Johansen ya no luce así pero seguro la banda suena mucho mejor...
Excelente canción, excelente voces las de Kate Pierson y Cindy Wilson... en una de sus últimas tocadas en Montreaux, 2007
El calor que producían las inmensas lenguas de fuego a cada lado del escenario llegaba hasta nuestros rostros y con cada explosión desaparecía la idea de que estábamos viviendo un sueño, uno de esos sueños que habíamos tenido más de una vez en los últimos veinte años. Era difícil distinguir entre la realidad y la fantasía, como una amiga me dijo al salir del recinto, presa de la euforia y con los acordes aún resonando en los oídos: era como si hubiésemos estado dentro de uno de sus clásicos videos, esos que veíamos sin cansarnos y alimentando la ilusión de verlos en vivo y en directo.
Y es verdad. El concierto ofrecido por Kiss en Lima tuvo todos los elementos que este incendiario cuarteto ha utilizado en cada una de sus presentaciones en los mejores escenarios del mundo: excelente rock and roll, arrasadora actitud y energía, fuegos artificiales, luces y un sonido intenso y ensordecedor. Como lo anunció Paul Stanley en su primer contacto con el público peruano, esa noche fue la noche.
El martes 14 de abril, el Estadio Nacional dejó de serlo por alrededor de dos horas y media para convertirse en el cuartel general de la banda y la masiva concurrencia de las huestes del Kiss Army limeño hizo exclamar al carismático showman que Perú se convirtió en el país número uno. "Hemos tocado en Buenos Aires, en Sao Paulo, en Santiago y déjenme decirles que esta noche Lima se ha convertido en la ciudad más ruidosa". Poco a poco, lo que hubo entre Starchild y las 40 mil personas dejó de ser un simple diálogo para convertirse en un romance apasionado, una fiesta de rock and roll, una combinación única entre lo infantil y lo prohibido para menores.
Después del inexplicable set de casi 40 minutos de Leusemia - sin faltarle respeto a Daniel F. y su y trayectoria en el esmirriado panorama del rock nacional, quedó evidente que no era necesario ningún telonero - el concierto comenzó cuando un inmenso telón negro con el clásico logotipo de la banda neoyorquina cayó y cubrió la tarima.
Las impresionantes columnas de parlantes lanzaban We won't get fooled again, clásico de The Who que vienen utilizando como introducción en esta gira denominada Kiss Alive 35, y sus 6 minutos de duración crearon el ambiente propicio para lo que iba a venir. La expectativa, las ansias de verlos por fin, la espera acumulada estaba a punto de terminar.
La sensualidad andrógina de Paul Stanley y la risueña oscuridad de Gene Simmons se apoderaron del público apenas rompieron los fuegos con Deuce, tema que usan para abrir sus conciertos desde hace ya varios años. Los desplazamientos de la banda, conocidos para los fans más acérrimos, hicieron delirar a las casi 40 mil personas que esa noche fueron testigos de un espectáculo único en su género, inigualable. Cada una de las canciones fueron coreadas sin descanso y los miembros hicieron de las suyas en reciprocidad, dando todo de sí y cumpliendo lo prometido.
Kiss vino y, contrariamente a opiniones desubicadas y reveladoras de una ignorancia monumental, le dio a Lima una enorme inyección de felicidad y buen ánimo, en medio de las tragedias cotidianas que nuestras autoridades nos ofrecen como forma de vida, una forma de vida incolora y carente de ilusiones, que algunos nos negamos rotundamente a aceptar como inalterable. Sin ponernos muy densos, podemos decir una vez más, que es lamentable comprobar que no podemos encontrar tranquilidad ni sana diversión entre los nuestros y que deben venir artistas consagrados, de un mundo al que jamás tendremos acceso como sociedad, digan lo que digan los estafadores y corruptos de siempre, a mostrarnos cuánto es posible lograr con talento, creatividad y amor por lo que se hace.
Paul Stanley cantó y tocó como en sus mejores tiempos. Sedujo al público con sus sugerentes bailes y posturas, voló por los aires hasta la mitad del campo e hizo añicos una hermosa guitarra delante del boquiabierto público. Gene Simmons señaló a todo el mundo, desplegó todo su catálogo de gestos y movimientos, escupió fuego, vomitó sangre y se elevó casi 30 metros sobre la multitud que aclamaba su nombre, mientras él la observaba de brazos cruzados y con rostro severo, graciosamente endemoniado. Tommy Thayer ofreció una muy convincente combinación del virtuosismo inspirado e intuitivo de Ace Frehley y la prolija técnica de Bruce Kulick (guitarristas previos del grupo) y tal como sucedía en los 70s, disparó potentes bombardas desde su Gibson. Y Eric Singer, curtido hombre de tambores, estructuró estremecedores solos de batería sobre una plataforma que, casi como una nave espacial, parecía despegar hasta el infinito en medio de una lluvia de fuego.
El repertorio estuvo conformado por clásicos de la primera época de la banda, aquella en la que sorprendieron a propios y extraños con ese sonido intenso, electrizante que dejaba la sensación de ser algo más que hard rock, algo más que glam. Kiss es un grupo de rock and roll y desde siempre se las arreglaron para componer canciones que golpeaban directo a la cara, lo suficientemente elaboradas para demostrar su calidad como músicos y a la vez, en dosis perfectas y accesibles para todo tipo de público. Pero eso sí, con altos niveles de volúmen y distorsión.
Así, pudimos escuchar Strutter, Watching you, Parasite, Black diamond, Got to choose, entre otras., demostrando una vitalidad a prueba de balas y de críticas. Para cerrar la primera parte, una tupida lluvia de papeles blancos le dio ambiente de fiesta a Rock and roll all nite, himno a la diversión y a la buena música, una canción para saltar y gritar, efectivamente, toda la noche. Luego vendrían algunos guiños a su trayectoria ochentera con I love it loud (cantanda por Simmons desde las alturas) y Lick it up, además de la esperadísima I was made for loving you, uno de los momentos cumbres de la noche. Finalmente, Kiss terminó de enloquecer al público con Shout it out loud, Love gun y Detroit rock city, en un cierre de concierto simplemente espectacular.
Sin lugar a dudas, este ha sido el mejor concierto que ha visto Lima, no solo por la espectacularidad de la puesta en escena, sin precedentes en la historia del rock mundial, sino por la actitud y el prestigio que estos cuatro músicos han sabido ganarse a través de los años con un trabajo coherente y constante, asumiendo retos en medio de la tiranía de las tendencias musicales y los gustos de la gente. Kiss se mantiene vigente porque tiene todos los ingredientes necesarios para seguir siendo una voz influyente en el mundo del rock: carisma, talento y fuerza.
Un poema hecho canción... un resumen de lo que un hombre puede llegar a sentir por una mujer... para todos aquellos que pueden sentirse mejor después de una melodía de 4 minutos... y desde luego, como celebración de una fecha tan especial para mí... saludos...
En tiempos en los que la militancia y el abrazo a ideologías pertenecen al pasado, tiempos en que nadie demuestra tener la sensibilidad suficiente como para emprender y liderar una lucha colectiva en pos de ideales relacionados al bien común y que el individualismo promueve actitudes deshumanizantes ¿cómo podemos entender las reacciones destempladas de los seguidores de Alberto Fujimori tras conocerse “la sentencia condenatoria”? ¿O es que no es posible la justicia en el país de los ciegos?
Me atrevo a pensar que todas esas personas que agitan banderolas, gritan y lloran desesperadamente, se desmayan, insultan y amenazan con participar en masivas manifestaciones públicas no saben por qué lo hacen; asimismo, parecen no tener conciencia de la inutilidad de sus pancartas y protestas callejeras, salvo que tengan claro que la única beneficiada con todo ese desgaste de energías es Keiko Sofía, quien no dudó un segundo en lanzar su prematura campaña electoral a partir del resultado final del juicio a su padre.
Lo que se vive en estos días en el Perú s sencillamente insólito, suprarreal, bizarro. Como para novela de algún autor del boom de los años 60s. De otra manera no es posible comprender que personas que evidencian niveles culturales bajos, escasez de recursos económicos, abandono social, etc. se alcen en armas defendiendo a un presidente que hizo uso, y lo hace hasta ahora, de sus situaciones de extrema necesidad para conformar una portátil que termina comportándose de manera abyecta e insensible frente al dolor de sus semejantes, repitiendo consignas y dejándose llevar de las narices hacia el descrédito nacional. Me pregunto si Vladimiro Montesinos habrá imaginado en sus mejores sueños que el poder residual de su bien estudiada campaña de manipulación, embrutecimiento y compra de conciencias iba a ser tan fuerte.
¿Cómo se explica que en un país donde nadie es capaz de regalar uniformes para un equipo de fútbol de barrio, haya decenas de señoras vestidas con polos naranja, gorras naranja, paneles naranja, banderas, etc.? ¿Cuánto gana una señora de 50 años por prestarse a este infructuoso teatro, que se inscribe en las clásicas tácticas psico-sociales del Doc? ¿Quién paga el desayuno de ese niño de 10 años que aparece en las cámaras del Canal 4 cantando el mamotreto ese que compuso Carlos Raffo?
Todo este despliegue económico debería dejar en claro la naturaleza delincuencial del oncenio fujimorista, sin embargo todo este apoyo incondicional proviene, a nuestro entender, del engaño y la desinformación en algunos y de la conveniencia por conseguir un beneficio en otros, por mínimo que este sea. La pérdida de la dignidad a cambio de una dádiva de cientos de familias que anteponen la solución de sus urgencias más elementales a la construcción de una sociedad justa, que privilegie la honestidad y la solidaridad.
Independientemente de los giros que pueda tener el proceso judicial, habida cuenta de las diversas estrategias que el abogado César Nakazaki ya comenzó a desplegar (apelaciones en segunda instancia, aplicación de beneficios penitenciarios, cálculos sobre la base del tiempo que ya tiene en prisión, etc.), la sentencia de 25 años constituye una reivindicación de la administración de justicia en el Perú, tradicionalmente asociada a fallos discutibles y un precedente para que todos aquellos que quieran aprovecharse del poder para salirse con la suya y permanecer impunes, lo piensen dos veces antes de hacerlo.
Créditos de la foto: JRS y RV... gracias totales!!!
Desde que quiero hablar empezó su camino en el mundo de los blogs, nos prometimos evitar la publicación de nuestras fotos personales, debido a que este espacio pretende dar prioridad a todo aquello de lo cual se nos ocurra hacer un comentario, dar una información de calidad, exponer un punto de vista o contar una experiencia significativa y que de una u otra forma, genere una corriente de pensamiento, una reflexión o simplemente un buen rato. Pero esta vez se impone una excepción a la regla.
Como amante de la buena música y asistente regular a los conciertos que desde hace unos años se están produciendo en nuestra ciudad, he reconocido en cada uno de ellos una parte de mi vida, una conexión con mi sensibilidad. Pero nunca tan de cerca como en esta ocasión.
Asistir al concierto de una banda a la que uno ha admirado durante décadas es casi una experiencia mística, y tener acceso a cada momento de su estadía entre nosotros resulta mucho más impactante. El de la foto soy yo, en la puerta del Ed Force One, el impresionante Boeing 757 de la compañía británica Astraeus en el que llegó Iron Maiden, minutos después que el sexteto encabezado por el capitán de la nave y cantante del grupo Bruce Dickinson, descendiera en el Jorge Chávez la tarde del miércoles 25. De vez en cuando la vida nos ofrece ocasiones únicas e irrepetibles y esta fue, sin lugar a dudas, una de ellas.
Lo que ocurrió la noche del jueves 26 de marzo en el Estadio Nacional no fue solo un concierto. Fue un verdadero shock emocional, de reencuentro con un pasado más plácido en el cual las preocupaciones desaparecían al final de cada día y a la vez, una compensación de la vida frente a los golpes que ocasionalmente nos da.
Más que una "bocanada de aire fresco", conocida frase hecha comúnmente utilizada para describir esta clase de momentos, lo que nos brindó Iron Maiden fue un intenso huracán de talento, vitalidad y energía. Una onda expansiva que aún hoy, tres días después, es capaz de impulsar los engranajes de quienes tuvimos la suerte de asistir superando obstáculos de todo tipo, concientes de que íbamos a ser parte de una élite privilegiada, que trasciende las expectativas, los gustos y las capacidades de entendimiento del resto.
Lima está convirtiéndose en plaza elegible para los grandes músicos del mundo. Y más allá de que unos cuantos se cuelguen de esto para considerarlo un factor de desarrollo (lo cual es, desde luego, una falacia), el público limeño está demostrando una cultura musical mucho más amplia de lo que el común de los empresarios pudo suponer en épocas pasadas.
En tiempos en que asistimos al desvergonzado y alevoso copamiento de ondas radiales y televisivas por parte de conjuntos pseudo-musicales que fomentan los aspectos más negativos, degradantes e informales de nuestra cultura popular valiéndose de un género alegre y antaño bien interpretado como la cumbia, observar que una multitud de más de 35 mil personas se conduce con orden, respeto y admiración delante de sus ídolos es un motivo más para sentir orgullo de cultivar la pasión por un género como el rock y en particular el heavy metal, echando por tierra prejuicios y ninguneos de toda clase.
Y a pesar de que parte de esa informalidad, cargada además de una ignorancia afrentosa incapaz de distinguir entre una cosa y otra, también se hizo presente la noche del jueves, impidiéndonos disfrutar de la pirotecnia y la parafernalia de efectos especiales que la banda inglesa quiso ofrecernos, Iron Maiden demostró sobre el escenario por qué sigue siendo una de las bandas más queridas y sorprendentes de la escena musical contemporánea.
Después de la tercera canción, Dickinson, con una cordialidad propia de su idiosincracia, pidió disculpas por los "problemas técnicos" que no los dejaron utilizar sus explosivos y el público respondió con un rugido estentóreo que significaba "no importan los fuegos artificiales, gracias por venir!!!". Establecido el diálogo entre artista y público, lo que siguió fueron dos horas de emocionante virtuosismo y frenesí metalero. Lo cual no quita que hagamos hincapié en el enorme descrédito que este impase le produce a nuestro país como escenario de artistas consagrados.
Países vecinos como Ecuador, Venezuela, Colombia, entre otros, no pusieron ninguna traba para la realización del espectáculo y tomando en cuenta que se trataba de uno de los principales argumentos de venta del concierto, deja un inoportuno borrón en el curriculum de nuestra ciudad y su actitud ante espectáculos como estos que son trabajados al máximo detalle, respetando leyes y medidas de seguridad que garantizan su éxito en cualquier plaza del mundo. Sería bueno que la organización buscara hacer un deslinde y determinar exactamente cuál fue la instancia (la Municipalidad, la Aduana, la Discamec...) que produjo este inconveniente burocrático.
Pero mejor volvamos a lo nuestro. La algarabía del respetable crecía canción a canción y los músicos no dieron espacio al respiro. Aces high, que dio inicio al concierto con el clásico fragmento del discurso We shall fight on the beaches de Winston Churchill rompió los fuegos y el ataque de acordes y solos no cesó de ahí en más.
Impresionante inicio con imágenes de la película Flight 666 y de fondo, el instrumental Transylvania, emblema del primer disco... luego el clásico inicio del World Slavery Tour de 1985, con discurso de Churchill y todo... solo para fans de toda la vida...
Clásicos como The trooper, Wratchchild, Phantom of the opera, entre otros nos hicieron retornar a aquellas míticas imágenes de 1985, con BruceDickinson elevando su altísima y poderosa voz en el cielo limeño, animando y arengando al público con el esperado grito de guerra "Scream for me Lima!!!", ofreciendo lo mejor de sí. Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers compitieron sanamente con sus interminables fraseos y solos - algunos realmente increíbles - y el último encandiló al estadio con sus saltos y danzas mientras iba cortando el aire con su afilada guitarra Fender.
Atrás, Nicko McBrain parecía mimetizado con su enorme drumset, una extensión de su cuerpo que domina a la perfección. Las pantallas gigantes permitían ver cada detalle de su interpretación e incluso se dio tiempo de tomar un vaso de gaseosa mientras mantenía el vertiginoso tempo de las composiciones de Steve Harris, el comandante en jefe de este ejército guitarrero y eléctrico, que recorre sin cansancio todo el escenario y mira al público directo a los ojos, inyectándole parte de esa vitalidad alucinante.
Los himnos se sucedieron uno tras otro: 2 minutes to midnight, Wasted years, Fear of the dark y las más aplaudidas, Rime of the ancient mariner y Hallowed be thy name, resonaron en las voces de la muchedumbre allí reunida. Al final, tras el cierre con Iron Maiden (tema en el que apareció un enorme Eddie de casi 7 metros de altura), The number of the beasty Sanctuary, el sexteto desapareció entre las sombras dejando extasiada, afónica y muy agradecida a la multitud, que pedía más.
La Doncella de Acero se apoderó de la ciudad de Lima durante casi dos horas y media y la tuvo entre sus manos, dejando un recuerdo imborrable en nuestras retinas y oídos.
Iron Maiden en Lima, buen resumen colgado en youtube...
El calentamiento global se viene anunciando desde la década de los 70s ante la indiferencia de quienes dominan el statu quo, que hicieron de todo por impedir que información relevante relacionada con la acumulación de dióxido de carbono, las deglaciaciones, el sobre consumo de energía, la tala indiscriminada, etc. y los devastadores efectos que iban a tener sobre nuestro hogar, sean internalizadas por las poblaciones. ¿La razón? el cuidado de los recursos naturales supone la reducción de los procesos industrializados - o en todo caso, su moderación - y eso iba diametralmente en contra de las políticas de ganancias y acumulación de riqueza de los grandes grupos de poder de siempre.
Incluso hoy, que esos efectos devastadores comienzan a ser una realidad cotidiana en diversos lugares del mundo, hay quienes tratan de negar lo innegable: el planeta está sufriendo las consecuencias del irresponsable uso de sus recursos y está empezando a demostrar sus malestares. Por eso es importantísimo plegarse a la campaña que la ONG World Wide Fund llamada LA HORA DEL PLANETA, que consiste en apagar las luces durante una hora (entre las 8:30pm y las 9:30pm de este sábado 28 de marzo).
Este es el tercer año de esta iniciativa nacida de la preocupación en un mundo dominado por la indiferencia y la desinformación. Apoyemos desde nuestras casas, trabajos y lugares donde nos encontremos este fin de semana, apagando las luces durante 60 minutos. Servirá para reflexionar sobre este tema de vital importancia para el futuro de este mundo que es, por lo menos hasta ahora, nuestro único hogar en el universo. Debemos cuidarlo por nuestro propio bien...
Controvertido, salvaje, demente, histriónico, extravagante... Cualquiera de estos adjetivos definen perfectamente a Gene Simmons, quizás el personaje más llamativo y popular del hard rock. Conocido principalmente a través de su alterego"The Demon", ese cantante enloquecido que escupe sangre, vomita fuego y lanza graves notas desde un bajo en forma de hacha, Simmons es además uno de los empresarios de mayor éxito en los predios del rock and roll mundial.
Gene ha sido la única persona capaz de echar por tierra aquella eterna oposición del rock como género musical que expresa rebeldía, pasión y libertad creativa frente al éxito comercial, las ganancias millonarias y los fríos cálculos y estrategias propios de la mentalidad de un negociante. Poseedor de un agudo y oscuro sentido del cinismo y de la polémica, Simmons siempre supo alborotar el cotarro del establishment con sus declaraciones públicas que iban desde apoyar abiertamente la invasión a Irak digitada desde la Casa Blanca por George W. Bush hasta culpar a los consumidores y usuarios de música por Internet de la actual crisis de la industria discográfica.
Kiss en vivo, 1976, interpretando Deuce, uno de sus primeros temas
De nacionalidad israelí, Simmons es asimismo, una de las personalidades más enigmáticas y cultas de la escena musical popular contemporánea. Nació en Haifa en 1949 y se mudó a New York a los ocho años junto a su madre, Florence, una judía húngara que logró sobrevivir al holocausto nazi. El pequeño Gene, cuyo verdadero nombre es Chaim Witz Klein, comenzó a trabajar desde muy joven, convencido de que no había otra forma de alcanzar el éxito que ganando mucho dinero. En la actualidad maneja un imperio económico y se mueve en los círculos mas exclusivos del jet set y del espectáculo. Además, domina cuatro idiomas (inglés, hebreo, húngaro y alemán) y por si eso fuera poco, está estudiando japonés y chino mandarín.
Sin importar que uno fuera o no fanático de Kiss (banda que fundó junto a Paul Stanley en 1972), siempre había una noticia acerca de Simmons que despertaba la curiosidad del público. Alrededor suyo se han tejido innumerables leyendas urbanas, todas y cada una de ellas milimétricamente preparadas para concitar el interés de propios y extraños. Desde los rumores que aseguraban que la longitud de su lengua (casi 18cm) se debía a un implante hasta aquellas declaraciones en las que afirmó, a mediados de los 80s, que había estado con más de un millón de mujeres durante su vida, Gene Simmons se las ha arreglado para permanecer en el ojo público, exhibiendo sin ningún pudor ni hipocresía sus gusto por lo extremadamente mediático y exagerado.
Como músico, Gene Simmons está lejos de ser considerado un virtuoso, pero el peso de su imponente presencia escénica y la precisión con la que ataca los temas de su banda lo convierten en referente para las posteriores generaciones de bajistas que crecieron escuchando su tono muscular y sus poderosas distorsiones, y observando sus incomparables hábitos sobre el escenario, recinto del cual es dueño y señor. Aunque Paul Stanley (el "chico de la estrella" o "Starchild") asumió el liderazgo de la banda durante los años en que dejaron atrás las pinturas y los trajes (1983-1996), Simmons siempre ha sido la fuerza motora de Kiss, y su inteligente conducción la ha convertido en una banda que hoy por hoy ofrece el espectáculo de rock más completo e impresionante del mundo.
Videoclip del clásico Sure Know Something del áDynasty (1979), nótese el bajo en forma de hacha
Además de la música, Gene Simmons ha desarrollado una prolífica carrera en el cine, particularmente durante los 80s, con participaciones en películas de acción, policiales o gangsteriles. En cuanto a la televisión, apareció como invitado en conocidas series como Miami Vice,That 70s Show, entre otras. En los últimos años ha protagonizado dos reality shows de alta sintonía en los EE.UU. En el primero de ellos, Simmons acometió un extraño y complicado reto: conformar una banda de rock con niños estudiantes de un conservatorio, al estilo de la película School of Rock, protagonizada por Jack Black.
Desde el 2006, el bajista y su familia son los protagonistas de Gene Simmons Family Jewels, programa grabado desde su mansión, tal como lo hiciera Ozzy Osbourne hace unos años. Sorprendentemente para muchos, a través de este programa se descubre un lado impensado de la personalidad del famoso "Demonio": el multimillonario rockstar y magnate del entretenimiento es un padre cariñoso, preocupado por el bienestar de su pareja y la salud física y mental de sus dos hijos, Nick y Sophie.
Pero no cabe la menor duda: la imagen mas reconocible de este polifacético artista es aquella en la que lo vemos transformado en ese personaje amenazante, hacha sonora en mano, que usa enormes zapatos de plataforma, púas en los hombros y alas de murciélago, que lanza llamaradas e intensos rugidos de rock and roll, al lado de sus compañeros Paul Stanley, Tommy Thayer y Eric Singer, la banda más caliente del mundo... Kiss!!!
Gene Simmons solo durante uno de los conciertos de la última gira Kiss Alive 35... (2008)
En la amplia y variada historia del rock hay músicos que son indispensables dentro de un grupo. No importa que sea una banda estable en su formación o que por el contrario, sea uno de esos combos caracterizados por nunca tener una alineación fija, siempre hay un músico sin cuya presencia es imposible continuar.
Cuando Freddie Mercury falleció, Queen dejó de existir, y aunque Paul Rodgers lo hace bien, el espíritu de la reina se fue a la tumba con su cantante, pianista y líder natural. Del mismo modo ocurrió con The Doors o Led Zeppelin, pues las desapariciones de Jim Morrison y John Bonham fueron irreemplazables. En el caso de Genesis, la salida de Peter Gabriel significó la muerte de la banda y el nacimiento de otra, totalmente distinta pero con el mismo nombre. Y para tomar un caso actual, si el baterista de Coldplay falleciera o simplemente decidiera retirarse del quinteto inglés, este continuaría su carrera sin lugar a dudas, pero si eso sucediera con Chris Martin, Coldplay llegaría a su fin. Porque Coldplay es Chris Martin.
Como en los casos mencionados, Steve Harris es Iron Maiden. Durante sus 35 años de vida, la banda ha tenido dos bateristas, tres vocalistas y cuatro guitarristas pero siempre en el centro se ha mantenido, como columna vertebral, el cerebro detrás de cada idea desarrollada por el ahora sexteto, pionero y punta de lanza de la llamada Nueva Ola del Heavy Metal Británico (NWOBHM por sus siglas en inglés).
Tema Transylvania, alucinante instrumental del primer álbum, titulado Iron Maiden (1980)
Stephen Percy Harris tiene en la actualidad 53 años y su vitalidad sobre el escenario sorprende a propios y extraños. En cada concierto de la banda, Steve corre, salta, canta a gritos sin micrófono y recorre de punta a punta el escenario mientras lleva el peso, junto al metrónomo de los tambores de Nicko McBrain, de la vertiginosa música de Iron Maiden, que en su gran mayoría es compuesta, arreglada y producida por él.
Fundador y líder indiscutido del grupo, Harris maneja prácticamente todos los aspectos del desarrollo musical de la banda, y según los entendidos, con mano firme y dictatorial. Pero no es que se trate de un tirano. A decir verdad, Steve Harris posee el sino del perfeccionista, del jefe capaz de despedir a todos si no consiguen reflejar las visiones que extrae de su prodigiosa imaginación, producto de largas horas de estudio y de una amplia cultura histórica, mitológica y hasta bíblica, material que conforma el catálogo de letras de sus composiciones.
Sus relatos épicos y en algunos casos poéticos, se nutren de pasajes tanto reales como imaginarios. Por ejemplo The Trooper, clásico tema del cuarto álbum de Iron Maiden titulado Piece Of Mind (1983) está basado en la batalla de Balaclava, entre el ejército inglés y la armada rusa a orillas del Mar Negro (1854). Por otro lado, su personalidad en escena y su frenética forma de tocar el bajo lo convierten en uno de los personajes más carismáticos no solo del género del cuero negro, sino del rock en general.
The Trooper, clásica canción del catálogo Maiden, excelente videoclip (1983)
Harris, quien de niño quiso dedicarse al futbol profesional (llegó a jugar por el West Ham United durante su adolescencia) inició su carrera como músico a principios de los 70s como miembro de dos pequeñas bandas londinenses de poca trascendencia: Gypsy's Kiss y Smiler de la cual fue expulsado debido a que sus movimientos sobre las tarimas le quitaban protagonismo a los demás miembros. Entonces decidio formar su propio grupo y conformo en 1975 la primera versión de la "doncella de acero". El nombre de la banda proviene de un instrumento medieval de torturas que vio en una versión fílmica de The man in the iron mask de Alejandro Dumas.
Aunque en un principio el público se confundía ante su propuesta musical, inusitada y novedosa en comparacion con la violencia incontrolable de los grupos punk o los pesados riffs de bandas como Black Sabbath, poco a poco fue ganando una enorme legión de fanáticos y en poco tiempo, Iron Maiden se convirtió en un verdadero grupo de culto.
Además de las funciones ya descritas, Harris se encarga de los teclados, los arreglos, la producción y dirección de videos, tanto en vivo como en clips. Su estilo al tocar, conocido como "bajo galopante" es una especie de pulso acelerado que asemeja una estampida de caballos salvajes y en los últimos conciertos de la banda se le aprecia incluso realizando acordes completos, algo poco usual entre los bajistas de heavy metal.
Los conciertos de Iron Maiden están plagados de momentos claves, que producen algarabía en sus fans: desde las caracterizaciones del vocalista Bruce Dickinson hasta los cruces de guitarras, pasando por la impresionante puesta en escena que incluye recreaciones de lugares históricos, fuegos pirotécnicos y por supuesto, las apariciones de Eddie, la mascota de la banda. Pero uno de los momentos más característicos y esperados es cuando Steve Harris se ubica delante del público y dispara ráfagas de notas desde su bajo Fender, como si de una ametralladora se tratara. Y el público responde a este ataque con alaridos de agradecimiento y emoción. Bienvenido Harris The Great.
Iron Maiden en pleno, tocando Hallowed be thy name (en vivo, Rock in Rio, 2005)
No cabe duda. Este es el año de los conciertos en el Perú. Es verdad que ya tenemos en nuestro haber varias visitas ilustres: Deep Purple (hasta en tres ocasiones), Roger Waters, Soda Stereo, Bryan Adams, Caetano Veloso, Björk, Megadeth, Joe Satriani, entre otros, han pasado por Lima para beneplácito de melómanos y solaz de figurettis de toda ralea...
Y pese a que la eliminación de los impuestos a esta clase de espectáculos no ha evitado que algunas entradas mantengan sus precios prohibitivos, Lima se prepara para recibir, en menos de dos meses, a tres importantes figuras del mundo del rock.
Cada uno de ellos, con más de tres décadas de sólidas carreras artísticas, han sido determinantes en algún momento de su camino para el desarrollo de un género, de un adelanto tecnológico y hasta de una marca que hoy por hoy mueve millones de dólares en infraestructura, merchandising y concita la atención del mundo entero.
Nos referimos por supuesto, a los próximos conciertos de Peter Gabriel (20 de marzo), Iron Maiden (26 de marzo) y Kiss (14 de abril) y aunque desde este blog lanzaremos posts - y si Dios quiere, crónicas - acerca de cada uno, esta vez quiero hablar de la llegada de tres de los bajistas más influyentes y carismáticos que van a confluir en nuestro país en pocos días, con motivo de estos anunciados y esperados shows.
TONY LEVIN
Nacido en Boston, EE.UU. hace 63 años, Tony Levin se hizo conocido como músico de sesión a inicios de la década de los 70s, colaborando con una amplia gama de artistas que van desde John Lennon y Lou Reed hasta la big band del baterista Buddy Rich.
Desde niño estudió tuba, cello y contrabajo, y decidió especializarse en las graves notas de las cuerdas por sus preferencias musicales, que iban por las rutas del jazz y del rock progresivo, géneros que comenzó a cultivar desde joven en un proyecto de corta vida denominado The Attack Of The Green Slime Beast, junto a Don Preston, por aquel entonces tecladista de The Mothers Of Invention.
Sin embargo, el salto a la fama lo da como miembro estable (tanto en los estudios como en las giras) de la banda de apoyo de Peter Gabriel, a quien conoció por intermedio de un amigo en común, Bob Ezrin, productor de álbumes históricos como Berlin (1973) de Lou Reed y Welcome to my nightmare (1975) de Alice Cooper, en los que Levin participó como músico de sesión.
En vivo con la banda de Peter Gabriel, tocando Red rain, clásico del álbum So. Nótese el uso de los funk fingers (1986)
Junto al fundador de Genesis, Levin desarrolló en extremo sus virtudes como instrumentista, además de convertirse en el camarógrafo/fotógrafo oficial del grupo, afición que hasta hoy cultiva con éxito y difunde a través de sus road movies. Durante las sesiones del primer disco de Gabriel como solista, Tony conoció a Robert Fripp quien años después lo invitó a grabar con él en un par de proyectos independientes, para luego reclutarlo como parte de la nueva alineación de King Crimson, banda en la que permaneció hasta fines de los 90s.
Indiscipline, infaltable en los conciertos de King Crimson durante los 80s y 90s. Chapman Stick exigido en una melodía perturbadora y desafiante.
Como lugarteniente de dos de las figuras más influyentes del art-rock (Gabriel y Fripp) el prestigio de Tony Levin subió como la espuma e incluso ocupó el lugar de Chris Squire en el proyecto Anderson Bruford Wakeman Howe, tocando con ellos tanto en la grabación de su epónimo álbum como en el breve circuito de giras que realizaron en 1989.
Tony Levin es el responsable de la popularidad del Chapman Stick, instrumento multicorde (los hay de 10 y 12 cuerdas) que puede cumplir funciones de bajo y guitarra al mismo tiempo, y que se ejecuta haciendo tapping con ambas manos, casi como si se tratara de un piano. Además, Levin es el creador y difusor de los "funk fingers", pequeñas baquetas que el bajista se coloca en los dedos para golpear las cuerdas del instrumento, creando un efecto similar a la técnica del slapping, típica del sonido funk de músicos como Stanley Clarke, Bootsy Collins o Les Claypool. La textura del sonido es parecida al que se obtiene con el slapping, pero el volumen es más fuerte y redondo. El músico ha declarado que el verdadero creador de este artilugio fue Andy Moore, uno de sus ingenieros de sonido.
Con su inseparable Chapman Stick, dando cátedra...
Como todo músico virtuoso y aventurero, Levin siempre ha encontrado tiempo para dar rienda suelta a sus propias inquietudes musicales, como solista y como miembro de interesantes proyectos. Así tenemos el trío que formó a fines de los 90s junto a Steve Stevens (guitarrista de Billy Idol) y Terry Bozzio (reconocido baterista que ha tocado, entre otros, con Frank Zappa, Steve Vai, Missing Persons y un largo etcétera), con quienes ha grabado tres discos en los que explora géneros que van desde el heavy metal hasta el flamenco. En paralelo, se unió a John Petrucci (guitarra), Jordan Rudess (teclados) y Mike Portnoy (batería) - todos ellos miembros de Dream Theater - para formar Liquid Tension Experiment, portentoso cuarteto de rock progresivo instrumental. Además, junto a Bill Bruford, su compañero en King Crimson, conformó The Bruford Levin Upper Extremities junto al conocido trompetista Chris Botti y al guitarrista David Torn.
No conforme con eso, sale de gira permanentemente por los EE.UU. y Europa al frente de The Tony Levin Band, que lidera junto a su hermano Pete, quien fuera alguna vez miembro de la orquesta de jazz de Gil Evans.
The Tony Levin Band...su lado más familiar
Y para colmo, cuando le queda algo de tiempo libre, acompaña a The California Guitar Trio (de quienes habláramos en un post anterior) para llenar el espacio con las graves notas que extrae de su arsenal de bajos acústicos y eléctricos, fretless, contrabajos y cómo no, el Chapman Stick.
De hecho, de los seis trabajos que ha publicado como solista: World diary (1995), Waters of Eden (2000), Pieces of the sun (2002), Double espresso (2002), Resonator (2006) y Stick man (2007), por lo menos en tres de ellos el gran protagonista es este atípico instrumento, que cada vez va ganando más adeptos en el mundo de la música. Hace poco, la banda que conforma con los Dream Theater acaba de lanzar Spontaneous combustion, su último CD, pero esta vez como trío por la ausencia de Petrucci. Esperamos escuchar pronto en Lima a este tremendo músico, maestro e innovador de las cuatro cuerdas, miembro de las élites del rock and roll de todos los tiempos.
Cuando era adolescente, recuerdo que coleccionaba recortes de periódico de todas las noticias acerca de grupos, cantantes, giras, lanzamientos discográficos, nacimientos, obituarios, etc., etc., etc., y las leía una y otra vez tratando de adivinar a qué sonaba lo que se describía en aquellas notas, algunas con textos originales y otras con traducciones de cables del extranjero. Y recuerdo lo difícil que era en aquel entonces (estoy hablando de mediados de los ochenta) tener acceso a algún artista que me resultara desconocido en ese momento.
No importaba de qué género fuera, desde un baladista español setentero que solo hubiese tenido dos o tres canciones exitosas - y que por lo tanto, no fuera habitual en las programaciones de la radio y la TV de entonces - hasta compositores de música clásica o folklórica, no había manera de saciar la curiosidad provocada por el recorte de periódico, salvo que uno se internara en los clandestinos reinos del mercado negro, cuando aun podían ser catalogados de "clandestinos", y solicitara a los primeros piratas fonográficos que, por favor, pusieran un cassette con alguna grabación de aquel artista con nombre extraño que jamás había escuchado antes.
Esta pequeña digresión viene a cuento debido a que hace unos días, navegando en el youtube, me quedé sorprendido al ver la cantidad de videos que hay en la red de Robert Fripp, el virtuoso guitarrista, compositor y férreo capitán de esa nave llamada King Crimson, quizás una de las bandas más consecuentes con respecto a sus pretensiones artísticas, que ha sabido mantener una vigencia envidiable en la escena de la música popular contemporánea, a pesar de los múltiples cambios de personal y el intenso, y muchas veces injusto, ritmo del mercado de las de tendencias, las modas y los rankings, dominados por las estrellas de cartón del pop digitado desde el establishment "anglo" o los insufribles aluviones de cumbia made in Perú.
En cuestión de segundos pude ver videos de King Crimson en sus diversas encarnaciones. Vi a Fripp hablando de sus visiones y sus sonidos, en concierto junto a David Sylvian, dirigiendo sus Frippertronics y sus ligas de guitarristas virtuosos, dando clases, disparando frenéticas ráfagas eléctricas o acariciando el viento con su melodramática acústica. Siempre sentado, desde el fondo, dirigiendo y monitoreándolo todo con el gesto imperturbable de quien sabe lo que está haciendo. Es decir, como para redescubrir un fanatismo que se encontraba dormido en medio de tantas actividades automatizadas que terminan consumiendo el tiempo que uno debería dedicar más a cultivar sus pasiones, como escuchar buena música por ejemplo.
King Crimson en 1995: Robert Fripp (guitarra), Adrian Belew (guitarra), Tony Levin (bajo), Trey Gunn (Chapman Stick), Bill Bruford (batería) y Pat Mastelotto (batería), interpretando Red, clásico tema de 1974.
En ese momento, me proyectaba a escribir un post acerca de algunas canciones que no me canso de escuchar (en una especie de ejercicio personal de distracción) y pensaba que definitivamente el primer lugar de esa arbitraria lista le correspondería indefectiblemente a Bohemian rhapsody cuando de repente me encuentro con una increíble versión del clásico de Queen, tocada por The California Guitar Trio, como uno de los links relacionados a los videos del maestro Fripp que estaba revisando, todo con unos cuantos clicks. Pero ¿qué relación existe entre este sorprendente trío de guitarristas y el líder del Rey Carmesí?
Resulta que Hideyo Moriya (Japón), Bert Lams (Bélgica) y Paul Richards (EE.UU.) fueron tres de los alumnos más destacados de Robert Fripp allá por 1987-1988 - si no me equivoco, Trey Gunn, el segundo bajista de una de las últimas formaciones de la banda de Fripp, también pertenece a esa promoción de crafty guitarists, como los bautizara el genio de los corbatines y los lentes pequeños. Tras recibir sus respectivos certificados de estudios, los tres guitarristas decidieron lanzarse al ruedo bajo el nombre de California Guitar Trio y entre los años 1991 y 2008 han editado 12 discos de enorme factura en los que despliegan lo aprendido en impresionantes versiones de temas que van desde melodías de Johan Sebastian Bach hasta clásicos de The Ventures, The Doors, Pink Floyd, entre otros.
La destreza y el talento de los tres guitarristas les permite intercambiar roles de manera que cada sonido de los temas escogidos es reproducido por sus guitarras, se trate de líneas melódicas, armonías vocales y hasta los más intrincados arreglos (en el video de Bohemian rhapsody que encontrarán abajo, el público delira durante el segmento vocal, por la exactitud conseguida en su interpretación).
Ampliamente conocidos en los circuitos de conciertos de EE.UU., Europa, los CGT se encuentran en plena gira en diversos estados de la unión norteamericana y de vez en cuando son acompañados por Pat Mastelotto (batería) y Tony Levin (bajo), ambos miembros de la actual formación de King Crimson. Si este fabuloso trío de guitarristas hubiese aparecido en los 80s me hubiera demorado dos décadas en verlos y escucharlos. Hoy eso solo me tomó unos cuantos segundos. Con ustedes... The California Guitar Trio.