miércoles, 28 de noviembre de 2007

EL USO DEL CELULAR (parte 1)

El celular. Hace diez años, tener un celular era símbolo de status. Significaba que uno poseía un nivel adquisitivo por encima del promedio y era muy fácil identificar la idea de ir por la calle hablando por celular con la de algún funcionario importante, empresario exitoso, una persona que no podía dejar de estar comunicada a cada momento (en algunos casos todo eso se cumplía, en otros, no tanto). Era pues, un artículo exclusivo, una herramienta de trabajo para grandes ligas, como dicen actualmente los muchachos, "otro level".

Hoy cualquier persona tiene un celular. La masificación - ese fenómeno que acompaña al desarrollo de toda actividad humana desde el boom de la revolución industrial y la aparición de los medios de comunicación masiva - del uso del teléfono móvil ha llegado a niveles exorbitantes, al punto de desvirtuar por completo su función primigenia. En la actualidad un celular ya no es únicamente una herramienta de trabajo que agiliza la comunicación, que permite trasladar la oficina a la calle, que evita la paralización de las actividades por no encontrarse cerca de un aparato telefónico fijo. Ha dejado de ser un adminículo tecnológico propio de las personas adultas y se ha convertido en un indispensable accesorio capaz de hacer cualquier cosa, desde tomar fotos hasta enviar mensajes ilegibles para cualquier persona que pase los 30. Un celular es ahora, simple y llanamente, un juguete.
Pero lo que hasta ahí podría sonar hasta gracioso y simpático, se torna peligroso cuando vemos la clase de distorsiones conductuales que produce su exagerado y socialmente aceptado uso. Hace unos días vi con asombro el caso de una joven de 21 años que fue expulsada de la Universidad San Martín de Porres porque su celular sonó en clase. Es necesario señalar que en los reglamentos de la universidad se contempla con bastante claridad la prohibición del uso de celulares en las aulas. Esta norma, para muchos exagerada, se basa en un principio fundamental de respeto a los demás, a la institución y por supuesto, a la esencia misma de la formación profesional. ¿Se imaginan a ustedes a los grandes pensadores y científicos surgidos de los claustros universitarios de antaño pendientes de sus mensajitos de texto, tomándose fotos entre ellos, jugueteando frenéticamente con las teclas o contestando llamadas intrascendentes cada cinco o diez minutos?

Sin embargo la actitud de la prensa que cubrió el hecho - el programa Cuarto Poder de Canal 4 - resulta también sorprendente: asumiendo una actitud defensora de lo que la señorita reportera llama "un olvido que le puede ocurrir a cualquiera", presenta el tema a sus televidentes de manera sesgada y condescendiente, hasta llegar al extremo de llamar "inquisidores" a las autoridades de la Universidad San Martín, lideradas por el R. P. Johan Leuridan. Si bien es cierto la expulsión de la alumna es desproporcionada - quizás sólo merecía una sanción - no puede predisponerse a la opinión pública a aceptar una situación de irrespeto de las normas, generando en el subconsciente (o en todo caso, reforzando) esa famosa idea de que aquí todo tiene disculpa, que cualquier transgresión puede ser pasada por alto.

La cultura del "aquí no pasa nada" es una de las peores cadenas que nos atan al subdesarrollo, porque evitan que nuestra sociedad recupere el sentido y noción de la responsabilidad, de la autoridad y del respeto. Muchos dirán que esta es una posición anacrónica, draconiana (como diría Jaime Bayli) o pasada de moda, pero la verdad es que esta pequeña historia de la alumna de Psicología de la San Martín debería servir más para la reflexión acerca de las consecuencias que el uso indiscriminado del juguetito de marras puede traer... seguimos en la segunda parte...

2 comentarios:

ME dijo...

Estoy de acuerdo contigo, si bien la expulsión fue una medida desproporcionada, creo que si estas en un lugar (en este caso la universidad) debes aceptar las reglas impuestas, no por un simple "olvido" puedes quedar impune si cometiste una infracción.
Lo mismo debería aplicarse (expulsión o multa) para los que fuman en lugares de no fumador, pero nadie hace o dice nada al respecto...

Jorge dijo...

Claro... no se trata de andar por ahí desconociendo normas y pretender que no pase nada... saludos y gracias por entrar...