jueves, 20 de septiembre de 2018

NITO MESTRE Y SINFONÍA POR EL PERÚ: UN SHOW DE LUJO (Miércoles 19-9-2018)



Hay nombres que, con solo mencionarlos, ofrecen garantía asegurada de calidad interpretativa y buen espectáculo. Nito Mestre es uno de ellos. Su fama no es resultado de intensivas y engañosas campañas de marketing y ni siquiera de esas tendencias "retro" que, muchas veces, intentan hacer pasar como clásicos a una variopinta gama de artistas por el solo hecho de haber alcanzado la vejez, a pesar de que en su momento sus lanzamientos no hayan trascendido lo suficiente como para ser considerados clásicos, esa categoría tan mal utilizada en estos tiempos.

La nostalgia activa sensibilidades que, en el cotidiano andar, están dormidas y no nos permiten recostarnos bajo las plácidas sombras de un recuerdo adolescente: un sueño idealista, un amor afiebrado, una emoción generada por arpegios, guitarras eléctricas y violines, palabras que cruzan la barrera del tiempo para reconectarnos con el ser humano que alguna vez fuimos y que ya no podemos ser gracias a las desgracias de la vida moderna y la adultez: el tráfico, las cuentas por pagar, la inseguridad ciudadana, Philip Butters defendiendo a Keiko Fujimori, Hinostroza Pariachi, los reportajes de Frecuencia Latina, el cinismo y la vulgaridad convertidos en herramientas de ascenso social.

Las graderías repletas en el Gran Teatro Nacional durante el recital que ofreció Nito Mestre la noche del miércoles 19 de septiembre demostraron que, como Darth Vader, algo de bueno tenemos dentro (en algunos casos muy dentro, por cierto). Las entrañables canciones de Sui Generis nunca sonaron en las radios, ni siquiera en los años en que explosionó el rock en español en general, y argentino en particular entre las preferencias del público convencional, que escuchaba y bailaba las canciones de Charly García de aquel fructífero periodo comprendido entre los años 1983 y 1989. Quizás Rasguña las piedras o Lunes otra vez, como me lo recordaban la noche del concierto, fueron las dos únicas que alguna vez, casi por accidente, recibieron difusión en las emisoras de moda, pero jamás como para hacer del auroral dúo de folk-rock-prog bonaerense un grupo popular en el Perú.

Por eso pienso que, sin que estemos libres de la cuota habitual de poseros o acompañantes ocasionales del conocedor, un alto porcentaje del público asistente pertenece a la generación que escuchó con delectación, en sus años adolescentes y universitarios,  esas pequeñas canciones de sonido psicodélico y letras rebeldes, poseedoras de un lirismo tierno y candoroso que no llegaba a ser cursi y que, más bien, tenía la suficiente sinceridad y desfachatez como para lanzar agudas críticas a la reblandecida oficialidad, la doble moral de los grandes, la corrupción política y las mentes estrechas de quien pone prejuicios al pelo largo, al cuerpo esmirriado y no atlético, a los andrajos y la actitud irreverente.

Nito Mestre posee una personalidad sencilla y carismática, con una facilidad para sentir y hacer sentir a su público que está en una reunión íntima, sentados alrededor del fuego, y conversa con fluidez y ese tono porteño que lo acerca, a sus 66 años, a los también queridísimos Les Luthiers. Así, derrochando humor y buena onda, Nito nos regaló "una noche de clásicos" como él mismo dijo, acompañado por dos músicos argentinos y dos peruanos en la primera parte del show, para luego hacer pasar a la orquesta Sinfonía por el Perú, el excelente resultado de un trabajo sostenido que involucra presupuesto, disciplina pero sobre todo, mucho amor por la música y compromiso con la función salvadora que tiene en niños y adolescentes de bajos recursos, un proyecto que existe gracias al empuje de Juan Diego Flórez.

Himnos de la pueril rebeldía adolescente como Aprendizaje, Bienvenidos al tren, El tuerto y los ciegos, Confesiones de invierno, Canción para mi muerte, Quizás porque, Cuando comenzamos a nacer, Lunes otra vez y Rasguña las piedras sonaron imponentes e impecables gracias a los arreglos orquestales ejecutados con suma precisión y excelencia por más de 50 jóvenes músicos peruanos, cuyas edades fluctúan entre los 11 y 16 años, provenientes de zonas urbanas y rurales de todo el Perú, seleccionados por un equipo de expertos músicos, directores de orquesta y maestros, que lideran los llamados "núcleos" o bases desde las que van armando esta orquesta sinfónica que posee un nivel altísimo, que nada debe envidiar a ensambles de otros países. Especialmente notable es la participación de la orquesta en temas de enorme carga sinfónica como Rasguña las piedras, Dime quién me lo robó, Cuando ya me empiece a quedar solo o Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario, o no; una de las canciones menos conocidas de Sui Generis, una de las sorpresas de la noche.

Además, Nito matizó su repertorio con excelentes piezas de su discografía como solista, desde aquel clásico de su primera aventura musical sin Charly, Mientras no tenga miedo de hablar, del álbum debut de Los Desconocidos de Siempre, de 1977; hasta una versión en español de Shape of my heart, composición de Sting retitulada La forma de mi corazón, de su último disco en estudio Trip de agosto (2014). En medio, suaves e inspiradoras canciones como La verdad, El fin del mundo, Hoy tiré viejas hojas y Distinto tiempo, estas dos últimas pertenecientes a su clásico álbum 20/10, editado en 1981. La voz de Nito, ya un poco gastada por los años, mantiene su identidad intacta y como todo buen intérprete, consigue sortear las notas más altas adaptándose a su actual registro, y no decepciona. El guitarrista Ernesto Salgueiro hace, por momentos, los coros altos que solía hacer Charly cuando aun podía cantar, y llena el espacio con una guitarra acústica brillante y pulida, mientras que el pianista Fernando Pugliese da marco a las canciones con corrección y sin mayores aspavientos. El conocido bajista peruano Eduardo Freire colaboró sin desentonar, lo mismo que el baterista, permitiendo que canciones como Lunes otra vez, Aprendizaje o Hay formas de llegar, del álbum Mestre del 2005, sonaran redondas, sin baches.

Imaginar la explosión de emociones que puede generar un cuerpo de trabajo como el que creó Charly García entre 1970 y 1975 -cuando el genial tecladista, guitarrista y cantante tuvo entre 19 y 24 años- cargado de frases sensibles, metáforas en las que se combinan la inocencia juvenil con el desenfado rebelde y la efervescente locura que luego iría dominando su creatividad hasta minarla por completo, en una orquesta formada por niños y niñas en plena adolescencia que, además, comparten una sensibilidad musical que los hace destacar del promedio, resulta inspirador y hasta generador de sanas envidias. Camino al luminoso futuro que les espera como músicos, de la mano de Juan Diego Flórez (nada menos), un artista respetadísimo en el exigente mundo de la ópera, nuestros compatriotas han tenido la oportunidad de conocer de cerca e interpretar, traer a la vida, estas melodías cuya lucidez y consecuencia las colocan en la cima del arte popular contemporáneo de América Latina.

Nito Mestre y la Orquesta Sinfonía por el Perú ofrecieron uno de los mejores conciertos del año 2018, e hicieron vibrar al público con canciones que ya no tienen lugar en una industria musical dominada por el reggaetón canalla y delincuencial. Pero jamás podrán borrarlas de nuestras memorias.

lunes, 3 de septiembre de 2018

STICK MEN: SIGUIENDO LA SENDA PROGRESIVA (Diario Exitosa, lunes 3-9-2018)




Dentro de la reducida comunidad local de críticos musicales -cuyas publicaciones y debates aparecen hoy principalmente en redes sociales por la ausencia de medios adecuados- prolifera desde hace mucho tiempo un consenso casi unánime: el progresivo ya fue y, si fuera posible, debería desaparecer de la historia del rock por su virtuosismo elitista y anacrónico. 



Este desprecio –a veces frontal, a veces soterrado- hacia el prog-rock se intenta justificar con dos razones: a) porque no es masivo, y b) por ser demasiado frío, técnico, sin feeling. Mientras la primera es una realidad irrefutable -un concierto de Haken, Opeth, The Flower Kings o Steven Wilson jamás convocaría, en Lima, ni al 10% del público de Coldplay, Katy Perry o Bruno Mars-, la segunda es una falacia nacida en ciertos sectores de la prensa especializada internacional pero que ha sido convertida en regla general por críticos nativos: el do-it-yourself a la peruana, como coartada para ensalzar lo informal y denostar lo académico.

Sin embargo, existen bandas que, en EE.UU., Canadá y Europa, siguen la senda progresiva, tocan en festivales y diversifican sus propuestas con desarrollos instrumentales y líricos que conservan el espíritu setentero del género pero acercándolo más a la tecnología aplicada al arte musical, para un público reducido pero conocedor y, sobre todo, muy leal a esta forma extrema de hacer rock, tan válida y contracorriente como el punk, el indie o la electrónica. Y no solo hay interesantes grupos nuevos. También están los experimentados músicos que vienen rodando desde hace treinta o cuarenta años y hoy, en formatos diferentes, continúan produciendo música desafiante, no apta para cualquier oído.

Stick Men (http://www.iapetus-media.com/stick-men/) es una de esas bandas, que se presentará en Lima en pocos días. Se trata de un trío creado el 2008 por dos veteranos músicos norteamericanos, miembros de la formación actual de King Crimson, Tony Levin (72) y Pat Mastelotto (62) junto al alemán Mark Reuter (46). Su particularidad es el uso de extraños instrumentos eléctricos de cuerda: Levin, un consumado e innovador bajista que ha trabajado en innumerables sesiones con importantes nombres del rock y el jazz, miembro permanente de King Crimson desde 1981, además de tocar con Peter Gabriel desde 1977, es especialista en el Chapman Stick; y Reuter usa las nada convencionales U8 Touch Guitar y Warr Guitar. Estos instrumentos pertenecen a la familia de las llamadas “touch-guitar” cuya ejecución se basa en la técnica del tapping con ambas manos, logrando fraseos maquinales, texturas delirantes y ataques polifónicos, un paso adelante de lo iniciado por sus referencias directas, Robert Fripp y Adrian Belew. Por su parte, Mastelotto, quien estuviera en la exitosa banda ochentera Mr. Mister, ingresó a King Crimson en 1994 y es experto en percusiones acústicas y electrónicas, síncopas y polirritmos.

A Lima llegan con un invitado especial, el violinista británico David Cross (69), histórico exintegrante de King Crimson en el final de su primera etapa (1972-1974), presente en álbumes fundamentales como Larks tongues in aspic, Starless and bible black y Red. Cross siguió produciendo, en años posteriores, interesantes álbumes y conciertos con su propia banda, además de colaborar con músicos de otras latitudes, siempre en el contexto subterráneo de la escena progresiva, que pasó de llenar estadios con miles de personas a teatrines para unos cuantos cientos de fieles seguidores, al margen de modas y ventas millonarias.

La música de Stick Men, plasmada en seis álbumes en estudio -el más reciente, Prog noir, se lanzó el 2016- y cuatro en vivo, actualiza el sonido oscuro, denso y polirrítmico de King Crimson, con aires más volátiles por el uso de estas guitarras táctiles, reemplazando las atmósferas melancólicas del mellotron, característica crimsoniana, por el vértigo de los solos de Reuter y Levin, mientras Mastelotto pasa del jazz al funk al rock de manera impredecible. Música de cámara moderna, como la define Reuter, que podremos apreciar este sábado 8 de septiembre en el Teatro Municipal. Están avisados.



lunes, 30 de julio de 2018

MÚSICA PERUANA: CULTURA E IDENTIDAD NACIONAL



El vals Contigo Perú (Augusto Polo Campos, 1977) podría ser considerado “nuestro segundo Himno Nacional”. Ocurre lo mismo con El cóndor pasa (Daniel Alomía Robles, 1913) o La flor de la canela (Chabuca Granda, 1950). Sin embargo, para las nuevas generaciones esto no es tan evidente por la reducida difusión de nuestro folclor en medios masivos; y la ausencia de políticas educativas que vinculen a las poblaciones escolares con la música peruana.

El folclor peruano ha estado, durante décadas, atravesado por profundos prejuicios y una heredada ignorancia sobre nuestra cultura e identidad. La tan mentada pluriculturalidad no era muy popular hasta hace poco. Por ejemplo, no sabemos nada de las expresiones musicales de las etnias amazónicas, más allá del superficial éxito de algunas cumbias grabadas en los setenta por Juaneco y su Combo o el tema Anaconda, compuesto por la chiclayana Flor de María Gutiérrez.

La combinación música-baile es fundamental en géneros como la marinera trujillana, emblema folclórico del Perú gracias a su vistosa vestimenta, simbología romántica y el uso característico del pañuelo, como pasa también en el tondero piurano. Otras danzas coreográficas costeñas son el festejo, la zamacueca y la elegante marinera limeña. En los Andes, destacan el huaylarsh (Huancayo), los negritos (Huánuco), la diablada y la morenada (Puno), entre otras.

Cuando pensamos en música peruana vienen a nuestra mente lo criollo y lo negro, por la preponderancia que siempre ha tenido la cultura costeña por encima de la serrana y selvática. El fenómeno migratorio de los cincuenta y sesenta trajo a la capital a artistas como Jaime Guardia, Pastorita Huaracina, Máximo Damián y muchos otros, quienes crearon conciencia de que había más música en el país que aquella de las jaranas de la Lima post-virreinal.

Así, los músicos provincianos compitieron en popularidad con los criollos en escenarios limeños. Las canciones instrumentales andinas -como la mencionada El cóndor pasa, Valicha o Vírgenes del sol, de Jorge Bravo de Rueda-, también fueron ganando espacio. Yma Sumac, cantante cajamarquina, causó sensación por su impresionante rango vocal, que le permitió destacar incluso en Hollywood.

Paralelamente, durante la segunda mitad del siglo XX surgió una generación de intérpretes peruanos con aires cosmopolitas: boleristas cantineros (Lucho Barrios, Pedrito Otiniano, Iván Cruz, Guiller), grupos de cumbia (Los Destellos, Los Mirlos), pop-rock (Los Belkings, Los Yorks) y cantantes nuevaoleros de enorme éxito local. Mientras la música costeña limitaba su popularidad a unos cuantos intérpretes (Eva Ayllón, Arturo “Zambo” Cavero) y públicos especializados cada vez más pequeños; la andina fue transformándose, con fenómenos artísticos y sociales masivos como la chicha en los ochenta, o la cumbia y el huayno electrónico de estas épocas. Asimismo, intérpretes como Amanda Portales, Manuelcha Prado, Los Campesinos y otros mantuvieron vigente el folclore andino tradicional. Por su parte, la escena rockera nacional tuvo un desarrollo desordenado y disperso, como se ha tratado de explicar en algunas publicaciones.

La globalización e internet han desaparecido las fronteras musicales. Artistas de otros continentes aprendieron los ritmos e instrumentos de nuestra música y los incorporaron a sus lenguajes sonoros, convirtiéndolos en patrimonio de la llamada world music.

Además, existe una tendencia que utiliza la identidad nacional para campañas mediáticas y gubernamentales contra el racismo y la exclusión de mediano impacto debido al arrastre comercial de “lo étnico” entre públicos capitalinos. Sin embargo, la ausencia de cursos en la Educación Básica Regular que incentiven el conocimiento y cariño por nuestra música hace que estas campañas sean incapaces de calar más hondo en el corazón de los niños y las grandes mayorías.

Actualmente hablar de música peruana ya no alude solo a aquellos géneros musicales oriundos del Perú sino a la música hecha por peruanos. Por ello artistas internacionales como Juan Diego Flórez, Tania Libertad o Gianmarco, combinan constantemente sus estilos con elementos folclóricos. Asimismo, hay muchos artistas que fusionan géneros modernos con instrumentos vernaculares, para acceder a públicos más amplios. Nombres como Miki González, Novalima, Uchpa o Lucho Quequezana son solo algunos ejemplos de ello.

martes, 24 de julio de 2018

CONTIGO PERÚ Y OTRAS CANCIONES: PATRIOTISMO SUPERFICIAL



“Sobre mi pecho llevo tus colores y están mis amores contigo Perú / somos tus hijos y nos uniremos y así triunfaremos contigo Perú”. Estos emocionantes versos pertenecen a aquel vals compuesto por Augusto Polo Campos hace cuatro décadas, que fue cantado recientemente por miles de peruanos en los estadios rusos, con la misma devoción con la que entonaron el Himno Nacional, la canción patriótica por excelencia, un hecho sin precedentes resaltado por la prensa internacional, sorprendida por esta demostración de aparente amor inquebrantable por el país.

Nuestra nación es rica en historia, música, gastronomía y recursos naturales, pero también en contradicciones. Y ese tema es una de las más increíbles. “El Perú unido por el fútbol”, dijeron quienes colaboran con la falacia de país organizado y moderno que nos venden la publicidad, el (des)orden establecido y algunos medios, y que aceptamos como fórmula de escape ante la cruda y deprimente realidad: niños que mueren de frío en la sierra, poblaciones abandonadas en la selva, asesinatos y violaciones impunes en la costa, jueces y políticos corruptos en todo el Perú. “Unido el trabajo, unido el deporte...”

Las canciones patrióticas no tienen la culpa, por supuesto. Estos temas despiertan, en el ciudadano común, un sentimiento de identificación intenso pero breve, que desaparece casi de inmediato. Si fuéramos capaces de contener y expandir ese efecto, hace rato nos habríamos deshecho de todas esas taras que contrastan con los hermosos mensajes de estos himnos nacionales alternativos.

Ahí está, por ejemplo, Mi Perú, que sonaría a burla y humor negro si la cantaran esos políticos o empresarios capaces de vender hasta los maravillosos cerros coloridos que admiran al mundo entero. Su autor, Manuel Raygada, la escribió en 1946 en Chile y la estrenó en un bar santiaguino, inspirado por su bohemio patriotismo. Hoy, este éxito de Los Hermanos Zañartu nos hace recordar al primer gobierno de Alan García, durante el cual comenzó a fermentarse la bacteria que hoy infecta a nuestra nación.

Otros dos títulos, Esta es mi tierra e Y se llama Perú fueron compuestos por Polo Campos durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Estas canciones hicieron millonario a su autor en un medio donde los artistas criollos no tenían más aspiraciones que la poco rentable fama popular. Cuando escribió Contigo Perú, a pedido del gobierno de turno en 1977, la consigna era clara: vender patriotismo musical trae espectaculares ganancias.

Curiosamente, una de las canciones patrióticas más hermosas ha pasado desapercibida para los marketeros de @PromPerú: Bello durmiente, escrita por Chabuca Granda en 1968. Estrenada en el LP Dialogando, con la fantástica guitarra de Óscar Avilés, esta canción es un homenaje íntimo, elegante y sobrio al Perú. 

En una línea más efectista, Fahed Mitre y Miguel “Chino” Figueroa compusieron Enamorada de estar aquí, sofisticado festejo que Eva Ayllón grabó en 1991. Un producto ideal para musicalizar videos de exportación turística de anchos presupuestos y dudosos resultados.

En contraste, los versos telúricos recitados por Luis Álvarez en el poema del recordado periodista Jorge “Cumpa” Donayre ¡Viva el Perú, carajo! (1969), tienen de descarnado orgullo y furioso reclamo social. A Donayre pertenece también Los colores de mi bandera, que también grabó el recordado actor arequipeño con su dramático estilo. 

En los 2000s, el guitarrista ayacuchano Manuelcha Prado compuso Síndrome colonial, un reflejo más realista de nuestra situación actual. En esa época Polo Campos estrenó Mi frontera, poema dedicado al ejército peruano. Menos conocido aun es el trabajo del Dúo Patria, del cantante y guitarrista Lucas Borja, exlíder de Los Romanceros Criollos, uno de los tríos criollos más famosos de los años cincuenta y sesenta. Junto a su esposa, la cantante Luisa Ramos, el músico de 84 años difunde valses dedicados a nuestro principales héroes (Grau, Bolognesi, Cáceres), una valiosa propuesta que merecería mayor difusión en estos tiempos de patriotismo superficial y profundas contradicciones entre lo que hacen nuestras autoridades y las inspiradas creaciones de artistas como los mencionados.

lunes, 16 de julio de 2018

MÚSICA DE SERIES TURCAS: MAGIA, CALIDAD Y ESTILO



El boom de las novelas turcas comenzó en nuestro país con Las mil y una noches (Bin bir gece), historia romántica que llegó a las pantallas limeñas en el 2014, ocho años después de su estreno oficial, y cautivó al público por su intensidad recatada y exotismo asociado a la idiosincrasia de este fascinante y, para muchos, desconocido país euroasiático.

Pero estas series, nombre que les corresponde por sus modos de producción, frecuencia -un capítulo de dos horas por semana en su país original, aunque aquí se transmiten de lunes a viernes- y organización en temporadas, no solo han conquistado al público local con sus creativos conceptos visuales, carismáticos personajes y alucinantes locaciones que muestran tanto los ancestrales paisajes y mezquitas como las modernas estructuras de ciudades tan ajenas a nosotros como Estambul, Izmir o Ankara.

Estas prolijas producciones tienen, además, excelentes bandas sonoras que cubren un amplio rango de estilos: masivas orquestaciones sinfónicas, uso de ritmos e instrumentos folklóricos y contundentes ensambles de pop-rock y electrónica, combinando aires mediterráneos con sonoridades contemporáneas y globales, reflejo musical de lo que hoy es Turquía, una nación en la que confluyen el fervor religioso y las relaciones sociales conservadoras con el estilo y sofisticación de la vida actual.

Desde el melodrama y romanticismo, la épica histórico-militar de elementos nacionalistas o complejas tramas policiales cargadas de acción, cada serie cuenta con perfectos marcos sonoros, enriqueciendo una industria televisiva que ofrece producciones capaces de competir con series de Norteamérica u otros países de Europa. 

Toygar Isikli es probablemente el más importante creador de estas bandas sonoras. Títulos como Ezel (2011), Ask-I Memnu (Amor prohibido, 2012), Fatmagül'ün Suçu Ne? (¿Qué culpa tiene Fatmagül?, 2014) o Içerde (Infiltrados, 2017) destacan por sus diversas tonalidades y variaciones. Percusiones, pianos, ouds, metales, cellos y violines se mezclan con potentes baterías y guitarras eléctricas para complementar el vértigo de las escenas e identificar momentos y personajes específicos con pequeñas y efectivas viñetas incidentales.

La magia, calidad y estilo de estas enigmáticas composiciones también pueden oírse en Adini Feriha Koydum (traducida como El secreto de Feriha, 2011), de Nail Yurtsever y Cem Tuncer. En cuanto a Las mil y una noches, destaca el tema central, un arreglo de la clásica suite Scherezade (1888) del maestro ruso Nikolai Rimsky-Korsakov.

Una de las últimas series vistas en Lima, Vatanim Sensin (2016) -cuya traducción literal es Mi patria eres tú aunque aquí se tituló Te amaré por siempre- presenta una musicalización entre heroica y romántica, compuesta por Yildiray Gürgen para esta historia basada en la guerra que enfrentó a griegos y turcos otomanos entre 1919 y 1922, que determinó la fundación de la Turquía moderna, bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk, la figura política y militar más importante del país que une Asia y Europa a través del fantástico estrecho del Bósforo.

Estas producciones nos permiten conocer a una generación de músicos que ofrecen una paleta colorida de sonidos nuevos, haciéndonos sentir una sana envidia cuando los comparamos con las sobrevaloradas y simplonas cancioncitas usadas en las novelas, comedias o series juveniles de nuestra televisión.


NOTA: Dedico esta nota a Rosy Donoso, joven ciudadana chilena que creó, hace aproximadamente un año, un grupo de Facebook para enseñar el idioma turco. Hay millones de personas alrededor del mundo que utilizan las redes. La mayoría las usa para vender cosas, difundir frivolidades y, en el peor de los casos, para hacer daño a otras personas. Sin embargo Rosy lo hizo para integrar, en torno a su fascinación por Turquía, a miles de personas de todas partes del mundo para compartir no solo sus clases gratuitas sino también noticias e imágenes relacionadas a ese país, creando una comunidad muy unida. Lamentablemente, Rosy falleció repentinamente a los 31 años, hace un mes, dejando profundamente entristecida a la amplia comunidad de seguidores de su página Aprendiendo Turkishpanish, que siempre encontraron en ella una amigable voz de aliento para seguir aprendiendo, un espíritu solidario y desprendido como pocos.

lunes, 9 de julio de 2018

MÚSICA Y FÚTBOL: DOS ARTES, DOS PASIONES (Diario Exitosa, lunes 9-7-2018)




Durante el último minuto del videoclip que hiciera la banda británica Deep Purple para su tema Perfect strangers, del álbum homónimo de 1984, que marcó el retorno de su formación clásica -Ian Gillan, Ritchie Blackmore, Roger Glover, Jon Lord, Ian Paice- podemos verlos jugando fútbol de manera muy informal y relajada. Y aunque son solo pocos segundos de acción futbolera, estas imágenes reflejan la intensa conexión existente entre algunos músicos famosos y el deporte rey.

Pero si hubo un artista que realmente sentía el balompié en sus venas, ese fue Bob Marley. La figura más emblemática de la cultura jamaiquina era un impenitente pelotero, como lo demuestran las filmaciones en las que aparece dominando la de cuero en esforzadas “pichangas” junto a los demás miembros de The Wailers, grupo con el que internacionalizó el reggae, cadencioso y espiritual ritmo que identifica a su país y a la filosofía rasta. Cuentan que Marley fue enterrado con una guitarra, un atado de marihuana y una pelota. En una entrevista de 1977 el autor de clásicos como No woman, no cry y Three little birds, ante la pregunta “¿qué es el fútbol?”, respondió: El fútbol es libertad.


Siendo el fútbol un deporte extremadamente popular y multitudinario, no es de extrañar esta relación armoniosa con estrellas de la música, acostumbradas también a las actuaciones en estadios llenos donde reciben aplausos y cánticos de enfervorizados seguidores. Muchas veces se ha hablado de la naturaleza artística del fútbol, sus elementos de creatividad y poesía, sobre todo en jugadores que despliegan talento sobre el gramado, por lo que las analogías con el mundo musical trascienden lo concreto para adentrarse en ámbitos donde reina la subjetividad y la emoción. 

Se sabe que el cantautor romántico Julio Iglesias tuvo un breve paso por el Real Madrid, como arquero, pero que abandonó el deporte a raíz de una lesión. Plácido Domingo, tenor espectacular, es también seguidor del club merengue toda la vida. Otro famoso español, el trovador y poeta Joan Manuel Serrat, es conocido por ser hincha acérrimo del Barcelona, una pasión que comparte con su compatriota, bolerista y baladista, Dyango. Luis Alberto Spinetta, ícono del rock argentino, era tan fanático del River Plate que salía a tocar con la camiseta de la franja puesta y hasta le dedicó una de sus enigmáticas canciones, El anillo del Capitán Beto, incluida en el álbum El jardín de los presentes de 1976, de su banda progresiva Invisible, al recordado mediocampista Norberto “El Beto” Alonso, ídolo del club millonario. Fito Páez, otro astro del rock gaucho, es un gran fanático de Rosario Central, los populares “canallas” de la provincia argentina. 

Otros dos notables casos provienen nuevamente del mundo del rock: el escocés Rod Stewart y el británico Elton John. El cantante de voz rasposa jugó, cuando tenía 16 años, como delantero en un pequeño equipo de Tercera División llamado Brentford FC durante un corto periodo de tiempo a inicios de los sesenta, antes de decidirse por la carrera musical y alcanzar fama con las bandas de blues-rock The Jeff Beck Group y Faces, y siguió pateando balones en los descansos durante sus exitosa giras como solista.


Por su parte, el pianista y cantante de vestuarios extravagantes era tan devoto hincha del Watford FC que lo compró en 1976 y, bajo su presidencia, el once de la camiseta amarilla saltó de la Cuarta a la Primera División del fútbol inglés y llegó a ser subcampeón en 1984, en una final en la que cayó ante el Everton de Liverpool, equipo que tiene entre sus más fieles hinchas nada menos que a John Lennon y Paul McCartney. Desde el 2008, Sir Elton John abandonó la presidencia activa del club de sus amores pero conserva un cargo directivo honorífico. Asimismo Steve Harris, bajista y líder de Iron Maiden, quiso ser jugador de fútbol y ha aprovechado su prestigio para entrenar varias veces con su equipo favorito, el West Ham de Londres.



lunes, 2 de julio de 2018

CONGRESO: UNA INSTITUCIÓN DE LA MÚSICA CHILENA (Diario Exitosa, Lunes 2-7-2018)




Durante los años previos al golpe de Augusto Pinochet, el movimiento de la Nueva Canción Chilena produjo nombres que se instalaron en la memoria colectiva como sinónimo de resistencia artística: Violeta Parra, Víctor Jara, Inti Illimani, Quilapayún, Illapu. Muertos o exiliados, los referentes de la música popular chilena, en su mayoría santiaguinos, fueron abanderados de la vanguardia folklórica latinoamericana en esos tiempos difíciles.

Pero en la región Valparaíso, al sur de Santiago, se gestó una movida diferente, que incorporó a su ADN folklórico la poderosa influencia de la psicodelia y el rock progresivo, fusionando ambas vertientes para resistir los embates de la opresión política con canciones menos literales pero que, a la vez, eran musicalmente más etéreas y libres.

Congreso –palabra cuya sola mención en nuestro país es suficiente para amargarnos el día- fue el nombre que eligieron los hermanos Patricio, Fernando y Sergio González para su proyecto musical, para el cual convocaron también al vocalista Francisco Sazo. “En esa época había muchos congresos, reuniones en las que se discutía diferentes puntos de vista sobre cada tema. Y como entre nosotros también pasaba eso pues había diversas visiones sobre la música, le pusimos Congreso”, dice Sergio “Tilo” González, eximio baterista y compositor de todas las partituras del grupo. Aquello fue en 1969 y, desde entonces, la banda no paró nunca. Junto a Los Jaivas -otro legendario grupo de Valparaíso-, Congreso es considerado una institución en la historia de la música popular chilena.

Con el tiempo, Congreso se convirtió en un grupo de culto, que decidió quedarse en Chile en tiempos en que la mejor opción parecía el exilio. “Esos años fueron terribles. Nosotros éramos una banda pequeñita, de provincia, que pasaba inadvertida. Después tuvimos varios problemas pero decidimos trabajar desde dentro”, cuenta Francisco Sazo, vocalista de fuerte y alto registro, quien además es profesor de filosofía y autor de todas las letras. Sazo y González, dos de los tres miembros originales de Congreso que quedan –el tercero es el flautista Hugo Pirovich-, han mantenido una actitud consecuente e innovadora, integrando jazz, rock, música clásica y folklore con creatividad y talento.

Aunque sus discos más aclamados son los de su primera etapa –El Congreso (1972, que incluye El cóndor pasa con letra de Sazo), Terra enigmática (1975) y Congreso (1977)- el grupo ha atravesado diversas etapas en su evolución musical, gozando de gran popularidad en el país, gracias a su permanente presencia en ferias y espectáculos al aire libre. Entre 1980 y 1984, Sazo viajó a Bélgica a estudiar filosofía y fue reemplazado por un joven cantante y compositor que luego se haría famoso como solista, Joe Vasconcellos, con quien grabarían el álbum Viaje por la cresta del mundo (1981), que contiene el tema Hijo del sol luminoso, probablemente el más conocido del grupo.

Con el retorno de Sazo, Congreso continuó produciendo música de alta calidad, asociándose incluso con Nicanor Parra, el famoso antipoeta chileno, para el álbum Pichanga: Profecías a falta de ecuaciones (1992) y colaborando en proyectos para documentales y obras de ballet. En sus actuaciones es común que suban al escenario integrantes de bandas importantes del panorama musical chileno como Horacio Durán y José Seves (Inti Illimani), Eduardo “Gato” Alquinta (Los Jaivas), Eduardo Gatti (Los Blops), entre otros. A nivel internacional, Congreso es una banda respetada por estrellas de la música latinoamericana como León Gieco, Pedro Aznar y Ricardo Montaner, quien calificó su presentación en  el Festival de Viña del Mar del año 2005 como “una cátedra de música”. Diez años después, en el 2015, Congreso fue parte del cartel internacional del Festival Lollapalooza Chile, en el enorme Parque O’Higgins.

Este sábado 7 de julio, Congreso se presentará junto al histórico grupo peruano El Polen, en el Teatro Municipal de Lima- Su formación actual es: Francisco “Pancho” Sazo (voz), Sergio “Tilo” Gonzáles (batería), Hugo Pirovich (flautas), Jaime Atenas (saxos), Sebastián Almarza (teclados), Raúl Aliaga (percusiones) y Federico Faure (bajo).

lunes, 18 de junio de 2018

MÚSICA RUSA: UN MUNDO POR DESCUBRIR (Diario Exitosa, lunes 18-6-2018)




Mientras se recorren los estrechos pasillos y salones de la fantástica Catedral de San Basilio, en la Plaza Roja de Moscú, se siente a lo lejos un coro masculino de tenores, barítonos y bajos que hace retumbar las paredes del ancestral templo bizantino.

La música proviene de una de sus capillas y, cuando uno llega al umbral, descubre a cuatro extraordinarios vocalistas elegantemente vestidos de negro. Prohibido grabar o tomar fotos, solo está permitido sorprenderse ante voces tan prodigiosas. Se hacen llamar Doros y son, desde luego, una atracción turística que recoge una de las tantas formas de música rusa tradicional: el canto coral.

El mismo canto coral que inspiró aquella hilarante rutina de los entrañables Les Luthiers, titulada Oiga Doña Ya! (1977), en la que un conjunto de presuntos barqueros del Volga juega con palabras en español que simulan la fonética rusa.

La música rusa ha estado más cerca de nosotros que su país de origen, con canciones populares como la discotequera Moscú (1980) grabada en español por el francés Georgie Dann. Sin embargo la versión original fue registrada primero en alemán y luego en inglés por el conjunto de pop electrónico germano Dschinghis Khan, en 1979.

Moscú es una adaptación del folklore tradicional de Ucrania, uno de los países que conformaban la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-URSS, desintegrada tras la Perestroika (Reestructuración) que lideró Mikhail Gorbachov en 1990. Es la misma procedencia de Kozachok, una saltarina composición del siglo 16 y que, en estos días de Mundial, escuchamos constantemente en comerciales y reportajes. Esta danza de los cosacos –comunidad semi-militar que vivió en Rusia, Polonia y otros países de Europa Oriental- es la pieza musical más representativa de la Rusia imperial presocialista, tocada con balalaikas, acordeones y panderetas llamadas gusli y treschotka (bloques de madera).

Pero aun más notables son las contribuciones rusas a la música clásica de los siglos 19 y 20, con compositores que dejaron para la posteridad melodías que hasta hoy se utilizan en películas y documentales, verdaderas obras maestras del arte musical como el ballet navideño Cascanueces (1876), el ballet El lago de los cisnes (1892), presente en largometrajes como Black swan (2010) o Billy Elliott (2000), o la atronadora Obertura 1812 (1880), popular entre los amantes del cómic por su uso en la versión fílmica de V for Vendetta (2005), todas de Pyotr Ilych Tchaikovsky; El vuelo del abejorro (1899) de Nikolai Rimsky-Korsakov, que identificó al personaje de ficción de la televisión setentera El avispón verde; Cuadros de una exhibición (1874) de Modest Mussorgsky, transformada en una suite rockera por el trío británico Emerson, Lake & Palmer en 1972; o los complejos conciertos para piano de Sergei Rachmaninoff de 1909, base del laureado film australiano Shine, de 1996. La sinfonía infantil Pedro y el lobo (1936), de Sergei Prokofiev; las óperas politizadas de Dmitri Shostakovich; las vertiginosas danzas de Aram Khachaturian; o las disonantes e innovadoras obras de Igor Stravinsky –quien dirigió nuestra Orquesta Sinfónica Nacional en los sesenta-; también marcaron el desarrollo de la música académica contemporánea.

Las referencias de música rusa están por todas partes: desde la balada Nathalie (1964) del divo francés Gilbert Bécaud hasta Horses (1971), poderosa canción acústica de Vladimir Vysotsky, maestro del canto gutural, usada en White nights (1985), película protagonizada por los bailarines Mikhail Barishnikov y Gregory Hines. Por otra parte, rockeros como The Beatles, Elton John o Scorpions han rendido homenaje a la historia y tradiciones rusas en canciones como Back in the U.S.S.R., Nikita o Wind of change, respectivamente.

Otros músicos destacados son Mstislav Rostropovich, considerado el mejor cellista de todos los tiempos; Anna Netrebko, conocida soprano operística; y Léon Theremin, inventor del enigmático instrumento electrónico que lleva su nombre, que emite ondas sonoras sin necesidad de contacto físico.

Aproveche que ya está rodando la pelota en los estadios soviéticos para adentrarse más en el fascinante mundo de la música rusa. No se arrepentirá.



domingo, 27 de mayo de 2018

ENTREVISTA A CARL PALMER (Diario Exitosa, 26-5-2018)



Carl Palmer: “Keith fue el mejor músico con el que he trabajado”

El legendario baterista británico Carl Palmer (Birmingham, 1950), único sobreviviente del trío Emerson, Lake & Palmer, tocará en el Teatro Municipal de Lima este miércoles 30 de mayo, como parte de su gira denominada Carl Palmer’s ELP Legacy, en la que interpreta todos los clásicos de esta importante banda que fusionó el rock con la música clásica y fue uno de los actos en vivo más sorprendentes de la década de los setenta. Fanático de Gene Krupa y Buddy Rich, Palmer fundó en los ochenta el cuarteto Asia de gran éxito en los años ochenta.

por Jorge Luis Tineo

¿Cuánto tiempo ha pasado desde tu última visita al Perú?

Han pasado muchos años. Creo que tocamos con ELP en el ’97.

¿Eres consciente de ser una leyenda viva del rock?

Bueno, es lo que la gente me dice. No pienso en eso. Mi intención es hacer música lo mejor que pueda y enfocar mi energía para seguir siendo un baterista creativo e innovador. Esa ha sido mi motivación siempre. Es bueno ser reconocido pero el verdadero éxito para mí es ver los rostros de mi público.

Obviamente, el público te reconoce por ser la P en ELP pero estuviste antes en dos grupos: The Crazy World of Arthur Brown y Atomic Rooster.

Cuando yo era joven, muchas personas querían que me convirtiera en un baterista de estudio porque era técnicamente muy bueno. Pero yo no quería eso. Quería estar en una banda y ser un miembro estable. Tuve la suerte de estar en grupos que tuvieron discos exitosos, he pasado horas en estudios de grabación y también largos días de gira. He hecho ambas cosas y eso me convirtió en un mejor baterista.

¿Cómo era el trabajo en los estudios con (Keith) Emerson y (Greg) Lake?

Siempre estaba pensando en cómo hacer arreglos de batería innovadores para las canciones. En ELP usé muchos instrumentos de percusión, como las campanas, bloques de madera, gongs, etc. que no eran usados normalmente por la mayoría de bateristas de rock. Quería mantener la batería fresca y diferente.

Trilogy (1972) fue el primer disco progresivo que escuché y aun es uno de mis favoritos. ¿Cómo fueron las grabaciones de ese emblemático álbum?

Trilogy fue uno de los primeros discos en el que usamos el estudio como un instrumento en sí mismo. Estábamos aprendiendo a usar la tecnología electrónica en una banda de rock.

¿Cómo manejaron las críticas de quienes los consideraban “pretensiosos” por hacer esta combinación de rock y música clásica?

Nunca prestamos atención a los críticos. Ellos no podían entender el hecho de que estábamos consiguiendo discos de platino y llenando estadios. Todo lo que nos importaba era los fans. Si a ellos les gustaba sabíamos que estábamos haciendo lo correcto, musicalmente hablando.

¿Cuál es tu álbum y tema favoritos de ELP?

Brain sald surgery (1973) es mi disco favorito porque creo que allí alcanzamos nuestra cima. Fue un álbum muy difícil de hacer pero no paramos hasta hacerlo bien.

Hace tiempo escuché que había, escondidas en algún sótano, grabaciones de un jam de Emerson, Lake & Palmer con Jimi Hendrix en guitarra. ¿Cuál es la historia detrás de ese rumor?

No es verdad. Jimi le había dicho a Keith que quería conocernos y ensayar con nosotros pero nunca ocurrió. Murió poco después de aquello. La prensa adoraba ese rumor y a Greg le gustaba dejarles la impresión de que iba a entrar en el grupo pero nunca pasó de ser un comentario.

¿Cómo era la vida de ELP en las giras? ¿Siguieron la tradición de “sexo, drogas y rock and roll” o fue diferente para ustedes?

Usábamos las giras para mejorar en nuestros instrumentos  y creo que llegamos a ser tan buenos porque ganamos mucha experiencia tocando en vivo. ELP nunca fue una banda de fiestas salvajes. La música se hacía demasiado complicada de tocar si estábamos borrachos o drogados.¿Por qué querrías hacer música si  no estás en tus cabales?

Fuiste grande en los setenta con ELP y luego llegó Asia, en los ochenta. ¿Cómo recuerdas esa década?

Asia fue como ELP, un supergrupo exitoso. El primer álbum de Asia fue #1 por nueve semanas y se vendió en todas partes. Después tuvimos que mantener ese estándar y ahí llegó la parte difícil. De hecho, creo que Asia fue una mejor banda cuando nos reunimos los cuatro originales en el 2006. Hicimos muy buenos conciertos en esa reunión y duramos más que en nuestra primera etapa. Ahora que John (Wetton)  ya no está y Steve (Howe) se retiró de Asia, Geoff (Downes) y yo estamos reconstruyendo la banda. Hicimos una gira fabulosa el año pasado con Journey, y al público le encantó. Fue muy gratificante.

Vincent Crane, Keith Emerson, Greg Lake y John Wetton, tus hermanos musicales y cómplices se han ido. ¿Qué reflexiones te trae eso a los 68 años? ¿Estás bien de salud?

Bueno, mi salud es muy buena porque me cuido mucho. Casi muero en el 2012 por intoxicación. Después de eso me convertí en vegano por motivos de salud. Esa ha sido la decisión más inteligente que he tomado. Tengo mucha más energía ahora y me siento muy bien. Soy consciente de mi mortalidad, especialmente después de perder a mis grandes amigos.

Las noticias de Emerson sorprendieron al mundo de la música. ¿Hablaste con él poco antes de su suicidio?

Siempre estuvimos en contacto y nos reuníamos cada vez que yo iba a Los Angeles. No teníamos idea de que la depresión lo aquejaba y su muerte fue una enorme sorpresa para todos. Lo extraño mucho. Es el mejor músico con el que he trabajado.

¿Qué es “el arte de dar”?

Es un proyecto de fotografía artística que trabajo con una compañía llamada Scene Four. Sacamos imágenes mías tocando batería en un cuarto oscuro con baquetas que tienen luces LED en las puntas. Las luces cambian de color cada vez que golpeo un tambor de modo que vamos creando sorprendentes imágenes que luego imprimimos sobre lienzos y les pongo mi autógrafo. Hacemos exhibiciones donamos gran parte de los ingresos a obras de caridad. Hemos donado miles de dólares para casos de cáncer. Puedes ver más sobre esto en www.carlpalmerart.com

Recientemente fuiste nombrado Prog God (Dios del Progresivo) en la edición 2017 de los Premios de la Música Progresiva. ¿Qué significó eso para ti?

Fue muy bueno recibir ese premio, y hacerlo frente a un público conformado por muchos de mis amigos y colegas. Significa que soy reconocido por haber ayudado a dar forma a un género musical. Me siento agradecido por haberlo recibido. La escena progresiva actual tiene bandas muy buenas. Gente como Steven Wilson, Bad Plus, con fuertes conexiones con el jaz, son los que más me gustan.

¿Qué debemos esperar del espectáculo Carl Palmer’s ELP Legacy?

Hacemos un concierto de dos horas con música de ELP y proyecciones que acompañan a las melodías. Están todas las canciones conocidas,  pero sin teclados pues la idea es reinventarlas de una manera diferente. Tocamos éxitos como Lucky man, Welcome back my friends y otras. Hacemos algunas canciones que grabamos con ELP pero nunca fueron tocadas en vivo como Trilogy. Y por lo menos habrá una de esas épicas piezas de 20 minutos. Me acompañan Paul Bielatowic en guitarra y Simon Fitzpatrick en bajo y Chapman Stick. Ambos trabajan conmigo desde el año 2001.

martes, 22 de mayo de 2018

ATAHUALPA YUPANQUI: EL PAYADOR INMORTAL


Este miércoles 23 de mayo se cumple un año más de la desaparición del cantor y guitarrista argentino Héctor Roberto Chavero Aramburú, conocido mundialmente por su nombre artístico, Atahualpa Yupanqui. La sola mención de ese alias –referencia directa a los nombres de dos poderosos monarcas del ancestral Tahuantinsuyo- hace vibrar el alma de los andes argentinos con la fuerza de su guitarra telúrica, pulsada con destreza y calidez.

Aunque inició su carrera siendo muy joven, a inicios de los años treinta –había nacido en Pergamino, provincia de Buenos Aires, en 1908- se le recuerda más como aquel querendón y sabio viejecito, de mirada contemplativa y piel cuarteada por los años, que canturreaba sus coplas con sabor a enseñanza popular.

Atahualpa Yupanqui recorrió el Altiplano, durante casi dos décadas, con su guitarra cantando. Encarcelado y exiliado por el gobierno de Juan Domingo Perón por sus filiaciones con el Partido Comunista (al cual renunciaría años más tarde), se hizo conocido en Europa, especialmente en Francia, donde llegó a cantar junto a Edith Piaf.

En 1952 regresó a Argentina. Compuso música para películas, escribió poemarios y grabó decenas de LP con sus melodías extraídas de la tierra, muchas de las cuales compuso con su segunda esposa, la pianista francesa Antonietta Paule Pepin Fitzpatrick, “Nenette”, quien firmaba como «Pablo del Cerro». Este cambio de identidad fue voluntario, como cuenta Roberto “Kolla” Chavero, guitarrista e hijo de ambos, porque al momento de iniciar su relación con Atahualpa, él aún no se había divorciado de su primera mujer.

Su talento para las zambas, chacareras, payadas, milongas y vidalas en las que hablaba de los pesares y correrías del gaucho, el paisanaje y las costumbres pamperas, lo convirtieron en símbolo del canto folklórico argentino, inspirando a toda una generación de artistas: Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Los Visconti, Mercedes Sosa, Facundo Cabral, Jorge Cafrune y muchos otros grabaron emblemáticas canciones suyas como Luna tucumana, El arriero, El alazán, Los hermanos o Los ejes de mi carreta. En Alemania, en 1977, se publicó el disco Die Andengitarre, joya instrumental que condensa el legado de Atahualpa Yupanqui como guitarrista criollo.

Sin embargo, la obra capital del zurdo “don Ata” –como le llamaban sus seguidores, o mejor dicho, sus fieles-, apareció en los sesenta. En El payador perseguido (1964) Atahualpa Yupanqui presenta un “relato por milongas” en el que narra, en 107 sextinas (76 recitadas y 31 cantadas), su propia vida de esforzado cantor de pueblo, fiel a sus convicciones y a defender lo genuino frente a lo artificial, un catálogo de consejos para la vida digna, alejada del acomodo y las apariencias.

Basado en la famosa obra de José Hernández, Martín Fierro (1872), clásico de la literatura argentina, El payador perseguido es un inspirado recuento de experiencias diversas, desde sus inicios en guitarreadas y contrapuntos, su paso por diversos trabajos, algunos de ellos muy mal pagados, y ácidas críticas a esos falsos trovadores que venden su guitarra y su verso al mejor postor.

La prosa simple y el acento del argentino rural –que el genial humorista y dibujante rosarino Roberto Fontanarrosa utilizara para dar voz a su entrañable personaje Inodoro Pereyra- es inteligente y cuestionadora, pero también es integradora del espíritu argentino, pícaro y de respuesta ágil, cuyas experiencias de vida generan una sabiduría que no se halla en libros ni academias y que le permite sobreponerse a la agresividad de una sociedad discriminadora, hostil con el provinciano e hipócrita a tiempo completo.

Durante casi cuarenta minutos, Atahualpa Yupanqui nos cuenta su historia acompañándose con finos bordones y trinos mientras sustenta su visión social y humanista, más allá de tontos rótulos políticos que han querido usar quienes se sienten aludidos por sus certeros dardos, para descalificar este canto poseedor de una arrolladora vigencia frente a los problemas de injusticia, racismo y corrupción que aquejan a esta sociedad dominada por las minorías de siempre, que concentran toda la riqueza, mientras los de abajo (agricultores, policías, obreros, maestros de escuela pública), viven con las justas esperando, eternamente, que las cosas cambien.

Las coplas de este payador perseguido se convierten entonces en la voz de aquellos individuos que, por mucho que los apriete la realidad, no dejan de lado sus principios y colocan siempre, por delante de cualquier otra necesidad, la de vivir con la frente en alto, respetando su identidad, sus valores, su dignidad, esa virtud que es, a la larga, la única que nos define como hombres y mujeres de bien. En su momento este disco fue considerado peligroso y condenado al ostracismo. Por eso hoy casi nadie lo conoce.


“Don Ata” residió mucho tiempo lejos de su país pero lo llevaba siempre dentro de sí: “Cuando toco mi guitarra veo el paisaje argentino frente a mí”. En Cerro Colorado (Córdoba), ciudad donde también vivió y es hoy sede de la Fundación Atahualpa Yupanqui, se abrió a comienzos de este año la muestra fotográfica La tierra que anda, en homenaje a su legado artístico y humano. Atahualpa Yupanqui, cuya última aparición en público fue en el Festival de Cosquín, en 1990, falleció dos años después un 23 de mayo, a los 84 años, en Nîmes, al sur de Francia.