lunes, 26 de junio de 2017

IÇERDE: ACCIÓN Y SUSPENSO DESDE TURQUÍA


Içerde misin?” (“¿Estás adentro?”). Esta pregunta es el hilo conductor de Içerde (Adentro, Ay Yapim, 2017), una serie policial turca que explora, a un tiempo, el oscuro mundo de las mafias suburbanas que operan en Estambul; y los profundos traumas personales que la vida delictiva puede provocar en aquellas personas que terminan involucradas en la maraña de intrigas, mentiras, traiciones y una amplia gama de crímenes, que va del simple falseo de información a los asesinatos más crueles y sórdidos, con depuradas técnicas de tortura física y psicológica que la subcultura de los carteles de droga y el sicariato han hecho comunes en la sociedad contemporánea.

Con una trama caracterizada por su impredictibilidad, personajes construidos con interesantes matices  y notables actuaciones, Içerde fue un paso más allá del formato novela romántica -de enorme éxito en diversos países de Latinoamérica, incluido el Perú-, y presenta esta dinámica historia con elementos de acción (persecuciones, peleas callejeras, balaceras, explosiones) sin dejar de lado, por supuesto, los romances de sus protagonistas, que funcionan como complementos de enorme efectividad emotiva pero que no son, definitivamente, determinantes en su desarrollo narrativo.

La fuerza de Içerde, bajo la dirección de Uluç Bayraktar (quien previamente había dirigido otra serie policial, Ezel), radica en su excelente guion, escrito por Ertan Kurtalan y Toprak Karaoğlu, que toma como base la laureada película The departed (Martin Scorsese, 2006) pero con una variación sustancial: el policía y el criminal, infiltrados en la mafia y en el departamento policial, respectivamente, son enemigos mortales sin saber que son hermanos. Separados desde su niñez, ambos hacen hasta lo imposible por encontrarse, incluyendo numerosos intentos por destruirse mutuamente para lograr ese objetivo. El culpable de esta separación es un poderoso y despiadado capo de la mafia, traficante y asesino, que logra siempre escapar de las autoridades debido al trabajo de su informante en la sombra.

El boom de las series y novelas turcas en países de habla hispana comenzó hace dos o tres años, con Binbir gece (Las mil y una noches), grabada originalmente en el 2006 y, a partir de la buena acogida que tuvo entre el público, los canales de señal abierta comenzaron a transmitir otras como por ejemplo Ezel (2009), Fatmagül'ün suçu ne? (¿Qué culpa tiene Fatmagül?, 2010) y Adını Feriha koydum (El secreto de Feriha, 2011), con similares resultados de sintonía. A pesar de que estas y otras producciones turcas modernas han sido programadas unas tras otras, Içerde no ha llegado a nuestras pantallas con las ya conocidas traducciones oficiales hechas en Chile.

Sin embargo, la popularidad de esta serie –que pone en vilo a toda Turquía cada lunes desde septiembre del año pasado-, no ha pasado desapercibida para las entusiastas seguidoras de uno de sus principales protagonistas, el joven actor Çağatay Ulusoy, que se hiciera famoso entre nosotros en la romántica historia Adını Feriha koydum (El secreto de Feriha). 

Ellas, desde distintos países como Argentina, Chile y Perú, han buscado múltiples formas de estar al tanto de los avances de Içerde, desde la creación de grupos de Facebook en los que comparten avances, videos, fotos y notas relacionadas a sus capítulos, hasta una página web en la que cuelgan, con una semana de diferencia, la serie capítulo por capítulo, subtitulada al español y al inglés por un equipo de traductores y profesores del complicado idioma de este exótico país euroasiático.

Ulusoy interpreta a Sarp Yilmaz, el policía que se infiltra, a través de complejas estratagemas organizadas por su jefe y mentor, el director del departamento contra el crimen organizado, Yusuf Kaya, en el círculo más íntimo de Celal Duman, un traficante y asesino que, años atrás, secuestró a su hermano menor, Umut, para cumplir a su vez un maquiavélico y calculador plan: criarlo e inscribirlo en la escuela de policías para que, de mayor, trabajara como espía y así conocer los movimientos de las fuerzas del orden, lo que le permite tener garantizada absoluta libertad para operar sus oscuros negocios, que esconde bajo la fachada de un populoso restaurante de kebab, comida típica de diversos países de esa zona del mundo, hecha a base de carne molida de cordero. Umut, alejado de su familia desde los 3 años de edad, desconoce su origen y crece en las calles, bajo el nombre de Mert Karadağ, hasta que es “rescatado” por Celal y se convierte en un respetado y eficiente oficial de policía. Umut/Mert es interpretado por otro conocido galán de varias novelas románticas turcas, Aras Bulut İynemli.

Junto a ellos, un elenco que combina a actores de enorme experiencia en la televisión, cine y teatro turcos, como por ejemplo Çetin Tekindor (Celal Duman), Mustafa Uğurlu (Yusuf Kaya), Nihal Koldaş (Füsun Yılmaz), Uğur Yücel (Kudret Sönmez); con nuevas figuras como Bensu Soral (Melek Duman), Damla Colbay (Eylem), Yıldıray Şahinler (Alyanak), Rıza Kocaoğlu (Davut), crean un universo de personajes e historias paralelas que le dan dinamismo y tensión dramática a Içerde, que configuran diversas situaciones en las que prima la acción y el suspenso, con un acertado manejo de flashbacks, un guion técnico muy prolijo que combina el uso creativo de las cámaras, un concepto artístico de la iluminación y efectos especiales; y giros inesperados que mantienen a la audiencia en permanentes dudas sobre qué sucederá en la escena siguiente. 

Aunque inicialmente Içerde explotó la popularidad y atractivo de la dupla Çağatay Ulusoy/Aras Bulut İynemli para asegurarse la fidelidad del público femenino, las elaboradas tramas y consistentes dosis de acción y violencia, propias del género policial, demostraron ser efectivas también para el sexo opuesto, lo cual no hizo más que aumentar el exitoso rating de los capítulos semanales, que duran dos horas aproximadamente.

La serie llegó a su final el pasado lunes 19 de junio, tras la transmisión de sus 39 episodios. La expectativa que creó la resolución de sus misterios y el desenlace final de sus protagonistas, tras semanas de angustia, quedó reflejada en el gran éxito que tuvo este último capítulo, que fue todo un evento en Estambul: Ay Yapim, la productora, convocó a una gala especial, para pasar el final de Içerde en pantalla gigante, en simultáneo con la transmisión por televisión. 

Esa noche asistieron todos los actores, que fueron recibidos con la infaltable alfombra roja, al estilo de las grandes premiaciones (Oscar, Grammy) y un concierto como acto previo, en el que se interpretó en vivo la espectacular banda sonora de la serie, compuesta por el bajista Toygar Işıklı, músico graduado del prestigioso Berklee College. Miles de personas, entre personalidades de la TV turca y público invitado, colmó el local mientras que otros miles de teleespectadores esperaban, mordiéndose las uñas, el inicio del capítulo final, programado para las 8.30 de la noche (hora local de Turquía).

En las redes sociales, los fans latinoamericanos que han seguido Içerde en su versión subtitulada, se pasaron toda la semana debatiebdo sobre cuál sería el final de los hermanos Yilmaz, el malvado Celal y su fiel sicario Davut. Casi dos semanas antes del final oficial de Içerde, los medios anunciaron que la televisión chilena -responsable de versiones dobladas de casi todos los éxitos de la televisión turca contemporánea- ya aseguró los derechos de esta serie, por lo que pronto la tendremos en algún canal local en horarios estelares. 

El éxito ha sido tal que el elenco de Içerde participa de actividades benéficas y de responsabilidad social. Se les puede ver organizando partidos de fútbol y apoyando campañas para proteger a niños huérfanos –uno de los temas centrales de la serie- y difusión de información sobre seguridad ciudadana. Aunque no está confirmado, todo parece indicar que dentro de poco podrá verse también en versión doblada, lo cual sin duda aumentará su popularidad a nivel global.

Içerde, como otras series provenientes de Turquía, dan cuenta de una industria televisiva en constante evolución y efervescencia, con historias que van de lo tradicionalista a lo moderno, mostrando, a través de un cuidadoso trabajo de producción que incluye sofisticadas técnicas de filmación e iluminación de cinematográfica calidad, el exotismo de la ancestral cultura de una de las sociedades más antiguas del mundo con su idiosincrasia actual, un crisol de identidades que tiene tanto de europeo como de asiático, de cristiano como de musulmán, convirtiéndose en una buena fuente de información acerca de este país, antes desconocido, a través de sus costumbres, vestimentas, paisajes y lugares emblemáticos (como lo hiciera el cine y televisión mexicanas desde la década de los años cuarenta). 

Asimismo, el público latino ha entrado en contacto con toda una constelación de talentosos y carismáticos actores y actrices, algunos con décadas de experiencia en cine y teatro y otros, más jóvenes, que son la comidilla de la prensa de espectáculos turca.


TRAILER OFICIAL DE IÇERDE


viernes, 9 de junio de 2017

"DESPACITO" Y LA CRISIS DE LA MÚSICA LATINA

Publicado originalmente en Diario Exitosa (lunes 5 de junio de 2017, página 18)


La música latina está en crisis. Los clichés del “encanto caribeño” creados por la cultura anglosajona se han unido, de manera enfermiza, con las tendencias comerciales impuestas por un mercado que solo se concentra en aquello que venda mucho y muy rápido, y han desaparecido del imaginario colectivo de las masas hermosos géneros musicales que fueron sinónimo de calidad, sofisticación, idiosincrasia y exotismo.

La expresión más patética de la metástasis que padece nuestra música es, por supuesto, el reggaetón que se apoderó, desde 1995 aproximadamente, de emisoras, rankings y premiaciones, aniquilando la rica tradición musical latina y reemplazándola por ese insoportable golpeteo simiesco y repetitivo cuyas letras estimulan pulsiones primarias de una muchedumbre de consumidores cautivada por sus connotaciones “sensuales”. Con complicidad del reggaetón, los modelos de éxito de la juventud han sufrido una preocupante transformación: los chicos quieren ser narcos y las chicas, sus siempre dispuestas acompañantes.

La canción Despacito es la más reciente trastada reggaetonera, compuesta por el cantante portorriqueño Luis Fonsi y una cantautora panameña, Erika Ender, cuyas pupilas deben estar convertidas en frenéticos signos de dólar, como los de las máquinas tragamonedas, mientras su creación -descrita como “reggaetón romántico” cuando en realidad es una grosera invitación al encontronazo promiscuo, disfrazado de falsa elegancia- triunfa, de manera irrefutable, con índices millonarios de ventas y cientos de miles de descargas y reproducciones en YouTube.

La infección reggaetonera está tan extendida que el tema de marras viene siendo grabado en diversos géneros musicales e incluso se presentó en la final de la versión norteamericana de The Voice, uno de los programas de talentos más sintonizados del planeta.

Pero el encanallamiento de nuestra música se manifiesta en otras expresiones musicales, como por ejemplo, la balada. La generación que hoy tiene entre 40 y 50 años de edad, cuando encendía la radio durante su niñez, adolescencia o pregrado universitario, escuchaba letras como esta: “¿Y cómo es él?/ ¿en qué lugar se enamoró de ti? / ¿de dónde es? / ¿a qué dedica el tiempo libre?” (Y cómo es él, José Luis Perales, 1982). Hoy ese lirismo es reemplazado por un grotesco “dile al noviecito tuyo / que él es una porquería” (El amante, Nicky Jam, 2017).

Hoy, el romance musical llega en ritmo de bachata, ese sonido chirriante, sudoroso y monotemático en el que vocalistas de timbre afeminado “enamoran” a las jóvenes modernas con proposiciones que pasan la delgada línea entre lo sugerente y la agresión, aceptadas de buen grado por la masa, incluso femenina, que luego se declara contra el abuso y la violencia hacia la mujer.


Pero esta crisis de la música latina no es moral sino artística. Los ídolos latinos actuales han abdicado de toda calidad musical -tanto en la composición como en lo interpretativo- para entregarse de forma hedonista y vulgar al desarrollo de propuestas rentables, que dan vueltas sobre lo mismo permanentemente, pasando por encima de décadas de una evolución musical que motivó la aparición de géneros como el bolero, el son, la salsa y sus derivados, el latin jazz, la nueva ola y las baladas con orquestaciones exquisitas y voces privilegiadas -además de la fuerza del rock en español o la impronta poética de los trovadores- a las que todos estuvimos expuestos, enriqueciendo nuestra sensibilidad a través de un acto muy sencillo: encender la radio.

miércoles, 31 de mayo de 2017

STEVE VAI EN LIMA (C. C. MARÍA ANGOLA, MARTES 30-5-2017)


Con el auditorio al tope de su capacidad, el guitarrista Steve Vai dejó sin palabras a quienes lo vimos la noche del martes 30 de mayo. Al final de las casi dos horas que duró el concierto, se notaba que las furibundas y ensordecedoras ráfagas de electricidad lanzadas desde su icónica Ibanez blanca aun resonaban en los oídos de las personas que iban saliendo del recinto, con ojos y bocas abiertas, balbuceando adjetivos –“alucinante”, “espectacular”-entre sonrisas que podían ser de satisfacción pero también de una genuina perplejidad.

Y es que no importa cuántas veces haya escuchado uno el Passion and warfare, disco que Vai grabara en 1990 y que tocó íntegramente en Lima, como parte de la gira mundial que inició a mediados del 2016 para celebrar un cuarto de siglo de su lanzamiento. Porque los niveles de volumen e intensidad que es capaz de alcanzar en vivo son simplemente imposibles de describir con palabras, lo cual se hace más evidente en esas digresiones en los que la guitarra de Vai simula estruendosos cohetes a punto de explotar o estrellarse, gritos eléctricos que convierten el Star spangled banner de Jimi Hendrix en un arrullo de cuna.

El concierto arrancó con un video, casi dos minutos de la cinta Crossroads (1986) en la que Vai representa a Jack Butler, un guitarrista endemoniado, durante la emblemática escena del duelo entre Butler y Eugene, papel representado por la estrella juvenil de la época, Ralph Macchio (Karate Kid). A lo largo del show, se proyectaron coloridas animaciones y otras sorpresas, como la aparición de diversos amigos y colegas de Vai y los clips promocionales del Passion and warfare.

Para el arranque, desde la oscuridad salió Vai, media hora después de lo anunciado, encapuchado y apuntando al público con rayos láser de color rojo intenso que salían de sus ojos, moviéndose sinuosamente y lanzando extraños ruidos desde su guitarra, que por momentos parece un arma de destrucción masiva. Junto a su banda -Dave Weiner (guitarra, teclados), Philip Beynoe (bajo) y Jeremy Colson (batería)- tocó  cuatro poderosos temas de su amplia trayectoria discográfica: Bad horsie y Tender surrender (del EP Alien love secrets de 1995), The crying machine del disco conceptual Fire garden (1996) y Gravity storm, de The story of light (2012), una de sus últimas producciones en estudio.

Para ese momento la audiencia ya estaba preparada. Unas breves palabras en inglés, en que Vai hizo gala de su facilidad expresiva y sentido del humor y con todo, el Passion and warfare de principio a fin y en orden, alcanzando cotas impresionantes de incendiario volumen, con esos sostenidos agudos y el casi maltrato físico al que somete a su instrumento para arrancarle solos imposibles, riffs pesados y estructuras sumamente complejas incluso para otros guitarristas de su generación.

Aquí comenzaron las apariciones especiales: Para Liberty, las pantallas –una al centro, dos a los lados- mostraron imágenes de Vai junto al legendario Brian May de Queen, en un concierto de 1992. Durante The audience is listening, el simpático videoclip en el cual un “Little Stevie” vuelve loca a su profesora con su arrebatada canción inspirada en el clásico de Van Halen, Hot for teacher, es interrumpido por John Petrucci, guitarrista de Dream Theater, para introducir su contundente estilo e intercambiar solos con Steve. Y para la conocida Answers, Vai recibió el saludo y visita virtual de su amigo, profesor y cómplice en el proyecto guitarrero G3, Joe Satriani quien, sentado en su estudio y con divertidas máscaras, realizó impresionantes intervenciones para acompañar a Vai.

Durante los temas I would love to, The audience is listening y For the love of God, la banda hacía lo suyo y se proyectaban los videos correspondientes a cada tema, con Steve tocando en vivo y en estado de gracia, mientras la pantalla nos mostraba las imágenes del músico, hace 27 años, conectando pasado y presente. En suma, una celebración que fue más allá del emblemático disco de rock instrumental –el segundo de su carrera en solitario- para convertirse en un repaso por una trayectoria marcada por el éxito pero también por duras críticas a su personal y emotiva forma de ver y entender la música, con composiciones de complejas estructuras y sonidos que, para el común de las personas, pueden llegar a ser desesperantes por la saturación y el volumen que alcanzan.

Para quienes siguen pensando que el toque vertiginoso y extremadamente técnico de Steve Vai es maquinal o robótico, deberían prestar mayor atención a la digitación natural con la que acomete diversos pasajes en canciones como For the love of God, Greasy kid’s stuff, Blue powder y especialmente el breve interludio Ballerina 12/24, en que Vai se luce con un veloz bluegrass eléctrico, en ese tiempo difícil indicado en el título. En la otra cara de la moneda, las pesadas y cambiantes The riddle, Erotic nightmares, The animal y, particularmente Love secrets, que cierra el disco original, van del hard-rock al rock progresivo con densidad pero con mucha fluidez en los arreglos, por más complicados que estos sean para el oyente promedio. La habilidad desarrollada por Vai a lo largo de los años obedece a tres cualidades 100% humanas: talento, disciplina y mucha práctica. Ninguna de ellas pueden conseguirse a través de softwares o descargas virtuales.

La banda que trajo Steve Vai tiene también, por supuesto, una gran responsabilidad dando soporte a las locuras del guitarrista y compositor, y la cumplen cabalmente, sin atenuantes: Philip Beynoe es un extraordinario bajista que combina su macizo acompañamiento para los temas pesados con una soltura ultrafunky que retumba y sacude el cuerpo de quien lo escucha. Jeremy Colson, el baterista, lanza unos bombazos con tal contundencia que compite en capacidad atronadora con su jefe, mientras que el guitarrista/tecladista Dave Weiner no se queda atrás al momento de replicar las veloces y frenéticas líneas de Vai –como en su momento lo hiciera Mike Keneally, su amigo y reemplazante en la banda de Zappa, hoy dedicado a sus propios proyectos musicales- o de hacerle fondo con una guitarra especial, que lanza enigmáticos arpegios parecidos a los de una cítara.

Una vez finalizadas las catorce canciones del Passion and warfare, Vai subió al escenario en dos ocasiones: la primera para hacer un extracto de Stevie’s spanking, aquel pesado tema que Zappa compuso acerca de sus extravagantes hábitos cuando iba con él de gira, apenas a los 21 años de edad, mientras las pantallas mostraban imágenes del DVD Dub room special, en el que quedó registrada una actuación de ambos en 1981; seguida de Racing the world, del álbum The story of light. Ante las llamadas del exhausto público, Vai regresó nuevamente y cerró la faena con la última sección de la suite Fire garden, del disco del mismo título, una extraña y misteriosa composición titulada Taurus Bulba, durante la cual bajó enloquecido a tocar en medio de las primeras filas, provocando un sano alboroto y un bosque de celulares tratando de captar ese momento.


Casi a la medianoche, las luces se apagaron y de los parlantes surgió la canción Hallelujah de Leonard Cohen, en la versión que grabara Jeff Buckley en 1991, casi como tratando de acariciar nuestros oídos, que habían sido satisfactoriamente machacados por uno de los mejores guitarristas del mundo. Steve Vai desató una apasionada guerra en nuestra ciudad, mezcla de incontenible locura y profunda espiritualidad. Prometió volver. Le tomamos la palabra.

SETLIST

PRIMERA PARTE
  • Intro: Video de película Crossroads (1986)
  • Bad horsie
  • The crying machine
  • Gravity storm
  • Tender surrender
PASSION AND WARFARE
  • Liberty (video: Brian May)
  • Erotic nightmares
  • The animal
  • Answers (video: Joe Satriani)
  • The riddle
  • Ballerina 12/24
  • For the love of God (con videoclip de 1990)
  • The audience is listening ((con videoclip de 1990, interrumpido por John Petrucci)
  • I would love to (con videoclip de 1990)
  • Blue powder
  • Greasy kid's stuff
  • Alien water kiss
  • Sisters
  • Love secrets
FINAL 1
  • Stevie's spanking (video: Frank Zappa)
  • Racing the world
FINAL 2
  • Taurus Bulba (Fire garden suite, part IV)

domingo, 11 de septiembre de 2016

STEVE HACKETT & GENETICS: UN CONCIERTO MEMORABLE


LA PREVIA ¿QUIÉN ES STEVE HACKETT?

La expectativa no podía ser mayor. Desde que se anunció la llegada de Steve Hackett, quienes hemos dedicado años a escuchar buena música sabíamos que se trataba de una de las mejores noticias para la agenda de conciertos en nuestra capital en lo que va del año, tras la visita de The Rolling Stones en el pasado mes de marzo. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con los legendarios intérpretes de (I can't get no) Satisfaction, Start me up y Angie, aquí no había espacio para poseros.

Efectivamente, quienes sabemos a la perfección quién es Steve Hackett sin necesidad de pasar dos o tres minutos en Google, conformamos una cofradía minoritaria que estuvo muy bien representada la noche del jueves 8 de septiembre, en el cómodo y elegante Gran Teatro Nacional. Guitarrista de Genesis entre 1970 y 1977, cofundador de GTR y Squakett -sus dos proyectos junto a Steve Howe y Chris Squire, de 1986 y 2012, respectivamente; y poseedor de una discografía personal amplia e interesante, desplegada en cuarenta años de carrera, en la que se aprecian desde sus aportes a lo que fuera el mejor periodo de su banda primigenia hasta impresionantes desarrollos de rock neoclásico y exploraciones con la música de cámara, la guitarra acústica de concierto y el blues, su presencia entre nosotros era todo un acontecimiento.

El estilo de Hackett en la guitarra, ominoso y filudo, le permitió ubicarse entre los dioses del rock progresivo de la década de los 70s, junto a otros grandes nombres como David Gilmour (Pink Floyd), Steve Howe (Yes) y Robert Fripp (King Crimson). Sus solos de notas largas y sus riffs rotundos cargados de distorsión se combinaban con profundos recursos acústicos, como el uso de armónicos naturales, escalas barrocas y una novedad: el tapping, esa técnica en la que, a dos manos, juega con las notas desde el diapasón, y que una década más tarde fuera perfeccionada por Eddie Van Halen, ese otro héroe de la guitarra a quien nunca le faltó humildad para referirse a Hackett como una de sus primeras influencias, elogio que también recibiría de Brian May, célebre por su trabajo con Queen.

El guitarrista de 66 años es, desde hace mucho, el responsable de que las nuevas generaciones de melómanos del mundo no se olviden de la música extraordinaria que produjo en esos años -de 1971 a 1977- junto a Mike Rutherford, Tony Banks, Phil Collins y Peter Gabriel, la formación clásica de Genesis, a través de discos y conciertos con su propia banda, en los que recreaba esos densos y complejos segmentos instrumentales que caracterizaron al quinteto. 

EL CONCIERTO: UNA EMOCIÓN TRAS OTRA

Para su primera visita a Lima, Steve Hackett llegó acompañado de Genetics, un grupo de músicos argentinos que reproduce a la perfección esos arreglos intensos con los que Genesis envolvió a sus públicos, en una época en que todo era nuevo y los artistas que se dedicaban al rock tenían el requisito obligatorio de ser buenos en lo que hacían para recibir la retribución del aplauso. Cuando uno ve, gracias a la magia del YouTube, cómo reaccionaban las personas que veían a la banda británica en los 70s, quedan claras las diferencias del nivel de apreciación que tenía la gente de antes con las masas actuales, incapaces de entender estas complejas y emocionantes canciones.

La noche de Steve Hackett & Genetics en Lima comenzó con Dance on a volcano, tema que abre A trick of the tail (1976), aquel disco que Genesis publicó tras la salida de Peter Gabriel y que significó la primera ocasión en que Phil Collins se encargó de los micrófonos del grupo. Aun cuando se sabe que Hackett comenzó a sentirse incómodo en la banda un año atrás -en 1975 había lanzado su debut como solista, el alucinante Voyage of the acolyte- permaneció con sus compañeros hasta 1977, en que se separó luego del lanzamiento de Wind and wuthering (1977).

Luego de Dance on a volcano vino un trío de canciones de The lamb lies down on Broadway (1974), la máxima obra conceptual del periodo dorado de Genesis. La apabullante oscuridad de Fly on a windshield seguida de Broadway melody of 1974 y la placidez misteriosa de Cuckoo cocoon. La fantástica y surrealista historia de Rael sería revisitada tres veces más: en The lamia y The carpet crawlers (dos de las piezas más espaciales del catálogo de Genesis) y Hairless heart, un subyugante instrumental incluido dentro del set acústico de Hackett, en el que brilló, por supuesto, Horizons y un espectacular tema de guitarra flamenca.

Los clásicos se sucedieron uno tras otros, con la respuesta de un público enfervorizado y comprometido, que coreaba esas extravagantes letras acerca de hermafroditas, ninfas, caballeros de la medianoche, cortadores de césped, juegos de crickett que acaban en asesinatos, ángeles, demonios y demás imaginería fantástica de suites como The fountain of Salmacis, Dancing with the moonlit knight, I know what I like (In your wardrobe), The cinema show, incluidas en los tres álbumes que definieron el sonido intenso y teatral de Genesis: Nursery crime (1971), Foxtrot (1972) y Selling England by the pound (1973). Es difícil determinar cuál fue el punto más alto del concierto, aunque sin lugar a dudas el solo de Firth of fifth, fue uno de los que el público esperó con mayor impaciencia, al tratarse del sello de Hackett como guitarrista de Genesis. La introducción acústica de Blood on the rooftops, romántica pieza del disco Wind and wuthering, también arrancó emocionados aplausos en el Gran Teatro Nacional.

Para el final, llegaron Supper's ready, la estrambótica suite de más de veinte minutos que cierra el disco Foxtrot, y sus múltiples cambios y temas que van de lo romántico y divertido a lo religioso, combinando la estética del vaudeville con críticas a la sociedad británica y un final apocalíptico y celestial a la vez. Luego de despedirse del público, Steve Hackett y sus cómplices argentinos regresaron para cerrar con Watcher of the skies -una espectacular versión- y The musical box, melodía de intensidad emocional que desgarró el corazón a más de un fanático de Genesis.

GENETICS: ORGULLO ARGENTINO

Genetics dejó boquiabierto al público peruano, conocedor de cada detalle y arreglo, con la exactitud con la que interpretan estos clásicos del prog rock. Una sensación de envidia me recorre el cuerpo cada vez que pienso que, mientras nosotros nos deshacemos en aplausos cuando surge un imitador/parodiador de artistas como Julio Iglesias, Sandro o Juan Gabriel, un conjunto de músicos argentinos relativamente jóvenes es capaz de tocar nota por nota composiciones de tan alto nivel de dificultad, y hacerlas sonar tal y como sonaban en los viejos vinilos y CDs que tanto nos emocionan. Una prueba más de lo mucho que nos falta si queremos hablar de educación musical en el Perú.

Esta banda argentina, formada en el año 2011, no merece más que elogios. Sus integrantes han conseguido apropiarse de cada sonido original de estas poderosas canciones y son, en la actualidad, considerados lo más cercano a cómo habría sonado Genesis en su época. Tomás Price, el cantante y flautista, tiene un tono vocal muy parecido al de Peter Gabriel y permanece sobrio sobre el escenario cuando le corresponde cantar o tocar, retirándose en cada segmento instrumental para permitir el protagonismo de Hackett. 

El resto de la banda hace un trabajo soberbio de interpretación musical, con Horacio Pozzo en teclados, piano y mellotron, Claudio Lafalce (bajos, guitarra de 12 cuerdas, pedalera de bajo) y Daniel Rawsi (batería) replicando las líneas y contrapuntos de Banks, Rutherford y Collins con precisión sorprendente. Por su parte, Leo Fernández (guitarra) hace una valiosa contribución apoyando a Hackett con solos furibundos, en un estilo más contemporáneo, pero sin ponerse nunca en primer plano. Lafalce y Pozzo tocan, como Rutherford y Banks, las guitarras acústicas en introducciones como las de The musical box, The cinema show o Supper's ready.

GRACIAS POR LA MÚSICA

Los amantes de la buena música estamos más que agradecidos a TQ Sessions, la productora liderada por el empresario Alberto Menacho que hizo posible este show, más allá de lo que las tendencias del marketing seguramente le aconsejan. Un concierto para 1,500 personas difícilmente sea rentable, pero el ímpetu para organizarlo denota, a pesar de las pérdidas que pueda traer, un amor por el talento de estos respetados artistas que es pocas veces visto entre nosotros, más acostumbrados a tener que soportar "lo que se vende más" o lo que le gusta a las grandes masas.

El recital de Steve Hackett & Genetics será recordado como uno de los mejores de este año, sin lugar a dudas. El legado discográfico de ese genial grupo que fue Genesis está en buenas manos. Ahora solo nos queda rezar para que Gabriel, Collins, Banks, Rutherford y Hackett decidan, de una vez, dejar atrás sus agendas personales y regalarnos una última gira. Después de todo, deberían aprovechar que aun están todos vivos y en actividad...






viernes, 26 de agosto de 2016

REUNIÓN DE EX ALUMNOS: LA ADOLESCENCIA PERMANENTE


"Provengo de la escuela pública". Es una frase que le escuché decir, en una de aquellas reuniones de trabajo en las que uno más se sienta a escuchar y aprender que a llenar espacios vacíos con lugares comunes, a don Manuel Burga Díaz, historiador y catedrático peruano de alto nivel que me honra con su amistad desde hace un par de años. Y que repito permanentemente con orgullo e inflamación, como un latigazo a los nuevos profesionales de la generación millennial que se conforman con la instrucción de oropel, disfrazada de modernidad hipster, que les brindan las actuales universidades privadas, más llena de términos en inglés que de sustancia académica y trasfondos humanistas.

Claro está, me refiero al colegio, pues mi formación universitaria sí fue particular, en una universidad que hoy también se ha metido en la dinámica esa de maestrías carísimas, cursos de actualización dictados por semianalfabetos funcionales y locales esplendorosos de infraestructuras colosales y contactos de primera en el mundo empresarial/estatal, pero cuyos buenos profesores se cuentan con los dedos de las manos (si nos ponemos exquisitos, podríamos asegurar que una sola mano bastaría para rescatar a las excepciones). 

Mi colegio, Bartolomé Herrera, es una histórica Gran Unidad Escolar -hoy Colegio Emblemático- que, como ya he dicho antes, me ofreció extremada libertad, calle y recuerdos muy divertidos. Después del 5to. de Secundaria empecé mi verdadera preparación profesional, apoyado en los rudimentos de una educación pública atravesada por las huelgas magisteriales, las limitaciones de toda la vida y mis propios problemas de entorno familiar -"época de vacas flacas", como diría mi padre, recientemente fallecido. 

Sin embargo lo que más recuerdo de mis tiempos en los amplios patios y pabellones del "Bartolo" son las palomilladas -en algunas de las cuales tuve activa participación, a pesar de ser uno de los "chancones"- que hoy, gracias a la magia de las redes sociales, regresan, más actuales que nunca, cada vez que hay reuniones de ex-alumnos como la que se realizará este sábado 27 de agosto, por el 69 aniversario del colegio.

Hace un par de años tuve una experiencia casi mística y terapéutica en la primera reunión de ex alumnos a la que asistí, experiencia que plasmé en este post, que muchos de mis compañeros de carpeta disfrutaron y agradecieron, algunos de manera exagerada. Desde entonces, varios de ellos han mantenido el contacto a través de un grupo cerrado de Whatssap, compartiendo frases filosóficas y poemas de enorme carga espiritual, ideales para un momento de relax en medio de nuestras atareadas jornadas laborales. Bromas aparte, el hecho que quiero destacar es que, tras años de haber estado desconectados, todos estos señores que acaban de atravesar la barrera de las cuatro décadas (como la señora de Arjona), viven una saludable segunda adolescencia en la realidad virtual de la popular app de la pantalla verde.

En lo personal solo volví a verlos una vez, en una reunión de coordinación para la elaboración de una placa recordatoria de nuestra promoción, al cumplir el año pasado un Cuarto de Siglo de haber egresado de las aulas, pero no asistí al almuerzo anual. Este sábado no me pierdo la reunión de ex alumnos y, aunque ya no va a tener la naturaleza de novedad -a diferencia del 2014 ya sé a lo que voy, y me gusta mucho la idea de la francachela, las risotadas y el retorno a esas épocas doradas que tuvimos entre 1986 y 1990, sin responsabilidades ni apuros, dejando a un lado nuestras vidas reales para meternos de cabeza al túnel del tiempo, no con ganas de no regresar, sino por la simple y llana necesidad de esa pequeña y efímera válvula de escape que recargue las baterías para el día siguiente.

El síndrome de la adolescencia permanente, bien manejado, ofrece eso: una vital oportunidad de desconectarse de lo cotidiano, abrazado a recuerdos de una época feliz, no exenta de dificultades, pero feliz al fin y al cabo. No se trata de olvidar nuestra edad actual sino de compartirla con aquellos cómplices de antaño, rememorar viejas y divertidas historias, reconocernos en nuestras diferencias actuales como provenientes de un mismo lugar -la escuela pública de la que todos salimos- y dejar de lado las imposturas y roles que asumimos en otros ámbitos, sin perder desde luego la identidad. Repito, no es un escapismo hueco, es un paréntesis. ¿Qué otra cosa son los recuerdos si no estímulos eléctricos que contribuyen a mantener vivas nuestras neuronas?

Me ilusiona ver nuevamente a mis amigos de colegio. Aun cuando no los frecuente nunca, más allá de formar parte de la comunidad virtual en la cual suceden las coordinaciones, acuerdos, almuerzos, pichangas, bromas e insultos de todo calibre -siempre en buena onda, por supuesto-, sé que están allí y viceversa. Me ilusiona ingresar al patio nuevamente, firmar el ticket de almuerzo y disfrutar, una vez más, del asombro que me produce recordar, línea por línea, los versos del himno del Bartolomé Herrera, aun cuando no lo escuche a diario desde hace 26 años. Ahí nos vemos...


domingo, 31 de julio de 2016

CAMBIO DE MANDO 2016: ALGUNAS REFLEXIONES


Antes que nada, hay que decirlo con todas sus letras: Lo mejor de este proceso electoral ha sido que Keiko Fujimori no haya llegado al poder. Hubiera sido lamentable y triste para un país como el nuestro, tan golpeado por la pobreza extrema, la ignorancia, la delincuencia y tantos otros vicios sociales, que una mujer como ella, hipócrita, mentirosa y asociada de forma innegable con la peor y más corrupta generación de políticos de la historia reciente del Perú, se hubiera encumbrado sin merecimiento alguno, aupada al poder máximo por un 34-35% de peruanos embrutecidos y enfrentados con todo lo que suene a solidaridad, decencia y respeto por la legalidad. 

La derrota de Keiko Fujimori es un triunfo de los estudiantes, de las múltiples minorías que, unidas, formaron una sólida oposición ante ese vendaval de imposturas, mascaradas producidas en reuniones de alto nivel lideradas por aceitosos asesores de imagen que hoy, presas de la frustración, se han caído y han mostrado, de manera impúdica, su verdadero rostro, el de la política de la chaveta y el cabe, la piconería insultante e irrespetuosa, la comprobación monolítica de que les importa un pepino el futuro del país y que lo único que desean es sentirse poderosos e indestructibles, para hacer lo que les diera la gana con la población a la que no se cansan de manipular.

Pedro Pablo Kuczynski -es necesario que todos aprendamos a deletrear y escribir este apellido correctamente ya que lo veremos todo el tiempo en los próximos cinco años- es ahora Presidente del Perú y, vale la pena recordarlo, lo ha conseguido gracias a esa oposición, asqueada de solo imaginar a la hija de Alberto Fujimori saliéndose con la suya, con lo que muchos analistas denominaron en su momento "votos prestados". El mío fue uno de ellos. Presté mi voto a favor de Kuczynski para cortarle el camino a Keiko, y nunca estuve convencido de que PPK fuese un buen candidato. Su perfil empresarial, su actitud excesivamente bromista y fingida, sus mohínes de coqueteo con la chacota populachera y su previo apoyo a quien le tocó ahora enfrentar en la Segunda Vuelta, me generaron permanente duda. No fue mi opción en la Primera Vuelta. Y voté por él sin esperanza, en la Segunda, pensando en una sola cosa -desbarrancar a Keiko- y en que nos tocarían cinco años más de saludos a la bandera.

Una de las cosas que más me he venido preguntando, a solas y en mi círculo más cercano, desde que se definió que Fuerza Popular y Peruanos Por el Kambio pasaban al ballotage final de junio, ha sido en qué momento Pedro Pablo Kuczynski iba a desprenderse de esa imagen pública medio cómica que había construido -con respuestas impredecibles y, a veces, hasta totalmente inapropiadas como lo de la "perra vida", bailecitos junto a "estrellas" de farándula y cuyes gigantes de dunlopillo- para dar paso al estadista, al hombre experimentado y bien conectado a nivel mundial que es, más allá de que represente una actitud política y económica diametralmente opuesta a los idearios de izquierda que, en nuestro país, se asocian más a la justicia y la equidad, para asumir el liderazgo que muchos le han venido reclamando a lo largo de su campaña y que ha llegado ya el momento de asumir frente al cargo que más de la mitad de peruanos le hemos concedido.

Y, luego de escuchar su primer Mensaje a la Nación, cargado de conceptos principistas y de generalidades a las que nadie podría oponerse en su sano juicio, con la excepción -que no debe dejar de hacerse a pesar de que sea tan obvia- de la miasma vomitiva fujimorista que, por supuesto, carece de sano juicio, me da la impresión de que está comenzando a aparecer esa catadura de profesional serio, abierto a todas las ideas que confluyan en el objetivo común de mejorar al Perú, que exhibe niveles de conocimiento, cultura, experiencia y relaciones con el mundo diferentes -ya el diario El País ha dicho que se trata de un presidente "atípico" para un país como el nuestro- de lo que normalmente nos ha tocado en suerte, por lo que una brisa de entusiasmo y optimismo llega a sentirse en los rostros de muchos votantes que, en el momento de la Segunda Vuelta, no podrían haber dicho que su apoyo a PPK era confiado y seguro. Salvo por el factor de evitar que Keiko se hiciera de la presidencia, las posibilidades de Kuczynski de despertar esperanzas en la población que votó por él eran nulas.

Sin embargo, es menester no dejarse llevar por las primeras apariencias -la sonrisa abierta, el mensaje que congrega a la unidad, los llamados a sectores sociales de toda laya, la familia estable y funcional- y evitar caer en una obnubilación general ya que, después de todo, esto recién está comenzando y hay cosas que ya son factibles de ser cuestionadas. Por ejemplo, la conformación de un gabinete 100% orientado al sector empresarial, con personajes asociados a grandes corporaciones -Backus, Macroconsult, Confiep- y universidades privadas que viven conectadas a ese sector -PUCP, la Pacífico, UPC- cuyo tránsito entre el Estado y el mundo privado está definido por la famosa "puerta giratoria" en la que también pasan de entrada y salida múltiples intereses particulares, la mayor parte de veces desligados de los intereses nacionales y de esa mayoría expectante de peruanos que necesita atención directa del Estado; ha encendido las alertas de los analistas más críticos, y colisiona un poco con los grandes anhelos fundamentales de cercanía al pobre y reducción de brechas económicas y sociales que marcaron el Mensaje a la Nación del pasado 28 de julio. 

Kuczynski está tratando de convencer a una buena parte del Perú para quienes su rostro, apellido, familia directa y pasado empresarial y extranjero son totalmente ajenos y desconocidos, que es un amante del Perú, que reposa sus ideales presidencialistas en consejos que recoge del pasado y del legado de políticos peruanistas como Fernando Belaúnde y de las enseñanzas de su padre, un médico europeo afincado en Iquitos. Y no será una tarea fácil. Por eso está manteniendo ciertos atisbos de ese personaje campechano, criollo, bromista y de agudeza popular: baila y rompe el protocolo de su paso marcial hacia Palacio de Gobierno, baila en la escalinata provocando la risa del edecán, baila mientras ve a una pareja de policías disfrutando con talento de una peruanísima Valicha. Sonríe y no se deja impresionar por las majaderías de la Presidenta del Congreso y de los 73 fujimoristas desleales y traidores a la Patria que, cumpliendo las consignas de su despechada lideresa, hacen gala de sus bajezas y no son capaces de hacerlas a un lado ni siquiera para aparentar que la Fiesta Nacional los conmueve. No hay nada que aplaudir dicen. Ni siquiera que es el cumpleaños 195 del Perú.

Más allá del mensaje de Kuczynski, emotivo en contenido aunque dicho de manera protocolar y ligeramente fría, no hay que perder de vista que el Congreso está tomado por esa gavilla de Becerriles, Salaverrys, Salgados, Chacones, Tubinos, Alcortas y Galarretas que, imbuidos de la matonería encanallada de la que son serviles escuderos, han comenzado a petardear al nuevo Gobierno incluso desde antes de empezar sus funciones, y que no lo dejarán de hacer en los próximos cinco años. También es cierto que, como la lealtad no es necesariamente un rasgo de su personalidad -sobre todo de los "invitados"- que ese número puede reducirse a los pocos años, ofreciendo equilibrio a lo que ahora parece tan desproporcionado en el Poder Legislativo.

Los análisis post-28 han estado, por una parte, enfocados a dejar de lado los ataques y concentrarse en "los intereses nacionales", en afanes de consolidación de la democracia y de ser políticamente correctos, diplomáticos en extremo. Por otro lado, los más acuciosos ponen su énfasis en esa dificultad representada por la presencia mayoritaria congresal de ese virus naranja que parece imposible de erradicarse. Por ende, lo declarativo y emocional de las Fiestas Patrias irá dando paso a la realidad cotidiana: la prensa adicta al fujimorismo, los negocios que giren en torno a los nuevos ministros, las amistades peligrosas que empezarán a dar vueltas alrededor de los poderes Ejecutivo y Legislativo. En suma, la política peruana retomará su espacio, perdido por un breve tiempo frente a la algarabía que produce el feriado largo, las tradiciones y ritos asociados a las Fiestas Patrias, el fervor de la ceremonia, las impresiones y comparaciones que se hacen con el Gobierno que ya terminó.

El Perú merece y necesita de esa pequeña dosis de optimismo, pero dependerá de sus nuevos dirigentes políticos -me refiero exclusivamente a Pedro Pablo Kuczynski y su círculo más cercano (su familia, sus vicepresidentes, sus ministros y congresistas) que se mantenga y crezca, sobre la base de resultados que a mediado y largo plazo, se reflejen en mejoras palpables para el maestro, para el policía, para el usuario de la seguridad social, para los padres de jóvenes que estudian y sueñan con oportunidades iguales para todos, para los transeúntes que viven asustados por la latente posibilidad de ser asaltados, baleados, seguidos al salir de un banco, violados y asesinados. En este quinquenio, previo al tan mentado Bicentenario, nos toca estar atentos y preparados porque apenas sea necesario, tendremos que salir nuevamente a las calles a bloquear a Keiko Fujimori y sus ansias personalistas de poder, una amenaza que también nos hará sombra una vez que las aguas vuelvan a su nivel y las noticias diarias se apoderen nuevamente del quehacer del peruano promedio.


jueves, 5 de mayo de 2016

SEGUNDA VUELTA 2016: ACTO FINAL DE LA COMEDIA


A partir de hoy quedan exactamente 30 días para que se produzca el balotaje, la Segunda Vuelta entre Fujimori y Kuscinsky -¿o se escribe Kuzcinsky?- y la verdad, salvo que nos unamos a la masa acrítica que fantasea con la idea de vivir en un país de procesos organizados, poblaciones enteradas e intenciones reales de avanzar de parte de sus principales personajes políticos, esta situación es absolutamente coherente con la visión que vengo expresando desde hace ya varios "rallies" electorales a la peruana: todo no es más que una broma, un chiste de muy mal gusto.

Cada vez que veo al señor PPK riendo a mandíbula abierta, mostrando los dientes como babuino excitado y desorbitados los ojos, mientras levanta y sacude torpemente los brazos al ritmo de alguna cumbia, encogiendo los hombros y cerrando los puños, flexionando las rodillas apenas -intentando bailar, en otras palabras- me pregunto qué será de este país que tanto quiero cuando sea gobernado por este personaje que tiene más de abuelito lunático que de respetable estadista. ¿Será que le volverá la seriedad, asociada a su perfil profesional, de pergaminos académicos y pertenencia a directorios internacionales, apenas le cuelguen la banda presidencial?

Y cada vez que escucho la voz de Keiko dando declaraciones en esas ruedas de prensa "improvisadas", en las que mira al cielo con los ojos perdidos, casi replicando la catatonia permanente de su hermano, el primer ser humano con habilidades diferentes del mundo que recibe el mote de "congresista más votado" en dos elecciones consecutivas; y en las que ejerce el cinismo, la mentira y la hipocresía de manera convencida y creyente de que convence a los demás, se me congela la sangre y se me escarapela la piel de imaginármela, hinchada como un globo, vanagloriándose de haber sido elegida la primera mujer presidenta del Perú, por decisión "del pueblo".

Porque resulta evidente que ninguna de las dos opciones es buena para lo que el Perú requería en el siguiente quinquenio, tras la traición de Ollanta Humala y las agendas de Nadine. No soy nadie para orientar el voto de los demás pero ni siquiera las plumas más lúcidas que he tenido oportunidad de leer me han convencido de que aquí hay un mal menor. No me parece. Los dos son malos. Y peores.

Claro, es evidente que lo de Keiko es ya delincuencial. No solo por el recuerdo inmediato de lo que hizo el papá sino por manifestaciones frescas como la última vendetta periodística que amenaza con cerrar el semanario de César Hildebrandt y la sentencia abusiva dictada contra Rafo León, que constituyen dos botones de muestra de lo que se nos viene- mientras que lo de PPK podría ser catalogado como de ultraderecha sin antecedentes penales. Pero haciendo un ligero ejercicio de memoria reciente ¿no es un hecho real que PPK y Keiko salieron bailando juntos en el cierre de campaña de esta última en las elecciones pasadas? ¿Qué puede haber cambiado para este periodo?

Si les preguntamos a ellos, responderán los mismos lugares comunes de siempre: que PPK es el candidato de Palacio (Keiko), que se ha deslindado de cualquier acuerdo con Fuerza Popular (PPK), que así son las campañas (ambos). Lo cierto es que más allá de los fuegos artificiales propios de la política farandulera nacional, y de que estamos hablando de dos personas diferentes en edad, sexo y tono de voz, Keiko y PPK representan las mismas ideas políticas y económicas. Aquí no hay planes de gobierno que valgan, pues todos sabemos también que son meros textos declarativos presentables como requisitos de una ley electoral que se cae a pedazos, pero carentes de valor y credibilidad a la hora de la verdad. 

Cuando quien gane se instale en el poder, hará lo que le dé la gana. Para Keiko será más fácil y directo el asunto, debido a la mayoría parlamentaria que ostenta. Pero a PPK lo único que le hará falta es repartir cargos, ministerios, embajadas, asesorías y ceder en lo que no afecte sus intereses o los de sus satélites. Y listo. En nombre de la gobernabilidad, quienes hoy se insultan ante las cámaras cómplices, mañana bailarán la cumbia juntos. Y revueltos.

Resulta también paradójico que los dos candidatos que quedaron fuera de carrera, es decir los impresentables César Acuña y Julio Guzmán, se hayan inclinado cada uno a las dos pésimas opciones con las que nos hemos quedado para la final del domingo 5 de junio. Mientras Acuña y sus principales colaboradores se abrazan y besan con PPK, Araoz, Vizcarra y sus congresistas electos (algunos de ellos deben estar más que incómodos, pienso por ejemplo en Juan Sheput; mientras que otros más acostumbrados al acomodo como Carlos Bruce y Salvador Heresi ya estarán listos para firmar alianzas con APP); los pocos seguidores que le quedan a Guzmán, a través de su principal asesor económico Elmer Cuba, ven a Keiko como posibilidad de entrar al Estado "a trabajar técnicamente", y terminarían votando por quien recibió ataques de ese líder de cartón morado. Aunque el propio Guzmán anunció que también apoyará a PPK, eso tiene el mismo peso que si yo anunciara por quién votaré. No representa a un grupo, es un solo voto sin arrastre.

A diferencia de Acuña, que compra lealtades con su "plata como cancha" y tiene algunos congresistas adentro confirmados; el pequeño grupo de Guzmán se atomizó tras su expulsión de la Primera Vuelta y, como la lealtad nunca fue una de las fortalezas de los integrantes de ese colectivo ocasional, se dispararon rápidamente hacia donde creyeron que más les convenía. Quizás ninguno fue a parar a la tienda naranja en la votación del 10 de abril pasado -ya que se repartieron entre las dos opciones perdedoras, las que realmente merecían entrar a la Segunda Vuelta, me refiero a Mendoza y Barnechea- pero ahora, en esta segunda etapa del desmadre y rompan-filas de ese partido fantasmal llamado Todos por el Perú, todo dependerá de quien les ofrezca más oportunidades de trabajo.

La comedia está matizada con anuncios y contradicciones que ya no dan risa sino una profunda pena. Por un lado, tenemos a un señor que declara estar dispuesto a eliminar la CTS y que luego se desdice, usa traductores, intérpretes y termina diciendo lo contrario. Por el otro, a una señora sin ninguna experiencia laboral verdadera ni brillo intelectual demostrado que discursea con tono grandilocuente e inclusivo, en Harvard, ante públicos open-minded, acerca de estar de acuerdo con la unión civil entre personas del mismo sexo y luego, meses después, firma un acuerdo con una institución liderada por un pastor que afirma, con cólera y convicción férreas, que la unión civil es una aberración. O esta otra perla de la hija de Alberto Kenya: pena de muerte para violadores de menores de 7 años. ¿Y los de 8 años, y los de 9 y 10, y los de 15 y 16? El escenario es patético y triste, y al mismo tiempo, hilarante y lleno de ocurrencias dignas de Mel Brooks o para ser más justos, de Melcochita o Nabito.

Este domingo 5 de junio sé que no voy a votar por Keiko Fujimori. Y también sé que votar por PPK solo servirá para evitar que Keiko Fujimori sea presidenta de mi país. LO que pasará después serán cinco años de componendas, imposturas, arreglos por arriba y por abajo de la mesa. Es decir, cinco años muy parecidos a los cinco años previos. A seguir esperando el cambio...


sábado, 2 de abril de 2016

ELECCIONES 2016: SE ACERCA LA HORA MÁXIMA DEL SAINETE


El sistema electoral peruano está tan mal hecho que, a dos semanas de los comicios, todavía hay candidatos que renuncian y tachas sin resolver en el Jurado Nacional de Elecciones y su apéndice, el Jurado Electoral Especial. Comenzamos el proceso, hace aproximadamente seis meses (la convocatoria formal a elecciones fue en noviembre de 2015) y de los 19 candidatos que se lanzaron ahora quedan "solo" 13 (*), de los cuales, al día de hoy, apenas 4 o 5 tienen real intención de voto.

(*) Este artículo comencé a escribirlo el lunes 28 de marzo en la mañana y para el jueves 31, en que recién pude continuarlo, la cantidad se había reducido a 10 candidatos. ¿Seguirá bajando? 

Como es evidente, hablar de un proceso electoral presidencial en el que compiten DIEZ opciones parece una broma de mal gusto, una ofensa a la inteligencia promedio, un chascarrillo que podría haber sido parte del guión de una película de Cantinflas o de Capulina. No hay forma de tomar estas elecciones en serio salvo que quiera uno formar parte de la enorme masa desinformada y autocomplaciente que cree estar viviendo en democracia con un esquema así de precario y confuso.

En apenas 10 semanas hemos tenido pruebas que, una tras otra, demuestran y refuerzan la idea de que este sistema electoral es un trabajo pésimo de organización y planeamiento, que no responde al más mínimo esfuerzo de reflexión acerca de sus alcances y múltiples aristas, y que pareciera no haber sido pensado entre profesionales de la ley, con conocimiento y experiencia, sino redactado a las patadas, entre gallos y medianoche, por un grupo de trabajo improvisado y sin oficio, con nula seriedad y mucho apuro en sacar lo primero que se les ocurrió, ya sea porque es expresión genuina de su incapacidad funcional o porque es un milimétrico y psicopático trabajo premeditado para confundir, para mantener el status quo, una conspiración para favorecer a los que ganan a río revuelto con la complicidad -tácita o explícita- de unos medios de comunicación serviles al poder y una opinión pública obnubilada, ciega, idiotizada por sus sueños de farándula, gastronomía y empates futboleros que se celebran como medallas de oro, con vuelta olímpica y caravana de claxons incluidas.

Una de las prácticas más irritantes de estos procesos electoreros modernos es la obstinada y arbitraria avalancha de carteles con los que candidatos de todas las raleas ensucian la ciudad: las bermas de avenidas céntricas, los aires de zonas atestadas de tráfico, y hasta las ventanas de edificios, balcones y puertas sirven de atriles para esas insoportables sonrisas de estudio, poses de medio lado con los brazos cruzados, mirando de manera torva hacia "sus" votantes, esa abstracción que solo les sirve a estos candidatos para ver a los ciudadanos como números, votos que pretenden echar a sus alforjas sin la más mínima intención de honrarlos luego. Los votantes solo servimos para hacerlos ganar y después de logrado el objetivo no te sonreirán nunca. Ni en foto.

Me pregunto si existe, en todos estos años de gigantografías, paraderos, pancartas clavadas en los jardines públicos y hasta modernos y luminosos pantallazos LED, algún estudio cuantitativo referido a la efectividad concreta de este método publicitario. ¿Alguno de ustedes ha decidido su voto después de mirar a esos rostros macilentos e inevitablemente fingidos, sonriendo de forma congelada, casi monstruosa, casi zombie, desde un cartel? Quizás si se tomaran el esfuerzo de investigar eso se darían cuenta de que, además de afear la ciudad durante toda la temporada electoral -afeamiento que se prolonga hasta mucho después de las elecciones, por cierto, ya que nadie se digna a retirar a tiempo toda esa contaminación visual agresiva y costosa- esos carteles constituyen un gasto innecesario e infructuoso.

Otra práctica habitual en nuestras pintorescas y desordenadas elecciones presidenciales -habitual y que exhibe, cada cinco años, niveles más y más bajos de degradación, una degradación orgánica, que hiede, que se pudre ante nuestros ojos y oídos- es la llamada "guerra sucia" que para los grupos políticos -no me atrevo a llamarlos partidos- es normal. La demolición sistemática del o los adversarios, las posibles amenazas y sus satélites, a través de una cuidadosa, psicopática, estrategia de desprestigio a cuatro bandas, que alcanza incluso a los ciudadanos que se organizan para manifestar sus opiniones en plazas públicas, tildándolos de terroristas.

Y aquí cuentan, cómo no, de nuevo con la publicidad de la bien llamada concentración de medios: canales, diarios, radios y uno que otro ciberperiodista que, en bloque y formación cerrada, encienden sus ventiladores y lanzan sus estiércoles a la masa que los ve como "líderes de opinión" y no recibe recibe, traga e incorpora a su sistema la bosta esparcida, sino que además la devuelve cual caja de resonancia, la extiende y replica, disfrazándose a veces de opinión sesuda cuando es, en el fondo, una expresión maquillada de los mismos niveles de intolerancia, de difamación, de temor a la confrontación de ideas y programas, rubros en los cuales saldrían perdiendo, sin duda alguna.

Hay que ir a votar, es nuestro derecho a escoger a las autoridades para el próximo quinquenio, que acabará con una efeméride importante: el Bicentenario de la Independencia. Esta variable le da especial valor a las elecciones -o por lo menos debería dárselo. Pero ir a votar también es un deber, una obligación. Si no vas, pagas una multa y tu DNI no tendrá el holograma fashion sin el cual no podrás hacer ningún trámite formal, por lo menos hasta que le pagues al Estado por no haber cumplido con tu tarea ciudadana.

Claro, las multas se han sincerado con esto de la estratificación según tipo de distrito pero ese detalle, que es menor, importa poco que funcione regular o bien, en medio de este caos en el que tenemos hasta un candidato que tendrá que ser sacado de un penal de alta seguridad para que participe del debate organizado por el JNE. ¿Qué pasaría si, por algún designio diabólico, Gregorio Santos ganara el 10 de abril? ¿Piedras Gordas se convertiría en sucursal de Palacio de Gobierno? ¿Los ministros juramentarían en la celda del presidente? Teniendo claro que es prácticamente imposible que Santos gane, es también claro que es el sistema político mal hecho el que permite que exista una posibilidad así de absurda, por muy remota que sea.

Este es el noveno proceso presidencial que tenemos desde la recuperación de la democracia en 1979-1980 tras los 11 años de dictaduras militares de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y Francisco Morales Bermúdez (1975-1979). Hasta antes del golpe con el que Velasco derrotó a Belaúnde las elecciones se decidían entre 3 o 4 candidatos, como hasta ahora ocurre en cualquier otro país del mundo. Sin embargo desde 1980 todos los procesos para escoger Presidente en el Perú han tenido una exagerada cantidad de candidatos, siendo el récord la elección del 2006, la que terminó en el segundo alanato. De 24 inscritos compitieron 20 tras la renuncia de cuatro. En esta ocasión comenzaron 19 y terminaron 10, la misma cantidad de las elecciones pasadas, las que llevaron al poder a Nadine Heredia y su esposo Ollanta, el de la Gran Transformación (se transformó de esperanza de cambio a conservación de todo lo anterior, corregido y aumentado con las veleidades y afanes de Nadine de convertirse en socialité de la noche a la mañana). Once listas con un promedio de 130 personas cada una postulan al Congreso: un total de 1,401 personas, de las cuales 845 son hombres y 556, mujeres. Alrededor de 60 son reincidentes (congresistas que quieren repetir el plato) y menos de 20 nostálgicos, congresistas entre 2006 y 2011, quieren regresar al Parlamento a pasarla de lo lindo con 15,000 soles mensuales, viajecitos, homenajes y quién sabe cuántas gollerías más. ¿Y el Parlamento Andino? Un pretexto para que cinco vagos (Ronald Gamarra dixít) reciban trato exclusivo por tres o cuatro sesiones al año. 

¿Qué hemos aprendido en estos 36 años de democracia? ¿Es justo que esa palabra -democracia- siga siendo manoseada por políticos, periodistas, opinólogos y ciudadanos, restringida al mero hecho de ir a votar este domingo 10 de abril? ¿Es democrático que haya diez candidatos y más de mil candidatos al Congreso? Para mí es la más clara y comprensible prueba del desorden, de la informalidad caótica que nos acompaña en tantas otras áreas de nuestra vida diaria como peruanos. No solo no es democrático tener 10 candidatos, no es sano ni representativo. ¿En realidad una persona con dos dedos de frente puede pensar que existen 10 formas diferentes de ver los problemas que tiene el Perú? Que las elecciones sean caldo de cultivo para la aparición de decenas de personas que, excitadas y seducidas por la idea de tener poder -y acicateadas por una ley electoral laxa, de requisitos mínimos y sin reglas de juego claras- se la jueguen y aspiren a alcanzar el cargo público más alto y representativo sin tener las credenciales adecuadas. 

Y el debate de mañana es la cereza que le falta al pastel. Hace unos días escuché a un locutor radial de esos que abundan en las mañanas, a los que les pagan por hablar estupideces y hacer chacota de todo, todo el tiempo, soltar una frase tonta: "La mecánica del debate electoral no parece haber sido organizada por el Jurado Nacional de Elecciones sino por la productora de Esto Es Guerra". Habida cuenta de las "duplas" anunciadas -dicen que fue por sorteo pero yo no me creo ese cuento-, cobra mucho sentido dentro de la lógica absurda que ha marcado el desarrollo de este sainete que todos los canales presentan con sus músicas épicas y animaciones en 3D. 



sábado, 9 de enero de 2016

CAMPAÑA ELECTORAL 2016: OTRA VEZ LAS MISMAS TONTERÍAS


Es inevitable. Apenas culminaron los fuegos artificiales, los brindis y buenos deseos por la llegada del Año Nuevo y ya estamos invadidos por esta galería de personajes impresentables, varios de ellos reincidentes y uno que otro "recién llegado" -las comillas son porque si bien es cierto ya tienen cierto tiempo hablando idioteces en la "arena política nacional", se lanzan por primera vez a la carrera por ocupar el trono desde el cual sueñan con enriquecerse ellos y sus allegados durante los próximos 5 años- que, para repetir las muletillas de los gacetilleros de la televisión y los medios escritos, "calientan el ambiente electoral". Las mismas tonterías de cada quinquenio, que la ciudadanía en tropel -salvo contadas excepciones- asume como parte de su vida "democrática".

A estas alturas de mi partido -estas serán las quintas elecciones presidenciales en las que voto- nadie me vende el cuento de que "van a cambiar al país en los primeros 120 días" como suelen decir, de diferentes maneras, los estafadores que ahora bailan, se abrazan y congregan a multitudes de pobres personas, madres de familia de asentamientos humanos tugurizados o distritos suburbanos empobrecidos y pseudo-profesionales sin dignidad que son capaces de hacer toda clase de ridiculeces -disfrazarse de cuyes, lanzar vivas a empresarios resinosos, batir palmas a ladrones caudillistas- a la expectativa de un trabajito sobre remunerado en el Estado si su "doctor" de ocasión gana las elecciones. No. Decir "ninguno me representa" es la manera políticamente correcta de decir que me producen una severa repulsión, ganas de convocar a los espíritus de Robespierre y Guillotine y convertir las plazas públicas y avenidas en literales mares y ríos de sangre. Porque si a alguien no le queda claro de qué se trata aquello de "refundar la república" que algunos analistas (los más serios y agudos) mencionan pues eso es: deshacerse de todos y empezar desde cero.

Son 19 candidatos y de esa avalancha de mentirosos profesionales, cada uno acompañado de dos vicepresidentes y 130 buitres, los cinco primeros son los peores. Van a la CADE -otro baile de máscaras en donde se reúnen para hablar hasta cansarse, comer bocaditos gourmet y tomarse fotografías para las sociales de papel couché- y se hacen los interesantes por donde quiera que van, se acodan en sillones, entrevistas o en conferencias de prensa con la infaltable gigantografía (el backing) llena de logotipos de sus auspiciadores y sonríen al por mayor, convencidos de que la campaña política es un simple muestrario de superficialidades, que se muestran -valga la redundancia- a una masa que cada vez exhibe una menor, casi inexistente capacidad de apreciación crítica y que, a causa de sus necesidades básicas, bailan al son que les toquen, reciben polos, viseras, bolsas de víveres, 100 o 150 soles por hacer bulto en una portátil y se avientan a la berma central de cualquier avenida, bajo el sol calcinante, a consumir un almuerzo en tupper de tecnopor. Por el apoyo, compañero.

Mientras tanto la prensa cumple un vergonzoso papel validando todo este monumental engaño, armando sus encuestas, lanzando sus pronosticos, preparando sus ediciones especiales -sus "rallies" con animación en 3D y música de fanfarria grandilocuente de fondo-, entrevistando a Alan, a Keiko, a PPK, a Toledo, a Acuña. Llamándolos "señores candidatos" y soltando una que otra risita de mediolado que supuestamente es la máxima ironía de la que son capaces.

Hay una combinación de complicidad con cobardía en estos señorones y señoronas de la prensa, estos líderes de opinión de cartón, estos columnistas y conductores de radio y televisión que tienen décadas en la política peruana (estas son solo mis quintas elecciones pero hay varios de estos periodistas que se han soplado todos los procesos presidencialistas desde la recuperación de la democracia en 1979-1980) y aun no saben -o no quieren- llamar a las cosas por su nombre.

Complicidad porque manejan tal nivel de información que resulta patético verlos reportando sobre "gobernabilidad", "fiesta democrática", "campaña política" cuando ellos conocen, mejor que ningún otro habitante de este país, las reverendas pendejadas y crímenes de los que son capaces todos y cada uno de los cinco que encabezan los sondeos, amañados (unos más que otros).

Y cobardía porque si no dicen las cosas como son no es porque ellos crean que todo es claro y transparente sino porque son, al final de cuentas y con toda su experiencia y su fama y su prestigio como grandes hombres y mujeres de prensa (la gran mayoría), esbirros al servicio de sus jefes, los dueños de los medios que son, a la vez, compadres de los verdaderos dueños del país, los poderes económicos que controlan (casi) todo desde mediados de los 80s: la CONFIEP -que en realidad es hablar de dos o tres banqueros, dos o tres mineros, y ya- y la corrupción que ha carcomido y sigue en metástasis permanente, interminable, carcomiendo todas y cada una de las instituciones nacionales, públicas y privadas.

En este país ya no hay espacio para la tecnocracia y sus conceptos analíticos.  Los expertos en encuestas que salen a hablar de las tendencias y lo que cada candidato esta haciendo suenan ridiculos cuando uno ve los personajes a quienes se refiere. Ridiculos y complices, tambien, de la farsa generalizada. Tampoco hay eapacio para el positivismo que busca replantear las ideas y buscar la unidad.

Lo que realmente necesita este país, que tanto amamos, es que el público, la población, recupere la sensibilidad y le duela el estómago por las arcadas que producen esos carteles oportunistas, esas promesas destinadas a no cumplirse, esas alianzas de programa cómico en donde conceptos como lealtad o ideología suenan a broma de mal gusto, esos discursos paparruchentos que algunos, los menos informados, todavía siguen calificando de inflamados y vibrantes.

Lo que necesita este país es que quienes estamos -o nos sentimos- por encima del debate político simplón, el de los titulares en los periódicos y los asesores de marketing político que cobran millones de dólares por indicar de qué color debe ser la banderola y a qué lado de la cámara debe dirigirse la sonrisa; salgamos a decir lo que pensamos como sociedad organizada y hagamos frente a todos estos personajes de siempre que pasan sus jornadas elucubrando estrategias para engañar a la mayor cantidad de personas posible: jóvenes ignorantes y anomicos ensimismados en sus aparatos y sueños de fama farandulera, familias empobrecidas que hacen cola para recibir un regalito, empresarios interesados en contratos millonarios con el Estado..

Hay que preguntarle a una mujer cuyo marido la haya engañado, o le haya pegado, repetida y sistemáticamente durante décadas, si se encerraría de nuevo con esa persona entre cuatro paredes, a solas, si el maldito reaparece diciendo que ha cambiado, que ahora las cosas serán diferentes. Seguro responde que no sin pensarlo dos veces. ¿Por qué entonces votaria por Alan o por Keiko? O sino pregúntenle a un padre de familia si dejaría la educación de sus hijos, que recién están empezando a leer y escribir, en un tipo deforme que es incapaz de descifrar un párrafo que le han escrito. ¿Cuál sería su respuesta? ¿Por qué entonces votaría por Acuña o por Toledo? O pregúntense mirándose al espejo si quieren ser gobernados por un señor de 80 años cuya nacionalidad no es peruana y del cual nadie, salvo él mismo, es capaz de escribir su apellido correctamente sobre un papel sin consultar en internet.

Este post no va a cambiar las cosas, desde luego. Es solo un ejercicio de catarsis ante la avalancha de bosta mierdosa que nos espera los próximos meses. En dos días nada más, recién disipado el humo de los cohetones del 31 de diciembre, ya hemos visto varias de esas escenas que hacen que mis entrañas de revuelvan: buses interprovinciales trasladando portátiles con polos y banderitas, planchas congresales presentadas en poses triunfalistas -los brazos arriba, las manos entrelazadas, las sonrisas falsas-, entrevistas y columnas de opinión qua atacan a unos, resaltan a otros y ningunean a los demás, según conveniencias, periodistas -viejos, intermedios y jóvenes- que creen que están haciendo el trabajo de sus vidas cubriendo las declaraciones de tal o cual mientras se muerden la lengua para no perder las gollerías del trabajo actual y las expectativas de lo que vendrá si los llaman para unos cuantos eventos o alguna asesoría "in house", con factura incluida. Ya se vienen los ataques arteros, vulgares, los bailes estrafalarios y los carteles malogrando el ornato urbano, los comerciales, los niños mocosos cargados por estos monstruos contrahechos que solo piensan en llegar al poder.

En lo que a mí respecta, viciaré mi voto nuevamente. Hoy más que nunca siento que este es un remedo de democracia. Democracia no significa salir a votar y después sentarte a ver cómo se quema todo (frase excelente del caricaturista Álvaro Portales). Esta elección, con 19 "opciones" es más bien una muestra grosera, obscena y vulgar del tremendo caos sociopolítico en el que vivimos. ¿De verdad creen ustedes que hay 19 visiones diferentes de país, 19 programas de gobierno distintos? ¿por qué me resulta tan evidente la falsedad de todo esto y a los demás no? ¿O también lo saben pero se hacen los tontos?

En el caso del ciudadano de a pie puede tratarse de una necesidad de sentirse parte de un país normal, de no aceptar que vive en la barbarie. Pero en el caso de los periodistas de diarios, canales, radios y páginas web, que ven de cerca todo este asunto, que se saben todas las últimas, que se sientan a comer con los jefes de prensa de cada agrupación, con sus asesores y hasta con los mismos candidatos, de vez en cuando, es una abierta y sinvergüenza hipocresía.

sábado, 2 de enero de 2016

EL ÁLBUM DEL DÍA: 365 DISCOS COMENTADOS DURANTE EL 2015


Vivimos tiempos en que nada tiene valor si no produce dividendos, ganancias, retorno de la inversión. Tanto tienes tanto vales. Y en términos de internet y redes sociales, tu éxito es medido y juzgado según la cantidad de "likes", "comments", "followers" y cuantas veces al año fuiste "trending topic". En ese sentido mi grupo El Álbum del Día es casi un fracaso, no entro a la estadística. Un año después sigo siendo un proyecto nuevo...

Sin embargo esa forma de ver las cosas, convencional y simplona, me interesa muy poco. El 31 de diciembre del 2014 decidí iniciar un grupo de Facebook en el que publicaría una reseña diaria, autoimponiéndome una obligación: tener que escuchar un disco diferente cada día, investigar sobre él, y redactar un comentario. No un post de cinco líneas, sino todo un artículo argumentando mis pareceres sobre el disco elegido por mí mismo. Y aunque comencé con ciertas dudas, llegué al 31 de diciembre del 2015 habiendo cumplido con mi objetivo y, lejos de sentirme desanimado por la magra cantidad de seguidores-lectores (comencé desde 0 y cerré con 120), pienso extender el proyecto para este 2016 también...

La idea original nació con unos posts que empecé a titular "El Álbum del Día", en los que publicaba textos cortos -un párrafo de 10 líneas como máximo- acerca de un disco equis que cerraba siempre con una pregunta, una trivia, acerca de algún detalle de su grabación, del artista, de la carátula, etc. uno de los que más respuestas generó (tomando en cuenta mis promedios por supuesto) fue el Meddle de Pink Floyd. La pregunta era "¿qué es la imagen de la portada?". La respuesta era: el detalle del pabellón de una oreja sumergida en agua. Fascinante ¿no?

Fascinante o no para los demás, y animado por uno o dos de mis lectores habituales -sí, adivinaron, mi esposa y mi hermano- me embarqué en este lío de escribir una reseña diaria el 1 de enero del 2015 hablando del tercer disco de estudio de la banda irlandesa U2, War, de 1983, en donde está la conocidísima canción New year's day, la única que ponen los DJs en radios limeñas cada vez que quieren celebrar el Año Nuevo sin poner Cinco pa' las 12 del salsero panameño Gabino Pampini.

Llevo años escribiendo en internet acerca de lo que me da la gana y nunca he sabido ni experimentado en carne propia aquello de "monetizar" tus contenidos. Será que escribo mal, pienso a veces. O que a nadie le interesan mis artículos. Ambas cosas son debatibles y jamás aparecerán ante mí como temas cerrados, habida cuenta de la enorme cantidad de bosta podrida que encabeza los rankings de páginas webs, perfiles en Facebook y grupos de multitudinaria fanaticada que pueblan las redes sociales y la internet, sobre todo si nos ceñimos a las tendencias reinantes en nuestro país.

Por ello mismo no tuve en ningún momento expectativa alguna de hacerme "viral" con artículos acerca de álbumes, artistas y géneros musicales que (casi) nadie valora hoy en día. ¿Por qué persistir en el empeño entonces? Dos cosas: amor a la música y amor a escribir acerca de música. Nada más. Sin embargo también tenía la posibilidad de contar con algunos aliados para que de todas maneras no quede como un ejercicio onanista, solitario. Si escribo y publico es porque quiero que me lean ¿no es cierto? Entonces decidí compartir mis reseñas diarias con el exitoso grupo cerrado FaceRock, que actualmente tiene más de 4,200 miembros, aunque es necesario decir que no todos interactúan todo el tiempo. Aun así, pensé que un buen número de ellos daría click al botón "Me gusta" de mi proyecto de comentarios cotidianos. No fue así. En 365 días alcancé 120 seguidores, es decir un promedio de 10 por mes. De esos 120, 25 -es decir el 20% aprox.- son conocidos, familiares, amigos...

Pero este ligero análisis numérico no lo hago porque me moleste la idea de no ser popular en las redes, es solo un dato con el que deseo ilustrar los resultados concretos de una aventura que no nace ni del ansia profesional de avanzar en mi carrera periodística digital ni en ganas de generar productos que me hagan emprendedoramente millonario de la noche a la mañana. Pero sobre lo que sí quisiera detenerme en el diseccionamiento del fenómeno es acerca de las razones por las cuales El Álbum del Día no alcanzó, por lo menos, a atraer a un 10% de esa comunidad rockera con la que yo mismo colaboro e interactúo de manera permanente en FaceRock. Porque, si bien es cierto sus personajes más conspicuos (uno o dos de sus administradores y varios de los que siempre cuelgan contenidos en ese grupo matriz) han reaccionado siempre a mis publicaciones, lo cierto es que al grueso de integrantes de FaceRock tampoco le han interesado mucho mis reseñas que digamos...

Por lo que regreso a lo que expresé hace un par de párrafos: quizás escribo mal. Es muy posible, de hecho, que mis niveles de redacción no sean 100% óptimos (quién podría llegar a ser tan huachafo de echarse flores a sí mismo). Sin embargo eso significaría que me leyeron y, como no les gustó lo que leyeron, no pasaron a la acción, el click en "Me gusta". Si eso fue así, entonces quiere decir que El Álbum del Día es un éxito porque a mí me interesa que me lean. Y cada vez que alguien me lee, termina renegando por lo mal que escribo y decide no volver a leerme nunca más. Y qizás la lectura fue tan irritante que lo comentó con otras personas y estas también leyeron, solo para confirmar. Pero como el tema no es tan de su interés, lo dejan ahí. Pero me leyeron. Se entiende el punto ¿no?

La otra es que a nadie, ni siquiera a quienes consumen música por internet y Facebook, le interesan mis comentarios. Eso también es probable, después de todo no soy un líder de opinión ni aparezco en la tele ni soy columnista en Somos. Y de ser así, puedo sentirme también satisfecho porque la intención de El Álbum del Día nunca ha sido figurar en ningún ranking tetudo de las páginas más vistas o leídas. Para eso existen La Mula y El Útero de Marita. Y tener un cenáculo reducido y fiel es la mayor condecoración que puedo haber recibido en un año de trabajo regalado al éter, de intensas noches escribiendo reseñas para tres o cuatro días con anticipación porque salía de viaje, me iba de vacaciones o simplemente porque mis verdaderas obligaciones (en el trabajo, en la casa) me impedían sentarme con mis parlantes a full dejando que las canciones, las épocas, los artistas y las sensaciones me inspiren para escribir mi artículo y así no defraudar(me) y dejar un día sin su disco.

Toda esta voltereta retórica la elaboro porque en realidad me siento muy orgulloso, como se habrán dado cuenta -¿a quién le hablo si solo tengo 120 seguidores?- de haber llegado al final del 2015 sin haber fallado un solo día, publicando una reseña estructurada, extensa, sencilla y directa, sobre el disco que me dio la gana escuchar en mi oficina, en mi casa los fines de semana, en un avión o en un micro, desde mi reproductor a todo volumen o a duras penas entre los correos corporativos, las llamadas telefónicas y los trabajos de verdad, los que me permiten cobrar un sueldo a fin de mes.

El Álbum del Día es un cajón de sastre en donde hay, mayoritariamente, producciones discográficas de rock y jazz, en sus diferentes subgéneros y vertientes, de épocas pasadas (60s, 70s, 80s, 90s y hasta algunas bandas y artistas de los 2000s). La mayoría de discos comentados los he escuchado cientos de veces desde hace años. Otros los puse por primera vez. También hay espacio para la salsa (de verdad), el latin jazz, la música criolla, el reggae, el rap y el folklore, las baladas en español y la nueva era, las bandas sonoras y las rarezas. Y tiene algunas reglas también. No comento recopilatorios por ejemplo ni reediciones corregidas y aumentadas. Tampoco comentaré, nunca, algún disco de reggaetón, cumbia peruana producida desde los 90s hasta ahora, o álbumes de Shakira, Beyonce, Katy Perry, Lady Gaga y afines... En la época del mp3 y el archivo en iTunes me aferro al hecho de atravesar la experiencia de escuchar un disco de principio a fin y que este te suscite alguna emoción, te deje algún aprendizaje, te estimule a averiguar más cosas sobre lo que acabas de oír.

Miles de gracias a quienes han compartido, comentado, leído en silencio. Y también a quienes hayan decidido escuchar o reescuchar algún disco estimulado por haber visto su carátula publicada en El Álbum del Día. El 2016 ya comenzó y yo sigo para adelante. ¿Serán 240 seguidores el 31 de diciembre del 2016? ¿o comenzarán a irse? No lo sé. Y sí, adivinaron otra vez, no me importa...