
Una vez, hace muchos años, la mujer de mi vida me contó que había leído una entrevista de Elton John en la que aseguraba que de no haber sido músico, su máxima aspiración habría sido trabajar en una tienda de discos. Evidentemente, lo que el famoso cantante, pianista y compositor quiso dar a entender es que vivir rodeado de discos, para un amante de la música, es algo parecido al paraíso. Lamentablemente en nuestro país eso está muy lejos de parecerse a ese ideal.
Desde mediados de los 90s, con la llegada de la tecnología digital y el boom de los establecimientos de servicios, centros comerciales y supermercados, trabajar en una tienda de discos se convirtió en una especie de condena, un sub-empleo que contaba, y cuenta, con la pasiva complicidad de enormes cantidades de jóvenes que, atraídos por la posibilidad de estar en contacto permanente con la música que les gusta (además de la necesidad de trabajar), terminan aceptando condiciones laborales en empresas con horarios asfixiantes, sueldos ínfimos, tratos desconsiderados y una serie de desordenes que impiden el desarrollo personal, que anulan la vida social, que no ofrecen línea de carrera, etc...
El disco (de carbón en los años 30s, de vinilo entre los 40s y 80s, los CDs actuales) como producto, siempre causó fascinación porque combinaba dos aspectos marcadamente diferentes, pero complementarios para efectos del desarrollo de la industria discográfica: la música como expresión artística y el soporte en el que venía almacenada, un objeto concreto, manufacturado, producido en serie. El valor de un disco no sólo estaba determinado por la obra de arte que contenía sino también por cómo venía presentada. Hoy en día, que las expresiones musicales son cada vez más en cantidad y en diversidad y que conceptos como valor artístico, calidad musical, trascendencia, moda, fama, comercialidad, etc. se han relativizado y entremezclado hasta más no poder, la oferta de productos musicales es inmensa y a primera vista, da la impresión de ser un negocio realmente fascinante, tanto para empresarios como para trabajadores. Y lo es, por supuesto que sí. No en nuestro país.
Pero ¿por qué digo eso? ¿de dónde saco esa conclusión? El negocio de la música involucra - como en la descripción que hice del disco - dos aspectos a menudo contrapuestos: a) la subjetividad que tiene que ver con la naturaleza artística de la actividad musical, sea cual sea su género o procedencia y b) la objetividad que rige en todo negocio comercial y sus variables, tales como tendencias, modas, atractivos, proyecciones, estrategias de marketing, etc...
Por ende, así como lo ideal para un estudio legal es estar manejado por abogados, para un medio de comunicación estar al mando de un comunicador/periodista, para un hospital ser dirigido por un doctor en medicina o para un restaurante tener como jefe a un maestro de cocina; para una tienda de discos lo ideal es contar con la dirección de personas que además de dominar el campo de los negocios, y que - atendiendo a las tendencias actuales - posean dotes de facilitadores, tengan una sensibilidad y una pasión especial, fuera del promedio, por la música.
Lamentablemente eso no ocurre. Cuando no existe una combinación equilibrada de ambos aspectos, se produce la desnaturalización del negocio en cuestión y se comienza a distribuir mal las prioridades, convirtiendo a un negocio como el de la venta de música, tan rico en matices y en posibilidades de desarrollo tanto comerciales como culturales, en un simple y llano puesto de mercado. En un mundo laboral como el nuestro, tan carente de oportunidades, en el cual el 80% de empresas que ofrecen empleo son informales o que siendo formales, viven obsesionadas con optimizar sus ganancias invirtiendo lo menos posible, lo cual los lleva a no poner énfasis en importantes aspectos como la capacitación del personal con el que cuentan, o de exigir características en el personal nuevo que captan que los obligaría a ofrecer sueldos más altos, los empresarios peruanos dedicados a la venta de música de los últimos 15 años han mantenido sus tiendas sobre la base de una dinámica bastante pobre, sin llegar nunca a posicionarse como establecimientos comerciales ligados al mundo del arte, de la cultura, del entretenimiento.
Los empresarios actuales de nuestras tiendas de discos no responden necesariamente al perfil del empresario moderno, que podríamos ejemplificar con la figura de Gastón Acurio y sus constantes manifestaciones de respeto por sus públicos (interno y externo) y que posee una visión integral, humanista, de lo que una empresa debe hacer para tener un desarrollo homogéneo y exitoso. Constituyen más bien una suerte de jefes gamonales, con los ojos siempre puestos en cuánto van a recibir y cuánto se van a ahorrar, que miden su éxito única y exclusivamente en su capacidad de ventas mas no en su impacto social como rubro que atrae a fuerza de trabajo joven, debido a la naturaleza de los productos que vende.
Esto puede verse, por ejemplo, en la concentración de beneficios que obtienen los dueños - siempre en aumento en algunos casos - frente a las estáticas condiciones laborales del personal de las tiendas, sin importar ni su producción, ni sus capacidades individuales, ni sus años de experiencia. Por ejemplo en la actualidad, aproximadamente un 80% de las personas que trabajan vendiendo discos en las tres únicas empresas legales que quedan (Phantom, Two Music y Via Music) provienen de Discocentro, empresa emblemática de tiendas de música, que "quebró" en 2003 y que fue la principal cadena musical de Lima durante más de 40 años.
Sin embargo, y a pesar de los cambios que ha experimentado la industria discográfica y los lazos cada vez más cercanos que tiene con los medios de comunicación, actividades artísticas y culturales, etc. (que dicho sea de paso, siempre los ha tenido), muchas de estas personas se encuentran realizando las mismas labores que realizaban cuando empezaron a trabajar en Discocentro (esta última generación de vendedores de discos comenzó a trabajar en Discocentro a mediados y fines de los 90s, casi todos en sus primeros veintes). Es complicado detallar en espacios cortos los motivos de esta situación por la cantidad de matices que tiene, tanto en lo que respecta a actitudes empresariales (desde las épocas de Discocentro) como a las propias dificultades de los trabajadores, de manera que poco a poco trataré de ir desenredando esos asuntos. Hasta la próxima...












