miércoles, 7 de julio de 2010

"ENTRE EL CÁNCER Y EL SIDA"... ¿OTRA VEZ?

La frase pertenece a Mario Vargas Llosa, nuestro más laureado intelectual, y fue pronunciada en el contexto de una posible segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Voy a pedir prestadas las palabras del famoso escritor porque expresan mi sentir frente a la actual disyuntiva electoral que nos vienen imponiendo los medios de comunicación masiva de cara a los comicios municipales, cada vez más cercanos. Y expresa mi sentir a pesar de que me parece elementalmente de mal gusto comparar a políticos como Álex Kouri y Lourdes Flores con enfermedades del cuerpo, cuando lo que tienen ellos enferma casi hasta la gangrena, es el alma.

Pero a veces me da la impresión de que no queda otra forma de exteriorizar la náusea que me genera el torpe circo que el periodismo convencional levanta - con carpas, payasos y jefes de pista mofletudos incluidos - cada vez que nos toca elegir a nuestras autoridades. Solo en una sociedad tan amaestrada por el poder político-económico y tan embrutecida por sus mejores aliadas, la televisión y la prensa se puede tener como finalistas del nuevo "rally" electoral a dos personas tan poco adecuadas para tomar las riendas de la ciudad.

No voy a perder mi tiempo haciendo análisis pormenorizados de las carreras políticas de ambos candidatos - de eso hay bastante en Internet - porque al parecer, a la hora de la hora, no importan mucho. Ya todos sabemos que Kouri contrata a ex-presidiarios (y algunos no tan "ex") como sus guardias de seguridad, se llenó los bolsillos con los cuentazos fraudulentos de Convial (el peaje en la Av. Faucett) y de la Av. Néstor Gambetta y acudió más que ningún otro político al set privado de entrevistas de Vladimiro Montesinos, pidiendo favores nada santos y recomendando tácticas de demolición de oposiciones y rivales políticos. También sabemos todos que Flores pretende hacerse de la municipalidad como premio consuelo después de tres fracasos en las presidenciales y que asesoró legalmente a un oscuro empresario y corredor de autos con doble identidad y que trata de imponer su imagen como única representante de la lealtad partidaria al frente de un grupo político que se alió - y que respalda hasta hoy - al infausto alcalde actual, Luis Castañeda Lossio, cuyo último "gran éxito" ha atropellado a un humilde joven trabajador y que, de espaldas a toda idea de urbanismo, acaba de enrejar una de las principales avenidas de Barranco, distrito que prácticamente ha destruido en los últimos dos años.

Corrupción descarada por un lado (Kouri) e hipocresía mal disimulada por el otro (Flores). Esas son nuestras opciones para noviembre. Y los noticieros y los periódicos bien gracias, dándole cuerda a una manivela que solo ofrece análisis sesgados, encuestas compradas y basura esparcida con ventilador. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo minoría? ¿Es que realmente nadie se da cuenta de que esos dos son los menos indicados para ser alcaldes de nuestra capital?

Las semanas van pasando y como siempre, los "líderes de opinión", esos personajes que se vanaglorian en sus pantallas y columnas de ser las conciencias políticas del país, que supuestamente poseen un nivel de pensamiento abstracto y capacidad crítica superior a la del promedio y por lo tanto, son los llamados a estimular el voto inteligente en las grandes mayorías, están allí, bien apoltronados en sus palcos, aplaudiendo como focas ante el triste espectáculo de las puyas falsas que después terminan en abrazos-y-besos post-electorales, los cierres de inscripción con comparsas, muñecones de espuma y peleas estilo barra brava y los debates bizantinos sobre temas generales que después se olvidan en medio de las raterías, los "acuerdos democráticos" y el largo etc. de nuestra real politik. Francamente, uno trata de mantener la calma y permanecer impávido pero al final de cuentas, no se puede.

No se puede mantener la calma porque tal parece que dentro de poco, nuestro país tendrá que institucionalizar al "mal menor" para darle por fin el status de realidad concreta que posee. Aquello del "mal menor" está dejando de ser una casualidad, una coyuntura específica de un momento particular, para convertirse en un estilo de vida, una forma de hacer política. Me imagino que en unos años podremos hablar con total normalidad de un Ministerio del Mal Menor o de un Consejo Nacional del Mal Menor o de una Federación Peruana del Mal Menor. O quizás el próximo outsider no tenga mejor idea que denominar a su movimiento político (ojo que es un movimiento, no un partido), como el Movimiento Independiente El Mal Menor.

Hay más candidatos en carrera, por Dios. Claro, dirán por ahí, gran cosa: son once. Efectivamente, según los datos obtenidos tras el frenético cierre de inscripción de candidaturas en la ONPE del domingo último, once personas con los mismos deseos de darle a Lima lo mejor, van a competir. Si la cordura fuera el principal insumo con el cual prensa y población trabajaran para darle forma a este enjambre de candidatos, deberían ser como máximo, cuatro. Y el binomio Kouri-Flores no debería estar precisamente en los dos primeros lugares.

Las opciones más cercanas a darle competencia a este par de candidatos encumbrados gracias a sus contactos con el poder (presidencial y municipal, respectivamente) y a sus descarados coqueteos con la prensa convencional vendrían a ser Humberto Lay (Restauración Nacional), Susana Villarán (Fuerza Social) Y Fernando Andrade (Somos Perú). El resto, aun cuando también merecerían ser escuchados, en realidad lo que hacen es contribuir a la atomización del voto y por ende, a la indefinición que finalmente favorecerá a alguno de los indeseables que encabezan las encuestas, las portadas y las pantallas de señal abierta.

Por eso, anteponiendo mis más sinceras disculpas a los millones de seres humanos que las padecen, elegir entre Álex Kouri y Lourdes Flores es, como dijo Mario Vargas Llosa, decidir cuál de las dos enfermedades terminales contaminará a nuestra querida Ciudad de los Reyes. Ninguno de los dos ofrece corregir los provocados por el Metropolitano (hablan de "fiscalizar", "investigar" y ya todos sabemos qué significan esos dos verbos en nuestra política...). Ninguno de los dos se desmarca del viejo discurso politiquero y de las costumbres comunes de todas las campañas que hemos vivido desde que se "recuperó la democracia" allá por 1980. Ninguno de los dos merece que la ciudadanía confíe en ellos.

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