lunes, 19 de septiembre de 2011

CUATRO GRANDES DEL JAZZ IGNORADOS POR EL COMERCIO


La noche del sábado 17 de septiembre Lima fue la capital del latin jazz mundial. Un evento sin precedentes en el universo de la música popular contemporánea se produjo delante de nuestros ojos: cuatro músicos de increíble trayectoria se unieron por primera vez en un escenario y ofrecieron un concierto de lujo. Para cualquier editor de cualquier sección dominical de cultura y espectáculos hubiera sido noticia de portada indiscutible, mas aun si consideramos que uno de esos músicos es compatriota nuestro. Para cualquier editor menos para el de El Comercio, que decidió colocar en portada gigantesca al nuevo personaje de Al fondo hay sitio, como lo hicieron los demás periódicos que no tienen el prestigio ni la historia del autodenominado "diario decano del Perú". Si realmente lo es por asuntos cronológicos, ese título honorífico deberían retirárselo por este atropello a la difusión de importantes espectáculos como este.

Para mayor vergüenza y deplorable demostración de incultura y desprecio por lo artísticamente valioso, las páginas interiores de la sección Luces del domingo 18 no contenía ni una sola mención, artículo, nota al pie, reseña o foto del espectacular recital que brindaron el peruano Álex Acuña (batería, cajón), el cubano Arturo Sandoval (trompeta, timbales, congas), el mexicano Abraham Laboriel (bajo) y el dominicano Michel Camilo (piano) en el auditorio del Pentagonito. En cambio, no faltaron las noticias acerca de las últimas ocurrencias de El Gran Show, las expectativas que despertaba La Bodeguita para la próxima semana y por supuesto, la amplia cobertura a esa ridícula serie de Canal 4 que tiene ya bastante difusión a través de los periódicos de 50 céntimos. Es vergonzoso que un evento de esta naturaleza no haya merecido la atención del periódico que se reclama guardián de la buena información y la difusión de la cultura en este país tam empobrecido en esos aspectos.


La atmósfera para este concierto ya había sido preparada de manera notable por el talentoso pianista Michel Camilo en la clase maestra gratuita que ofreció bajo el auspicio de la Escuela de Música de la PUCP (un agradecimiento profundo para ellos por eso) que también fue ignorada olímpicamente por El Comercio. Esa mañana, Camilo - por primera vez en nuestro país - no solo dio una clase de música sino también una de humildad. Su cortesía y dedicación hacia los alumnos y amantes de la música que fueron a verlo dejó en claro que cuando una persona realmente llega a dominar un instrumento a tal perfección, también puede convertirse en mejor ser humano. Qué diferencia con algunas estrellas de cartón que se sienten los dioses de la escena nacional sin haber logrado nada más que colocar, gracias a un par de buenos lobbies, sus tontas mezclas en una película de James Bond.




Hablemos mejor del concierto del sábado. Las palabras de bienvenida las dio Jean Pierre Magnet, notoriamente emocionado por lo que estaba a punto de ocurrir. Quienes saben de jazz entienden que en un recital de esta naturaleza solo puede haber sorpresas, pues una de las características de estas reuniones es la absoluta libertad con la cual acometerán las canciones que decidan interpretar. Y en ese sentido el público tenía frente a sí a cuatro de los más creativos improvisadores del jazz con sabor latino, ese subgénero que tiene ya más de tres décadas de existencia. La noche comenzó con alucinantes versiones de Giant steps y Birk's works, clásicos de John Coltrane y Dizzy Gillespie, dos maestros de la edad dorada del be bop. Los desarrollos solistas de cada músico hacían gozar al público asistente que aplaudía a rabiar cada intervención.

El trabajo melódico de Arturo Sandoval - que fungía por momentos como director del ensamble - fue como siempre impecable, con su despliegue de solos largos e inesperados y aquellas notas agudas que caracterizaron su sonido desde sus años en Irakere, banda capital en este estilo de jazz, que integró hasta 1981. En varios temas, luego de finalizar su intervención solista, apoyó a la sección rítmica tocando congas y timbales. La interacción entre el bajista Abraham Laboriel y Álex Acuña es producto de varios años trabajando juntos en bandas como Koinonia y Tolú. El carismático bajista mexicano conquistó al auditorio con su estilo desenfadado y libre para tocar (a menudo tratándolo como si fuera una guitarra), y sus graciosos bailes fueron del agrado de los limeños. Sus solos en las cinco cuerdas no tienen nada de convencionales y aunque por momentos sea difícil de seguir, tiene un sentido del ritmo y del acompañamiento muy dinámico y complementario al incansable arsenal de ritmos y texturas que produce Acuña, ya sea desde la batería o desde el cajón, instrumento peruano que ha enriquecido su lenguaje sonoro gracias al talento nuestro compatriota. Por su parte, Michel Camilo dejó literalmente boquiabiertos a todos con su estilo que combina sutileza y energía a un tiempo, con una sorprendente habilidad y técnica. Camilo fue quien finalmente llevó el peso de casi todo el recital con una entrega y capacidad de agarrar al vuelo las propuestas de Sandoval que fue inmediatamente reconocida y aplaudida por el emocionado público.




El recital tuvo varios momentos importantes como por ejemplo una excelente versión del bolero cubano La gloria eres tú con Sandoval en la voz. El trompetista además presentó la balada Everyday I think of you que ha compuesto para su próximo álbum, un tributo a su maestro Dizzy Gillespie. Asimismo, este cuarteto irrepetible desplegó su talento en un par de composiciones de jazz flamenco, una de las vertientes más complejas del género. Pero sin duda los homenajes a la música peruana fueron los mejores de la noche: dos temas de Chabuca Granda - Cardo o ceniza y La flor de la canela con una exquisita introducción de Laboriel - y una improvisación en clave de huayno propuesta por el saxo de Jean Pierre Magnet, que decantó en una versión jazzeada del tradicional Pío pío prepararon el camino para un portentoso final a cargo de Michel Camilo y Caribe, clásico tema de su cuarto álbum titulado simplemente Michel Camilo de 1988. Un final enérgico y con sabor a descarga que cerró con broche de oro este esperado concierto.




Me pregunto si el editor de Luces de El Comercio piensa que exagero cuando escribo estas líneas sobre un concierto que él, evidentemente, no considera digno de ser cubierto por su sección de espectáculos. Si prefirió colocar en portada al nuevo personaje de Al fondo hay sitio debería comenzar a considerar en cambiar el formato de este diario para que siga el camino de la prensa popular a la que supuestamente se opone (aunque todos sepamos que es mentira, desde luego). No es coherente que el mismo diario que homenajea a Raúl Ferrero Rebaglatti y lamenta el fallecimiento de Manuel Jesús Orbegoso en el mismo día, pase por alto lo ocurrido el sábado en el auditorio del Pentagonito para dar preferencia a una comedia de televisión que goza de sobre exposición mediática de lunes a domingo en otros medios. Es absolutamente hipócrita que El Comercio trate de seguir vendiéndose como una publicación preocupada por la promoción de cultura y dirigida a coadyuvar a la recuperación de los paupérrimos niveles educacionales del país y que a la vez, ignore de esta manera un evento musical que muchos otros países hubieran deseado tener y honrar a través de todos los medios posibles. Una vergüenza.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un comportamiento dual, como ocurre con las personalidades patológicas: defensa comercial de ciertas formas de cultura y, asu vez, ocultamiento de expresiones genuinas de la cultura nacional y del mundo. Tal vez han pecado de ignorancia......

Lo más importante para los amantes del jazz y de los talentosos latinos de esta expresión musical es que pudimos disfrutar de la calidad y virtusosismo de cada uno de estos músicos del mundo. En particular, me hubiera ver a Michel Camilo en un trio, con más libertad para expresar su música, como en sus primeras producciones en las que marcó su originalidad, creatividad y todo un notable ciclo en su carrera durante los años 80 y 90.
Te felicito por tan brillante comentario de esta única e inolvidable actuación.
MIGUEL PISFIL

Rodrigo Salcedo-Cisneros dijo...

Muy bien dicho. Probablemente esta dualidad se deba a que El Comercio tiene fuertes conexiones con la Sociedad Filarmónica y estos, en un intento por soslayar tanto a un género "culto" y a la vez popular como el jazz, además de obviar a la competencia TQ Producciones, que irónicamente se dedica en 90% a la música clásica asimismo más que el jazz.

Es gracioso que pase esto, ya que yo considero que ambos géneros -el jazz y la música clásica- son muy similares tanto en musicalidad, culturalidad como importancia hoy en día. Muchos de los grandes compositores clásicos como Debussy o Ravel sentían un gran respeto por la música jazz. Asimismo, reconocidos músicos de jazz como los mismos Arturo Sandoval y Michel Camilo tienen una fuerte participación dentro de ciertas orquestas de música clásica. Incluso ambos han fungido de solistas de Concertos en varias ocasiones, y lo han hecho a la perfección.

De cualquier manera, gracias por este artículo. Creo que fue interesante escuchar esa versión muy original de Sandoval de "Birk's Works". También me encanto como latinizaron otro trabajo de Dizzy llamado "Bebop". Quisiera saber los nombres de las piezas flamencas que tocaron ese día. Espero que eventos tan importantes para la música jazz como este vuelvan a ocurrir con más frecuencia, ya que "ciertos locales" han cometido barbariedades al cancelar los conciertos de Frank Gambale y del trio Scott Henderson/Jeff Berlin/Dennis Chambers hace sólo unos meses y: adivinen qué? esto se debió en gran medida a la poca exposición que dieron diarios como El Comercio o Perú21 a semejantes eventos. Gracias a Dios no se canceló el concierto de Eric Marienthal este año.