miércoles, 23 de febrero de 2011

MUCHAS GRACIAS MAESTRO DOMINIC MILLER


Dominic Miller es un guitarrista sin nacionalidad, un ciudadano del mundo musical que contiene su diversidad en cada arpegio, en cada fraseo, en cada nota. Es capaz de hacer vibrar el espacio con fuerza rockera y a mitad de camino combinar esa energía con acordes de influencia brasileña y rasgueos venezolanos. Hasta se da el tiempo de paralizar el tiempo y hacernos volar hasta el siglo XVIII con aires barrocos. Todo esto quedó demostrado en el notable recital que dio anoche en el Centro Cultural de España ante un selecto auditorio de casi 200 personas, que tuvo la oportunidad de disfrutar gratuitamente del arte y la sencillez de uno de los instrumentistas más prestigiosos del universo pop-rock de los últimos 25 años.

Miller resume en ese toque inclasificable su origen multinacional: de padre norteamericano y madre irlandesa, este argentino de nacimiento e inglés de corazón decidió, en un acto de desprendimiento que habla por sí solo de su calidad como persona, compartir con el público parte del apretado tiempo que pasará en nuestro país para hablar de su música, sus experiencias en la industria discográfica y además, dar preámbulo al concierto de Sting, a quien acompaña como guitarrista estable desde el lanzamiento de The soul cages (1991), el tercer álbum como solista del ex líder de The Police, que esta noche toca en la explanada del Estadio Monumental.

Si quisiéramos describir el sonido de Dominic Miller en una sola palabra sería “versátil” aunque él prefiere definirse como un “esquizofrénico musical”. Su acercamiento a la música desde muy joven – empezó a tocar a los 11 años – y una decidida vocación perfeccionista – prefirió enclaustrarse en las exigentes aulas de Berklee a perseguir el sueño de la simplicidad punk de sus amigos en Londres – lo convirtieron en un guitarrista que podía tocar prácticamente cualquier cosa, según sus propias palabras, y desarrollar una carrera como músico de sesión que lo llevó a trabajar con artistas importantes como Phil Collins, The Pretenders, entre otros, hasta que el productor Hugh Padgham le presentó a Gordon Summer, Sting, lo cual dio inicio a una sociedad que perdura hasta el día de hoy con mucho éxito a nivel de ventas y de crítica especializada.

Para el recital de anoche, Miller estuvo acompañado en el cajón por Rhani Krija, un percusionista marroquí que trabaja con Sting desde el año 2003. Krija, experto en percusiones del norte de África y el Medio Oriente, le dio una dimensión diferente a nuestro instrumento de bandera combinando toques sutiles y golpes precisos, totalmente opuestos a la unidimensional función rítmica de los cajoneros locales. Las melodías con influencia del bossa nova, el flamenco y el jazz que lanzaba Miller desde su guitarra acústica eran complementadas en sincronía perfecta por el cajón de Krija que por momentos simulaba fondos y cascadas, además de permanentes cambios de ritmos y síncopas, típicas de idiosincrasias musicales de su país de origen.


Dominic Miller hizo un breve repaso por algunas de sus composiciones – además de su rol como guitarrista de Sting, ha grabado hasta el momento ocho álbumes como solista, de música instrumental – e incluyó en su repertorio un tema del Zenyatta Mondatta, tercer álbum de The Police, When the world is running down you make the best of what’s still around, una excelente versión del éxito Shape of my heart, que co escribió junto a Sting para el disco Ten summoner’s tales (1993) y la apacible melodía de Johann Sebastian Bach, Air on a G String, que grabó para su álbum de música clásica, Shapes, publicado en el 2004.

Con actitud sencilla y muy conectado con el público que no dejaba de aplaudirlo, Miller agradeció el caluroso recibimiento y en un español que calificó de flojo a pesar de haber pasado su niñez en Argentina, explicó un poco su filosofía como artista, basada en el profundo amor y respeto hacia la música de todas partes del mundo, la importancia del trabajo metódico y el estudio constante y la libertad al momento de tocar su instrumento. Fue un verdadero lujo poder apreciar de cerca a un guitarrista de este nivel que no pierde la capacidad de mostrarse tal cual es, sin posturas de superestrella, un estatus que definitivamente se ha ganado a pulso. Todo un ejemplo en esta época de artistas sobredimensionados que se sienten poderosos e inalcanzables con menos éxito y mucho menos talento. Por todo eso, muchas gracias maestro Dominic Miller.




Gracias YIUM por la foto

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dominic Miller y Sting lo mejor del concierto Symphonicity. Hubiera podido ser mejor sino convocaban a la sinfonica...

Jorge Luis Tineo Rendón dijo...

Aunque discrepo con su comentario, estimado lector, le agradezco la participación en el blog... considero que además de Sting y Dominic Miller, los músicos peruanos de la OSN cumplieron cabalmente con su rol de cómplices en este viaje sinfónico a través del repertorio de uno de los artistas fundamentales del pop-rock de los 80s, y que posteriormente se reveló como un gran compositor de melodías introspectivas y globales... saludos...

rodrigo gimenez dijo...

Realmente escuchar esa guitarra o junto a sting es gratificante. Un viaje un mundo donde pareciera que todo es calma. No es musica para mover el pie es para sentirla. En el final de la nota me vienen a la mente algunos nombres de artistas(artistas ?) Que buscan ser dioses incluso en argentina misma. Y este argentino con su humildad seguramente se sentaria a escuchar los acordes de un musico tan novato y simple como yo. Me siento fanatizado y orgulloso que dominic miller sea representante de mi argentina por el mundo. Y me viene a la mente una reflexion. Que seriamos todos los argentinos si copiarmos los buenos ejemplos como el. Lamentablemente siempre buscamos imitar a esos que se quieren endiosar.