domingo, 29 de marzo de 2009

IRON MAIDEN EN LIMA

Créditos de la foto: JRS y RV... gracias totales!!!
Desde que quiero hablar empezó su camino en el mundo de los blogs, nos prometimos evitar la publicación de nuestras fotos personales, debido a que este espacio pretende dar prioridad a todo aquello de lo cual se nos ocurra hacer un comentario, dar una información de calidad, exponer un punto de vista o contar una experiencia significativa y que de una u otra forma, genere una corriente de pensamiento, una reflexión o simplemente un buen rato. Pero esta vez se impone una excepción a la regla.

Como amante de la buena música y asistente regular a los conciertos que desde hace unos años se están produciendo en nuestra ciudad, he reconocido en cada uno de ellos una parte de mi vida, una conexión con mi sensibilidad. Pero nunca tan de cerca como en esta ocasión.

Asistir al concierto de una banda a la que uno ha admirado durante décadas es casi una experiencia mística, y tener acceso a cada momento de su estadía entre nosotros resulta mucho más impactante. El de la foto soy yo, en la puerta del Ed Force One, el impresionante Boeing 757 de la compañía británica Astraeus en el que llegó Iron Maiden, minutos después que el sexteto encabezado por el capitán de la nave y cantante del grupo Bruce Dickinson, descendiera en el Jorge Chávez la tarde del miércoles 25. De vez en cuando la vida nos ofrece ocasiones únicas e irrepetibles y esta fue, sin lugar a dudas, una de ellas.

Lo que ocurrió la noche del jueves 26 de marzo en el Estadio Nacional no fue solo un concierto. Fue un verdadero shock emocional, de reencuentro con un pasado más plácido en el cual las preocupaciones desaparecían al final de cada día y a la vez, una compensación de la vida frente a los golpes que ocasionalmente nos da.

Más que una "bocanada de aire fresco", conocida frase hecha comúnmente utilizada para describir esta clase de momentos, lo que nos brindó Iron Maiden fue un intenso huracán de talento, vitalidad y energía. Una onda expansiva que aún hoy, tres días después, es capaz de impulsar los engranajes de quienes tuvimos la suerte de asistir superando obstáculos de todo tipo, concientes de que íbamos a ser parte de una élite privilegiada, que trasciende las expectativas, los gustos y las capacidades de entendimiento del resto.

Lima está convirtiéndose en plaza elegible para los grandes músicos del mundo. Y más allá de que unos cuantos se cuelguen de esto para considerarlo un factor de desarrollo (lo cual es, desde luego, una falacia), el público limeño está demostrando una cultura musical mucho más amplia de lo que el común de los empresarios pudo suponer en épocas pasadas.

En tiempos en que asistimos al desvergonzado y alevoso copamiento de ondas radiales y televisivas por parte de conjuntos pseudo-musicales que fomentan los aspectos más negativos, degradantes e informales de nuestra cultura popular valiéndose de un género alegre y antaño bien interpretado como la cumbia, observar que una multitud de más de 35 mil personas se conduce con orden, respeto y admiración delante de sus ídolos es un motivo más para sentir orgullo de cultivar la pasión por un género como el rock y en particular el heavy metal, echando por tierra prejuicios y ninguneos de toda clase.

Y a pesar de que parte de esa informalidad, cargada además de una ignorancia afrentosa incapaz de distinguir entre una cosa y otra, también se hizo presente la noche del jueves, impidiéndonos disfrutar de la pirotecnia y la parafernalia de efectos especiales que la banda inglesa quiso ofrecernos, Iron Maiden demostró sobre el escenario por qué sigue siendo una de las bandas más queridas y sorprendentes de la escena musical contemporánea.

Después de la tercera canción, Dickinson, con una cordialidad propia de su idiosincracia, pidió disculpas por los "problemas técnicos" que no los dejaron utilizar sus explosivos y el público respondió con un rugido estentóreo que significaba "no importan los fuegos artificiales, gracias por venir!!!". Establecido el diálogo entre artista y público, lo que siguió fueron dos horas de emocionante virtuosismo y frenesí metalero. Lo cual no quita que hagamos hincapié en el enorme descrédito que este impase le produce a nuestro país como escenario de artistas consagrados.

Países vecinos como Ecuador, Venezuela, Colombia, entre otros, no pusieron ninguna traba para la realización del espectáculo y tomando en cuenta que se trataba de uno de los principales argumentos de venta del concierto, deja un inoportuno borrón en el curriculum de nuestra ciudad y su actitud ante espectáculos como estos que son trabajados al máximo detalle, respetando leyes y medidas de seguridad que garantizan su éxito en cualquier plaza del mundo. Sería bueno que la organización buscara hacer un deslinde y determinar exactamente cuál fue la instancia (la Municipalidad, la Aduana, la Discamec...) que produjo este inconveniente burocrático.

Pero mejor volvamos a lo nuestro. La algarabía del respetable crecía canción a canción y los músicos no dieron espacio al respiro. Aces high, que dio inicio al concierto con el clásico fragmento del discurso We shall fight on the beaches de Winston Churchill rompió los fuegos y el ataque de acordes y solos no cesó de ahí en más.

Impresionante inicio con imágenes de la película Flight 666 y de fondo, el instrumental Transylvania, emblema del primer disco... luego el clásico inicio del World Slavery Tour de 1985, con discurso de Churchill y todo... solo para fans de toda la vida...

Clásicos como The trooper, Wratchchild, Phantom of the opera, entre otros nos hicieron retornar a aquellas míticas imágenes de 1985, con Bruce Dickinson elevando su altísima y poderosa voz en el cielo limeño, animando y arengando al público con el esperado grito de guerra "Scream for me Lima!!!", ofreciendo lo mejor de sí. Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers compitieron sanamente con sus interminables fraseos y solos - algunos realmente increíbles - y el último encandiló al estadio con sus saltos y danzas mientras iba cortando el aire con su afilada guitarra Fender.

Atrás, Nicko McBrain parecía mimetizado con su enorme drumset, una extensión de su cuerpo que domina a la perfección. Las pantallas gigantes permitían ver cada detalle de su interpretación e incluso se dio tiempo de tomar un vaso de gaseosa mientras mantenía el vertiginoso tempo de las composiciones de Steve Harris, el comandante en jefe de este ejército guitarrero y eléctrico, que recorre sin cansancio todo el escenario y mira al público directo a los ojos, inyectándole parte de esa vitalidad alucinante.

Los himnos se sucedieron uno tras otro: 2 minutes to midnight, Wasted years, Fear of the dark y las más aplaudidas, Rime of the ancient mariner y Hallowed be thy name, resonaron en las voces de la muchedumbre allí reunida. Al final, tras el cierre con Iron Maiden (tema en el que apareció un enorme Eddie de casi 7 metros de altura), The number of the beast y Sanctuary, el sexteto desapareció entre las sombras dejando extasiada, afónica y muy agradecida a la multitud, que pedía más.

La Doncella de Acero se apoderó de la ciudad de Lima durante casi dos horas y media y la tuvo entre sus manos, dejando un recuerdo imborrable en nuestras retinas y oídos.


Iron Maiden en Lima, buen resumen colgado en youtube...

5 comentarios:

Gaston dijo...

Bien por LIma!!! Parece hermosa ciudad...
buen blog

el mio

http://gaston-rumboalcielo.blogspot.com/

Gaston dijo...

Dicen que LIma es Hermosa ciudad....

buen blog

dejo el mio

http://gaston-rumboalcielo.blogspot.com/

William dijo...

Hola, que bueno que hayas disfrutado del concierto, son epocas inolvidables, espero que estes bien, eres un buen amigo, cuidate.

Henry dijo...

Hey Jorge esa foto cerca al Ed Force One es simplemente impresionante (hay una envidia sana). Tuve la suerte de ver la nave desde las salidas nacionales y era increíble imaginar que en unas horas estaría en uno de los mejores conciertos del año.
Perdí la voz, pero desde luego muy agradecido… estoy seguro que regresaran.

Mil dijo...

Buena con la foto! Te envidio totalmente, y no es envidia sana. Te envidio mal.

Evidentemente, otro conciertazo.

Al día siguiente yo tenía dolor de cuello y de cabeza, pero estaba feliz.