miércoles, 18 de junio de 2008

"¡¡¡ALIENTA PERUANO, NO PARES DE ALENTAR!!!"


Ayer por la noche reí a carcajadas cuando unas horas después del poco merecido 6-0 (debieron ser más) que Uruguay les encajó A ELLOS - me indigna ver que mis colegas comentaristas, de todas las tiendas y cuarteles deportivos, hablan de la derrota como algo que NOS han hecho A NOSOTROS, en una especie de solidaridad incomprensible con los fracasados y goleados que son única y exclusivamente ELLOS - seguían pasando ese ridículo comercial de Cristal con ese cantito absurdo que invita a seguir alentando a la selección "de todos" (debe ser por eso lo de asumir esta humillación como "nuestra" cuando es "suya" nada más), a pesar de que en realidad lo único que provoca es deportarlos a Saturno de por vida.

Desde que ví y escuché ese spot por primera vez me vengo preguntando quiénes serán los sub-normales que prestan sus voces para tan estúpido jingle, con musiquita tipo murga de La Mosca o Los Auténticos Decadentes (no me van a negar que el nombre de ese grupo argentino le hace honor a los jugadores peruanos) y cuánto les pagarán por eso. Ahora que mentalmente hago correr ese cántico como música de fondo para los goles de Forlán, Bueno y Abreu (03 delanteros de verdad), para los saltos de espaldas y a ojos cerrados de Prado o las tendidas de ropa de Butrón (que a pesar de todo, sigue siendo el mejor jugador del once nacional) me nace una nueva inquietud: ¿no sentirán vergüenza estos coristas asalariados de las agencias de publicidad que trabajan para la Cristal, de estar contribuyendo con su participación en el comercial ese, al aumento de la frustración que surge cada vez que termina un partido de Perú, desde hace más de 20 años?

La respuesta, lamentablemente, creo que es no. Como no siente vergüenza José Guillermo Del Solar Álvarez-Calderón (como dirían los huachafísimos narradores de nuestro julbo, que repiten una y mil veces el nombre completo de ciertos jugadores). Como no sienten vergüenza ni Juvenal ni Mallqui ni Burga ni los del Golf Los Incas ni siquiera los acongojados jugadorazos que sueltan su "bronca" con ajos y cebollas pero que en el fondo, lo que están esperando es el fin de semana para continuar su egoísta lifestyle tomándose unas cuantas cervecitas - ¿Cristal, de repente? - para olvidar la goleada.

Ojalá el estruendoso resultado sirviera para que, de una vez por todas, declararan en estado de emergencia al football en nuestro país y se tomaran las medidas que vienen siendo aplazadas en beneficio de unos cuantos comechados, los mismos de siempre, que le deben sus fortunas y gollerías a las falsas esperanzas de un pueblo deprimido, empobrecido económica y mentalmente, sometido a las alegrías que esperan recibir de otros, mal alimentado física y moralmente, incapaz de dirigir sus energías e intereses a actividades más edificantes que le permitan asociar la idea del éxito a sus vidas. El football es espejo de la sociedad dicen algunos y en ese sentido, la mediocridad demostrada ayer por enésima en el Centenario confirma el adagio.

Diego Forlán juega a media máquina frente a un equipo descalabrado y hace 3 goles. Sebastián Abreu ingresa como suplente y 5 minutos después hace un golazo. Carlos Bueno acompaña a Forlán y hace 2 goles. ¿Alguna vez, en los últimos tiempos, alguien ha visto que Pizarro, Farfán y Guerrero (nuestros 3 "más grandes" delanteros) hayan anotado en el mismo partido? Si algún memorioso estadístico tiene la respuesta, páseme el dato por favor...

Esta vez no quiero profundizar sobre los dirigentes y la imperiosa necesidad de que se larguen, ni de que el football peruano debería ser considerado delito contra la fé pública. Hoy simplemente quiero imaginar lo que sienten los niños que se comen el cuento y que cantan la tonadita del comercial creyendo que eso basta para lograr un buen resultado. Porque esa es la peor consecuencia de la irresponsabilidad de ese entramado en el que caen todos por igual: la confirmación de que el equipo peruano sólo puede perder y que, es más, cada vez pierde de peor manera. El miasma de frustración, acostumbramiento al fracaso y depresión empozada que eso produce no se soluciona con renuncias tardías, asunciones dramáticas de culpabilidad, palabrotas de callejón ni lágrimas de cocodrilo. Todo eso no servirá de nada si no hay acciones reales. Y entre esas acciones debería estar el retiro del aire de ese estúpido comercial y su cantito risible...

Hasta la próxima goleada...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

por mera curiosidad leo tu blog y me doy que tu post muy drastico, pero cierto en todo sentido, como pueden grabar esas cancioncitas huachafas...

Jorge Luis dijo...

Sí pues amigo anónimo, es lamentable tener que aceptar que esa drasticidad se ajusta a la realidad y que no se trata de una exageración... gracias por leer y comentar... saludos...