lunes, 28 de abril de 2008

EL MÁS VIL DE LOS OFICIOS


Salvo muy contadas y honrosas excepciones, el periodismo en nuestra capital ya no es "la más noble de las profesiones". Hoy, aquel adagio arcaico que todos los profesores de la universidad nos repetían cada cierto tiempo para hacernos notar los extremos a los que se podía llegar con el poder de la información, se ha reducido a la segunda de sus frases. Esa posibilidad de debatirse entre la nobleza y la vileza, entre la altura y la bajura, entre lo sublime y lo ruin ya no existe más. La masa nos gobierna - ya en los años 50 el filósofo (y profeta) español José Ortega y Gasset lo había establecido con una claridad que Nostradamus podría envidiar. La videocracia, el reino de la vulgaridad y el lumpenaje, lo barato que sigue vendiéndose a pesar de que siempre salga caro, la fama adquirida gracias al valor desmedido que se le da a la vacuidad, al desenfreno, a la baja calaña, etc., todo eso forma parte del actual vocabulario del periodismo local. Vuelvo y repito, salvo muy contadas y honrosas excepciones.

Siempre ha habido "prensa amarilla". Desde las hoy históricas - e inofensivas - prácticas de Última Hora hasta la aparición del alma mater de los actuales diarios "de 0.50 céntimos" - me estoy refiriendo a Ojo - el amarillismo en el periodismo era una especie de sub-género o sub-cultura permanentemente asociada a los sectores marginales y como tal, su poder era limitado y su influencia, mínima. Las historias de "vedettes", personajillos de la farándula limeña, sempiternamente mediocre, los dimes y diretes del espectáculo y sus hipervínculos con la política, el deporte y de vez en cuando, hasta el empresariado nacional, ocupaban un espacio que, básicamente, era el mismo que ocupaban las prensas amarillas de otros países: la parte de atrás, los suplementos de diagramación desordenada y colorinches, algo así como una expresión impresa e improvisada del fenómeno migratorio que poco a poco iba configurando el caos actual.


Pero a partir de la década de los 90s, en la cual la prensa "chicha" pasó a ser uno de los instrumentos del poder corrupto, la pseudo-estética y los elementos que conforman sus metalenguajes - colores fuertes, temas escabrosos, exhibicionismo barato, fotos explícitas, personajes desde huachafos hasta intrascendentes que se hacen famosos sin tener ningún talento ni preparación, jerga delincuencial, etc. - adquirieron valor como "forma de hacer periodismo" y la endeble base de los medios de comunicación "serios" o "tradicionales" - endeble por otros motivos, casi por naturaleza - terminó siendo corroída por este nuevo gobierno de la masa que, en su descontrolado afán por darle sentido a su cada vez más denigrado y denigrante estilo de vida, cayó en excesos que año tras año fueron convenciendo a propios y extraños que, en efecto, esa elevación de la vulgaridad, el lumpenaje y la mediocridad disfrazadas de "pobreza con derecho a hacer ciertas cosas" era un estilo a considerar dentro de la práctica periodística.


Por eso, a menos de dos años de concluir la primera década del siglo 21, nuestra "gran prensa" (escrita, televisiva, radial y virtual) se convierte cada semana en una enorme bola amarilla de periodistas - de los serios y de los otros - que dedican redacciones, minutos, segmentos completos y sendas páginas web a temas que navegan entre las huachaferías más inocuas hasta las ofensas más arteras a aquellas personas que creemos, aun conservamos ciertos niveles de inteligencia y de buen gusto, pero sobre todo, de conciencia con respecto a lo que significa realmente ser un buen comunicador, un buen periodista, un buen medio de comunicación. El mercado, la oferta y la demanda, lo que le gusta a la gente y por supuesto, la gente en sí misma, son los grandes responsables de esta situación deplorable.


Los últimos "escándalos" que han mantenido en vilo a nuestra sociedad - Angie Gibaja, Tula Rodríguez, Gisela Valcárcel, El Grupo 5 - han sido cubiertos en portada por todos los diarios (quizás la única excepción sea El Comercio), por todos los programas dominicales en amplísimos reportajes, perfiles, reseñas con música triste de fondo, a manera de telenovela y demás géneros noticiosos (sin hablar de Magaly TV y los bloques de espectáculos de los más grandes canales peruanos, conducidos por preclaras "periodistas" - aunque creo que preferirían que se les llame "comunicadoras" ¿no? - de amplia cultura y conocimiento de lo que es el mundo del arte y el entretenimiento nacional e internacional, dándoles realce como si se tratara de personajes trascendentes para un país con los niveles de pobreza quer posee el nuestro. Y después, páginas adentro, minutos después, renuevan sus compromisos con la buena información, la calidad de contenidos y el esfuerzo conjunto que debemos hacer todos para mejorar como personas, para hacer del Perú un país "del primer mundo" en palabras del Presidente Alan García...


La prensa limeña ha perdido el derecho de ser llamada "la más noble de las profesiones". Salvo honrosas y muy contadas excepciones, las ventas, los ratings, los anti-valores y la complicidad de una población cada vez más numerosa, cada vez más ignorante y cada vez más empobrecida (tanto en sectores acomodados como marginales) la han convertido, sin temor a equivocarme, en "el más vil de los oficios". Hasta la próxima...




2 comentarios:

cesar ortiz anderson dijo...

La opinion de alguien que ha sido victima de esa voragine, estoy convencido tiene un valor agregado los invito a revisar a casi todos los medios de comunicacion que se ocuparon de las difamaciones de 4 delincuentes contra mi persona a fines de enero del año 2004, los invito a que poniendo mi nombre revisen como destruir a una persona mediaticamente en unos cuantos dias, tres años despues mi principal acusador en el juicio oral reconocio que me difamo por presiones, pregunto quien repone 10 años de haber trabajado honradamente y en forma publica para la sociedad, ni el mas grande logro que realice como la campaña del lazo amarillo contra los secuestros supero el ataque mediatico, pero aun asi prefiero los excesos que la mordaza en la prensa

Jerry Gomez Shor dijo...

excelente articulo de opinion. y es exactamente lo que pienso con respect al periodismo nacional (Peru) y en general en latinoamerica. Creo que esta oficializacion de la vulgarizacion es parte de esta "Sociedad del Espectaculo" :)